sábado, agosto 18, 2018
Elecciones 2018

Presidentes muertos

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Por: Gerardo Enrique Garibay Camarena*

En Estados Unidos al dinero le llaman “presidentes muertos”, porque los billetes incluyen el retrato de los jefes de estado más importantes y emblemáticos que ha tenido la Unión Americana. En México ocurre lo mismo, los políticos forman parte de los billetes… desde antes de ganar las elecciones.

Hace 18 años, entre quienes apoyábamos la candidatura presidencial de Vicente Fox, circularon los “foxes”, billetes de $50 pesos con la fotografía del panista, en 2006 este fenómeno se repitió con los seguidores de López Obrador, que crearon los “pejos”, billetes de $20 pesos con la efigie del candidato de la Alianza por el Bien de Todos. El hecho no pasaría de ser una anécdota chusca de no ser por el motivo profundo de esta clase de expresiones de apoyo.



Quienes simpatizabamos con Vicente y lo veíamos ya dándole su nombre a la moneda nacional y su imagen a un billete no apoyábamos realmente a un candidato a la Presidencia, sino a un patriarca. No es de sorprender que muchos de ellos fuimos los más amargamente decepcionados de la Administración Fox, no sólo porque el señor de Martha Sahagún haya sido un mal Presidente, sino porque esperábamos de él cosas que humana y legalmente le eran imposibles de lograr.

El verdadero gobierno de salvación no será el que lo resuelva todo, sino el que menos estorbe para que cada persona resuelva en libertad su pequeña pieza del rompecabezas.

Desde entonces el fenómeno se repite, casi tal cual, con López Obrador, es decir, sus simpatizantes esperan que él resuelva los problemas del narcotráfico, la inseguridad, el desempleo y que a base de su fuerza y carisma haga de este un país ideal. Ni él ni nadie es capaz de lograrlo.

Sin importar lo que diga en los próximos meses la propaganda de los candidatos a la Presidencia es un hecho que, gane quien gane, al llegar a Los Pinos estará sumamente limitado por la ley, por inercias y por cotos de poder; obstáculos que es imposible que una sola persona, aun el presidente, pueda superar para bien. En todo caso es mucho más fácil que destrocen lo poco o mucho que hemos avanzado.

Una vez más, como en 2012 o 2006 es tiempo de aceptarlo: ni Obrador, ni Anaya o Meade tienen las grandes soluciones en la palma de la mano; ninguno posee la varita mágica para acabar con la pobreza o el narcotráfico. El Presidente puede guiar al país en un cierto rumbo y enfocar sus esfuerzos en determinadas estrategias, pero hasta ahí.



Si seguimos esperando al presidente mágico, al Mesías que se ganará salir en los billetes, el país se nos va a desmoronar entre las manos, porque en realidad las soluciones no están en las burocracias de palacio, sino en la libertad y en la colaboración voluntaria ejercida con responsabilidad por el futuro de cada uno de nosotros, del que al final del día se deriva el del país.

En pocas palabras, el verdadero gobierno de salvación no será el que lo resuelva todo, sino el que menos estorbe para que cada persona resuelva en libertad su pequeña pieza del rompecabezas.

La otra opción es aguardar a que arribe el presidente heroico y maravilloso que resolverá por sí mismo todos los problemas. En ese caso vamos esperar sumando corajes en campaña y decepciones en el gobierno… para siempre.

*Gerardo Garibay Camarena es editor de Wellington.mx, columnista en diversos medios digitales y autor de los libros “Sin Medias Tintas” y “López, Carter, Reagan”.

*La versión original de este artículo fue públicada por el autor en febrero del 2006, es lamentable lo poco que han cambiado las cosas desde entonces.

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