martes, julio 17, 2018
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Margarita Zavala y la primer gran lección del 2018

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Una de las lecciones más interesantes que nos ha dejado el inicio de esta campaña electoral es el caso de Margarita Zavala.

Hace menos de un año Margarita estaba como una de las punteras en la carrera, estaba compitiendo de tú a tú o incluso superando a Andrés Manuel López Obrador, andaba entre 25 y 30 puntos porcentuales. Hoy está sumida en la parte baja de la contienda.

¿Qué fue lo que pasó?

La gran tragedia de Margarita Zavala y de su equipo fue el creerle de más a las encuestas y pensar que ese porcentaje de apoyo que aparecía en los sondeos de hace un año se iba a reflejar directamente en un respaldo político como tal.

Hoy Zavala alcanza apenas un 3.5%, máximo un 4 por ciento de la intención de voto en los últimos sondeos y ni siquiera está encabezando el camino dentro del propio campo de los independientes; tanto “el bronco” como “el jaguar” la superan en el número de estados en los que ya han cumplido con el requisito de firmas necesarias para obtener su registro. El jaguar ha conseguido las firmas suficientes en ya 15 estados, el bronco lo ha hecho en 12 estados y Margarita Zavala en apenas ocho estados, de los cuales sólo Aguascalientes se puede considerar como típicamente panista.

¿Qué fue lo que pasó?

La estructura de Acción Nacional, que Margarita esperaba llevarse el campo independiente no se fue con ella y lo más interesante para el caso de nuestro análisis es que esos grandes números de sus 25 o 30 puntos en las encuestas no se reflejaron realmente en un apoyo como tal a causa de un fenómeno que los políticos tienen que tener muy en cuenta, particularmente en el inicio de esta campaña 2018: el fenómeno del “apoyo por vergüenza”.

¿En qué consiste?

Básicamente la mayoría de los seres humanos y por supuesto los ciudadanos de este país tienen un muy sano alejamiento de la política, no están pasándose la vida viendo quiénes son los candidatos o cuáles son las propuestas, porque están haciendo cosas de un poquito más provecho. Entonces, cuando llegan los encuestados en muchos casos el ciudadano realmente no ha pensado en a quién va a apoyar no es una de sus prioridades, pero le da pena, le da vergüenza reconocer eso ante el entrevistado y entonces menciona el nombre de la primera persona que se le viene a la mente: una persona de la que oyó hablar en una plática o en algún noticiero, y que a lo mejor le parece simpática, pero con la que no necesariamente tiene un involucramiento emocional.

Es como si llegan con usted y, sin que usted sepa de básquetbol, le preguntan quién fue el mejor jugador de la historia. Lo más probable es que diga “Michael Jordan”, no porque conozcan sus logros y tengan un argumento desarrollado de por qué es el mejor jugador del mundo, sino porque simplemente es el primero que se nos viene a la cabeza.

Del mismo modo, mucha gente que dijo apoyar a Margarita lo hizo porque había que mencionar a alguien, porque no le quiso decir al encuestador que no sabía por quién iba a votar y porque quizá les parece simpática en una foto, pero eso no implicaba que tuviera un apoyo real en las calles y en la estructura política; entonces la lección que nos deja la complicada situación de Margarita Zavala, en su brinco de la política partidista a la política independiente, es que simpatía no necesariamente se traduce en apoyo, que un alto número de reconocimiento de nombre en una encuesta no necesariamente se va a traducir en altos números de involucramiento emocional, que a las encuestas hay que leerlas mucho más a fondo y no quedarnos sólo con el primer número que se nos aparece.

¿Y ahora?

Ahora, el futuro electoral Margarita depende de que logre las firmas, y eso está muy lejos de ser una realidad, porque aunque está cerca de llegar al número mágico (860 mil firmas, lleva 770 mil reconocidas por el INE al 22 de enero) está lejísimos de la meta en cuanto a la dispersión; apenas tiene cubiertos 8 estados y necesita llegar a 17 en poco más de 20 días, y si lo logra será no con fuerza propia, sino con fuerza prestada por el PRI, como lo demuestra el hecho de que los estados donde ya junto las firmas y hasta en un 250% son estados donde el PAN prácticamente no tiene presencia, como Chiapas o Oaxaca. La arriesgada apuesta de Zavala era que la militancia panista se iba a ir apoyarla y eso no sucedió así, los panistas ni siquiera le quieren dar la firma.

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