lunes, enero 22, 2018
Elecciones 2018política

México 2018. El ineludible destino de “votar por el menos peor”.

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Por: Octavio Catalán*

Desde que tengo memoria, en cada proceso electoral nos encontramos ante la misma encrucijada, “votar por el menos peor”. En un análisis profundo de esa calamidad, podemos observar que no se trata de un fenómeno propio de un municipio, estado o incluso del país en donde habitemos.

Defensor como lo soy del libre mercado, no puedo declararme de la misma forma como un demócrata convencido. Y es que la democracia es un forma de gobierno que nos conduce naturalmente a ser gobernados por las peores personas.

Para explicar la contundente afirmación que hago en el párrafo anterior, vale la pena confrontar este texto con la obra “Libertad o Socialismo” de Hans-Hermann Hoppe, en su capítulo –Por qué los peores gobiernan-.



En un mercado libre, asumimos que existe libertad de entrada de oferentes, situación que siempre beneficia al consumidor, pues el resultado de la competencia, generalmente es un mejor bien o servicio, y mejores precios. Ganar al consumidor, es resultado de una mejora constante en lo ofertado.

Es lo que tenemos, así que prepárese nuevamente querido lector, y ¡a votar por el menos peor!

Sin embargo, el virtuosismo de la competencia en un mercado libre, no le es aplicable al “mercado político-electoral”. Dejar abiertas las puertas a cualquier oferente político resulta altamente peligroso. Alguien podría contra argumentar ingenuamente, que de igual forma la competencia en la arena política nos arrojará mejores propuestas y mejores políticos, pero eso es una falacia, pues el objetivo que se persigue es perverso en el fondo.

Cuando el objetivo de la competencia es pernicioso, los oferentes están dispuestos a corromperse hasta sus últimas consecuencias. V. Gr., en la industria armamentista, las empresas compiten por crear instrumentos cada vez mas mortales, con mayor capacidad de aniquilación y con consecuencias cada vez mas funestas.

Todos los oferentes que compiten en mercados negros, ilegales y deleznables, tarde o temprano logran perfeccionar los fines a los que se han entregado. Un fabricante de drogas sintéticas busca la forma de generar mas adicción de su consumidor y ser mas competitivo que los productos contra los que compite en su mercado. Un sicario busca la forma de ser mas preciso en su reprobable actividad y al mismo tiempo tiene que acoplarse a los precios de un mercado, que aunque nos duela reconocer, existe.

Partiendo de la premisa: “LOS IMPUESTOS SON UN ROBO”, afirmación a la que no le dedicaré en este texto mayor explicación, pues ya la abordaré en otro momento, tenemos que considerar que el objetivo de todos los políticos que aspiran a ocupar un cargo público, es justamente “administrar” ese tributo que le fue arrancado del bolsillo al ciudadano. El gobierno no genera nada. Todo su actuar es financiado a costa de lo que le expolió a sus gobernados.

Aunque a algunos les cueste mas trabajo que a otros admitirlo, lo que en el fondo todos los políticos quieren, es llegar a una posición para disponer de los recursos que fueron expoliados a los ciudadanos, es decir, gastarse lo de los demás.

Quien quiere llegar a esa posición se esforzará cada vez mas en disfrazar esas intenciones y justificarán como Robin Hood que te quitan dinero para “redistribuirlo justamente”. Sin importar si existe un cohecho, concusión o peculado probado, al que hoy llamamos elegantemente “servidor público”, es un ladrón legitimado por la ley para ejercer actividades que ya de origen son cuestionables en su moralidad.

Adicional a lo anterior, ya entronizados en sus cargos, los políticos perfeccionan los mecanismos financieros para saciar su hambre y sed de lo ajeno. De la misma forma en que el fabricante de armas o drogas y el sicario se perfeccionan en sus respectivos marcos de competencia, este ladrón del erario, se perfeccionará en su oficio, pues es el mecanismo de supervivencia que genera la democracia.

La creatividad que estos políticos desarrollan para justificar el robo a los contribuyentes la llamamos demagogia y pronto todos prometen imposibles y se convierten en populistas. Por ello es peligrosísimo que la democracia permita la libertad de entrada a cualquier oferente.



Ese es el circo que vemos cada elección, ninguno se escapa. Cuando de apoderarse de lo ajeno se trata, no hay ideologías: la izquierda hace alianzas con la derecha, los conservadores con los liberales, los dinosaurios adiestran a los millennials… esta Orbe ya es Conversa y sin duda tiene esa pizca Socarrona que nos invita a reflexionar.

De estos fenómenos hablaremos en esta columna, analizar las propuestas y las plataformas de los candidatos, de los partidos y de los gobiernos es un deporte que entretiene a la nación todos los días.

En síntesis, la democracia si es la peor forma de gobierno, como apuntaba Churchill, excepto por todas las demás. Es lo que tenemos, así que prepárese nuevamente querido lector, y ¡a votar por el menos peor!

“La conciencia predominará,

sólo por medio de la razón.”

*Octavio Catalán estudió derecho en la IBERO CDMX y es consultor político desde 2007. Twitter: @oc_catalan

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