lunes, mayo 27, 2019
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Lecciones de futbol, campeonato y competitividad

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Por: Sergio Romano Muñoz*

En más de un sentido, aquellos países que se toman en serio el futbol reflejan el tipo y grado de desarrollo que tienen.

Arsène Wenger es un venerable señor francés de 68 años. Fue un mediocre futbolista (jugó de volante) con una carrera que se extendió entre finales de los 60’s y principios de los 80’s, en equipos pequeños, a veces incluso en categorías inferiores. Aun así, logró un campeonato de Liga con el Estrasburgo casi al final de su carrera.



Desde 1984, se hizo entrenador, donde destacó como perteneciente a esa rara raza de desarrolladores de talento muy joven, junto al holandés Louis Van Gaal, el argentino Marcelo Bielsa y muy pocos más, lo que lo suele colocar en desventaja al competir por títulos.

La lista de talentos que ha ayudado a florecer es amplia y va desde el campeón del mundo y superestrella Thierry Henry hasta al mismísimo presidente de Liberia. No, no me refiero al presidente del futbol de dicho país, me refiero al presidente de la nación, George Weah. También detectó, e intentó moldear, a nuestro propio Carlos Vela, y aunque el quintanarroense es un futbolista casi imposible de manejar, algo hizo bien el francés que es el jugador mexicano con mejor técnica y condiciones futbolísticas de la actualidad (aunque no siempre quiera explotar sus cualidades).

Wenger se hizo entrenador del equipo inglés Arsenal, con base en Londres, en 1996, y se aferró al puesto hasta este verano 2018, 22 años en los que, basado en una red de buscadores de talento y contactos en escuelas futbolísticas, rastreaba el mercado futbolístico año con año y se llevaba a los jóvenes a los que les veía futuro, iniciando una muy molesta práctica para otros equipos, en la que se llevaba jugadores muy jóvenes, de entre 15 y 17 años, a veces un poco más grandes, de las así llamadas “canteras” de diversos equipos. Y no siempre eran equipos chicos: muchas veces, clubs de la talla del Barcelona fueron sus víctimas, incapaces de pagarle al futbolista lo que le ofrecían en el Arsenal.

Sus dos mercados favoritos eran el español y el francés. Durante años, sacó niños de esos países para hacerlos hombres en las canchas inglesas, y si bien ganó pocos campeonatos, los grandes negocios que hacía le otorgaban renovaciones a su contrato; el caso paradigmático es el del delantero Nicolas Anelka, al que le pagó al Paris Saint-Germain alrededor de €600,000, para cederlo al Real Madrid dos años después por poco más de €25 millones.

El primer campeonato mundial de Francia, en 1998 varios de los alumnos de Wenger eran titulares: Emmanuel Petit, Lilliam Thuram, Patrick Vieira, David Trezeguet o Thierry Henry le aprendieron directamente, lo mismo que la España campeona del 2010 tenía en su plantilla al catalán Césc Fábregas, jugador clave del combinado ibérico.

Durante un tiempo, Wenger se concentró en el mercado español, hasta que pareció desecharlo. Cuando le preguntaron el por qué, dijo secamente: “ya no son la mejor cantera de jugadores. Ésa está ahora en Francia”.

La influencia de Wenger en el futbol mundial había disminuido en los últimos dos lustros en base a ganar prácticamente nada, pero tenía razón: Francia ha estallado estos últimos tiempos, al nivel de poder dejar fuera de la lista de 23 seleccionados para el Mundial de Rusia no menos de 10 figuras de nivel internacional entre los que destacan el delantero Karim Benzema, (titular del Real Madrid), el volante André Rabiot o el defensa Laurent Koscielny, sin que nadie los extrañe. De hecho, ganaron el Mundial.

Revisando las selecciones ganadoras de Mundiales desde 1986: Argentina en 1986 –aunque todo lo que hacían bien se ha ido al garete desde hace unos diez años–, Alemania en 1990 y 2014, Brasil en 1994 y 2002, Francia en 1998 y 2018, Italia en 1986 y España en 2010, sólo los italianos no tienen un programa extensivo de desarrollo de talento; eso se extiende incluso a los equipos subcampeones: Alemania en 1986 y 2002, Argentina en 1990 y 2014, Italia en 1994, Brasil en 1998, Francia en 2006 y Holanda en 2010; de hecho, con la excepción de ésta última selección, se repiten los nombres (aunque Holanda es una gran productora de talento por derecho propio y con muy mala suerte).

¿Y Croacia, que este domingo 15 de julio se convirtió en la actual sub-campeona? En realidad, más de lo mismo: ya desde la última etapa del dominio comunista en la entonces Yugoslavia, los jugadores brotaban como hongos, reflejado con el triunfo en 1991 del equipo Estrella Roja de Belgrado en la última Copa de Campeones de Europa (pasaría a llamarse Champions League un año después), y tras la desintegración de Yugoslavia en los diversos países balcánicos –Croacia, Serbia, Montenegro, Albania, Kosovo, Eslovenia– cada una de las selecciones balcánicas tiene al menos una gran estrella, y en el caso de Croacia y Serbia, múltiples talentos. De hecho, Croacia ya había alcanzado una semifinal en 1998.

Entonces, ¿por qué México, que ya le ganó a Croacia en 2002 y en 2014 en Mundiales, no puede pasar de octavos de final desde 1986? En parte, porque no saca tantas estrellas.

Eso se debe a su muy peculiar organización federativa. Mientras en otros países, notablemente Inglaterra pero en general todas las ligas desarrolladas, la Federación (es decir, el organismo que sirve de enlace entre el futbol de un país y la FIFA y que organiza el trabajo de las diferentes selecciones) y la Liga (que aglutina a los clubes y les ayuda a formar bloque de negociación frente a patrocinadores, compradores de derechos de transmisión y otros) suelen ser entidades separadas, cada una con su propia forma de financiarse y trabajar, en México están dominadas por la misma gente, bajo el control indisimulado de Televisa, y sus ganancias mayores no son las transmisiones o el patrocinio (que tampoco es un número despreciable), sino los juegos de la Selección, sobre todo los llamados “partidos moleros”, y el tráfico de futbolistas extranjeros en los equipos nacionales, llegando a extremos de tener un equipo la posibilidad de tener 11 extranjeros tapando el talento joven nativo, y es que implica menos trabajo comprar cinco ecuatorianos sin nombre, a ver cuál funciona, que desarrollar jugadores desde edad infantil. Sólo Pachuca, América, Chivas y Cruz Azul tienen un desarrollo relativamente serio de jugadores jóvenes, pero incluso los tres últimos no pueden darse el lujo de tenerles paciencia a los jóvenes ante la presión constante de ganar campeonatos.

Mientras tanto, los mexicanos en Europa suelen medrar en equipos de segundo nivel (cuando bien les va) y los muy pocos que llegan a equipos de élite (como Chicharito en Manchester United y Real Madrid o Héctor Moreno en Roma) no pasan de suplentes con pocos minutos. Por el contrario, los croatas tienen jugadores que han disputado las últimas cinco Champions League en cada uno de los equipos que han llegado –Atlético Madrid, Real Madrid, Juventus, Barcelona y Liverpool– siendo titulares.

¿Por qué, entonces, si a Croacia México sí se le ha podido ganar? Porque no hay competencia.

El Chicharito no es un gran futbolista, sólo un relativamente buen rematador muy poco útil en el futbol actual, en donde se requiere que hasta los porteros sean hábiles y creativos, pero es tremendamente popular. Su única competencia por el puesto son el muy veterano Oribe Peralta, que se retira como seleccionado, y Raúl Jiménez, un futbolista muy creativo, pero poco goleador para su puesto. Las grandes estrellas, como Héctor Herrera o Hirving Lozano, que tienen muy buen nivel, saben que serán titulares pase lo que pase, misma tragedia que le ocurre a la excelente generación de futbolistas que tiene Chile.



En cambio, si analizamos a Francia, que hace dos años jugó la final del torneo de selecciones europeas perdiendo contra Portugal, veremos que titulares como Dimitri Payet, Bacary Sagna, Moussa Sissoko o las estrellas en ascenso Kingsley Coman o Anthony Martial ni siquiera fueron tomados en cuenta.

He ahí la importancia de tener un proceso eficiente de captación, capacitación, desarrollo y oportunidad para los nuevos talentos, ya no en futbol sino en cualquier actividad empresarial. Se requiere de ese tipo de cultura, algo que en México no se tiene y se refleja en todas las áreas, pero que es especialmente notoria en la industria del entretenimiento, donde nuestro país está para llorar.

*Sergio Romano Muñoz es, además de libertario convencido, experto en la industria del entretenimiento. Ha sido agente de artistas, productor de radio y TV, scouter de bandas musicales y director de una editorial. En la actualidad trabaja en su primera novela y en una serie de cómics.

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