martes, diciembre 11, 2018
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El capitalismo llevó el helado a las masas

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Por: Alexander Hammond*

La abrasadora ola de calor en Gran Bretaña ha creado una demanda record para la golosina que, durante el último siglo, se ha convertido en una favorita de verano en el mundo entero: el helado. Las ventas se han incrementado 100% respecto al año pasado y Londres incluso es cede de una exhibición adecuadamente titulada “Scoop” (Cuchara).

Hace apenas 350 años, el helado era una rara exquisitez, reservada para reyes y los más acaudalados aristócratas. Para disfrutarla, era necesario contar con refrigeración, que en el mundo pre-industrial era difícil y costosa.



En aquellos tiempos, si querían refrigerar comida, las personas necesitaban el terreno para construir una bodega de hielo (para almacenarlo), acceso a agua dulce y sirvientes para cortar el hielo, que debía ser constantemente resurtido y sólo estaba disponible en algunos climas y en algunas ocasiones. Sin embargo, gracias al progreso tecnológico y científico, el helado está al alcance de prácticamente cualquiera.

La primera mención registrada del helado fue en el menú de un festín organizado en 1671 por el Rey Carlos II de Inglaterra. El banquete celebrara el décimo aniversario de la llegada de Carlos al trono británico. El sabor sigue siendo desconocido, pero el postre fue exclusivo para la mesa del Rey y se sirvió acompañado de “un plato de fresas blancas”.

La nueva golosina despegó rápidamente. Comer helado no sólo demostraba un muy alto estatus social, sino que los propios sabores eran una forma de presumir. Desde el pepino hasta el clavel, del Jerez a los narcisos (incluso aunque estos últimos son venenosos), entre más extraño el sabor, más era valorado por los aristócratas.

Adelantamos 150 años a los 1850s, y el helado se había vuelto accesible a las masas, aunque en una forma muy diferente a la que conocemos hoy. Los migrantes italianos que arribaron al Reino Unido para escapar de las Guerras Napoléonicas crearon el Penny Lick (la lengüetada de a penique). Vendedores callejeros vendían un pequeño vaso de helado por un penique (centavo de Libra Esterlina) a gozosas multitudes de consumidores. Este artilugio desenfadado terminó teniendo consecuencias mortales.

El Penny Lick fue prohibido en 1898, después de que fue directamente vinculado con un brote de tuberculosis. La tuberculosis se contagia al toser, estornudar o escupir, así que no es sorprendente que un vaso “limpiado” con un paño sucio antes de reusarse esté infestado con gérmenes. Afortunadamente, la necesidad es la madre de la invención, y las preocupaciones respecto a la higiene llevaron que tras su invención en 1896 en Nueva York (o en 1904, en San Luis, no estamos completamente seguros) el cono de helado desplazó al vaso del Penny Lick.

Tendemos a pasar por alto nuestro verdaderamente espectacular ascenso de la demoledora pobreza a una abundancia antes inimaginable

Entonces llegó la máquina de helado a manivela manual, de la londinense Agnes B. Marshall. A finales de los 1800s, Marshall comenzó a usar la nueva tecnología del nitrógeno líquido para hacer helado de mejor calidad. Sam Bompas, el codirector de la exhibición de helados Scoop, describe a Marshall como “la equivalente victoriana de James Oliver”, y las máquinas que ella creó siguen siendo más efectivas que las fábricas caseras de helado actuales.

En 1930, Cadbury’s comenzó a servir helado suave con una pequeña hoja de chocolate –conocido como “el 99”. Al usar proceso de manufactura más eficientes, el postre alcanzó nuevos niveles de popularidad y rápidamente se volvió sinónimo del verano británico, vacaciones en la playa y postales perfectas.

La del helado es una historia común: de ser algo reservado para los reyes pasó a ser un símbolo de estatus entre la aristocracia, hasta ser algo que disfrutamos todos. Esta clase de progreso, del producto de lujo al producto cotidiano, es compartida por casi toda la comida moderna, desde el pastel hasta el chocolate, desde los waffles hasta el jarabe. Incluso la idea del recalentado es un fenómeno relativamente reciente, posible gracias a la refrigeración barata.



Como Humanprogress.org continúa demostrando, “en la mayoría de los casos, tendemos a pasar por alto nuestro verdaderamente espectacular ascenso de la demoledora pobreza a una abundancia antes inimaginable…el progreso científico convierte en rey a cada uno de nosotros.”

El futuro del helado es, literalmente, brillante, hay en el horizonte variedades que brillan en la obscuridad, con goma de mascar, con espuma y alcohol. Incluso una variante no venenosa de helado de narcisos ya está disponible. Mientras que esperamos el regreso del clima templado, recordemos que ahora todos podemos disfrutar una delicia que hace apenas unos siglos era exclusiva de reyes.

*Alexander Hammond es asistente de investigación en HumanProgress.org.

 

Publicado originalmente por CapX y FEE.org

Traducción por Wellington.mx

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