jueves, agosto 22, 2019
sociedad

El capitalismo global hace posible tu minimalismo hípster

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Por:  Jeffrey A. Tucker*

La empresa familiar de un carro de barbacoa en el Porcfest estaba haciendo un gran negocio. Me uní a la fila y finalmente ordené mi plato de carne.

En años anteriores, la mayoría de los vendedores en este evento procesaban Bitcoins para compras, incluso desde el 2011, cuando la idea del dinero mágico de internet parecía ridícula. Tantos años después, la incapacidad del Bitcoin para escalar de acuerdo a su popularidad lo ha vuelto lento y costoso para compras cotidianas, así que las personas han recurrido a otros tokens y al efectivo, pero de hecho la mayoría de las transacciones en este campo se realizan con tarjeta de crédito.

Para el pago de la cuenta, el vendedor sacó su teléfono inteligente con un pequeño accesorio, insertó la tarjeta y el cobro estaba hecho. Mi recibo llegó por correo electrónico. Pregunté respecto a esa tecnología. El dueño del carro estaba feliz de comentarla porque se ha convertido en la fuente del 95 por ciento de sus ingresos. Él la considera un salvavidas.

Hace diez años, usted tenía que ser un comerciante de cierto tamaño para aceptar tarjetas de crédito. Hay múltiples capas de proveedores, complicado hardware, elevadas cuotas, muchos aparatos incómodos. Por ello muchos pequeños comerciantes sólo aceptaban efectivo. Era una especie de apartheid comercial en desarrollo, uno que las criptomonedas (rápidas, con costos bajos y sin intermediarios) llegaron a corregir, posiblemente terminando con la exclusión financiera.

El mismo año en que se inventó el Bitcoin, llegó otra compañía para cambiar la situación, no pasando por encima del sistema existente, sino haciéndolo más democrático y efectivo. La compañía era Square. Su CEO es Jack Dorsey (sí, el mismo hombre que es CEO de Twitter), quien algunas veces es comparado con Steve Jobs por su carisma y genialidad visionaria. Su pequeño dispositivo con un lector de tarjeta se ajustaba a cualquier teléfono inteligente, reduciendo la gigantesca caja registradora de antaño a una pequeña caja en su bolsillo.

Entre muchas grandes innovaciones: el lector de tarjetas es gratis. La ganancia proviene de las cuotas, que son muy bajas (2.75%), sin subscripciones o exigencias adicionales. La compañía produce millones de estos pequeños lectores.

¿Cómo es esto posible? Una palabra: Comercio. Ello significa China. Capitalismo y comercio global. Innovaciones en envíos. Cadenas de suministro. Ganancias. Grandes empresas. Todo lo que tanto la derecha como la izquierda dicen odiar. Todo eso suena muy intimidante. Tanto la izquierda como la derecha están decididas a restringir el sistema, a través de tarifas y regulaciones antimonopolios e impuestos y toda clase de denuncias e investigaciones, incluso listas negras sobre tecnología.

Sin embargo, observe quién es el que realmente se beneficia al final. Son los comerciantes más pequeños. Es el estilo de vida minimalista. Es el carro de barbacoa cocinada en casa. Lo que vemos es al pequeño comerciante ganando dinero vendiendo comida casera a los paseantes. Lo que no vemos son las fábricas en el extranjero, los repletos transportes de productos, las complejas cadenas de suministros, la multitud de niveles de producción que se requieren para hacer posible esa aparentemente sencilla transacción.

Simplificar nuestras vidas

Cuando recientemente estuve en Budapest, debatí con un autoproclamado socialista de izquierdas que se paró frente al auditorio lamentando la complejidad de nuestras vidas. Él anhela un tiempo en el que las personas se sentaban juntas, discutiendo grandes ideas, rehuyendo a los teléfonos inteligentes y el internet, bebiendo cerveza local. Este es el problema: No hay forma de que esas micro cervecerías pudieran existir sin capitalismo global. El acero de China, la combustión interna, las aplicaciones inteligentes para manejar la nómina, los combustibles fósiles para los envíos, con partes y refacciones provenientes de todo el mundo.

Mi amigo socialista anhela la vida simple. Hoy esto verdaderamente es posible, cada vez más. Por eso las personas están eligiendo vivir lo que imaginan es una opción minimalista, manteniendo solo lo que enciende la alegría. El nómada digital. Sin embargo, esto sólo es posible gracias al capitalismo global y su creación de los libros electrónicos, pequeños dispositivos que acceden a todo el conocimiento global, tecnologías de la comunicación que permiten conversaciones gratuitas en video con cualquier persona en el planeta, procesamiento de tarjetas de crédito que nos permiten obtener lo que necesitamos, cerraduras y dispositivos que nos brindan seguridad, etcétera.

El capitalismo global ha hecho posible nuestra elección minimalista. La infinita complejidad de la división global del trabajo y las cadenas de suministro internacionales hacen que nuestra simplicidad parezca fácil.

Es cierto que puedo vivir por días y semanas con un pequeño kit de artículos de aseo personal, algunos cambios de ropa, una laptop, internet y una conexión eléctrica. Esto nunca habría sido posible en tiempos pasados. Hoy podemos disfrutar una vida tan limpia y simple gracias a la enorme complejidad que han construido para nosotros personas a las que nunca conoceremos.

Indispensable

No es inusual que los socialistas hablen como si pudiéramos eliminar fácilmente el capitalismo global. Alexandria Ocasio-Cortez portaba en un viaje a la frontera su muy lujoso reloj Movado que se vende por $600 dólares, y está siendo criticada por ello. A mi no me importa qué reloj lleva, pero la contradicción es demasiado grande como para dejarla pasar. La compañía Movado es una diseñadora de relojes con base en Suiza, pero los relojes no pueden fabricarse ahí. Son subcontratados en China y Hong Kong. También son un producto del capitalismo global que ella lamenta.

Lo mismo pasa con muchos productos y servicios en nuestras vidas. Entre más se expande la división del trabajo, menos visibles son los procesos de producción que hacen posible nuestros estándares de vida. Observe a su alrededor. Le garantizó que a unos metros de distancia tiene productos que involucran docenas de niveles de manufactura en muchos países. Miles e incluso millones de personas han hecho posible que estos productos estén justo a su alcance.

El capitalismo global ha hecho posible que usted olvide la complejidad detrás de las ventajas cotidianas que disfruta. Esto es bueno y malo. Es bueno porque el capitalismo es un sistema humilde que te ama y no pide nada a cambio. Es malo precisamente porque puede funcionar si su aprecio o lealtad, y ello tienta a que las personas imaginen que podrían vivir sin él. Y se equivocan.

Trate siquiera un día de vivir sin el capitalismo global. No es posible realizar el experimento, pero imagine que lo fuera . Es seguro que no le gustarían los resultados. Más aun, realmente no se trata de usted, sino de cada pequeño comerciante que intenta hacerlo. La ironía es que el capitalismo global es el mejor amigo del hípster minimalista, el nómada digital y el carrito que vende comida local.

*Jeffrey A. Tucker es Director Editorial del American Institute for Economic Research. Es autor de miles de artículos y de ocho libros publicados en 5 idiomas.

Artículo originalmente publicado en AIER.

Traducción por Gerardo Garibay Camarena, para Wellington.mx

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