Por Efrén Zúñiga*

Problemas y retos de los mercados financieros globales. Para tratar de entender la complejidad de un sistema, es necesario conocer algún o algunos de los actores que han desempeñado un papel relevante en su funcionamiento. Y vale precisar que, por relevante, me refiero a lo que pudiera ser un protagonista e inclusiva, un antagonista.

Dicho esto, anticipo que me centraré en uno figurantes: los gobiernos y su influencia en los sistemas financieros. Abundan los ejemplos de creación de riqueza a partir de simples insumos que, por medio del trabajo y el capital, se convierten en bienes que satisfacen las necesidades de los consumidores. Durante gran parte de la historia, en ello se resumían los procesos de generación de fortuna por medio de los mercados de bienes y servicios; sin embargo, este transcurso resultó ser más complejo en los mercados financieros, en el que el valor de los activos financieros resulta más confuso.

Con lo anterior, no pretendo hacer énfasis entre la maniquea comparación “Main Street vs Wall Street”[1], más bien en diferenciar la enorme complejidad entre los sistemas. Partimos desde luego en identificar, cuál es la función esencial de los mercados financieros. En concreto, ofrecen a los ahorradores demarquen cuanto tiempo están dispuestos a esperar y qué riesgos están dispuestos a asumir para disponer de mayor dinero en el futuro; por otro lado, a los inversores les ofrece la oportunidad de ver aumentada su rentabilidad, asumiendo ciertos riesgos.

El precio de los mecanismos es evidente, la remuneración del ahorrador está asociada con la abstención al consumo; mientras que el inversor piensa en la rentabilidad que espera obtener. En teoría, el precio viene dado por los tipos de interés.  Con lo anterior podemos observar como la estructura productiva no es para nada ajena al sistema financiero. Ambos se encuentran sumamente interrelacionados.

Análogamente, de la misma forma en que existe un mercado internacional de bienes y servicios, existe un sistema financiero internacional. El cual, busca llevar a cabo el proceso de coordinación entre ahorradores/inversores a nivel global. Es por ello que, como cualquier otro mercado, el sistema financiero presenta sus “fallos de mercado” los que, generalmente, se originan por la asimetría en la información. No hay mercados perfectos pues las personas no somos prefectas; las fluctuaciones en el precio de los activos no pueden interpretarse netamente como un fenómeno de especulación, sino también como un cambio en las preferencias de las personas[2]. Y nuevamente, llevado esto a la talla internacional, la problemática es más compleja.

A nivel micro, el precio libre es la referencia más eficiente que puede encausar los intereses de la oferta y la demanda, hacia un equilibrio. El problema viene cuando el precio no es del todo libre y, por tanto, se presentan escenarios de descoordinación, en los que los intereses de las partes no se ven reflejados en los mercados.

Esa es a mi juicio, la principal problemática del entorno financiero, los tipos de interés no expresan del todo, la armonía entre el ahorro y el crédito expedido. Esto es, el precio del dinero viene dado por un ente externo que, aunque en su mayoría es un cuerpo autonómico del gobierno (bancos centrales), este último no deja de contar con su fuerza de intervención.

El consenso convencional nos dice que “los mercados no funcionan y que la gente libre se equivoca”. De hecho, recuerdo como los diarios acusaban al capitalismo como responsable de la gran recesión. Esto siempre me generó cierto escepticismo, pues que tan libre puede ser un mercado en el que el precio viene dado de forma arbitraria. 

Durante la semana pasada, por ejemplo, pudimos observar como de manera homogénea, la gran mayoría de los bancos centrales, reaccionaron al pánico del COVID-19 reduciendo los tipos interés. Pues al menos en el corto plazo, dicha medida no se reflejó en el animó de las principales bolsas de mundo.

No quisiera aventurarme en señalar a los bancos centrales, como origen y fin de los problemas del SFI, pues sería ingenuo pensar que fenómenos como las “burbujas” no volvieran a presentarse (las cuales sabemos ocurrieron desde hace siglos). Por tanto, me gustaría por ello dejar claro que, el desafío no va encamonado a encontrar una solución que aniquile la problemática. Los mercados presentan sus altas y sus bajas, y en el SFI no tendría que ser la excepción.

El problema no son las “burbujas”, el problema es que estas sean incentivadas; el problema no son en sí los “rescates”, el problema es que son incentivos perversos para la irresponsabilidad. Aquí me permito citar al economista español, Juan Ramón Rallo quien suscribió “No carguemos nuestras iras contra el legitimo y útil oficio de especuladores, banqueros e inversores, sino contra el omnipresente intervencionismo que contamina todas sus decisiones”.  Me gustaría concluir señalando que, el principal desafío del SFI es el de la certidumbre, para ello se requiere de un gran consenso entre organismos públicos que dejen de lado los intereses políticos. No vislumbro dicho consenso ni en el mediano plazo, pero al menos vale la pena plantearlo.    


[1] “Main Street” refiere a la economía productiva, mientras que “Wall Street” a la economía financiera.

[2] En siglo XVII los holandeses padecieron la “tulipomanía”, una gran burbuja especulativa en la que se podía adquirir una hermosa casa por el precio de un bulbo. En un programa de radio de la BBC, se concluyó que luego de varias investigaciones había indicios de que “no fue una fiebre especulativa sino factores culturales los que hicieron que la gente valorara estas flores”.

*Efrén Zúñiga es Licenciado en Economía por la Universidad de Guanajuato. En twitter: @EfrenZuS

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