martes, junio 18, 2019
sociedad

¿Es obligación del gobierno?

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Por: Angélica Benítez*

No sólo sucede en épocas electorales, sino con lamentable frecuencia a lo largo y ancho del territorio mexicano: Llegan los autobuses con los colores distintivos del partido político del gobierno en turno. Bajan a muchísima gente de evidente carencia económica en algún espacio con templete al frente. Llega entonces el candidato -o el gobernante- a decir su discurso, mientras suena de fondo una balada que mueve sentimientos y lo hace lucir como un héroe. Los asistentes se llevan una “despensita” a su casa como premio por haber sido parte de un evento cuya logística, planeación y realización nos cuesta a todos los ciudadanos que trabajamos. Al final se toma una fotografía que se publicará posteriormente en todos los periódicos, con el implícito mensaje de que el candidato/gobernante es un político generoso y querido.

Lo vi personalmente durante los cuatro años que laboré en dependencias de gobierno, y las fotos siempre salen excepcionales. Incluso quienes colaboran en ello sienten muchas veces que, efectivamente, están haciendo una labor que ayudará noblemente al progreso de sus comunidades. ¿Cómo no va a ser así, si personas de escasos recursos salen contentos y con alimento para varios días?

Todo parte del concepto erróneo que tenemos sobre la función del Estado y, desde luego, para qué son los recursos que le otorgamos. La transparencia de las instituciones no es suficiente, es necesario replantearnos las prioridades, pues de lo contrario nos encontraremos cada vez con más lobbys que reclamen como emergencia nacional temas que no cuentan con esa calidad de importancia. Por ejemplo, un grupo de ciudadanos aseguran que el aborto debe ser legal (y pagado por todos los ciudadanos a través de sus impuestos) porque miles de mujeres mueren de forma anual a consecuencia de la clandestinidad, mientras que las cifras del INEGI muestran alrededor de veinte decesos reales al año por esta causa. ¿Es realmente la despenalización del aborto una emergencia nacional, cuando verdaderamente miles de mujeres mueren a causa de cáncer de mama o desnutrición? Transparencia y prioridades con base en datos reales resultan indispensables para tomar decisiones informadas. El recurso que maneja el Estado debe estar justificado con base en la razón y no en el populismo.

La asistencia social, si bien parece un tema noble, en Latinoamérica se ha convertido en la mejor estrategia populista para mantener a los pobres en su pobreza, sin posibilidad de “aprender a pescar”. ¿Entonces hay que dejar solos a los más vulnerables? Desde luego que no: hay que brindarles capacitación, educación, empleo, apoyos para emprender. Y esto rara vez lo hace el gobierno, pues generalmente son las mismas organizaciones de la sociedad civil (o la misma iniciativa privada) quienes se encargan de este sector de manera integral. No son “mascotas” como equivocadamente dice López Obrador, sino seres humanos dotados de dignidad, a quienes se les ha negado el derecho a salir adelante por medios propios.

El Estado no utiliza sus propios recursos para llevar a cabo estas acciones porque, desde luego, ¡el gobierno no crea riqueza! Sólo utiliza el dinero de otros, y cuando utilizamos el dinero de otros, normalmente no nos duele malgastarlo. Es fácil gastarlo en cualquier cosa, y más aún si se trata de la autopromoción, como hacen muchos funcionarios con el pretexto de “publicidad gubernamental”.

El gobierno debe ser entonces un organismo para evitar que se viole el Estado de Derecho y generar leyes justas. No tiene el deber de educar a los niños en valores (esa es función de la familia) ni de mantener inútil a su población a través de perversas estrategias de adoctrinamiento. El gobierno está para ver por nuestra seguridad, por la paz, por la justicia. Irónicamente, es donde la mayoría de los funcionarios están “reprobados”, pues están tan concentrados en brindar pan y circo disfrazado de apoyos sociales, que tienen a sus ciudades gobernadas por la delincuencia.

*Angélica Benítez es Licenciada en Ciencias de la Comunicación por parte de la Universidad Autónoma de Baja California. Cuenta con una Maestría en Administración de Empresas por parte de CETYS Universidad, y se desempeña actualmente como docente universitaria.

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