miércoles, diciembre 13, 2017
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Coco y la historia que sigue viva

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Por: Jeffrey A. Tucker*

Tendemos a pensar que el pasado está definido. No hay nada que podamos hacer para cambiarlo. Sin embargo, esto no es completamente cierto. El cómo pensamos acerca del pasado -los buenos y los malos, la justicia y la injusticia, las causas y efectos- tiene un profundo efecto en nuestras percepciones del presente. Nuestro entendimiento se actualiza conforme nueva información sale a la luz. En este sentido, el pasado no está definido. Es una realidad viviente.



Ideas complejas ¿cierto? Se me ocurrieron como cortesía de una película animada que está dominando los cines. He sentido durante años que hay contenido más genuinamente adulto en las películas hechas para niños que en la mayoría de las cintas “para adultos”. La película nos lleva la tierra de los muertos -que no es ni el tiempo ni la eternidad- y plantea la desafiante idea de que también los muertos siguen aprendiendo y cambiando.

Filosofía de la historia

La película en cuestión es Coco la nueva cinta animada de Pixar, que explora una parte la cultura, religión nacionalidad de México. Se estrenó en cines en México el día de muertos y llegó a las audiencias norteamericanas más tarde. Todos los sectores de vos son mexicanos.

La emocionante historia se mueve en varios niveles. Tan pronto como uno piensa que es un tributo a la lealtad familiar, nos lleva a un lugar completamente distinto, para explorar algo tan profundo como la filosofía de la historia. Esta fue la parte que me sorprendió y me dejó pensando.

La película sigue la joven vida de Miguel Rivera, quien siente el llamado ser músico, para enfrenta la resistencia de su familia. Su tatarabuelo fue un músico que abandonó a la familia para seguir el sueño de convertirse en un gran intérprete, escribiendo música y cantando para el mundo. Su familia estaba tan molesta con su decisión que dos generaciones prohibieron la música en el hogar optando por el negocio familiar de la fabricación de zapatos.

Sin embargo, Miguel no quiere ser zapatero. Él quiere cantar y tocar música como su tatarabuelo. Así que, en el día de los muertos, llega al monumento dedicado al famoso cantante Ernesto de la Cruz. Toma la guitarra del intérprete y repentinamente es transportado a otro mundo. La tierra de los muertos.

Ciudad fresca

Resulta que la tierra de los muertos es un lugar a la moda, con grandes sistemas de transporte, coloridos edificios de apartamentos, buenos lugares para comer y beber, e incluso estrellas pop y conciertos. Para regresar a la tierra de los vivos, Miguel debe buscar la bendición de un ancestro que resida ahí. Encuentra su tatarabuela, pero ella sólo le dará su bendición a cambio de que Miguel renuncie a la música. Es una oferta que Miguel no puede aceptar.

Gradualmente, nos enteramos de quién vive en ese lugar y por qué. Es a donde se va cuando mueres, pero la cantidad de riqueza que poseas y el tiempo que permanezcas ahí depende por completo de si eres recordado por los vivos. El día cuando esto sucede es el día de los muertos, durante el cual deben presentarse recuerdos de los ancestros fallecidos para que puedan seguir viviendo en la tierra de los muertos. Una vez que son olvidados, los muertos finalmente desaparecen y se van para siempre a ningún lugar en concreto. ¡Eso es muy drástico! Y es precisamente por ello que es imperativo para las familias el reverenciar a sus integrantes ya fallecidos.



Aquí es donde el drama se pone interesante. Miguel decide buscar a otro miembro falleció la familia que pueda enviarlo de regreso la tierra de los vivos sin la molesta condición de que no cante y no toque música. Se acerca con el famoso cantante Ernesto la Cruz, porque cree que él es su verdadero tatarabuelo. Ernesto es tan bien recordado entre los vivos que es extremadamente acaudalado.

Sin embargo, gradualmente descubrimos que es un patán. Las personas en la tierra de los muertos lo descubren también, cuando se enteran de un secreto oculto en su vida. La popular imagen de este tipo colapsa y pierde por completo su base de admiradores, ¡lo cual es un giro hilarante considerando que todas esas personas están muertas!

¿Qué significa esto?

Aquí es donde entra la filosofía de la historia. Las reputaciones de los muertos pueden cambiar conforme tanto los vivos como los muertos desarrolle nuevas opiniones con base en nueva información. Este proceso constante aprendizaje cambia la cultura y la sociedad tanto en la tierra de los muertos como la de los vivos. ¡Qué notable tributo al poder de las historias que conocemos y nos contamos entre nosotros!

Un ejemplo de la vida real podría ser alguien como Woodrow Wilson. fue reverenciado después de su muerte como un intelectual, un gran estadista, un pacificador, un profeta de la democracia y el nacionalismo. Hoy, las cosas son distintas. Wilson es conocido como un promotor de la eugenesia, un defensor del Klan, un racista, un instrumento de la clase gobernante y el impulsor de una asesina e inútil guerra.

¡Qué diferencia! ¡Y todo esto mientras él estaba en la tierra de los muertos!

O considere a FDR. Hasta la fecha es percibido como el hombre que nos salvó de la gran depresión, incluso aunque evidentemente no lo hizo. Es considerado como un defensor de los oprimidos, a pesar de que fue el arquitecto del Estado corporativo que cartelizó y clausuró el crecimiento económico. Además, como Wilson, sus opiniones en temas de raza y demografía tendían hacia el supremacismo blanco y la exclusión. ¿Cuándo cambiará la reputación de FDR? Seguramente sucederá.

O también, piense en un presidente como Andrew Jackson. Actualmente se le ve como un opositor al banco nacional y un defensor del pueblo. Sin embargo, ¿qué sucederá cuando llegue a ser visto como un exterminador de la población nativa, un demagogo que encabezó una presidencia corrupta y un inescrupuloso promotor del imperialismo militar?

Esto podría suceder, pero depende de las personas que buscan los hechos y se los presentan a la población. El pasado no está definido. Continúa viviendo y, por lo tanto, cambiando, y cambia nuestra impresión del presente.

Robando ideas

Coco ofrece una fascinante perspectiva respecto al ámbito de la propiedad intelectual y la apropiación cultural. El gran tema en la tierra de los muertos se refiere a quién precisamente escribió las famosas canciones que canta Ernesto de la Cruz. Él siempre ha reclamado el crédito, ¿pero es eso correcto? Cuando cambia el veredicto, también lo hace su reputación.

Me preguntaba al principio si íbamos a recibir una clase de Hollywood sobre los derechos de atribución, pero no se trata de eso. Se trata acerca de respetar a quienes simplemente son famosos o a las personas que son los verdaderos creadores. Uno puede respetar los “derechos creativos” y la necesidad de una atribución apropiada sin aprobar leyes en materia de propiedad intelectual.

En cuanto al apropiación cultural, pudiera parecer inicialmente que la película incursiona en la actual moda de que las culturas se encierren y eviten que sus productos sean “robados” por otros. Sin embargo, afortunadamente no hay nada que sea particularmente “políticamente correcto” en esta película. Es una celebración directa de la cultura mexicana y de los mitos que le han dado forma.

Reconocí mucho de esto a partir de mi propia infancia, cuando mi mejor amigo era el hijo de primera generación de inmigrantes provenientes de allende la frontera. Sus vidas eran muy diferentes de la mía. Esa casa al otro lado de la calle se convirtió en una ventana hacia otro maravilloso mundo y sirvió como un constante recordatorio de que la forma de ser de mi familia no era la única. Me maravillaba el calendario maya en la pared, el método que Mama Rede usaba para hacer tortillas, el lujoso lenguaje latino y los rituales familiares.

Para mi era muy liberador.

Viendo Coco, me impactó mucho la forma mágica en que la cultura mexicana mezcló tan bellamente dos tradiciones religiosas: la fe de la herencia azteca y el catolicismo de estilo europeo, en un todo integrado. El día de los muertos se convierta en el de todos los santos, la necesidad de recordar a nuestros ancestros se convierte en oraciones para los muertos a través de la liturgia católica, y la tierra de los muertos es un reflejo del purgatorio.

¿Quién se ha apropiado la cultura de quién? Se mueven ambas direcciones, como siempre lo hace cuando dos culturas interactúan entre sí. La conclusión es que no habría una cultura mexicana que celebrar, sino hubiera sido por la apropiación cultural. La película Coco es tan pegadiza que no me sorprendería si inspira a muchos jóvenes a apropiarse de algunos aspectos de esa cultura para sí mismos.

En cuanto a su filosofía de la historia, la película tiene razón: el pasado nunca es estable, y no debería serlo.

*Jeffrey Tucker es Director de Contenido de la Foundation for Economic Education.

Originalmente publicado en Fee.org

Traducido al español para Wellington.mx por Gerardo Garibay Camarena

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