jueves, diciembre 5, 2019
entretenimiento

Hollywood, feministas de papel, acosadores en los hechos

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Por: Gerardo Garibay Camarena*

Harvey Weinstein es uno de los hombres más poderosos de Hollywood, su carrera se extiende a lo largo de tres décadas y media, e incluye su participación como productor y productor ejecutivo de películas como Shakespeare in Love, Pandillas de Nueva York, Pulp Fiction, el Discurso del Rey y la abiertamente abortista “The Cider House Rules”.




Harvey fue la fuerza detrás del sello Miramax y actualmente es cabeza de su propio estudio, actividad que acompaña de un intenso activismo político en favor del Partido Demócrata y específicamente de la excandidata presidencial, Hillary Clinton. Harvey es además un ardiente opositor a Donald Trump y defensor de las mujeres… Eso de dientes para afuera.

En realidad, Harvey Weinstein es un predador sexual en serie, que durante décadas ha utilizado su posición de poder en la industria como instrumento para agredir sexualmente a una gran cantidad de mujeres, incluyendo tanto a actrices como Ashley Judd como a empleadas de sus empresas. Así lo ha revelado hace un par de horas el New York Times, en artículo donde describen las múltiples acusaciones en contra de Weinstein, quien respondió con un comunicado donde reconoce su culpabilidad, alega que está buscando el apoyo de terapeutas (¿dónde habremos escuchado eso antes?) Cita al rapero Jay-Z y ataca tanto a Trump como a Asociación Nacional del Rifle, en lo que parece un intento desesperado para conservar la simpatía de los izquierdistas a los que tanto dinero les ha donado y tanta influencia les ha ofrecido a través de sus películas.

Sin embargo, muy probablemente este acosador no tiene tanto que preocuparse. Después de todo, Hollywood tiene una larga historia de respaldar y proteger pederastas, violadores y acosadores, siempre y cuando sean parte el club de los “progres”, del que el señor Weinstein es miembro destacado.

Como lo explicaba hace poco más de tres años, en el artículo “De mutantes y pederastas” entre los hijos predilectos de la “comunidad artística” que han cometido fechorías iguales o peores, pero mantienen el apoyo de la industria se encuentran directores como Bryan Singer, Roman Polanski, Woody Allen y Víctor Salva, que deberían estar pudriéndose en una cárcel y no recibiendo premios o haciendo películas.

Con todo el dolor de su corazón, el New York Times se vio obligado a publicar la noticia, quizá como parte de una lucha por el control de la empresa de Weinstein o porque sabían que, de no hacerlo, eventualmente otros medios harían lo propio, pero tan pronto como sea posible la esconderán bajo la alfombra, para regresar a la tediosa letanía de las supuestas “virtudes liberales” con la que tratan de aturdirnos casi todo el tiempo.



Como hace tres años, cuando se revelaron los abusos de Bryan Singer, la multitud de acosos por parte de Harvey Weinstein en contra de multitud de mujeres constituye un ejemplo más de ese escandaloso doble estándar de Hollywood y la industria del entretenimiento en general, cuyas estrellas parecen dedicar todo el tiempo que no están en pantalla a pontificarnos acerca de los males del mundo: desde la homofobia hasta el calentamiento global, viendo la paja en el ojo ajeno mientras ignoran la gigantesca viga del abuso en su propia comunidad. Otra vez.

Por cierto, a quien le interese conocer cómo opera la mafia de izquierdas en Hollywood y como ha monopolizado los mensajes del cine y la televisión, la recomiendo el libro de Ben Shapiro titulado “Primetime Propaganda” del que publicaremos una reseña en las próximas semanas.

*Gerardo Garibay Camarena es editor de Wellington.mx, columnista en diversos medios digitales y autor de los libros “Sin Medias Tintas” y “López, Carter, Reagan”.

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