historia

¿Democracia o Mercocracia? primera parte

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Por: Ricardo Valenzuela*

“La democracia sustituye la elección de muchos incompetentes a la selección de unos cuantos corruptos”.

                                             George Bernard Shaw

El filósofo, John Stuart Mill, aconsejaba instituir una forma de gobierno que produjera resultados. Es decir, al escoger una alternativa ya fuera monarquía, oligarquía, aristocracia etc., deberíamos enfocarnos no solo en lo obvio como su respeto de los derechos liberales o promoción del crecimiento económico. También deberíamos examinar cómo las diferentes formas de gobierno afectan la intelectualidad y la moralidad de los ciudadanos. Algunas nos harían ineptos y pasivos, mientras que otras nos provocarían ser sagaces y activos.

Mill pensaba que involucrando a los ciudadanos en política los haría profundos, más conscientes del bien común, educados y nobles. Que la participación política desarrollaría nuestras mentes y crearía una sociedad más compasiva. En su era pocos países tenían gobiernos representativos, pero restringían el sufragio permitiendo que solo votara una minoría. Esa participación era una actividad solo para los caballeros educados que creaban riqueza y pagaban la mayoría de los impuestos. Él no tenía evidencia para apoyar lo que afirmaba.

Eso fue hace más de 150 años, pero ahora tenemos los resultados y son negativos. Las participación en política ha fallado para educarnos o hacernos más nobles, nos mantienen confundidos y nos ha corrompido. La verdad se aproxima más a la queja de Joseph Schumpeter: “El ciudadano al iniciar su participación política cae al nivel más bajo de su potencial. Analiza de un modo que lo define como incompetente en la esfera de sus intereses y los de su país. De nuevo se convierte en un ser primitivo”.   

Si la hipótesis de Mill era falsa y Schumpeter tuvo razón, hay preguntas que responder. ¿Qué tanto queremos que la gente participe en política? ¿Qué tanto debemos permitir que participe? ¿Qué clase de gente debe participar? 

Al terminar la guerra de Independencia de EU, Franklin caminaba por las calles de Filadelfia cuando un grupo lo detuvo para preguntarle. Dr. ¿Qué clase de gobierno nos están entregando? Rápidamente respondía: “Una república, a ver que tanto les dura”.         

En los inicios de EU los demócratas eran todo lo contrario que ahora representan, eran liberales en su concepto original y luchaban contra el mandato de la mayoría. La confusión se inició cuando se bautizara el estilo libertario de Jackson como “democracia Jacksoniana”. Pero los modernos demócratas ahora rechazan esas ideas y afirman que el Colegio Electoral es una institución que distorsiona el principio democrático de una persona un sufragio, pues los votos electorales no se distribuyen de acuerdo a la población.

Señalan el sistema otorga, por ejemplo, a los ciudadanos de Wyoming peso desigual en las elecciones. Con una población de 600,000, tiene un miembro en la Cámara de Representantes, dos miembros en el Senado y tres votos electorales, un voto electoral por cada 200,000 habitantes. California, con más de 39 millones y 55 votos electorales, tiene aproximadamente un voto por cada 715,000 habitantes. ¿Wyoming tiene más poder en el Colegio Electoral que California?.

Y continúan arremetiendo que usar el Colegio Electoral en lugar del voto de la mayoría es antidemocrático. Y tienen toda la razón. No decidir quién será el presidente por mayoría no es democracia. Pero los Padres Fundadores sabiamente estructuraron un esquema para asegurarse que EU fuera una república, no una democracia. De hecho, la palabra democracia no aparece en ninguno de los documentos que le dieran vida al país.

¿Que pensaban los Fundadores sobre la democracia?

En el Documento Federalista No. 10, James Madison con fuerza expresaba su oposición al gobierno por facción mayoritaria afirmando: “En democracia las medidas se deciden siempre, no de acuerdo a las reglas de justicia y los derechos del partido minoritario, sino por la fuerza superior de una mayoría dominante “.

John Adams advirtió: “La democracia siempre ha sido enemiga de la libertad, de la justicia, de la propiedad, siempre ha tenido corta vida y ha muerto violentamente. Nunca ha existido una democracia que no siguiera ese proceso ” Jefferson advertía cómo la democracia era el mandato de la plebe y la llamaba “plebecracia”. La definía también como “dos lobos y un cordero decidiendo el menú para la cena”.

Edmund Randolph afirmaba: “Al rastrear las raíces de los males en los países, siempre las hemos encontrado en las turbulencias y locuras de la democracia”. El entonces presidente de la suprema corte de justicia, John Marshall, observaba: “Entre una república equilibrada y una democracia, la diferencia es tan abismal como la del orden y el caos”.

Los Fundadores, habiendo observado el fracasado experimento de la Francia Democrática, expresaban su desprecio por la tiranía del gobierno de la mayoría y a lo largo de la Constitución establecieron impedimentos a esa tiranía.

Dos cámaras del Congreso son el primer obstáculo para el gobierno de la mayoría. 51 senadores pueden bloquear los deseos de 435 representantes y 49 senadores. El presidente puede vetar los deseos de 535 miembros del Congreso. Se necesitan dos tercios de ambas cámaras para anular un veto presidencial. Para cambiar la Constitución no se requiere una mayoría sino el voto de dos tercios de ambas cámaras, y si se aprueba una enmienda, se requiere la ratificación de tres cuartas partes de las legislaturas estatales.

El Colegio Electoral es la medida que frustra las acciones del gobierno de la mayoría. Así se aseguraba que los estados altamente poblados, los 12 ubicados en las costas este y oeste, no pudieran atropellar al resto de la nación. Eso obliga a un candidato presidencial a no ignorar los otros 38 estados. Esos obsesionados con el gobierno de las mayorías quieren deshacerse del Senado donde los estados, independientemente de la población, tienen dos senadores.

Ellos desean cambiar la composición en la Cámara de Representantes a un sistema de carácter proporcional y eliminar la garantía de que cada estado obtenga al menos un representante. Se quejan qué siete estados con poblaciones de 1 millón o menos tienen un representante, lo que les da una influencia desproporcionada en el Congreso.

Si ellos pudieran lograr que todos los actos del Congreso fueran por decisión de la mayoría, cuando se hubiera terminado de establecer esa regla tendrían que cambiar el sistema judicial que requiere unanimidad en las decisiones del jurado, a una regla de mayoría simple. Y si alguien pide un ejemplo del caos en potencia, ahí está el México del Peje.

Si 7 millones votan para declarar que dos y dos son cinco, la línea recta es el camino más largo, que el todo es menor que la parte; si eso ha sido declarado por 100 millones de votos, no habrá avance. Hay axiomas en probidad, honestidad, justicia como los de geometría; las verdades de la moral no están más a merced del voto que las verdades del álgebra. La noción del bien y del mal no puede ser resuelta por el sufragio universal. El hacer falso lo verdadero e injusto lo justo no debe depender de la urna. La conciencia humana no puede ser sometida al voto.

La ignorancia, el desprecio por la Constitución y las ideas socialistas es lo que impulsa el movimiento para abolir el Colegio Electoral.

*Ricardo Valenzuela es economista, empresario y analista. Su cuenta en twitter: @elchero

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