miércoles, diciembre 13, 2017
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La moralidad del capitalismo

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Por: David Ross*

Los deseos del humano de superar y mejorar sus condiciones de vida lo llevan a actuar de diferentes maneras que,  son en su mayoría inofensivas, pero existen también formas nefastas de alcanzar dichos anhelos.  El capitalismo es una herramienta para alcanzar un fin, cualquiera que éste sea; que al usarse puede crear o destruir, ayudar o dañar.  Como cualquier herramienta, la misma no es la culpable del uso que le dé el empleador.



Nadie teme al martillo en manos de un noble carpintero, sino que admiramos los bellos muebles que a martillazos son construidos por el hábil hombre. El carpintero construye con fuertes y violentos golpes para llevar comida la mesa, para proveer. Sin el carpintero el martillo no construirá, ningún clavo será colocado.

El mismo martillo en otras manos pudiera ser usado para romper los cristales de una joyería con el fin de robar los collares de perlas que ahí se encuentran y de paso para golpear el cráneo del dueño por oponerse al robo.

El carpintero da golpes que construyen y el asaltante golpes que matan. Ambos dan los golpes para llevar comida a la mesa. En ambos casos el martillo no es responsable de la creación o de la destrucción, los actos son cometidos por los hombres, no por las herramientas.

La explotación laboral, los malos tratos, la trata de personas son actos cometidos por humanos para obtener riqueza, pero de eso no podemos culpar al capitalismo, sino a la maldad de las personas, a su avaricia desenfrenada.



Los creadores de grandes inventos, la caridad, los avances tecnológicos y científicos lo han hecho para llevar comida a la mesa o porque era su sueño o por mera bondad. En este lado de la ecuación, el capitalismo tampoco es responsable.

El capitalismo es la mejor herramienta creada para alcanzar nuestros más altos sueños, pero depende de nosotros el cómo es usada.

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