jueves, agosto 22, 2019
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América por fin lo reconoce: reciclar no funciona

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Por: Jon Miltimore*

Hace un par de años, después de enviar a la escuela a mi hija de cinco años, ella regresó a casa recitando el mismo alegre mantra medioambiental que me enseñaron en la primaria. “Reduce, Reutiliza, Recicla,” sonreía, orgullosa de demostrar que memorizó lo aprendido.

La virtud moral del reciclaje es raramente cuestionada en los Estados Unidos. Ha sido integrada en la mentalidad americana durante muchas décadas. En un reciente viaje al Caribe, la esposa de un amigo exhibió una nerviosa culpa mientras reunía botellas vacías de refresco, agua y cerveza, destinadas a la basura, ya que nuestro hotel no ofrecía contenedores para reciclaje.

“Siento terrible el tirar estas en la basura,” dijo, con una expresión de dolor en su rostro.

No tuve el corazón de decirle que había altas probabilidades de que las botellas que ella estaba reciclando en los Estados Unidos estén terminando justo como las de la isla caribeña que visitábamos.

Difícil implementación

Como la revista Discover señaló hace una década, reciclar es un negocio complicado. Un estudio realizado en 2010 por la universidad de Columbia descubrió que sólo el 16.5% del plástico recolectado por el New York Department of Sanitation era “reciclable”.

Esto resulta en que casi la mitad de los plásticos recolectados terminan en el relleno sanitario,” concluyeron los investigadores.

Desde entonces, las cosas han empeorado. Hace un par de fines de semana, el New York Times publicó una historia detallando cómo cientos de ciudades en todo el país están abandonando los esfuerzos de reciclaje.

Filadelfia ahora está quemando cerca de la mitad del material de reciclaje de su millón y medio de residentes en un incinerador que convierte los desperdicios en energía. En Memphis, el aeropuerto internacional todavía tiene contendores de reciclaje en las terminales, pero cada lata, botella y periódico recolectado se envía a un relleno sanitario. Además, el mes pasado, funcionarios de la ciudad de Deltona, en Florida, enfrentaron la realidad de que, a pesar de sus mejores esfuerzos por reciclar, su programa de recolección en las aceras no estaba funcionando, y lo suspendieron. Estos son solo tres de los cientos de pueblos y ciudades alrededor del país que han cancelado programas de reciclaje, limitado el tipo de material que aceptan o acordado enormes incrementos en los precios.

Una razón para ello es que China, quizá el mayor comprador de reciclables estadounidenses, dejo de aceptarlos en 2018. Otros países, como Tailandia e India, han incrementado sus importaciones, pero no con el suficiente tonelaje para aliviar los crecientes costos que enfrentan las ciudades.

“Estamos en un momento de crisis en el movimiento de reciclaje”, declaró al Times Fiona Ma, tesorera de California.

El costo es la palabra clave. Como cualquier actividad o servicio, el reciclaje es una actividad económica. El secretito es que los beneficios del reciclaje han sido dudosos desde hace algún tiempo.

“El reciclaje ha sido disfuncional durante mucho tiempo,” le dijo al Times Mitch Hedlund, director ejecutivo de Recycle Across America.

¿El reciclaje siempre ha sido una ilusión?

¿Desde cuándo? Quizá desde el inicio. Hace casi un cuarto de siglo, Lawrence Reed escribió acerca de la creciente moda del reciclaje, que estaban impulsando gobiernos estatales y locales –en su mayoría a través de mandatos, naturalmente- con un fervor cuasi religioso. Había numerosos problemas con ese enfoque, señaló:

El hecho es que reciclar algunas veces tiene sentido y otras no. Los gobiernos locales y estatales deberían hacer una pausa en la prisa legislativa para aprobar normas de reciclaje, y tomar en cuenta la ciencia y la economía de cada propuesta. Muchas veces, las malas ideas son peores que no hacer nada y pueden producir un daño duradero si se consagran en ley. El simplemente demandar que algo se recicle puede generar disrupción en los mercados y no garantiza que suceda un reciclaje que tenga sentido económico o ambiental.  

Si solo los legisladores hubieran escuchado el consejo del Sr. Reed, o el de John Tierney, que brindó un consejo similar en el Times al año siguiente:

Creyendo que no había más espacio en los rellenos sanitarios, los norteamericanos llegaron a la conclusión de que reciclar era el único camino. Sus intenciones eran buenas y sus conclusiones parecían razonables. El reciclar algunas veces tiene sentido –para algunos materiales, en algunos lugares y algunas ocasiones.

Sin embargo, usualmente la opción más simple y barata es enterrar la basura en un relleno medioambientalmente seguro, y ya que no hay escasez de espacio para rellenos (la crisis de 1987 era una falsa alarma), no hay razón para convertir al reciclaje en imperativo legal o moral.

Eso es economía, me responderán. ¿Qué pasa con el ambiente? Bueno, pues los beneficios ambientales del reciclaje no están nada claros. De entrada, como Popular Mechanics señaló hace algunos años, la idea de que no tenemos espacio suficiente para almacenar los desperdicios en forma segura es falsa.

De acuerdo con un cálculo, toda la basura que se producirá en los Estados Unidos durante los siguientes mil años podría colocarse en un relleno sanitario de 100 yardas de profundidad y 35 millas de largo –no es tan grande (a menos que le toque vivir en ese barrio).

Dicho de otro modo, tomaría otros 20 años ocupar los rellenos que ya se han construido en Estados Unidos, de forma que la noción de que se nos está acabando el espacio de los rellenos –el ímpetu original para el boom del reciclaje- resultó ser una distracción.

Los esfuerzos de reciclaje son contraproducentes y generan desperdicios

Además, debemos tomar en cuenta la energía y recursos que se dedican al reciclaje. ¿Cuánta agua gastan cada año los estadounidenses enjuagando objetos que terminan en el relleno sanitario? ¿Qué tanto combustible se gasta desplegando flotas de barcas y camiones a través de autopistas y océanos, llevando toneladas de basura para ser procesadas en instalaciones que generan su propia contaminación?

Los datos en este ámbito son escasos, y los resultados respecto a la efectividad ambiental del reciclaje varían de acuerdo al material que se recicla. Sin embargo, todo ello parte de la suposición de que los reciclables no están siendo limpiados y transportados solo para acabar en un relleno, como sucede con muchos en la actualidad. Esto, como diría Mises, es caos planeado, el resultado inevitable de que los planificadores centrales tomen decisiones en lugar de que lo hagan los consumidores a través de mercados libres.

La mayoría de los economistas de mercado, señala Reed, “por naturaleza, filosofía y experiencia” son escépticos de esquemas centralmente planeados que suplanten la libre elección, alertaron desde el inicio sobre las dinámicas [erróneas] del reciclaje.

Como el ingeniero y autor Richard Fulmer escribió en 2016:

Reciclar recursos cuesta recursos. Por ejemplo, los diarios viejos deben ser reunidos, transportados y procesados. Esto requiere camiones, que deben ser construidos y utilizar combustible, y plantas de reciclaje, que deben ser construidas y recibir energía.

Todo esto también produce contaminación –de las fábricas que construyen los camiones y el combustible utilizado para impulsarlas, y de las fábricas que producen los componentes para construir y armar la planta de reciclaje y el combustible quemado para mover la planta. Si las compañías pueden obtener una ganancia reciclando papel, entonces podemos tener confianza de que al reciclar se ahorran más recursos de los utilizados. Sin embargo, si el reciclaje se ordena por ley, no tenemos dicha certeza.

Una vez más, la economía es la clave.

Es tiempo de admitir que la manía del reciclaje es un placebo gigante. Hace que las personas se sientan bien, pero la idea de que mejora las condiciones de los seres humanos y el planeta es muy dudosa.

Ha tomado tres décadas, pero las acciones de cientos de ciudades en los Estados Unidos sugieren que los norteamericanos finalmente están dispuestos a considerar la idea de que el reciclaje no es un imperativo moral o legal.

*Jon Miltimore es editor general de FEE.org. Sus artículos y reportajes han aparecido en TIME magazine, The Wall Street Journal, CNN, Forbes, Fox News, y el Washington Times. Su correo electrónico es: jmiltimore@FEE.org.

Este artículo se publicó originalmente (en inglés) en FEE.org

Traducción por Gerardo Garibay Camarena.

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