martes, octubre 22, 2019
Economíainternacional

China y Estados Unidos; la nueva guerra y sus molestos fanáticos

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Por: Fausto Hernando Canto García*

Desde la caída de la Unión Soviética a inicios de la última década del siglo XX, se sostuvo que el mundo ya no habría de dividirse entre dos polos, augurando el surgimiento de un mutipolarismo de poderes regionales que, en mayor o menor medida, tendría a Estados Unidos a la cabeza como potencia quasi-hegemónica.

Sin embargo, con la implementación del pseudo-capitalismo de la República Popular China y el nuevo ascenso en el plano político internacional de una Rusia ahora nacionalista, parece que de nuevo el mundo parece estarse partiendo otra vez en dos: los que descansan tranquilos sobre el poder económico y político del dólar y los que lo hacen sobre los mismos poderes, en ascenso, del Yuan.

Y es que yo sostengo que la guerra fría nunca acabó, sino que se trasladó a un nuevo rubro que, si bien EE.UU. conoce a fondo, el lado contrario no había explorado hasta hace unas pocas décadas, hablamos de la nueva guerra comercial donde las empresas juegan un papel importante para crear aceptación no sólo de sus productos, sino del país mismo donde están asentadas y -obviamente- de sus respectivas agendas políticas internacionales.

Sin temor a parecer exagerado por lo dicho en el párrafo anterior, me remito a la última fiebre que ha azotado a mi país: la Huaweititis. Y es que bastó el solo anuncio de varias empresas americanas (como Google) de retirarle las licencias de uso de su software a los smartphones de la empresa china Huawei, para que salieran miles de usuarios en redes sociales en defensa no sólo de la marca sino, en general, de China. Esto sin importar las ENORMES restricciones que China lleva imponiendo a marcas tanto de EE.UU. como de Europa e, incluso, de otros países asiáticos como Japón y Corea del Sur.

La Huaweititis es una de muchas fiebres que han afectado a diversos países donde la inversión China llega de la mano de marcas que ofrecen buenos productos -no se niega- a un costo muy bajo, otras veces razonable. Conozco, incluso gente en Venezuela que trabajó para Huawei y estima la marca y a China, toda vez que los yuanes han sido el principal motor de la dictadura que detestan y soportan a diario, de ese tamaño es la ingenuidad.

Todo lo escrito que antecede a este párrafo tampoco quiere decir que sea un idealista con respecto a Estados Unidos, de quien ya dijimos que lleva más tiempo creando simpatías a través de sus marcas y sus productos que China. Por eso sostengo que es grave que las dos potencias económicas del planeta tengan de rehén a la libre competencia, que no es libre y tampoco es competencia, pues tanto las empresas chinas como americanas se desenvuelven en actos desleales como la imposición de aranceles proteccionistas, el robo de información y, en últimos tiempos, de espionaje y de sabotaje.

Lo verdaderamente funesto son los molestos fanáticos que no comprenden que esto va más allá de defender una marca: se trata de defender a regímenes que pisotean los derechos de millones de seres humanos al rededor del mundo, causando hambre y muerte, cuando menos censura.

Concluyo señalando que, independientemente que uses iPhone o Huawei, evita comprometer tu consciencia por un producto; el comercio debe ser libre como libres debemos ser las personas. Mercados libres para personas libres, sin agendas y lealtades políticas y antes de rasgarte las vestiduras porque ya no tendrá Android tu próximo teléfono Huawei, recuerda que en China hay alguien que no puede lanzar un tweet contra sus políticos ni postear en Facebook o Instagram.

*Fausto H. Canto García es egresado de la carrera de Relaciones Internacionales en la Universidad de Quintana Roo

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