jueves, diciembre 5, 2019
Culturahistoria

El fundador del eco-fascismo

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Por:  Jeffrey A. Tucker*

El asesino neozelandés que sorprendió al mundo con sus espantosas acciones también se consideraba a sí mismo como una especie de filósofo político. Él publicó un manifiesto de 74 páginas con divagues ideológicos aparentemente demenciales que muestran algunas semejanzas con la ideología alt-right. El documento brinda una perspectiva respecto a cómo las ideas malvadas pueden anular postulados morales como el de que matar está mal o que los seres humanos tienen derechos.

Él consideraba que las clases incorrectas de seres humanos merecían la muerte – desechos sociales – así que tomó la situación en sus manos, sin arrepentimiento.

Muchos observadores han quedado confundidos por la mezcolanza de ideas que resultaron en su apodo personal: eco-fascista. Además del híper racismo, él también celebraba la naturaleza y el ambientalismo. Se quejó de “la urbanización e industrialización rampante, las crecientes ciudades y los bosques en retroceso, una completa separación entre el hombre y la naturaleza, con los resultados obvios.”

Él escribe:

No hay conservadurismo sin naturaleza, no hay nacionalismo sin medioambientalismo, el entorno natural de nuestras tierras nos dio forma tanto como nosotros a este. Nacimos de nuestras tierras y nuestra cultura fue moldeada por esas mismas tierras. La protección y preservación de esas tierras es de la misma importancia que la protección y preservación de nuestros propios ideales y creencias.”

Hoy en día, la fusión entre racismo y ambientalismo podría parecernos extraña. Hace cien años, no tanto. En la era de los progressives, era una posición ideológica convencional el favorecer estrategias eugénicas de exterminio masivo combinadas con una perspectiva preservacionista de los recursos naturales. La conexión podría no ser obvia a primera vista, pero ambas están basadas en el principio de una dirección científica hacia la eliminación de las elecciones disgénicas de los individuos, particularmente aquellas inspiradas por el mercado de comercio.

Si es que esta postura es de izquierda o derecha apenas importa. La visión ecofascista crece a partir de una oposición consiste al principio liberal de que la sociedad debería manejarse a sí misma. Favorece que los dictados del gobierno anulen la toma de decisiones individuales en la procreación humana y la vida comercial, mientras impulsa un completo control gubernamental de los recursos naturales para evitar que estos sean utilizados por intereses comerciales en una forma que contradijera el principio de la sobrevivencia del más apto.

Padre fundador

Madison Grant

Viajemos en el tiempo para un breve análisis del padre fundador del eco-fascismo en la era Progressive. Su nombre era Madison Grant (1865-1937). Él se graduó con honores de la universidad de Yale en 1887 en el cenit de la moda por la ciencia racial, y luego obtuvo un grado en leyes de la universidad de Columbia. Forjó una fabulosa carrera pública como autor, promotor y amigo cercano del presidente Theodore Roosevelt. Él es considerado como fundador del moderno cuidado de la vida silvestre. Construyó el Bronx River Parkway, fundó la American Bison Society y ayudó a crear los parques nacionales Glacier y Denali.

Como presidente de la Sociedad Zoológica de Nueva York, fundó el Zoológico del Bronx y lo utilizó como plataforma para probar sus teorías.

Su fanático racismo se revela en el sorprendente escándalo del trato impuesto a Ota Benga (1883-1916) una integrante de la tribu Mbuti en el Congo que fue vendida por esclavistas para ser exhibida en los Estados Unidos.

Madison Grant fue personalmente responsable de enjaular a Ota en el zoológico para que viviera con los simios y obligarla a presentarse ante el público como evidencia de la entonces “respetable” ciencia racial. Los periódicos afroamericanos condenaron el trato que se le daba a Ota. El alcalde de Nueva York intervino y acordó su liberación. Ota eventualmente se mudó a Virginia, pero cayó en depresión y se disparó a sí misma diez años después.

Difícilmente fue la única muerte rastreable al trabajo de Grant. Él era director de la American Eugenics Society y desde esa posición promovió el eliminar a los inadaptados de la población humana. El bosquejó un plan para perfeccionar a la raza humana, asesinando a un grupo tras otro, hasta alcanzar la pureza racial. Él favorecía un programa estatal “para librarse de los indeseables” en cárceles y hospitales, además de advertir en contra de un “erróneo sentimentalismo” que pusiera freno a sus asesinos planes para eliminar “desechos sociales” y “tipos raciales sin valor”.

Todas esas opiniones fueron planteadas en lo que se convirtió en un Best Seller de la era Progressive: “The Passing of the Great Race”, que entró a la imprenta el mismo año del suicidio de Ota, vendió 16,000 copias en los Estados Unidos y fue traducido a varios idiomas. El propio Hitler era un gran seguidor e incluso le escribió a Grant diciéndole que “Passing” era su “biblia”. Fue el primer libro escrito en inglés impreso en Alemania una vez que los Nazis tomaron el poder, y fue eventualmente citado en los juicios de Nuremberg como evidencia de que el Holocausto no era sólo algo de los alemanes.

Grant también fue presidente de la Liga para Restringir la Migración, que propagó la idea de que no debería permitirse que los italianos del sur, los eslavos y los judíos entraran a Estados Unidos, temiendo que estos envenenaran el stock racial estadounidense. A principios de los 1920’s la Liga fue la principal influencia en la aprobación de restricciones migratorias que eventualmente fueron utilizadas para limitar la inmigración de los judíos que escapaban del holocausto.

Lejos de ver afectada su reputación a causa de sus acciones y opiniones, Grant fue reconocido como pionero del preservacionismo y en 1929 recibió la medalla de oro de la Sociedad de Artes y Ciencias. Fue consejo del American Museum of Natural History y un popular experto sobre naturalismo, el medio ambiente y la teoría racial. Incluso hay una especie de Caribú que lleva su nombre: Rangifer tarandus granti.

Sus opiniones sobre el medioambientalismo son la encarnación del Darwinismo llevado al absurdo. Esencialmente son estas: Los árboles más antiguos y altos son claramente la raza maestra y deben ser protegidos de cualquier uso comercial. “es apenas necesario abundar sobre el crimen que implica la destrucción de los más viejos y altos árboles de la tierra.” Cualquiera que cortara dichos árboles, explicó, debería ser considerado como un vándalo barbárico.

También fue un pionero de la retórica alarmista en cuanto al medio ambiente. Desde 1894 y hasta el final de su vida advirtió sobre el próximo desastre que le ocurriría a la humanidad a causa de la deforestación. Desde su punto de vista, no era sólo la gran raza la que estaba pasando, sino toda la vida sobre la tierra – a menos que actuáramos de inmediato para terminar con la economía comercial y la libre procreación de la humanidad. Sólo Madison Grant y sus amigos tenían la certeza de que árboles y qué humanos merecían vivir o morir.

El panfleto eco-fascista del asesino de Nueva Zelanda parece crudo y de bajo nivel, los divagues salvajes de alguien de veinte años que habla basura y se educó en 4chan, 8chan y las partes más llenas de odio en Internet. No siempre fue así. Hombres con las mismas opiniones, mucho más sofisticados al expresarse, pero igualmente violentos en sus objetivos, salieron de las universidades de la Ivy League, ocuparon los puestos más elevados de los logros sociales y profesionales aquí en los Estados Unidos, y se mantuvieron como héroes del “Progresivismo” durante muchas décadas después de la Segunda Guerra Mundial.

*Jeffrey A. Tucker es Director Editorial del American Institute for Economic Research. Es autor de miles de artículos y de ocho libros publicados en 5 idiomas.

Artículo originalmente publicado en AIER.

Traducción por Gerardo Garibay Camarena, para Wellington.mx

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