jueves, agosto 22, 2019
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No dejemos que Google censure

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Por: Dennis Prager*

Hay una comprensible reticencia entre los conservadores en cuanto a permitir que el gobierno apruebe leyes que regulen a las grandes compañías tecnológicas como resultado de la hostilidad de estas hacia voces conservadoras. Estos conservadores, citando la fundamental creencia estadounidense en el gobierno limitado, argumentan que sin importar lo que hagan las grandes compañías tecnológicas, siguen sin ser gobierno. Las garantías constitucionales de libertad de expresión no obligan a las compañías privadas.

Esto es correcto.

Sin embargo, el tema es mucho más complejo. Me pidieron testificar ante el Comité Judicial del Senado sobre esta situación a causa de dos razones. Una es el tamaño de mi sitio web, Prager University, que recibe mil millones de visitas cada año, la mayoría de las cuales provienen de lectores con menos de 35 años de edad. La razón más importante es que YouTube, que es propiedad de Google, en varias ocasiones ha colocado a cerca de 100 de nuestros videos en su lista restringida. Esto significa que cualquier hogar, institución o individuo que usa un filtro para bloquear pornografía y violencia no puede ver esos videos, y tampoco pueden verlos desde ninguna escuela o biblioteca.

PragerU publica un video de cinco minutos cada semana. En este momento (6 de agosto), 56 de los 320 videos están en la lista restringidia de YouTube. Entre ellos hay videos como “La fundación legal de Israel” (por el profesor de Harvard Alan Dershowitz); “¿Por qué América invadió Irak?” (por el biógrafo de Churchill Andrew Roberts); “¿Por qué las feministas no defienden a las mujeres musulmandas?” (por la activista de derechos humanos Somalí-Americana Ayaan Hirsi Ali); “¿Los policías son racistas?” (Por Heather Mac Donald, del Manhattan Institute) y “¿Por qué el arte moderno es tan malo?” (por el artista Robert Florczak).

Le hemos preguntado a Google por qué nuestros videos – que no continen violencia, pornografía o alguna clase odio – están restingidos. Sabemos que seres humanos, y no “algoritmos” han revisado esos videos, pero nunca hemos recibido una explicación.

El único video restringido del que Google ha ofrecido una explicación es “Los 10 Mandamientos: Lo que debería saber”, un video que hice yo. El Senador por Texas, Ted Cruz, le preguntó en la audiencia a un representante de Google qué es lo que podría provocar que un video sobre los Diez Mandamientos terminara en la lista restringida. El representante respondió que el video se refería a un “asesinato”. Como el representante de no parecía estar bromeando, le aseguré al comité del Senado que lanzaríamos un video amigable para los estándares de Google, titulado “Los Nueve Mandamientos.”

En defensa de la explicación de Google, la Senadora Mazie Hirono (D-Hawaii), añadió que el video de los Diez Mandamientos tiene “imágenes nazis”. Yo le expliqué que se mostraba una suástica – junto con la hoz y el martillo – como ejemplo de una sociedad moderna en la que el asesinar era aceptable. Le pregunté: ¿Acaso no queremos que los jóvenes relacionen la suástica con el mal? Ella no respondió.

Las restricciones continúan. Este lunes, horas después de que en PragerU lanzaramos nuestro nuevo video – “La mentira de Charlottesville”, una charla de Steve Cortes, colaborador de CNN – Google la colocó en la lista restringida de YouTube. Esto sucedió dos semanas después de una audiencia en el Senado en la que un representante de Google afirmó bajo juramento que la compañía no censura con base en opiniones políticas.

Los conservadores que defienden a Google o que simplemente se oponen a cualquier interferencia gubernamental argumentan que Google es una empresa privada, y las empresas privadas son libres de publicar – o no – lo que quieran. Sin embargo, Google, YouTube y Facebook eligieron no ser consideradas como “editoriales”, porque las editoriales son responsables por lo que publican y pueden ser demandadas por difamación. El Congreso le otorgó a Google y otros medios sociales una excepción de dichas demandas en 1996, a través del Communications Decency Act. La Sección 230 de dicha legislación le brindó a estas compañías inmunidad en contra de la difamación y otras peticiones legales. La clara intención de la Sección 230 – la negociación que el Congreso hizo con las compañías tencologicas – consistía en promover la libertad de expresión y al mismo tiempo permitirle a las compañías moderar el contenido indecente sin ser clasificadas como editoriales.

Sin embargo, Google y las demás han violado este acuerdo. Quieren operar bajo un doble estándar: censurando material que no tiene contenido indecente – es decir, actuando como editoriales – mientras mantienen la inmunidad de quienes no lo son. Cuando YouTube pone el contenido de PragerU en su lista restringida, cuando Twitter expulsa al actor conservador James Woods, ya no son foros abiertos.

Richard Hanania, investigador en el Saltzman Institute of War and Peace Studies en Columbia University, realizó un estudio del sesgo político de Twitter y concluyó: “Mis resultados hacen difícil tomar en serio las declaraciones [de Twitter] en cuanto a su neutralidad política. De 22 individuos prominentes y políticamente activos que han sido suspendidos desde el 2005 y que expresaron una preferencia en la elección presidencial estadounidense del 2016, 21 respaldaron a Donald Trump”.

Los defensores de Google también argumentan que algunos sitios izquierdistas tienen un porcentaje incluso mayor de sus videos en la lista restringida. Sin embargo, esta no es una comparación adecuada. Cuando los sitios izquierdistas son restringidos es porque sus videos contienen insultos o material verdaderamente inapropiados para niños, no porque sean de izquierda. Los videos de PragerU no contienen insultos y son muy adecuados para niños. Nuestros videos están restringidos sólo porque son conservadores. ¿Cómo más explicar por qué Google ha restringido más de la mitad de nuestros 15 videos en favor de Israel – incluso uno protagonizado por Stephen Harper, ex Primer Ministro de Canadá?

La falta de disposición de ciertos conservadores a confrontar algunos de los más peligrosos ataques a la libertad de expresión en la historia estadounidenses es preocupante. ¿Creen acaso que Google, Facebook y Twitter – los conductos de una buena parte de la información libre a nivel mundial – no actúan basados en su odio hacia los conservadores?

Si las cuatro grandes aerolíneas de los Estados Unidos anunciaran que no le permitirán viajar hacia algunas ciudades norteamericanas a los pasajeros que lleven en la mano el periódico The Wall Street Journal ¿algún conservador o libertaria defenderían el derecho de las aerolíneas a hacerlo por ser compañías privadas?

*Dennis Prager es presidente de PragerU, conductor de radio de alcance nacional, columnista y autor del segundo volumen de “The Rational Bible,” su comentario sobre la Torah en cinco volúmenes.

Publicado Originalmente en Wall Street Journal Traducido por Gerardo Garibay Camarena para Wellington.mx

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