miércoles, diciembre 13, 2017
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Cómo la libertad definió a la Civilización Occidental

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Por: Ludwig Von Mises*

La historia de la civilización es el registro de una incesante lucha por la libertad.

La cooperación social bajo la división del trabajo es la principal causa del éxito de los seres humanos en su lucha por la sobrevivencia y sus esfuerzos por mejorar tanto como sea posible las condiciones materiales de su bienestar. Sin embargo, considerando la naturaleza humana, la sociedad no puede existir si no hay una provisión para evitar que las personas revoltosas realicen acciones incompatibles con la vida comunitaria. Con el objetivo de preservar la cooperación pacífica, uno debe estar dispuesto a recurrir a la superación violenta de aquellos que alteran la paz. La sociedad no puede existir sin un aparato social de coerción y compulsión, es decir, sin Estado y gobierno. Entonces, otro problema emerge: restringir a las personas que están a cargo de las funciones gubernamentales, para evitar que abusan de su poder y conviertan a todos los demás virtualmente en esclavos. El objetivo de todas las luchas por la libertad es el de mantener a raya a los defensores armados de la paz, los gobernantes y sus agentes. La libertad siempre significa: libertad respecto a la acción arbitraria de parte del poder policiaco.

La idea de la libertad es y siempre ha sido particular de occidente. Lo que separa el este y el oeste es en primer lugar el hecho de que los pueblos del este nunca concibieron la idea de la libertad. La imperecedera gloria de los antiguos griegos fue el que ellos fueron los primeros en captar el significado y la importancia de las instituciones que garantizan la libertad.

Recientes investigaciones históricas han asignado a fuentes orientales el origen de algunos de los logros científicos previamente acreditados a los helénicos. Sin embargo, nadie ha puesto nunca en duda que la idea de la libertad fue creada en las ciudades de la antigua Grecia. Los escritos de los filósofos e historiadores griegos la transmitieron a los romanos y más tarde a la Europa y a la médica modernas. Se convirtió en la preocupación esencial de todos los planes occidentales para el establecimiento de una buena sociedad. Dio origen a la filosofía del laissez-faire (dejar hacer), a la que la humanidad le debe todos logros sin precedente en la era del capitalismo.

El significado de todas las instituciones políticas y judiciales modernas es el de salvaguardar la libertad de los individuos en contra de la usurpación de parte del gobierno. El gobierno representativo y el Estado derecho, la independencia de las Cortes y los tribunales respecto a las agencias administrativas, el habeas corpus, la examinación judicial y la rectificación de actos de la administración, la libertad de expresión y de prensa, la separación de Estado e Iglesia, y muchas otras instituciones buscan un solo fin: restringir la discrecionalidad de los burócratas y liberar de su arbitrariedad a los individuos.

La historia de la civilización es el registro de una incesante lucha por la libertad.

La era del capitalismo ha abolido todos los vestigios de la esclavitud y la servidumbre. Le apuesto un fin a los castigos crueles y ha reducido la pena por los crímenes al mínimo indispensable para desalentar a los infractores. Ha eliminado la tortura y otros métodos cuestionables de lidiar con los sospechosos y delincuentes. Abogado todos los privilegios y promulgado la igualdad de todas las personas bajo la ley. Ha transformado a los súbditos de la tiranía en ciudadanos libres.

Las mejoras materiales fueron el fruto esas reformas e innovaciones en la conducción de los asuntos de gobierno. Conforme todos los privilegios desaparecieron y a las personas se les dio el derecho a desafiar los intereses establecidos de los demás, se le otorgó una mano libre a todos los que tuvieron el ingenio para desarrollar las nuevas industrias que hoy vuelven más satisfactorias las condiciones materiales del pueblo. Las cifras de población se multiplicaron, y aun así esta mayor población pudo disfrutar una vida mejor que la de sus ancestros.

En los países de la civilización occidental también han existido siempre promotores de la tiranía -la tiranía absoluta de un autócrata o de una aristocracia, por una parte, y la sujeción de todas las demás personas en la otra mano. Sin embargo, en la era de la ilustración las voces de estos oponentes se volvieron cada vez más ligeras. La causa de la libertad prevaleció. En la primera parte del siglo XIX, el victorioso avance del principio de la libertad parecía ser irresistible. Los filósofos e historiadores más eminentes asumieron la convicción de que la evolución histórica tiende hacia el establecimiento de instituciones que garantizan la libertad, y de que ninguna intriga o maquinación de parte de los opositores podría detener la marcha hacia el liberalismo.

A lidiar con el tema la libertad, uno se refiere al problema económico esencial del antagonismo entre capitalismo y socialismo. En lugar de ello uno señala que la persona occidental es diferente de los asiáticos en cuanto a que la primera es enteramente un ser ajustado a vivir en libertad, y formado por la vida en libertad. Las civilizaciones de China, Japón, india y los países mahometanos en el cercano oriente, conforme existieron antes de que sus naciones conocieran las formas de vida occidentales, ciertamente no pueden ser desestimadas como bárbaras. Estos pueblos, ya hace muchos cientos, incluso miles de años atrás, lograron maravillosos avances en las artes industriales, la arquitectura, la literatura y la filosofía, y en el desarrollo de instituciones educativas. Ellos fundaron y organizaron poderosos imperios. Sin embargo, entonces su esfuerzo se detuvo, sus culturas se volvieron adormecidas y letárgicas, y perdieron la habilidad de lidiar exitosamente con los problemas económicos. Su genio intelectual y artístico se secó. Sus artistas e autores burdamente los patrones tradicionales. Sus teólogos, filósofos y abogados cayeron en una invariable exégesis de los antiguos trabajos. Los monumentos erigidos por sus ancestros e desmoronaron. Sus imperios se desintegraron. Sus ciudadanos perdieron vigor y energía, y se volvieron apáticos al enfrentar un creciente deterioro y empobrecimiento.

Los antiguos trabajos de la filosofía y la poesía oriental pueden compararse con los más valiosos de occidente. Sin embargo, por muchos siglos el oriente no ha generado ningún libro de importancia. La historia intelectual y literaria de las Heras modernas difícilmente incluya cualquier nombre de un autor oriental. El este ya no ha contribuido con nada al esfuerzo intelectual de la humanidad. Los problemas y controversias que agitaron al occidente permanecieron ignorados por el oriente. En Europa había conmoción; en oriente había estancamiento, indolencia e indiferencia.

La razón es obvia. El oriente carecía de la cosa primordial, la idea de libertad respecto al Estado. El oriente nunca elevó la bandera de la libertad, nunca trató de defender los derechos del individuo en contra del poder de los gobernantes. Nunca puso en duda la arbitrariedad de los déspotas. Y, por inicia cuentas, nunca estableció el marco legal que ha protegido la riqueza de los ciudadanos privados en contra de la confiscación por parte de los tiranos.

Por el contrario, engañado por la idea de que la riqueza los ricos es causa de la pobreza de los pobres, todo el pueblo aprobó la práctica de los gobernantes al expropiar a los hombres de negocio exitosos. De este modo se evitó la acumulación de capital a gran escala, y las naciones se perdieron de todas las mejoras que requieren de una considerable inversión de capital. Ninguna “burguesía” pudo desarrollarse, y consecuentemente no hubo público para alentar y patrocinar a los autores, artistas e inventores.

Para los hijos del pueblo todos los caminos hacia la distinción personal estaban cerrados, excepto uno. Podrían tratar de forjarse un camino sirviendo los príncipes. La social occidental era una comunidad de individuos que podían competir por los premios más elevados. La sociedad oriental era un aglomerado de súbditos enteramente dependientes de la buena gracia de los soberanos. La alerta juventud de occidente observa el mundo como un campo de acción en el que pueden ganar fama, eminencia, honores y riqueza; nada parece demasiado difícil para su ambición. Por el contrario, la dócil progenie de los padres de familia orientales no sabe de otra cosa que seguir la rutina de su entorno. La noble auto dependencia del hombre occidental encontró una expresión triunfante en diatribas como la Antígona de Sófocles y la Novena Sinfonía de Beethoven. Nada por el estilo ha sido escuchado en el oriente.

¿Es posible que los vástagos de los constructores de la civilización del hombre blanco renuncien a su libertad y voluntariamente se rindan a la protección del gobierno omnipotente? ¿Que busquen contentarse no sistema donde su técnica tarea sea la de servir como operarios de una vasta maquinaria diseñada y dirigida por un planeador gubernamental todopoderoso? ¿La mentalidad de las civilizaciones cautivas habrá de barrer con los ideales por cuyo ascenso miles y miles sacrificaron sus vidas?

Ruere in servitium, ellos se lanzaron a la esclavitud, Tácito observó con tristeza al hablar sobre los romanos de la era de Tiberio.

Texto resumido de Dinero, Método Y El Proceso De Mercado.

*Ludwig Von Mises, académico y filósofo, considerado la figura más importante de la Escuela Austriaca de Economía en el Siglo XX.

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