jueves, agosto 22, 2019
sociedad

El delito de pensar

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Por: Angélica Benítez*

La dictadura perfecta es aquella donde nadie se da cuenta de que está una dictadura, pues la gente se siente libre, aunque sus libertades sean cada vez más limitadas. Como la rana en cocimiento, que no se da cuenta de que el agua se va calentando hasta que ya es demasiado tarde. Hoy el mundo promueve la “libertad” sexual: acuéstate con quien quieras sin asumir consecuencias, vandaliza iglesias en nombre de la libertad de expresión y cásate con tu mascota si así te parece bien. El gran problema de esta ilusoria libertad, es que se aplica para todo excepto para el pensamiento y la generación de ideas contrarias a las impuestas por los organismos internacionales y el Estado. 

Desde hace varias décadas los medios han venido promoviendo a una policía del pensamiento disfrazada de libertad, que en tiempos recientes se ha formalizado al grado de volver ilegales determinadas expresiones o formas de pensar. ¿Pensar? ¿Para qué pensar si el Estado puede hacerlo por nosotros? Lo importante es que somos “libres” para pasarla bien.

Creo que gran parte del problema comenzó con los adjetivos denigrantes a la gente estudiosa. En la escuela les decíamos matados, nerds o alguna otra palabra despectiva para indicar la superioridad de quien no piensa tanto, no se toma las cosas tan en serio y vive la vida relajadamente.

Tras varias generaciones de jóvenes evitando ser molestados por ser “demasiado” estudiosos, que no nos sorprenda ser parte de una sociedad tan fácilmente manipulable por el Estado, los influencers, Hollywood y las ideologías que simplemente no funcionan (tengo alumnos universitarios que aun creen que el socialismo es un sistema capaz de garantizar mejores condiciones sociales, por ejemplo).

Hoy tenemos una herramienta valiosísima con la que nuestros abuelos ni siquiera se atrevieron a soñar: las redes sociales e internet en general. Sin embargo, en ese temor de ser criticados por las masas, preferimos compartir temas “más relajados”, como memes, chistes y fotos de nuestra comida, de manera que pensemos lo menos posible para después volver a nuestras rutinas que tampoco nos permiten conectar muchas ideas.

Y así es como vamos por la vida sintiendo que somos libres, cuando somos en realidad el resultado de un sistema perfectamente planeado para hacernos sentir bien siendo ignorantes. Entonces, ¿qué podemos hacer para salir de esta espiral de pensamiento esclavizado por poner en primer sitio los deseos y los instintos?

Todo el entorno nos empuja a con la fuerza de muchos recursos a pensar menos, a solo sentir y tomar decisiones simplemente basadas en la recompensa inmediata. No es solo México: sucede a nivel global, nos hemos convertido en ciudadanos conformistas que incluso utilizan la palabra “orgullo” para informarle al mundo que no se sienten identificados con la heterosexualidad, cuando nuestro orgullo en primer lugar debería ser la libertad que comienza en nuestra cabeza. Hoy parece ser algo vergonzoso.

Es preciso empezar a generar contenido valioso, a documentarse, leer y cuestionar de manera particular todo contenido “educativo” que proviene por parte del Estado o los organismos internacionales. La agenda a veces es tan obvia que genera repulsión, sin embargo, a veces está más disfrazada y es cuando debemos estar aun más atentos, haciendo redes y quitándonos el miedo a decir: “me encanta pensar”.

*Angélica Benítez es Licenciada en Ciencias de la Comunicación por parte de la Universidad Autónoma de Baja California. Cuenta con una Maestría en Administración de Empresas por parte de CETYS Universidad, y se desempeña actualmente como docente universitaria.

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