viernes, septiembre 21, 2018
Economíapolítica

Las elecciones menos competitivas en los últimos 20 años: Un breve análisis estadístico

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Por: Efrén Zúñiga*

Las elecciones mexicanas llegaron a su fin. Algunos tendrán motivos para regodearse, otros tantos habrán de lamentarse por el resultado y muchos más tendrán un largo tiempo para reflexionar. A los politólogos y demás analistas, les corresponderá hacer un diagnóstico de los resultados arrojados. Habrá entre los distintos partidos políticos señalamientos de todo tipo, se buscarán culpables y en muchos casos, comenzará la cacería de brujas. En fin, dejemos a los especialistas y/o actores políticos hacer su trabajo.

Es por ello que en este espacio pretendemos realizar un análisis distinto. Sencillo, pero altamente objetivo, basado en el elemento más imparcial, los números. Conviene adelantar que no será complejo, lo que facilitará su compresión. En el mismo sentido, solo emplearemos algunos de los indicadores agregados comúnmente más empleados y cuya función no es más que la de medir la competitividad electoral, estimando el número efectivo de partidos.


Como todo, cada uno tiene sus ventajas/desventajas. Por ello y con ánimo de motivar al lector, iremos brindando una breve explicación para cada uno.

El primer indicador es el número efectivo de partidos (N)[1], este índice representa la cantidad de partidos políticos que tienen el mismo efecto de concentración. Los valores de N van de 1.0 hasta el número de partidos con una concentración considerable. Es decir, en un escenario extremo donde existan diversos partidos, pero solo uno concentre todos los votos, entonces N sería 1. En contraposición, donde N sea cercano o mayor 2, significaría que al menos dos partidos políticos tienen una representación efectiva[2]. Ahora pues, apliquemos el indicador N al caso mexicano.

Los resultados de N para las elecciones fueron los siguientes:

  • 1988 – 2.634,
  • 1994 – 3.007,
  • 2000 – 2.977,
  • 2006 – 3.303,
  • 2012 – 3.205, y
  • 2018 – 2.736.

Con ello podemos percatarnos que, de 1988 a la fecha, la concentración de partidos o bien, el número efectivo de partidos fue mayor 2 y en el peor de los casos cercano a 3 (1988).

Con lo anterior podemos afirmar que, de acuerdo al indicador N, las elecciones de 1988 fueron las menos competitivos y en contraposición las de 2006 fueron las más competidas.

El siguiente indicador es el denominado número de partidos (NP)[3]. NP es más empleado en las situaciones en las que se presenta un sistema multipartidista (como es el caso de México). Dicho esto, revisemos que resultados se presentaron para las últimas 6 elecciones.

El indicador NP arrojó los siguientes resultados:

  • 1988 – 1.859,
  • 1994 – 1.743,
  • 2000 – 2.194,
  • 2006 – 2.485,
  • 2012 – 2.377, y
  • 2018 – 1.585.

Como podemos apreciar, el indicador NP es más estricto y nunca toma valores superiores a N.

De aquí se desprende que, según los resultados del índice NP, las elecciones del 2018 fueron las menos competitivas, por el contrario, las del 2006 fueron las más competitivas.

El tercer indicador es un índice derivado de N, nos referiremos a él como N subíndice infinito (N_)[4]. Este indicador se emplea de manera conjunta con N cuando se asume que es una elección de al menos dos competidores efectivos. Vale la pena comentar que, en determinadas circunstancias, el valor de N y N_, tiende a ser idéntico. Además, N_ tiene la ventaja de tener un cálculo simple.

De análoga manera, procedemos a revisar los resultados de N_:

  • 1988 – 1.986,
  • 1994 – 2.054,
  • 2000 – 2.352,
  • 2006 – 2.785,
  • 2012 – 2.618, y
  • 2018 – 1.880.

Con esta información podemos aseverar que, de acuerdo al indicador N_, las elecciones del 2018 fueron las de menor competitividad, mientras que las del 2006 fueron las más competidas.

 Pasemos ahora al último indicador. Este índice es empleado en otras disciplinas como la economía, sin embargo, para temas electorales es conocido como “número de autonomías” (NA)[5]. El indicador supone que “a mayor grado de dominancia de uno o dos partidos en un sistema, menor número de partidos autónomos”[6]. NA adquiere un valor superior a 2, cuando dos partidos opositores logran una votación superior al partido más votado y por debajo de ese valor cuando no la alcanzan.

Echemos un ojo a los resultados de NA:

  • 1988 – 1.934,
  • 1994 – 1.799,
  • 2000 – 2.194,
  • 2006 – 2.657,
  • 2012 – 2.737, y
  • 2018 – 1.602.

Con ello se puede sostener que, de acuerdo al indicador NA, las elecciones más competidas fueron las de 2012 y en contraste las de 2018 fueron las menos competitivas.

Una vez revisados los últimos resultados, nos vemos obligados a caer en la comparación entre los diversos índices, en lo que respecta a sus resultados e hipótesis. Para ello conviene apoyarse en Fig. 1 que se muestra más delante.

Como podemos observar, los cuatro indicadores guardan sus coincidencias en los que refiere a la identificación de las elecciones más y menos competitivas.



En lo que corresponde a las elecciones más competitivas, tres indicadores (N, N_¥ y NP) sugieren que fueron las del 2006. Ojo que aquí no refiere el hecho de que las distancia entre el primero (Felipe Calderón) y el segundo (Andrés Manuel López Obrador) fuera de unas décimas; lo que plantean es que pudo ser una elección de tres partidos, pues la distancia entre los punteros y el tercer lugar fue de 13 puntos porcentuales, además de que el puntero no alcanzaba una mayoría absoluta.

Ahora bien, en lo que corresponde a las elecciones menos competitivas, notamos como en tres de los indicadores (N_¥, NP y NA) son las más recientes elecciones las menos competidas de los últimos 20 años, peor aún, en ninguno de los tres indicadores se alcanza el umbral de las 2 unidades, lo que en términos simplistas se podría interpretar como “de los dos no se hace uno” refiriéndome desde luego a los candidatos Ricardo Anaya y José Antonio Meade.

Estos son solo números, sin embargo, ayudan a desnudar el trágico acontecimiento del pasado 1 de julio. Y por trágico no me refiero únicamente al hecho de que AMLO haya sido electo, sino que de acuerdo a los números, no hubo quien fuera capaz de darle una digna competencia.

*Efrén Zúñiga es Licenciado Economía por la Universidad de Guanajuato. @EfrenZuS

[1] M. Laakso y R. Taagepera, “Efective Number of Parties: A Measure whit Application in to West Europe”. Compartive Political Studies, núm. 12, 1979, pp. 3-27.

[2] Esta misma explicación se aplicará en el resto de los índices (NP, N_¥ y NA), entre otras cosas que mencionaremos más delante, lo que diferencia un indicador de otro es la forma en que se estiman dichos valores, así como la interpretación, por ello se omitirá reiterar la explicación en el resto de esta colaboración.

[3] Juan Molinar, “Counting the number of parties: an alternative index”, The American Political Science Review, vol. 85, núm. 4, diciembre 1991, pp. 1383 – 1391.

[4] Rein Taagepera, op. cit., pp. 497-504.

[5] Pascual García Alba, “El índice de dominancia y el análisis de competencia de las líneas aéreas mexicanas”, Gaceta de Competencia Económica, núm. 1. marzo-agosto, México, 1998, pp. 15-32.

[6] Ricardo de la Peña, “El número de autonomías y la competitividad electoral”, Política y Cultura, 2005, núm. 24. Pp. 497-504.

 

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