viernes, octubre 18, 2019
internacional

Matar Hispanos y Libertades

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Por: Víctor H. Becerra*

En las últimas dos semanas, han venido ocurriendo masacres colectivas en EEUU. Las dos últimas, hace apenas unas horas en El Paso, Texas, y en Dayton, Ohio, con 29 muertos en total y casi medio centenar de heridos, todo en menos de dos días. Ambas forman parte de los 251 asesinatos colectivos en EEUU (aquellos con más de cuatro víctimas) en lo que llevamos de 2019.

Son cifras escalofriantes. Pero conviene ponerlas en perspectiva. Como bien señaló el reconocido científico Neil deGrasse Tyson, en las mismas 48 horas, en EEUU se producen 500 muertes por errores médicos, 300 muertes por gripe, 250 muertes por suicidio, o 200 muertes por accidentes automovilísticos, etc. Decirlo no es falta de empatía con las víctimas. Es simplemente contextualizar las tragedias y que deje de ser manipulada: La nula empatía con las víctimas es la de quienes las utilizan para pedir la prohibición de armas, señalar a Donald Trump como “culpable”, o simplemente sacar alguna ventaja político-electoral en vísperas de las elecciones federales de 2020 en EEUU.

Ambas tragedias son lamentables. Pero sin duda, y mientras aún se investigan las causas de la masacre de Dayton, la tragedia de El Paso plantea cuestiones inquietantes sobre el presente y el futuro de la nación norteamericana y del mundo. Así, es inevitable vincularla con el ambiente de crispación y odio contra todo aquel que no sea WASP (Blanco, Anglosajón, Protestante), que ha venido azuzando Donald Trump. Señalar el potencial envenenador del discurso electoral de Trump, no significa apuntarlo como culpable, ni siquiera indirecto: El culpable es el joven Patrick Crusius, y me parece que Trump no tiene culpa de sus problemas mentales. 

¿Que el discurso de Trump azuza y hasta legitima la violencia? Quizá. Pero el culpable material es uno y conviene tenerlo claro; de no hacerlo, corremos el riesgo de disculpar o frivolizar las motivaciones del autor, sembrando la semilla para más tragedias futuras. En todo caso, la masacre debiera ser un fuerte llamado de atención a Trump, para ser más responsable en su discurso electoral. Y ser en general un correctivo para todos los políticos como él, como por ejemplo Andrés Manuel López Obrador en México y su discurso de odio diario en contra de críticos, periodistas, opositores, “neoliberales”, “gente fifí” y todo enemigo que se le ocurra. En tal sentido, López Obrador es un terrorista verbal cotidiano.

Al respecto, si de instrumentalizar la tragedia se habla, el caso de López Obrador es ejemplar: Habla de denunciar por terrorismo al culpable de la masacre de El Paso, donde murieron varios ciudadanos mexicanos, para solicitar su extradición a México, algo que sabe que nunca sucederá. En realidad, su reclamo nacionalista es sólo para distraer la atención de sus pésimos resultados de gobierno. Y omite convenientemente que en México se producen 81 muertes diarias por homicidio doloso. Y que en los últimos seis meses, ya se han producido 20 mil muertes por esa causa. Son cifras muy, muy por encima de las tragedias que apuntamos: Si de “terrorismo” hablamos, el comportamiento impune de los carteles mexicanos y la ineptitud del gobierno lopezobradorista en materia de seguridad pública, se llevarían el primer lugar en tal categoría.

Según ha confesado Patrick Crusius, su idea fue matar a tantos hispanos de origen mexicano como le fuera posible, esto para detener una supuesta invasión de su país, justificándose en la adaptación estadounidense de la idea de “el gran reemplazo” —formulada por el escritor francés Renaud Camus, aludiendo a un supuesto plan de las élites europeas para sustituir a la población blanca europea por inmigrantes del norte de África y Oriente Próximo—.

Lo que Crusius ignora es que la idea de “el gran reemplazo” tiene en realidad un correlato inverso, éste con la población estadounidense que recibió el permiso de asentarse en el norte de México a inicios del siglo XIX, lo pobló y terminó independizandose, como sucedió con la República de Texas en 1836. Además, quienes hablan de “invasión hispana a Texas”, como señaló el propio asesino Patrick Crusius, olvidan que los hispanos están en ese lugar desde el siglo XVII, mucho antes que los antecesores de los ciudadanos actuales, que se creen los “puros” guardianes de la “genuina” identidad estadounidense. Así que los supremacistas blancos harían bien en conocer mejor la historia de su propio país.

Las ideas subyacentes de Crusius, relativas a una posición social o nacional en declive por culpa de los migrantes, de la economía como juego de suma cero (donde lo que los estadounidenses pierden lo que ganan los malvados migrantes), o de un pueblo (que él encarnaría) sojuzgado por una élite en beneficio de unos migrantes advenedizos, son elementos constitutivos del populismo que se enseñorea por el mundo, aquí y allá, y que cruza transversalmente todo el espectro ideológico. Es un populismo que, vemos, no sólo amenaza vidas humanas concretas, sino también conceptos como la libertad individual, los mercados libres, el pluralismo, el Estado de Derecho, la cooperación voluntaria, etc.

Los liberales tenemos una enorme responsabilidad en dar respuestas concretas que se opongan a tales ideas. De lo contrario, tragedias como las de El Paso continuarán y se incrementarán. Así, debemos ser conscientes de que demonizar, ilegalizar y perseguir a migrantes son el equivalente exacto de cualquier idea o práctica enemigas de la libertad, porque se atenta contra las prerrogativas de los individuos, empobrece al mundo, al impedir el trabajo conjunto, la cooperación libre y el enriquecimiento mutuo, y tiraniza al individuo en beneficio de un colectivismo productor de amos y esclavos, de asesinos y víctimas.

*Víctor Hugo Becerra: Especialista en comunicación política (ITAM) y planeación metropolitana (UAM). Secretario general de México Libertario. Ha creado una gran cantidad de organizaciones libertarias en México y América Latina. Tiene interés en el estudio y la creación de redes libertarias y la organización de actividades académicas de divulgación de las ideas de la libertad.

1 Comment

  1. Muy bien todo el artículo, sólo que los motivos por los que una persona va y asesina a cualquier grupo étnico o ideológico no se puede reducir al discurso populista, si así fuera tendríamos una epidemia mundial sin precedentes de asesinos seriales en todo el mundo. El verdadero problema es que nadie está estudiando este fenómeno tan complejo y de una profundidad tal que la retórica política es incapaz de siquiera arañar la superficie. Esto no se arregla simplemente censurando los discursos políticos.

    Demonizar, ilegalizar y perseguir a migrantes NO son el equivalente exacto de cualquier idea o práctica enemigas de la libertad, de hecho, puede ser todo lo contrario. No se está “persiguiendo” a migrantes, se están arrestando a las personas que ingresan ilegalmente a un país en una clara violación de sus leyes, eso, por ejemplo, sí que atenta contra la libertad y soberanía de ese país y de sus ciudadanos. Si la migración no es legal, ordenada y controlada, terminará por atentar en contra de las prerrogativas de los individuos, empobreciendo al mundo, impidiendo el trabajo conjunto, la cooperación libre y el enriquecimiento mutuo. Tiraniza al individuo en beneficio de un colectivismo productor de amos y esclavos, de asesinos y víctimas. Eso mismo es lo que está sucediendo en Europa y ya sabemos las nefastas consecuencias.

    Pongamos nuestras barbas a remojar.

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