jueves, diciembre 5, 2019
entretenimiento

De mutantes y pederastas

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Por: Gerardo Garibay Camarena*

antes que nada una confesión: soy “fan” de las películas de superhéroes, he visto prácticamente todas, llevo meses esperando la nueva aventura de Wolverine y compañía, pero no estaré en la fila este 22 de mayo para el estreno de la nueva película de Bryan Singer: X-Men: Días del Futuro Pasado, a pesar de que la trama pinta interesante, los efectos especiales se antojan espectaculares y en términos generales parece ser una muy buena producción.

El motivo: Singer se ha dedicado sistemáticamente a abusar de jóvenes y las denuncias se están acumulando. Una de las más recientes involucra al actor Michael Egan, quien acusa al director (junto con otros ejecutivos y productores) de utilizar a jovencitos, incluido el propio denunciante “como piezas de carne en fiestas sexuales”.



Hace un par de semanas, otro joven acusó a Singer de abusar de él en Londres tras la premier de Superman Regresa a mediados del 2006 y, a la luz de los nuevo escándalos, resulta que la primer demanda en su contra por abuso viene de hace casi 20 años, durante la filmación de Apt Pupil, película estrenada en 1998.

No es, ni de lejos el único caso, por el contrario, parece que, una vez que se cierra el telón, en “Tinseltown” el abuso sexual en general y la pederastia en particular son considerados como estilos de vida alternativos ante los cuales la industria responde con un nivel de auto-negación que envidiaría la madre de cualquier delincuente de barrio.

Por supuesto, los ejemplos más simbólicos de este fenómeno son, curiosamente, 2 de los directores de cine más respetados por la élite intelectual: Woody Allen y Roman Polanski.

Allen se separó de su entonces pareja Mia Farrow cuando ella descubrió que el buen Woody coleccionaba fotos pornográficas de una de sus hijas (Soon-Yi) y había abusado sexualmente de otra de ellas (Dylan Farrow, de tan solo 7 años de edad) quien ahora ya como adulta sostiene las acusaciones, lo que no ha detenido a la comunidad artística en su incesante alabanza a los “talentos” del cineasta.

Similar suerte corrió Roman Polanski, tras violar a una niña de 13 años durante una sesión fotográfica y declararse culpable de tener “sexo ilegal con un menor”. Espantado ante la posibilidad de pasar un largo rato en la cárcel, escapó de los Estados Unidos, pero el tenebroso crimen no fue impedimento para que el Olimpo de Hollywood lo reconociera con el OSCAR como Mejor Director en 2002 (por “El Pianista”) y tampoco para que, 7 años después, tras un nuevo arresto en Suiza, decenas de celebridades salieran en su defensa, incluyendo, por supuesto, a Woody Allen, además de Pedro Almodóvar, Martin Scorsese y Win Wenders.

Entre los menos conocidos está el director de cine Víctor Salva, quien abusó sexualmente de un niño de 12 años de edad y grabó los ataques. Fue arrestado, condenado y, una vez fuera de prisión, regresó a Hollywood con el respaldo de Francis Ford Coppola. A pesar de ser un pederasta, los grandes estudios (Disney, MGM, United Artists y Lionsgate, entre otros) le abrieron las puertas de par en par, financiándole (hasta el momento) otras 8 películas, además de 2 cintas actualmente en producción.



Y, no es solo el cine, también en la música se cuecen habas, como ocurrió con Lou Perlman, creador de los Backstreet Boys y de NSYNC, quien construyó durante años una amplia red de jovencitos de los que abusaba aprovechando su poder económico y la promesa de la fama, hasta que fue arrestado por un fraude superior a los 300 millones de dólares, pero sus andanzas con menores de edad permanecen impunes.

Como estos casos hay muchos más, que exhiben el escandaloso doble estándar de Hollywood, cuyas estrellas parecen dedicar todo el tiempo que no están en pantalla a pontificarnos acerca de los males del mundo: desde la homofobia hasta el calentamiento global, viendo la paja en el ojo ajeno mientras ignoran la gigantesca viga del abuso en su propia comunidad.

Por eso, con todo el dolor de mi alma cinéfila, no pienso ver la nueva película de los X-Men en el cine; pues, en pocas palabras: indultar a predadores o pederastas como Bryan Singer, Woody Allen o Roman Polanski, con el pretexto de que “sus películas son excelentes” sería como perdonar las atrocidades de Marcial Maciel porque “daba muy buenos sermones” y eso, en el cine o en sotana, es no tener madre.

*Gerardo Garibay Camarena es columnista en diversos medios digitales y autor de los libros “Sin Medias Tintas” y “López, Carter, Reagan”.

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