domingo, octubre 20, 2019
sociedad

Las guarderías están ridículamente sobre-reguladas

1.06Kviews

Por: Diana Furchtgott-Roth*

Mientras los candidatos presidenciales Donald y Hillary Clinton luchan con el alto costo de las guarderías, no hay mejor momento para leer el nuevo libro de Abby W. Schachter, titulado “No Child Left Alone: Getting the Government Out of Parenting” y publicado por Encounter Books. Con garantía de elevar su presión arterial, describe cómo las regulaciones federales y estatales afectan todos los aspectos de la crianza de los hijos, desde el nacimiento hasta la graduación de preparatoria.

Los burócratas quieren decirles a las madres si alimentar a sus hijos con fórmula o con leche materna, qué poner en las loncheras, qué tan lejos los hijos tienen permitido caminar solos, y a qué edades. Quieren regular qué productos se venden, no sólo a los niños, sino a los adultos, en caso de que los menores ingieran sustancias peligrosas o se ahoguen con una cuerda colgante.

Los costos de las guarderías son un tema especialmente polémico para la campaña presidencial, porque se han elevado un 70% desde los 1980s. En 31 estados y en Washington D.C., las guarderías son más costosas que las universidades públicas, de acuerdo con Schachter.

Los candidatos presidenciales están tomando diferentes enfoques para tratar el problema de los elevados costos. Clinton planea limitar los costos del cuidado infantil en un 10% del ingreso familiar. Ella quiere lograr esto al “incrementar significativamente la inversión del gobierno federal en subsidios para guarderías y brindar apoyos fiscales sobre el costo de estas para las familias trabajadoras.”

Clinton también quiere crear un nuevo programa para brindar becas de $1500 dólares a los padres de “hasta 1 millón” de estudiantes, para ayudarlos a cubrir gastos de cuidado infantil. Esto no necesariamente ayudará mucho con las guarderías, porque costo promedio es de casi $1000 dólares por hijo al mes.

Trump propone permitir a los padres deducir de sus ingresos sujetos a impuestos el costo promedio de las guarderías en su estado. Esta sería una deducción “sobre la línea”, lo que significa que incluso si las familias no lo especifican, serían capaces de deducir el costo. Las familias de bajos ingresos, que no pagan impuestos sobre la renta, podrían deducir el costo respecto a sus impuestos de nómina.

¿Por qué son tan costosas las guarderías en primer lugar? Un estudio del Mercatus Center study, realizado el año pasado por Diana Thomas y Devon Gorry, encontró que regulaciones como el límite de niños por cuidador y los requisitos de certificación de estos son grandes factores para incrementar el costo del cuidado infantil.

Schachter brinda sorprendentes ejemplos de estas regulaciones. Arizona tiene 114 páginas de regulaciones, y Michigan tiene 329. Éstas van desde el espacio requerido entre los ganchos para colgar abrigos o los colchones, hasta el tipo de comida que puede servirse.

En muchos estados, a los bebés no se les permite estar cobijados cuando duermen, para prever el síndrome de muerte de cuna -incluso aunque no hay evidencia de que el cobijarlos esté conectado con dicho síndrome. Esto vuelve más quisquillosos a los bebés, provocando que se necesiten cuidadores adicionales.

Los burócratas parecen particularmente preocupados con lo que los niños comen en las guarderías. Esto no es sorprendente para cualquiera que yo observado el cambio en las guías nutricionales gubernamentales a lo largo de los años. Por ejemplo, la carne y los huevos estaban de moda en los 1950s y los 1960s, quedaron fuera a partir de los 1970s y hasta los 2000s, y ahora están de regreso. La mantequilla y la leche entera eran tabú, pero ahora son parte del “colesterol bueno.”

Entonces, no parece que alguien debiera creerles a los burócratas, pero eso no les impide lanzar incontables regulaciones alimenticias. Las guarderías manejadas por Head Start deben seguir reglas planteadas por el Departamento de Agricultura, incluyendo requisitos de brindar comidas como la leche de vaca, incluso si los padres prefieren que sus hijos no la beban.

A los proveedores de guarderías en Pensilvania, el estado natal de Schachter, se les requiere tirar la comida no utilizada y lavar los contenedores, en caso de que el niño pudiera consumir algún material peligroso más adelante.

Del mismo modo en que Obamacare elevó el precio de los servicios médicos, la regulación gubernamental está aumentando el precio de las guarderías y de los almuerzos escolares.

El Estado niñera sigue a los niños durante toda su etapa escolar. Por una parte, los sistemas escolares pesan a los infantes y envían cartas a casa si considera que tienen sobrepeso. Pero, al mismo tiempo, limitan los recesos y actividades como quemados y juegos de pelota, porque éstos podrían ocasionar accidentes. Las personas razonables pensarían que los sistemas escolares podrían ver una relación entre prohibir la actividad física y el aumento en la obesidad. Sin embargo, los burócratas parecen no haber entendido la conexión.

El riguroso análisis de Schachter respecto a la forma en que el gobierno está empujando hacia afuera la toma de decisiones de los padres y elevando los costos es escalofriante -y merece ser leída tanto por padres, como por quienes todavía no lo son.

*Diana Furchtgott-Roth fue jefa de economistas en el departamento del trabajo de los Estados Unidos. Es directora de Economics21 y miembro de la facultad en el Manhattan Institute.

Esta columna se publicó originalmente (en inglés) en Economics21 y en el sitio web de la FEE.

 

Leave a Response

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.