martes, octubre 22, 2019
Economíahistoria

El sueño de un político es la pesadilla de un empresario

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Por: George McGovern*

“La sabiduría casi nunca llega, y por ende uno no debería rechazarla sólo porque llega tarde.”

Felix Frankfurter, Ministro de la Suprema Corte

Han sido casi 11 años desde que dejé el Senado de los Estados Unidos, después de servir durante 24 años en altos cargos públicos. Después de dejar mi carrera política, dediqué mucho de mi tiempo a dar conferencias que me llevaron a todos los estados de la Unión y buena parte de Europa, Asia, el medio oriente y América Latina.

En 1988, invertí la mayoría de las ganancias del circuito de conferencias adquiriendo el derecho de superficie sobre el Stratford Inn en Connecticut. Siempre he tenido una especial fascinación por los hoteles, posadas y restaurantes. El Stratford Inn prometía la realización del largamente acariciado sueño de poseer una combinación entre hotel, restaurante y centro de conferencias – con todo y un gerente y personal experimentado.

En retrospectiva, desearía haber sabido más acerca de los peligros y dificultades de dicho negocio, especialmente durante una recesión del tipo de la que golpeó a Nueva Inglaterra justo mientras adquiría el derecho de superficie del hotel para los siguientes 43 años. También desearía que durante los años en que estuve en el servicio público hubiera contado con esta experiencia directa con las dificultades que los empresarios enfrentan todos los días. Ese conocimiento me hubiera hecho un mejor Senador y un candidato presidencial más comprensivo.

Hoy estamos mucho más cerca de un consenso en cuanto a que el gobierno debe impulsar a los negocios a expandirse y crecer. Bill Clinton, Paul Tsongas, Bob Kerrey y otros han, considero, cambiado el debate de nuestro partido [el Partido Demócrata]. Intuitivamente sabemos que para crear oportunidades de empleo necesitamos emprendedores que arriesguen su capital a cambio de un rendimiento esperado. Sin embargo, muy a menudo, la política pública no considera si es que estamos ahogando esas oportunidades.

Mi propia perspectiva empresarial se limita a ese pequeño hotel y restaurante en Stratford, Conn., con un préstamo especialmente difícil y una severa recesión. Sin embargo, mis socios y yo también afrontamos regulaciones federales, estatales y locales que fueron aprobadas con el objetivo de ayudar a los empleados, proteger el ambiente, recaudar impuestos para escuelas, proteger a los consumidores del riesgo de incendios, etc. Aunque nunca dude de la valía de cualquiera de estas metas, la pregunta que muchas veces se les escapa a los legisladores es: ¿Podemos hacer que los consumidores paguen precios más altos para compensar el aumento en los costos de operación que acompaña a la regulación con montañas de trámites burocráticos? Es una simple preocupación que suele ser ignorada por los legisladores.

Por ejemplo, actualmente los periódicos están llenos de historias acerca de empresas que están eliminando la cobertura médica para sus empleados. Nosotros brindábamos un paquete sustancial para nuestro personal en el Stratford Inn. Sin embargo, si estuviéramos operando hoy [1992], esos costos superarían los $150,000 anuales para servicios médicos, que se suman a los salarios y otros beneficios. No hubiera habido una forma razonable de absorber o trasladar esos costos.

Parte del incremento en los costos de los servicios médicos se le atribuye a que los pacientes demandan a los doctores. Aunque no podemos evaluar el mérito de esos señalamientos, sí he atestiguado de primera mano la explosión de acusaciones de culpabilidad y chivos expiatorios para todas las experiencias negativas de la vida.

Incluso hoy, a pesar de la bancarrota, seguimos lidiando con litigios de individuos que se cayeron dentro de o cerca de nuestro restaurante. No todos los tropiezos son culpa de alguien más. No todos esos incidentes deberían ser vistos como una demanda en lugar de como un desafortunado accidente. Aunque el dueño del negocio triunfe al final del juicio, la incesante exposición a demandas frívolas y elevados costos legales es atemorizante.

Nuestro hotel en Connecticut, junto con muchos otros, quedó en bancarrota por diversas razones, y la situación económica en el noreste fue una causa significativa. Sin embargo, esta razón disfraza la diversidad de desafíos que enfrentamos y que elevan tanto los costos de operación como las cargas financieras más allá de lo que puede manejar una pequeña empresa.

Es claro que algunos negocios tienen productos a los que pueden asignar casi cualquier nivel de precios. El precio de las materias primas (por ejemplo, acero y vidrio) al igual que las medicinas que salvan vidas y los servicios médicos, no son fácilmente substituidos por los consumidores y es la competencia y acciones antimonopolio lo que atempera los aumentos de precio. Los consumidores podrían atrasar compras, pero tienen poco margen de elección al enfrentar precios más elevados.

Por el contrario, en los servicios los consumidores tienen opciones cuando enfrentan precios más elevados. Quizá usted deba hospedarse en un hotel durante las vacaciones, pero puede quedarse menos días. Puede comer en restaurantes menos ocasiones al mes, o evitar una serie de servicios, desde el lavado de autos hasta el boleado de zapatos. Cada una de estas decisiones eventualmente resulta en pérdida de empleo para alguien, y a menudo estas son las personas que no tienen las habilidades para ayudarse a sí mismas – las personas a las que dedique toda mi vida tratando de ayudar.

 En resumen, la normatividad gubernamental “unitalla” para los negocios ignora la realidad del mercado, y definir umbrales regulatorios en niveles artificiales – por ejemplo, 50 empleados o más, $500,000 dólares en ventas – no toma en cuenta otras realidades, como los márgenes de ganancia, los negocios intensivos en trabajo vs los negocios intensivos en cuanto a capital, y la economía de los mercados locales.

El problema que enfrentamos como legisladores es: ¿Dónde definimos el estándar de forma que no esté demasiado alto como para cumplirlo? Yo no tengo la respuesta, pero sí se que necesitamos plantear estas preguntas más a menudo.

*George McGovern fue Senador de los Estados Unidos y candidato presidencial del Partido Demócrata en 1972, donde perdió con Richard Nixon. En su carrera política promovió una serie de regulaciones que eventualmente influyeron en la quiebra de su negocio – y el sueño de su vida – como empresario.

Este artículo fue una carta que McGovern publicó en el Wall Street Journal, el primero de junio de 1992.

Traducido por Gerardo Garibay Camarena para Wellington.mx

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