domingo, diciembre 15, 2019
sociedad

El porvenir posible para los Centroamericanos

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Por: Víctor H. Becerra y Miguel A. Cervantes*

Al menos en los últimos seis meses, México ha venido experimentando la llegada de caravanas de inmigrantes. Primero fueron centroamericanos, especialmente hondureños, a los que se han sumado haitianos, cubanos y hasta africanos.

Todos ellos buscan solicitar asilo en EEUU, huyendo de la situación de violencia indiscriminada y pobreza que se vive en Centroamérica y en sus países. Su llegada masiva ha generado problemas en los cruces fronterizos con EEUU, ya que se tarda más para cruzar a EEUU y también ha causado problemas en el paso de mercancías.

Con los problemas de cruce en los puentes internacionales, han surgido también entre los mexicanos sentimientos anti inmigrantes contra los centroamericanos, tipo Gert Wilters, Marine Le Pen, Viktor Orban, Tom Tancredo. Muchos acusan a los centroamericanos que “que no quieren trabajar” “no les gusta la comida mexicana” (aunque la diferencia entra las gorditas y las papusas salvadoreñas no difiere mucho).

Incluso, ha habido expresiones de supuesto complot por parte de una derecha enfermiza, que afirma que los centroamericanos serían pagados por George Soros. Significativo que eso suceda en un país como México, que se ha beneficiado enormemente de la migración.

Se argumenta que México vive una crisis migratoria sin precedentes. Al respecto, es entendible que haya cierta incertidumbre, pero digámoslo claro: no es una crisis sin precedentes. Al respecto, Latinoamérica no es la misma de los 80s. En los 80s había guerrillas en El Salvador, Guatemala, además de los Sandinistas en Nicaragua. Había campos de refugiados guatemaltecos en México. El narcotráfico había rebasado las instituciones en Colombia. Panamá estaba gobernada por un narco gobierno bajo Noriega.  Perú vivía el terrorismo de Sendero Luminoso. Es evidente que lo peor en Latinoamérica ya pasó, excepto por lo que sucede en Venezuela. Comparativamente, esta crisis es más manejable que lo que se vivió en los 80s.

Para poder encontrar soluciones reales es necesario hacer un diagnóstico real, considerando preocupaciones legítimas y dejando a un lado los sensacionalismos. Al respecto, es menester tomar en cuenta cómo el libre mercado ayudaría a solucionar el problema.

Primeramente, la violencia que se vive en Centroamérica es real y tiene causas. Los países de Centroamérica se encuentran clasificados como países con baja calidad institucional por varios índices como el Índice de Estados Frágiles (Fragile States Index), así como en el  de gobernanza del Banco Mundial, el Foro Económico Mundial y de Estado de Derecho del Instituto Fraser. Instituciones frágiles son el prerrequisito de bajos desempeños económicos y violencia generalizada.

Hay un problema real y pocas veces señalado: la violencia que se vivía en Mexico en 2008-2010 se trasladó a Centroamérica. Al respecto, hace algunos años la revista “The Economist” del Reino Unido, publicó un artículo sobre la estrategia del entonces presidente Calderón para combatir el narcotráfico. “The Economist” decía que la estrategia había funcionado y que había golpeado a los carteles, pero predecía a que toda la violencia que México había vivido por el 2008-2010 se iba a ir a Centroamérica, donde las instituciones están aún más podridas.

Lo que vemos actualmente es exactamente la predicción de la revista: Centroamérica vive lo que vivió México hace 10 años, lo cual está generando la crisis migratoria que hoy vemos.

Tan solo en lo que se refiere a la violencia, y según la Fundación Insight Crime, en 2017 se registraron en El Salvador 60 homicidios por cada 100.000 habitantes y 365 niños fueron asesinados ese año. Esta tasa fue del 26,1 en Guatemala, con 942 pequeños muertos, y del 42,8 en Honduras, donde durante la última década se asesina una media de un niño por día. En México, la tasa es de 25 por cada 100.000 habitantes. Para efectos de comparación, la media mundial asciende a 5,3 y la de España, por ejemplo, es de 0,7 por cada 100.000 habitantes.

Por otro lado, Cuba sigue siendo un país comunista y autoritario, y sigue cometiendo violaciones sistemáticas a los derechos humanos.  Anteriormente, los cubanos que iban en balsas a Florida a reclamar asilo, era casi seguro que lo obtuvieran, por la política favorable al asilo de cubanos, la ya derogada política de “pies secos, pies mojados”.

Al final de la jornada, es la combinación de pobreza, violencia extrema, crisis económica, violación a Derechos Humanos y falta de oportunidades que caracteriza desde hace décadas la vida en esos países, la que es decisiva para entender por qué tantas personas parecen dispuestas a todo con tal de huir de sus países de origen.

Todo esto no se puede ignorar con discursos, o aduciendo que es un gran complot. Al respecto, hay mexicanos que piden mano dura, que se cierra completamente la frontera a los centroamericanos. Sin embargo, exigir mano dura independientemente de las condiciones de violencia y deterioro económico, solo erosionaría la calidad de las instituciones, y abriría la puerta a la corrupción en la policía y la burocracia migratoria, y a actos de prepotencia y violación de Derechos Humanos. Además de que sería un regalo a las mafias de coyotes. Al respecto, desde hace años que la USAID trabaja con diferentes instituciones mexicanas: una política de mano dura implacable contra centroamericanos honestos vendría a tirar por la ventana años de trabajo. Sería un golpe para la diplomacia mexicana en su relación con Latinoamérica.

A las personas que tienen causas legitimas para huir de la violencia de Centroamérica se les debe permitir encontrar refugio. Las personas honestas que huyen de la violencia deben tener la certidumbre de que su caso será escuchado. Es importante sacar a las personas buenas que sufren de un ambiente tóxico, para que no sean agredidas y no caigan en manos de mafias, engrosándolas o financiándolas a la fuerza. Esa sería una forma inteligente de debilitar al crimen organizado en Centroamérica, sacando a las personas honestas de un ambiente tóxico.

A los cubanos que huyen del gobierno autoritario no se les debe regresar: sería un golpe duro para personas que buscan mayor libertad. El gobierno del presidente López Obrador lo está realizando, fijándolo como una política sistemática de su gobierno. Ello demuestra que no son prioridades de su gobierno ni los Derechos Humanos ni las garantías individuales, subordinados más bien a su cooperación con las dictaduras de izquierda. Para la sociedad mexicana debe ser hipócrita pasar horas criticando al comunismo, a Fidel Castro, al Che Guevara si cuando hay inmigrantes cubanos que piden asilo se les rechaza.

El libre mercado es la mejor arma en la resolución de este asunto.  Es necesario acercarse y cooperar con las empresas a las que les falta mano de obra, como son las maquiladoras en la frontera, en la construcción, o la agricultura, y ofrecer visas de trabajo para los centroamericanos que quieran quedarse en México y puedan ocupar puestos que no son ocupados por mexicanos. Un mercado de trabajo flexible es la mejor manera de absorber este shock de refugiados. Si se les habla claramente y se les abren oportunidades para que centroamericanos y cubanos se puedan quedar en México y puedan trabajar, muchos de ellos tomarían la oportunidad, ya que México sería un paraíso comparado a la violencia y pobreza de sus países. No habría necesidad de caravanas, ni de pagar coyotes, simplemente con su permiso de trabajo podrían abordar los autobuses o tomar el avión en paz.

Creemos que es importante tomar en cuenta el ejemplo de Líbano y Jordania. Estos dos países han recibido refugiados sirios. Líbano recibió cerca de 900 mil y Jordania cerca de 660 mil. Alex Nowrasteh del Cato Institute ha mencionado que Jordania ha tenido más flexibilidad laboral, les ha permitido trabajar, crear empresas, lo cual ha facilitado una mayor integración. En Líbano tienen más restricciones para trabajar y crear empresas, lo cual ha mantenido marginados a los migrantes en los campos de refugiados, con menos posibilidad de integrarse.

Si a pesar de dar oportunidades para quedarse en México todavía hay algunos que quisieran hacer una demanda de asilo en EEUU u otro país, se podría canalizar por la vía institucional a países que tienen experiencia en recibir refugiados, así como países que utilizan mano de obra inmigrante como los países del Golfo Pérsico: Emiratos, Kuwait, Qatar. Si se trabaja en equipo con las diferentes embajadas se puede llegar a acuerdos razonables que hagan innecesarias las caravanas.

Si se maneja bien este asunto puede contribuir positivamente a las maquiladoras en México, la industria de la construcción, restaurantes, turismo, la agricultura.  Si México lo maneja con sabiduría ayudaría además a mejorar la calidad institucional.

Finalmente, es importante que Norteamérica trabaje junto con Centroamérica en una perspectiva de largo plazo para mejorar las instituciones y el comercio. Los tres países (Canadá, EEUU y México) tienen acuerdos de libre comercio por separado con Centroamérica. Esto es un verdadero plato de espagueti, con diferentes tratados que se traslapan.  Sería mucho mejor fusionar el TMEC con los acuerdos de Centroamérica para trabajar en una región próspera a largo plazo, trabajando mano a mano con Centroamérica. Una política de trabajar por separado no es sostenible a largo plazo, ni tiene fundamentos éticos, económicos e históricos. México no puede olvidar las raíces históricas, étnicas y en muchos otros órdenes que le unen a Centroamérica.

Al final, no debemos de dejar de mirar fenómeno de las caravanas migrantes como una expresión, una más, legítima, justa, de lo que lo que Adam Smith llamó en 1776 “el plan liberal de igualdad [social], libertad [económica] y justicia [legal]”, y que aún inspira, poderosamente, a la gente común a buscar la gran oportunidad de una vida mejor.

*Miguel Cervantes: Graduado de la Universidad de Texas en el Paso. Catedrático de economía internacional en la Burgundy School of Business de Francia. Ha sido también economista para el Fraser Institute en Canada. Tiene interés en la investigación sobre la libertad económica, y su incidencia sobre el bienestar de las personas.

*Víctor Hugo Becerra: Especialista en comunicación política (ITAM) y planeación metropolitana (UAM). Secretario general de México Libertario. Ha creado una gran cantidad de organizaciones libertarias en México y América Latina. Tiene interés en el estudio y la creación de redes libertarias y la organización de actividades académicas de divulgación de las ideas de la libertad.

1 Comment

  1. El autor asume que los centroamericanos son piezas mecánicas, que una vez trasladadas a otro país, son capaces de amoldarse completamente a los valores y reglas sociales que allí imperan y que han construido el mayor o menor bienestar de dicha región.

    En este caso se ignora muy convenientemente, que son las personas quienes construyen las sociedades y que la libertad es la consecuencia de determinado desarrollo y diálogo, llevados a cabo bajo el amparo de unos valores pertenecientes a un grupo humano, en buena medida, delimitado por sus fronteras.

    ¿Será viable que los cientos de miles de centroamericanos, llegados desde las cavernas más profundas del socialismo, el militarismo y la pobreza accedan de inmediato a la iluminación del libre mercado que apenas va germinando en México? ¿Será posible que admitan mediante inusitado civismo las leyes del país que pisan, leyes que por cierto, rompieron y quemaron en cada garita, refugio y oficina que pisaron, desde Tapachula hasta Tijuana y más allá?

    Mucho más probable es que siguiendo las dinámicas propias de la colonizacion, una y otra vez repetidas por los grupos migrantes, se asienten por capricho propio en apretadas comunidades y repliquen las formas y acuerdos colectivistas a los que están acostumbrados y que por principio llevaron a sus países de origen a la ruina.

    De la misma forma que el comunismo lo hizo en el pasado, y ante un problema que es dramático, el autor escribe argumentos buenistas, más sentidos que pensados, repitiendo peligrosamente el vicio de ignorar que lo que funcionaría de maravilla en la maquinaria de un reloj, no funciona con el elemento humano, más proclive a la violencia y la salvajada que al respeto entre los individuos.

    En uno de los puntos álgidos de su inocencia (o de su mala intención colectivista), escribe el autor: “México no puede olvidar las raíces históricas, étnicas y en muchos otros órdenes que le unen a Centroamérica”.

    Incluso aquí, tristemente, se prefieren el correctismo político y las supuestas deudas étnicas e históricas cacareadas hasta el cansancio por la izquierda y la derecha, por encima de problemáticas sociales e incluso de salubridad que implica el paso masivo y violento de migrantes pobres hacia México.

    Mientras tanto el horizonte de libertad que prioriza al individuo por encima de los símbolos mediante acciones de orden pragmático (y por tanto realistas y limitadas), seguirá solitario, abandonado incluso por los autonombrados paladines de la libertad quienes prefieren soñar junto a Marx el mundo de la fraternidad humana instantánea, que ellos imaginan descendida de los altos cielos y depositada en todas las personas.

    Largo camino le espera a libertad en México con estos pensadores vendehumo.

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