sábado, julio 20, 2019
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¿Dónde consiguió su camote Alexandria Ocasio?

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Por: Jeffrey A. Tucker*

Alexandria Ocasio-Cortez [la legisladora socialista del Partido Demócrata que, entre otras cosas, ha propuesto acabar con las vacas y los viajes en avión] Estaba tratando de explicarnos que el mundo se va a destruir, todos vamos a morir, y probablemente no deberíamos tener más hijos, pero me distrajo la merienda que estaba preparando en cámara. Ella estaba cortando cuidadosamente unos camotes antes de ponerlos en el horno.

Les había puesto sal y pimienta. La sal fue alguna vez tan rara que era considerada dinero. ¿Alguna vez has tratado de pasar un día con cero sal? Nada sabe bien. Esa fue la historia de la humanidad durante cerca de 150,000 años. Entonces descubrimos cómo producir y distribuir sal a cada mesa del mundo. Ahora usamos la sal como si no fuera nada, e incluso nos quejamos de que todo es demasiado salado. Bonito problema.

Los camotes no son fáciles de cortar, así que ella usaba un gran cuchillo de acero, fabricado con una substancia que se volvió comercialmente viable apenas a finales del siglo 19. Fueron necesarias muchas generaciones de metalurgia para descubrir cómo fabricar acero en forma confiable y barata. Antes del acero, había cuerpos de agua que nadie podía cruzar sin un barco, porque nadie sabía cómo construir un puente de hierro que no se hundiera.

En cuanto al horno en su departamento, o era de gas o eléctrico. En cualquiera caso, no tuvo necesidad de cortar árboles y hacer una fogata, como el 99.99 por ciento de la humanidad tenía que hacerlo hasta hace relativamente poco tiempo. Ella simplemente apretó un botón y se encendió, un lujo experimentado por la mayoría de los hogares estadounidenses apenas después de la Segunda Guerra Mundial. Ahora todos pensamos que es normal.

También supongo que su casa es tibia a mitad del invierno, y ello se debe a la calefacción interior controlada por termostato. Todavía hay personas que consideran esta invención como la más grandiosa en toda su vida. Ya no tenían que trabajar dos días para mantener la casa caliente durante un día. Nuevamente, uno solo necesita apretar el botón y, como magia, el calor viene a ti.

La pregunta más interesante es ¿dónde obtuvo ella esos camotes? Ya sé que de la tienda. Nadie cultiva camotes en Washington D.C. ¿Pero de dónde los obtuvo la tienda? Durante miles de años, el camote estuvo limitado a lugares distantes de América del Sur; de algún modo arribó a las islas de Polinesia a través de viajes en bote, y finalmente arribó a Japón a finales del siglo 15.

Solo cuando la tecnología de navegación y la inversión de capital para las exploraciones crecieron para revelar las primeras señales de prosperidad para las masas de personas, el camote llegó a Europa a través de una expedición encabezada por Cristóbal Colón. Finalmente arribó a los Estados Unidos.

Todo ello requirió muchos miles de años de desarrollo –desarrollo capitalista- a menos que uno quiera ver a este vegetal como el máximo fruto del colonialismo y por lo tanto algo a evitar por cualquier guerrero de la justicia social verdaderamente iluminado.

Incluso a principios del siglo 20, los camotes no estaban fácilmente disponibles para que cualquiera los cortara y cociera, especialmente no a mitad del invierno. Hoy los estadounidenses comen camotes cultivados principalmente en el sur del país, pero también importados de China, que actualmente atiende al 67 por ciento del mercado global de camotes.

¿Cómo los obtenemos? Vuelan en aviones, atraviesan el mar en barcos impulsados por combustibles fósiles y llegan a la tienda en camiones de también funcionan con esos combustibles. Si usted juega con la idea de abolir todas esas cosas por orden legislativa, como ciertamente ella lo propone, es muy improbable que pueda obtener un camote con facilidad.

Les confieso lo siguiente. Me enloquece ver personas que disfrutan tan plenamente los beneficios de la propiedad privada, el comercio, la tecnología y el emprendimiento capitalista, pero al mismo tiempo proponen alegremente la dramática reducción de los mismos derechos que les brindan tal alegría material, sin pensar siquiera en cómo su ideología podría afectar dramáticamente el futuro de la disponibilidad masiva de la prosperidad que estos ideólogos tan casualmente dan por sentada.

Para mí, es como ver a una persona en tratamiento mientras denuncia la medicina moderna –o alguien usando un teléfono inteligente para transmitirle al mundo un urgente mensaje en el que pide terminar con el desarrollo económico. La contradicción no refuta el argumento por sí misma, pero la contradicción es demasiado aguda como para omitirla.

Pasemos ahora a su cuestionamiento respecto a si debería haber o no una nueva generación de seres humanos. Después de todo, dice ella, nadie puede pagarlos, porque los jóvenes están arrancando sus carreras con deudas de miles de dólares por los préstamos escolares. Ella dice que también está el tema moral de que debemos cuidar a los niños que ya están, en lugar de tener más.

Lo cierto es que ella no explica bien por qué está jugando con la noción de que es mala idea que las personas tengan hijos. Permítanme sugerir que posiblemente ella se está desviando hacia el camino de incontables ambientalistas anteriores, y diciendo a las claras lo que muchas personas creen en su corazón: que la humanidad es el enemigo. Que, o vivimos nosotros y la naturaleza muere, o la naturaleza vive u nosotros morimos, y que para encontrar otro camino debe existir algún dramático trastorno en la forma en que estructuramos la sociedad. Es la aplicación de la fábula del conflicto marxista a otro ámbito de la vida.

Quizá.

En cualquier caso, esos son pensamientos complejos –demasiado grandes, de hecho, para una deliciosa sesión de cocina, después de la cual sigue una comida elegante. Regresaremos a analizar lo que AOC llama el “sentido universal de urgencia” después del postre.

*Jeffrey A. Tucker es Director Editorial del American Institute for Economic Research. Es autor de miles de artículos y de ocho libros publicados en 5 idiomas.

Traducido por: Gerardo Garibay Camarena

El artículo original en inglés está disponible aquí.

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