jueves, octubre 17, 2019
sociedad

Notas sobre la marcha

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Por: Gerardo Garibay Camarena*

Finalmente, este fin de semana los memes de Facebook le cedieron paso a los pasos en las calles. El sábado cerca de un millón de personas participaron en las marchas del Frente Nacional por la Familia en unas 100 ciudades de todo el país. Un día después, varios cientos de activistas LGBTTTI hicieron su contra-marcha en la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México.

El tema ha polarizado a buena parte de la sociedad, porque se relaciona inevitablemente con la definición del concepto de familia que aceptamos como correcta a partir, tanto de nuestra propia experiencia de vida, como de las personas que se encuentran a nuestro alrededor. Estimado lector ¿Es la suya una “familia natural”? ¿Existe tal cosa? ¿Y, si no es natural, entonces se trata de una aberración? Al mismo tiempo ¿debe el Estado definir cuáles familias son correctas? ¿Debe ese mismo Estado decidir monopólicamente qué ideología se enseña en las escuelas? ¿Qué pasa si al hacerlo contraviene la voluntad de los padres de familia, tiene derecho?

Son cuestionamientos con profundas implicaciones para la convivencia social, y que hasta hace poco se habían deliberado de forma casi exclusiva en los esotéricos ambientes de la Suprema Corte de Justicia de la nación, cuyas resoluciones tienen un impacto que supera por mucho el ámbito natural de dicho poder en un sistema de contrapesos. Para decirlo claro, los Ministros tienen tiempo metiéndose de legisladores y secuestrando en sus manos la toma de decisiones que, por lo menos, deberían corresponderle al Congreso de la Unión y a las legislaturas estatales.

El año pasado declararon que el matrimonio entre personas del mismo sexo es un derecho constitucional, y, a mediados de mayo lo único que hizo Peña Nieto, en un intento desesperado por ganar legitimidad ante la izquierda, fue armar una iniciativa de reforma constitucional, tomando como base lo que ya había dicho la corte. Lo que siguió lo conocemos todos. Una semana después del anuncio de Peña surgió el Frente Nacional por la Familia y se desató una polémica sobre la cual vale la pena reflexionar:

Para abonar al diálogo, les comparto 7 notas sobre la marcha:

  1. No existe el matrimonio “natural”. Perdón, pero no, y esta es quizá la principal debilidad que muestra el Frente Nacional por la Familia, al construir sus argumentos alrededor de una especie de utilitarismo irreligioso que no les queda y que ni ellos solos se creen. De hecho, es todo lo contrario: si algo hay en el concepto y la palabra “matrimonio” que lo vuelva digno de defender con mitotes es justamente su carácter sobre-natural.

Por el contrario, si volteamos a la “naturaleza”, no vamos a encontrar, al menos en los primates, casi nada parecido al matrimonio monogámico. En todo caso, la familia “natural” estaría compuesta, como de hecho sucedía en la antigüedad, por un hombre y varias mujeres, a pesar de lo cual dudo mucho que los manifestantes en favor de la familia tradicional, hayan salido a las calles con la poligamia en mente.

  1. Otro punto inadecuado es el relacionar automáticamente el acto de la procreación con el concepto de familia y plantearlo como su único origen “natural”, pues, aunque la biología juega un papel, en el fondo la familia es una construcción emocional y espiritual. Pongo un ejemplo, en la segunda guerra mundial los soldados japoneses estacionados en China violaron sistemáticamente a mujeres locales. Incluso cuando estas violaciones dieron lugar al nacimiento de bebés, nadie en su sano juicio diría que por ese acto el soldado japonés y la madre china conformaban una “familia”.

Por el contrario, pensando en la propia guerra, los compañeros de armas en un batallón muchas veces llegan a considerarse como familia, incluso sin que exista ninguna relación de corte sexual o biológico. Algo similar ocurre en el caso de las adopciones. No existe un vínculo de sangre, pero sí uno de afecto y de enlace emocional. La propia historia de la Iglesia está repleta de casos así, empezando por las órdenes religiosas.

El punto es que la realidad de las familias es increíblemente diversa. Por lo tanto, tratar de meterlas con calzador en un solo molde es una receta para cometer más de una injusticia y darse permanentemente de topes contra la realidad.

  1. En el fondo todos sabemos que las familias conformadas por personas del mismo sexo son familias. Entonces, el centro del debate es si hay alguna razón que justifique el que no puedan acceder al concepto de matrimonio. Básicamente el argumento de los conservadores es “porque no pueden procrear” y el Estado debe proteger la procreación. Se trata de un peligroso utilitarismo, que también deja en entredicho el reconocimiento a los matrimonios de las parejas heterosexuales que no pueden tener hijos

 

  1. Las marchas del Frente Nacional por la Familia no fueron “de odio”, y acusarlas de ello es una tontería. Basta revisar tanto los videos de las marchas, como la propaganda oficial previa para darse cuenta de que ni los organizadores, ni los participantes en las cerca de 100 manifestaciones recurrieron a los insultos o alentaron agresiones hacia los homosexuales.

Parece verdad de Perogrullo, pero más vale refrendarlo. ESTAR EN DESACUERDO NO ES IGUAL A ODIAR, y alegar que quienes piensan distinto lo hacen porque odian a la contraparte es una auténtica pataleta de preadolescente para cerrarse el diálogo. Es básicamente una versión modernizada del “no oigo, no oigo, soy de palo…” y eso es de niños malcriados.

  1. A lo largo de esta polémica ha resultado dolorosamente notoria la falta, ya no sólo de objetividad, sino incluso de profesionalismo del círculo rojo y de la prensa. La mayoría de los columnistas le llovieron con insultos a los pro-familia “natural” y los aderezaron mentiras y falacias. Todos los supuestos defensores de la diversidad se escandalizaron cual señora moralina al enterarse de que había personas (por lo menos 1 millón el sábado) con opiniones diversas a las de ellos.

Entre los mentirosos están incluso periodistas (es un decir) de altísimo perfil, como Denise Dresser, que basaron sus críticas al Frente Nacional por la Familia en imágenes falsas, sin disculparse, por supuesto. De los demás, muchos decidieron evitar la dolorosa tarea de conectar sus neuronas y se limitaron a decir que la marcha era medieval o retrógrada, creyendo que ya con eso tenían un argumento invencible.

Por supuesto también hubo excepciones. Por ejemplo, Sergio Sarmiento, que expresaron su respeto por el derecho de los conservadores a manifestarse, incluso aunque no estuvieran de acuerdo con ellos. Desgraciadamente los liberales de a de veras (los que entienden que defender la propia libertad implica también proteger la del otro) siguen siendo muy pocos en este país.

 

  1. Fue lamentable que en la contra marcha del domingo varios de los activistas que se han autonombrado representantes de los millones de homosexuales mexicanos recurrieran al insulto barato, disfrazados de sacerdotes o acusando de pederastia sin ninguna prueba que los respalde. Así no se dialoga, y menos aun cuando de lo que se trata, según dicen, es de promover la diversidad. Esa misma tolerancia que exigen en sus marchas del “orgullo gay” otórguenla a los demás, o queden para siempre convertidos en irredentos hipócritas. Ustedes eligen.

 

  1. El origen de fondo de este conflicto se encuentra en que el Estado ha sobrepasado su ámbito natural de acción, metiéndose en donde no le corresponde y separando a la ley de la justicia. En lo que se refiere a la polémica actual, esto se refleja en dos puntos: El primero es que el Estado no tendría por qué andar casando gente, sean homosexuales o heterosexuales, pues la decisión de con quién compartir la vida es y debe ser absolutamente libre y absolutamente privada. En pocas palabras: La verdadera igualdad sería que el gobierno no esté a cargo del matrimonio

El segundo es que el Estado no tiene por qué controlar monopólicamente los contenidos de los programas educativos y al hacerlo les arrebata a los padres y madres (a todos, sean heteros, gays, lesbianas, intersexuales, transexuales, travestis o cruz-azulinos) el derecho de educar a sus hijos, poniendo la inmensa maquinaria de la educación pública, pagada por medio de la violencia de los impuestos, al servicio de una agenda particular. Da lo mismo que dicha agenda educativa sea cristiana, budista, de género o de degenere, hacer eso es un acto de tiranía.

De hecho, la verdadera razón para que buena parte de los manifestantes salieran a las calles para unirse a las marchas del Frente Nacional por la Familia no fue tanto el oponerse al matrimonio igualitario, sino a la agenda autoritaria de la educación pública.

En este, como en muchos casos, la verdadera solución es la libertad. Libertad para que cada quien comparta su vida con quien le dé la gana, libertad para que los padres puedan educar a sus hijos en los valores que consideren adecuados y llevarlos a una escuela que comparta dichos valores. Libertad para que el matrimonio y la educación regresen a las manos de sus legítimos propietarios, que son los individuos. Lo demás es moralina, y la izquierda está inundada de ella.

Por cierto…

Hace unos días comentaba que Trump será el próximo presidente de Estados Unidos. La profecía comienza a consolidarse. El domingo Hillary se desvaneció y su equipo tuvo que confirmar que tiene neumonía. La señora está enferma, y ya no sólo de poder.

*Gerardo Garibay Camarena es columnista en diversos medios digitales y autor de los libros “Sin Medias Tintas” y “López, Carter, Reagan”.

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