sábado, noviembre 17, 2018
políticasociedad

La tierra de la discreción

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Por: Hiram Pérez Cervera*

“Ninguna sociedad puede existir, si no impera en algún grado el respeto a las leyes.”

Frederic Bastiat.

Es evidente que existe una barrera que, a lo largo del tiempo, evita que nuestro país pueda recorrer el camino del progreso económico y la solidez política. La cifra constante que oscila entre los 40 y 50 millones de mexicanos en pobreza es algo que despierta una diversidad de explicaciones que van desde la desigualdad social hasta la corrupción, esto sin lograr aún una respuesta al problema que nos permita ejecutar un plan de acción.



Este fracaso se debe a que el diagnóstico que políticos y académicos han hecho esta equivocado de raíz, están confundiendo los síntomas con la enfermedad. Esto es como si un médico argumentara que el problema es la fiebre y no el resfriado, es así como me he dedicado a ofrecer, brevemente, una explicación sobre los problemas de fondo que tenemos en el país.

De acuerdo con el índice de libertad económica elaborado por Heritage Foundation[1], México ocupa el lugar número 63, penosamente por debajo de países como Kosovo, Filipinas o Jordania. Esto sin que nuestro país tenga una carga aplastante de impuestos como sucede en otros países, sin embargo, se advierte cuando se consulta el apartado que tiene que ver con el Estado de Derecho, que nuestro país obtiene calificaciones muy pobres e incluso quienes elaboran este índice señalan que la debilidad del sistema jurídico y las demoras en los procesos fomentan prácticas como la corrupción.

Un panorama más claro de lo anterior surge al consultar el Índice de Calidad Institucional, elaborado por el Dr. Martín Krauze a través de la Red Liberal de América Latina (RELIAL)[2], y que evalúa la calidad de las instituciones del Estado en todos los países, en el que nuestro país se encuentra en el puesto número 92. Cabe destacar que desde el año 2007 a la fecha, nuestro país ha perdido 16 puestos en este índice, lo cual nos muestra cuan dramática es la situación por la que estamos pasando y, sobre todo, explica de fondo por qué las reformas estructurales no pudieron ofrecer los resultados esperados. Para rematar, si hiciéramos una clasificación con base únicamente en la calidad de las instituciones políticas, México se ubicaría en un desastroso lugar número 123. En este punto, no es de extrañar porque también tiene una alta percepción de corrupción.

Si el problema se encuentra dentro del Estado, la falta de certeza va a impactar de manera negativa en otras esferas como la democrática que, dicho sea de paso, es el gran reclamo de sociedad y academia hacia el gobierno. De acuerdo con el Índice Mundial de Libertad Electoral (IMLE), elaborado por la Fundación para el Avance de la Libertad[3],  quiero destacar que México ocupa el lugar número 92 de acuerdo con el indicador sobre desarrollo político y un lugar número 70 de acuerdo con el ranking general sobre libertad electoral.

Con todos estos datos se puede concluir que México es un país políticamente inmaduro, en el que las instituciones y la aplicación de la ley están bajo discreción de la élite en turno, sin embargo, este problema no es exclusivo del gobierno, también la sociedad tiene un rol importante al escoger gobernantes con tendencias hacia el uso del poder para beneficio propio, a través de corporativizar diferentes grupos de la sociedad. Un ejemplo muy claro de lo anterior es el caso de la líder sindical Elba Esther Gordillo, que en el año de 2013 fue a prisión no porque hubiese una efectividad en el sistema judicial mexicano, más bien por no mostrar sumisión a la élite en turno cuando intentó impulsar una reforma educativa que tocaba los privilegios sindicales que le permitieron a ella enriquecerse del trabajo de los demás. Hoy, que hubo un cambio radical en las cúpulas del poder, la maestra fue declarada inocente y su inmediata libertad ordenada por un juez. Mientras tanto, los crímenes por los que se le debió procesar quedarán ahí en el olvido.

El escándalo de Odebrecht, que evidenció la cantidad de sobornos que se hacían hacia los gobernantes para obtener beneficios del poder, tuvo consecuencias muy fuertes en casi toda América Latina. Presidentes renunciaron a sus cargos para enfrentar los procesos legales, expresidentes fueron presos al comprobárseles casos de corrupción, sin embargo, en México no sucedió nada. Nadie fue enjuiciado y nadie fue a prisión, es más, hoy ya nadie en las esferas del poder menciona el tema tan siquiera.



La barrera de la que hablaba al principio, son los incentivos perversos que surgen del poder para invitar a usarlo con el fin obtener beneficios y mientras no entendamos esto como sociedad continuaremos hundiéndonos en el fango de la discrecionalidad política.

Los países que lograron un desarrollo económico que les permitió superar la barrera de la pobreza, tienen en común que sus sistemas de gobierno tienen bien delimitados los alcances del poder del gobierno, cuentan con reglas muy claras y tienen la certeza de que estas reglas se van a hacer cumplir sin importar de quién se trate.

México tiene que transitar el camino desconocido de la libertad y la responsabilidad individual.

*Hiram Pérez Cervera es internacionalista, enfocado en el estudio del impacto de la política sobre la economía. En twitter lo encontrará como: @hiram_perezc

[1] Los datos se encuentran disponibles en: https://www.heritage.org

[2] Índice disponible en: http://www.caminosdelalibertad.com/resources/uploads/pdf/20180420_112242_6a69675e9b6395c3d21dade8536927a9.pdf

[3] Índice disponible en: http://www.fundalib.org/wp-content/uploads/2018/01/IMLE2018.pdf

 

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