miércoles, diciembre 13, 2017
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En breve: Zootopía

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Por: Gerardo Garibay Camarena*

Saben que me encantan las películas de Disney, pero amor no quita conocimiento, y entre más trato con animalistas más queda claro que muchos de ellos basan su comprensión del mundo en un paradigma construido a partir de las películas animadas, en las que los animales actúan mejor que los humanos y la naturaleza es amorosa, armoniosa y pacífica.



No es sólo Disney, es una visión “romántica” que lleva décadas y que constituye una extensión del mito del “buen salvaje”. Después de todo, ¿Quién no ha escuchado a Roberto Carlos cantando esa soberana estupidez de que “quisiera ser civilizado como los animales”? ¿Acaso querría el tipo este comerse sus heces, matar a sus hijos, copular con sus parientes o despedazar las casas de los vecinos?

Nuestra imagen de los animales se ha limitado a las películas, los zoológicos o el turismo ecológico.

Sí, la naturaleza es bella, pero eso que nosotros interpretamos como belleza es en realidad instinto y amenaza; la naturaleza tiene su equilibrio, pero es el equilibrio de la muerte, no el de la conciencia hippie; la naturaleza no es ternura, es fuerza, es crueldad, es matar y morir, y eso (por ejemplo) lo entienden mucho más los taurinos que los prohibicionistas.

Sin embargo, conforme nuestras vidas se vuelven más urbanas, nos hemos alejado de esta realidad, y nuestra imagen de los animales se ha limitado a las películas, los zoológicos o el turismo ecológico, pero en todos esos casos lo que vemos no es la naturaleza real, sino una versión controlada para mantenernos a salvo, por eso para nosotros el lobo, el león o el oso son tiernos y hermosos, porque no tenemos que preocuparnos de que alguno de ellos nos saque las entrañas.

Este fenómeno quedó particularmente claro hace un par de años, cuando un cazador mató en África a Cecil el León: Occidente reaccionó escandalizado (quizá porque lo relacionaban con Alex, el León de las películas de Madagascar), pero para quienes vivían cerca y realmente estaban a merced del mentado León, la muerte de “Cecil” fue una gran noticia ¿por qué? porque ya no tendrían que pasar las noches en vela atentos a que el tierno león no trate de devorar a sus hijos.



Por eso, una vez más, la naturaleza no es paz, sino guerra; no es Disney, si cantas en el bosque no vendrán los animalitos a ayudarte, sino los lobos a despedazarte.

Es algo que vale la pena comprender, para no acabar como el conejo.

*Gerardo Garibay Camarena es editor de wellington.mx, columnista en diversos medios digitales y autor de los libros “Sin Medias Tintas” y “López, Carter, Reagan”.

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