martes, octubre 22, 2019
sociedad

El Paso: Sí hay monstruos

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Por: Gerardo Garibay Camarena*

El problema de decir que cualquier cosa es facista, racista o machista es que ello le quita peso a estas palabras e implica la tentación de olvidarnos de que sí hay monstruos facistas, racistas o machistas.

Hoy en la ciudad de El Paso el mundo fue testigo de uno de estos monstruos, que asesinó a 20 personas e hirió a otras 26.

De confirmarse su autoría del manifiesto que circula en redes, el asesino de hoy en El Paso es un supremacista blanco/ecologista profundamente corrompido y confundido en sus ideas (por ejemplo, primero se queja de la “invasión” hispana a Estados Unidos y dice que quiere recuperar todo el país, y luego propone dividir E.U.A. en naciones racialmente distintas).

En el manifiesto y en la masacre que le siguió se refleja un profundo miedo, que se convirtió en odio y se tradujo en un crímen horrendo.

El miedo que lo corrompió es el miedo a los cambios culturales, pero también a la automatización y la tecnología, pues según dice, “el trabajo de sus sueños ya estará automatizado”.
En castellano: su capacidad mental no le da para los nuevos empleos y se siente condenado a la irrelevancia y a la pobreza.

Él, al igual que muchos otros “supremacistas blancos” se dan de bruces con una realidad que les demuestra que las personas de razas a las que consideran “inferiores” los superan en empleos, en nivel y en calidad de vida, y ello constituye una humillación que no saben cómo procesar.
Y no es el único caso.

Ya van varios ataques similares por parte de “supremacistas blancos”, es decir: personas de raza blanca que no tienen ni el talento ni la disciplina para lograr algo por sí mismas, y que por lo tanto recurren a la supuesta “superioridad” de su raza para aferrarse a algo que los haga sentirse seguros ante un mundo que los rebasa por completo.

Y si a este coctél le añadimos el ambiente de persecución y “deconstrucción” (léase: demolición) de la identidad norteamericana por parte de la izquierda, el resultado es odio e incluso violencia, que a su vez brinda el escenario para que los antifas y “activistas” de izquierda hagan lo propio.
Revisen la historia previa a las guerras civiles, en España, en Yugoslavia, por ejemplo. La espiral se inicia con actos de odio que “provocan” una reacción de la contraparte, hasta que las cosas se salen de control…y millones mueren.

Por una parte…
Estados Unidos está a tiempo de detener esta espiral antes llegar al punto de no retorno, y ello implica que la derecha denuncie y mantenga alejados a los supremacistas blancos, pero también que la izquierda deje de arrojarle gasolina al fuego.

Por otra parte…
Es necesario entender que las políticas y la retórica, de ambos lados, tienen consecuencias, especialmente en personas de pocas luces, para quienes el colectivismo es su única fuente de identidad y consuelo.

Finalmente…
El temor a la disrupción que generará la cuarta transformación industrial es una realidad que debemos tener en cuenta. Las nuevas tecnologías son maravillosas y en términos generales representan un gran beneficio, pero en el camino hay muchas personas cuya forma de vida se ve directamente amenazada por los cambios.

Por ejemplo, los choferes de camiones, que son el trabajo más común para hombres con educación de nivel preparatoria (High School) en casi los 50 estados de la Unión Americana…y que serán reemplazados por vehículos autodirigidos en los próximos 15 o 20 años.

¿Qué va a pasar con ellos?
¿Qué va a pasar con sus hijos, que esperaban crecer para seguir el camino de sus padres y ahora tendrán cerrada esa oportunidad?

No son preguntas sencillas, no tienen respuestas mágicas, y cada vez más los acontecimientos las gritarán ante nuestra sociedad.
La incertidumbre lleva al temor, el cual se traduce en odio y cuando se mezcla con la ambicion de controlar, se traduce en violencia…
Y en tragedia.

*Gerardo Garibay Camarena es editor de Wellington.mx, columnista en diversos medios digitales y autor de los libros “Sin Medias Tintas” y “López, Carter, Reagan”.

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