sábado, agosto 18, 2018
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La automatización no es tan disruptiva como podría pensarse

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Por: Tim Worstall*

Otro día, otro espeluzanante reporte acerca de cómo los robots van a robar todos nuestros empleos y destruir todo lo que es sagrado acerca de la dignidad del trabajo. Esta vez proviene de PriceWaterhouseCoopers, y señalan que para los 2040s aproximadamente el 30% de los trabajos estará automatizados y quizá un 44% de aquellos que requieren un bajo nivel educativo. De hecho, el reporte no es tan “estamos condenados” como suena, aunque contiene un par de errores cruciales.

Los autores aciertan respecto a que en este lapso habrá crecimiento económico que ayudará a crear nuevos empleos que reemplacen los que se pierdan por la automatización. Es una conclusión lógica: Después de todo, hemos estado automatizando durante ya 250 años y no hay una razón particular para pensar que los procesos subyacentes hayan cambiado.

“Destruir” empleos libera trabajo

El hecho de que la inteligencia artificial y otros avances técnicos reemplazarán a la habilidad humana no debería ser motivo de desmayo –después de todo, lo mismo ha sucedido en cada etapa de cambio tecnológico, desde el telar hasta la lavadora.

“Que la automatización destruya o desplace trabajos no es un problema; de eso se trata”

Sin embargo, el reporte de PWC ha mailterpretado el mecanismo. No es que el crecimiento económico absorba labor, per se, sino que la forma en que la automatización libera horas de trabajo para labores más productivas hace crecer la economía y nos enriquece.



Imagine que se requieren 100 unidades de trabajo para hacer 100 productos, hasta que la invención de una nueva máquina permite que se necesiten solo 50 unidades para hacer los mismos 100 productos. Usando las 100 unidades originales de trabajo ahora tendremos 200 productos –somos más ricos-, o podemos producir los mismos 100 productos, y usar las unidades de trabajo sobrantes para obtener ropa, comida elegante, o boletos para el ballet. Somos ricos, la economía es más grande, sin importar el valor que le asignemos a las cosas extra que podemos comprar.

Esto es más que un mero tecnicismo. Sólo entendiéndolo podemos entender cuál es la tarea que nos corresponde aquí. El hecho de que la automatización destruya o desplace trabajos no es un error o un problema; de eso se trata. Queremos eliminar trabajos a través de la automatización, siempre y en todo lugar, y es lo que ese trabajo liberado hace en otros a continuación lo que nos enriquece.

Cierto, la transición puede ser dolorosa

Como Keynes señaló, es enteramente posible que esto esté sucediendo demasiado rápido. Escribiendo en 1930 nos decía:

“Estamos sufriendo, no por el reumatismo de la vejez, sino por los dolores del crecimiento ante cambios excesivamente rápidos, por el dolor del reajuste entre un periodo económico y otros. El incremento de la eficiencia técnica ha sucedido más rápido de lo que podemos lidiar con el problema de la absorción laboral…”

En este caso el asalto conjunto sobre los sistemas establecidos, a causa de la mecanización de la agricultura y el reemplazo del vapor con la energía eléctrica, estaba liberando fuerza de trabajo más rápido de lo que las personas podían descubrir cómo aprovecharlo en cosas nuevas.

La transición puede ciertamente ser un problema, pero el resultado final no lo será. La pregunta no es si habrá algo para que las personas trabajen, sino si es que podemos encontrar estas nuevas actividades al mismo ritmo en que mueren las viejas labores.

El ritmo es lo que importa. Al igual que muchos otros de estos reportes, el de PWC sugiere que un 30% de los trabajos (o un 44% en algunos sectores) será eliminado en las siguientes décadas. ¿Esa es una tasa elevada o no? ¿Es algo acerca de lo que necesitemos actuar?

Los números no son tan malos como parecen

Este es el elemento clave que muchas personas no logran captar –la economía del mercado del Reino Unido (los números de los Estados Unidos son un poco diferentes) elimina cada año al menos el 10% de los empleos y crea un 10% de nuevos empleos. La tasa de desempleo es únicamente la brecha entre ambos porcentajes, y quizá la diferencia de tiempo entre ellos.

Nuestra adaptación a la cambiante tecnología no es una ruptura dramática, sino un proceso constante que involucra aproximadamente al 10% de la población cada año. Con eso en mente, la adición de otro 1.5% (30% en un lapso de dos décadas) a causa de la automatización se vuelve mucho menos aterradora. Lo que en realidad estamos observando es la adición marginal a un proceso existente y bien conocido, no un paso drástico o un gran misterio con que lidiar, y eso suponiendo que efectivamente la inteligencia artificial llegue a elevar la tasa anual de 10% a la que estamos acostumbrados.



Por supuesto, sigue abierta la pregunta de qué hacer al respecto. El qué se automatiza y qué se mantiene no es la pregunta interesante aquí. En lugar de ello es ¿Qué harán y a dónde se moverán los trabajadores liberados? Es decir: ¿Cuáles son los empleos del futuro?

Aunque podemos hacer algunas suposiciones educadas, la respuesta es que no sabemos. Hay muchas cosas que como especie nos gustaría producir más, pero la única forma de saber cómo eso se traduce en actividad económica es dejar que suceda y observar. En lugar de que los gobiernos traten de adivinar el futuro, deberíamos confiar en la experimentación que sólo brinda una economía de mercado.

*Tim es académico en el Adam Smith Institute en Londres. En Twitter: @worstall

Publicado originalmente por CapX y FEE.org

Traducción por Wellington.mx

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