sábado, agosto 18, 2018
Elecciones 2018política

La verdadera elección del libertarismo mexicano 

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Por: Víctor H. Becerra*

Iniciamos en México un ingrato proceso electoral presidencial, una broma larga, aburrida y cruel, al final, como las otras del pasado. Y con el mismo predecible resultado de instaurar en el poder a uno apenas menos peor que el resto de los contendientes.



Como libertario (entiéndase que me refiero en adelante también a los liberales, aunque sé de las especificidades, pero que creo más accesorias que de fondo) me parece que es ingenuo y hasta inútil apostar por uno u otro partido o candidato, por más grave que supongamos sea la situación o el horizonte del país, sobre todo ante al temor de una posible venezolización, expectativa frente a la cual muchos libertarios apuestan por el llamado “voto útil”.

Bajo tal idea del “voto útil” en realidad participamos en la ficción de que alguno será mejor que el resto. Creo, por el contrario, que es imposible obtener a alguien honrado de entre un sistema profundamente corrupto, tal como es (y ha sido) el sistema político mexicano. Nuestro sistema político es (ha sido) el de la mentira y el robo. En él, los partidos son facciones del empobrecimiento, la desesperanza, la infección. Iguales características comparten quienes se dicen candidatos “independientes” a la Presidencia, y que en realidad sólo son políticos desechados por sus partidos. Y bajo esa ficción del “voto útil” cooperamos con todos ellos en su propósito de propagación del mal al creer que alguno será “el mejor” o, resignadamente, “el menos peor”.

Es imposible obtener a alguien honrado de entre un sistema profundamente corrupto, tal como es el sistema político mexicano.

Así, cooperar con ellos es ayudarles a seguir engañando y robando. Y que la propia sociedad mexicana siga engañada, aunque cómoda en su auto-engaño respecto a sus políticos y partícipe sin remordimiento en el robo circular entre mexicanos, que se ha convertido en nuestro modo de vida. Somos, como nuestro sistema político, la sociedad de la mentira y el robo.

Creo que, en este venidero proceso electoral, el liberal, el libertario, el defensor del libre mercado y de la libertad individual en México, tiene el imperativo moral de difundir sus principios entre la sociedad y quizá promover organizaciones liberales/libertarias fuertes y significativas (políticas, de difusión, de discusión entre estudiantes, de planteamiento de políticas o lo que sea), más que apoyar al candidato X o Y. En realidad ya sabemos que, gane quien gane en julio, los escándalos de corrupción e ineficacia de hoy serán los mismos de mañana. Solo cambiarán los nombres.

Este proceso electoral es la oportunidad (que sólo se presenta una vez cada seis años) de acercarnos y decir a cada ciudadano: tú eres libre y mereces vivir libre de agresión para hacer lo que te plazca, siempre que no invadas la propiedad de tus vecinos ni los agredas físicamente. Y tal vez convencerlo de actuar en consecuencia y cambiar, liberándose.

No cuestiono el derecho que cada libertario tenga de votar por alguien (o no) el próximo primero de julio. Sólo digo que parte del inútil y hasta contraproducente esfuerzo que emplearán en las campañas a punto de iniciar, coreando por uno u otro contendiente, podría utilizarse de manera más significativa y útil tratando, desde diversos frentes, de hacer del liberalismo/libertarismo mexicano una opción creíble, seria, amplia y significativa, mirando hacia el mediano o largo plazo. De otra manera, el peligro a la libertad que hoy representa López Obrador (de manera estelar pero no exclusiva), será un peligro repetido en el futuro bajo otro nombre. Hasta que ese riesgo que avizoramos se convierta en un hecho consumado, bajo otro personaje.



Tenemos hoy la oportunidad, parafraseando a Samuel Konkin, de hacer que allí donde el Estado mexicano y sus partidos dividen y condenan, el libertarismo una y libere. Que allí donde el Estado y sus partidos engañan, el libertarismo clarifique. Que allí donde el Estado y sus partidos ocultan, el libertarismo saque a la luz. Que allí donde el Estado y sus partidos destruyen, el libertarismo construya y restituya libertades. Y así, tal vez, podamos responder con más fuerza, permanentemente, en contra del mal.

*Víctor H. Becerra es Secretario general de México Libertario. En Twitter: @victorhbecerra

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