miércoles, diciembre 13, 2017
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Los esclavos olvidados

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Por: Horacio Puchet*

No hay raza que no haya sido esclavizada: también hubo esclavos blancos. Los imperios musulmanes esclavizaron a los europeos durante siglos. A partir de la Edad Media Europa exportó enormes cantidades de su población a los continentes vecinos por medio de esta práctica.



La esclavitud fue un “derecho de conquista” desde la antigüedad. Su origen histórico es la idea de aprovechar a los cautivos en combate como mano de obra en lugar de ser sacrificados. Las deudas eran otro camino a la esclavitud. China y la India han sido históricamente los mayores mercados esclavistas. En Europa, griegos y romanos la practicaron y todas las grandes obras de la antigüedad, desde el Partenón al Coliseo, fueron hechas con trabajo esclavo. El avance del cristianismo moderó esta práctica, y con la caída del Imperio la esclavitud prácticamente desapareció de Europa.

Pero con el surgimiento de los estados islámicos, los pueblos del oriente europeo fueron esclavizados en gran escala y de manera sistemática. Baste recordar que la palabra esclavo deriva de ‘eslavo’. Acaso porque esta etnia, como dice la antropóloga Teresa Giménez Barbat, “era la carne favorita de la esclavitud”. Su destino será el Norte de África, Oriente Medio y el sur de Asia.

Giulio Rosati (1858-1917) “Escogiendo a la favorita”

La esclavitud era una prioridad en el islam. El imperio otomano y sus estados vasallos fueron sociedades basadas en la esclavitud. Esta fue su fortaleza y su debilidad. Hasta principios del siglo XVIII el Kanato de Crimea mantuvo una extensa red comercio esclavo con el Imperio otomano y medio oriente. El comercio de cautivos rusos y ucranianos fue una de sus principales fuentes de ingresos. En una práctica conocida como “la cosecha de la estepa”, grupos de asalto salían a capturar y esclavizar a los campesinos cristianos que vivían en las llanuras ucranianas. Se deportaron alrededor de 2 millones de esclavos de Rusia, Polonia y Lituania en el periodo que va de 1500 a 1700 (Mikhail Kizilov, 2007, «Slaves, Money Lenders, and Prisoner Guards: The Jews and the Trade in Slaves and Captivesin the Crimean Khanate»The Journal of Jewish Studies. p. 2).

Francis Fukuyama, en su libro sobre los orígenes del poder político (The origins of political order) narra que “a lo largo de las provincias balcánicas del imperio otomano, se dispersaban grupos de oficiales a la búsqueda de jóvenes de entre doce y veinte años: era la ‘dervshirme’ o leva de cristianos jóvenes” (Pág. 189). En el apogeo de este comercio, entre los años 1500 y 1650, se llegan a capturar 10 000 personas al año. En una sola razia, en el año 1769 fueron capturadas unas 20 000 (Alan W. Fisher, 1972, “Muscovy and the Black Sea slave trade”).



Los europeos occidentales tampoco se salvaron de ser esclavizados. Piratas berberiscos llevaban a cabo razias en las costas del Mediterráneo. Estas incursiones sorpresivas contra asentamientos cristianos estaban asociadas al concepto de Yihad. Se calcula que 1.25 millones de europeos occidentales fueron esclavizados en el norte de África entre 1530 y 1780 (Robert Davies, 2003, Christian slaves, muslim masters: White slavery in the mediterranean, the barbary coast and Italy).

Las cifras son aproximadas, pero apabullantes. A los estudiosos del fenómeno se les ha reprochado no contar con las fuentes originales otomanas, pero estas son escasas, están escritas en una lengua extinta y son de difícil consulta. La mayoría de las fuentes históricas para cuantificar el comercio de esclavos siguen siendo europeas.

Para tener una idea de la dimensión de este fenómeno, basta compararlo con las cifras de la trata en el Atlántico. Durante el holocausto negro, la llamada “Maafa”, el Imperio español importó 2,5 millones de africanos y el portugués 4 millones (Hugh Thomas, 1997, “La trata de esclavos”). Es decir, que la esclavitud islámica de los pueblo europeos superó al Imperio español y sólo fue un poco menor que la del portugués.

Además de adquirir soldados y trabajadores, los príncipes musulmanes estuvieron interesados sobre todo en las mujeres. La proporción de la composición racial del cautiverio es significativa: mientras que los esclavos negros eran predominantemente hombres, los esclavos blancos eran mujeres en su mayoría. En el mercado árabe había una fuerte preferencia por las blancas. Hombres y mujeres negros eran vendidos por el mismo precio,  pero las mujeres rusas y ucranianas valían un 50% más que los hombres de la misma nacionalidad.

El comercio de esclavos blancos decayó con el fortalecimiento de los estados europeos y con el debilitamiento de los musulmanes. En un momento del siglo XIX Inglaterra logró presionar al gobierno otomano amenazando con abordar sus barcos en el Mediterráneo.

Claro que la esclavitud no ha desaparecido. Las leyes prohibicionistas quizá la limitaron y convirtieron en una práctica clandestina, pero la trata de personas sigue siendo un lucrativo negocio a nivel mundial.

Me puse a leer sobre el tema porque me sorprendió que la esclavitud blanca fuera tan poco conocida. Esto a pesar de que el fenómeno está bien representado en la obra de pintores académicos como Rosati, Gerome y su discípulo Vereshchagin. Su temática orientalista, de ambiente exótico y gran colorido, retrata harenes y mercados de mujeres exuberantes. La esclavitud blanca quedó también plasmada en el folclore ruso, ucraniano y cosaco, a través de sus canciones épicas, las “dumas”, que narran el triste destino de las víctimas.

Que una tragedia de tal magnitud haya sido poco estudiada y difundida puede deberse a que las fuentes son escasas y poco accesibles. Pero también, pienso, a que es políticamente incorrecto abordar las culpas de los pueblos musulmanes. Hay un racismo inverso, un extendido racismo anti blanco que tiende a culpar a los europeos de todos los males. “La raza blanca es el cáncer de la historia”, escribió Susan Sontag. Pero la verdad es que el mal no es un problema de razas. El ser humano siempre ha abusado de sus semejantes.

*Horacio Puchet es músico de la Sinfónica Nacional y docente de la UNAM, escritor en sus ratos libres y padre de familia de tiempo completo. Su correo: hpuchet@gmail.com

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