viernes, abril 19, 2019
En brevesociedad

En Breve: el giro de la migración

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Por: Gerardo Garibay Camarena*

No es lo mismo ser borracho que cantinero.

Durante años los gobiernos mexicanos se dieron gusto dándole lecciones de moral a los Estados Unidos en el tema de la migración ilegal, criticando las iniciativas de ley aprobadas en aquel país para contener la multitudinaría marea de migrantes ilegales que suman ya decenas de millones en la Unión Americana. México -decían nuestros gobernantes- sí es un país de brazos abiertos al mundo, y aquí no discriminaremos ni cerraremos las puertas a los que vienen de otros países.

Claro que es muy fácil decir eso cuando la única migración que teníamos era la de norteamericanos retirados en San Miguel de Allende, meseros argentinos en Polanco y profesionistas europeos en las grandes ciudades. Mientras tanto, los centroamericanos eran prácticamente invisibles, percibidos como una molestia pasajera en las vías del tren, pero no como una amenaza, porque nadie esperaba que esos migrantes se quedaran acá.

Entonces era muy sencillo vestirnos de una generosidad que no se ponía a prueba.

Bueno, pues las cosas están cambiando rápidamente. El amor por la migración ilegal se nos está erosionando, conforme los migrantes de centroamérica, Haiti y África comienzan a ser una realidad y empiezan a quedarse en mayores números (aunque todavía microscópicos en comparación con la migración ilegal que han tolerado los Estados Unidos).

La nota de 8 columnas en el Washington Post y las encuestas de El Universal hablan por sí solas. Hoy, los números de rechazo de los mexicanos a los migrantes ilegales (aproximadamente 60%, en comparación de un 35% apenas hace 6 meses) se acercan mucho a los registrados en Estados Unidos, y eso que la “mega caravana” hondureña todavía ni siquiera se acerca a nuestras fronteras.

En resumen, aunque muchos todavía no lo reconozcan en todas sus letras, los mexicanos empiezan a entender y a respaldar el argumento de Trump respecto a los peligros de la migración ilegal, en espacial cuando no hay forma de saber si el migrante es una persona de bien o un pandillero en busca de víctimas frescas.

Para acabar pronto: No es lo mismo hablar de que se metan a tu casa cuando sabes que nadie quiere entrar, que hacerlo cuando tienes lista de espera, y ahora sí, en los siguientes meses veremos qué tanto ejemplo podemos dar de esa “tolerancia” a los indocumentados que tanto le exigimos durante años a los Estados Unidos.

Mi apuesta es que en los hechos nos vamos a quedar muy cortos de nuestras palabras.

¿o no?

*Gerardo Garibay Camarena es editor de Wellington.mx, columnista en diversos medios digitales y autor de los libros “Sin Medias Tintas” y “López, Carter, Reagan”.

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