viernes, septiembre 21, 2018
Economía

Privaticemos el dinero

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Por: David Chávez Salazar*

La idea de un sistema monetario completamente desregulado ha sido defendida desde distintos enfoques teóricos, de los cuales destacan tres: la desnacionalización monetaria, que consiste en la libre competencia de monedas tipo fiat con unidades de cuenta distintas; la “Nueva Economía Monetaria”, que propone el establecimiento de sistemas de pago sin dinero, en donde los medios de intercambio consisten en reclamaciones asumidas por los bancos o por fondos de inversión; y la teoría moderna de la Banca Libre (Free Banking), de la cual nos ocuparemos en este artículo y cuyos máximos exponentes en la actualidad son los economistas estadounidenses Lawrence White y George Selgin.



Comencemos por indicar que la Banca Libre es un sistema monetario basado en la existencia de una “moneda básica” – que puede ser un metal precioso o un stock de dinero fiat – que sirve como unidad de cuenta y en la cual están respaldados los billetes y depósitos bancarios. White y Selgin (1994) enuncian una serie de características que debería cumplir cualquier sistema de este tipo:

  • No existe control gubernamental sobre la cantidad de medios de intercambio. Los bancos son los que deciden autónomamente el monto de emisión de sus billetes, sin restricciones legales.
  • No existe un banco central creado o patrocinado por el Estado. El Estado no creará ningún banco central ni le otorgará a ningún banco privado el monopolio sobre la emisión monetaria. Los críticos argumentos que la multiplicidad de bancos emisores conduciría al caos monetario, pues no habría uniformidad en la divisa. Al respecto, es necesario señalar que debido a que existe una moneda básica común, habría una sola unidad de cuenta. De esa manera, los bancos emitirían sus billetes en esa unidad común: dólares, pesos, libras, o cualquier otro. Aquí se presenta la diferencia fundamental entre este modelo y el de “desnacionalización monetaria” de Hayek, según el cual cada banco establece su propia unidad de cuenta: un banco puede emitir en ducados, mientras que su vecino emite en florines. De igual manera, cada consumidor elegiría que divisa usar. En ese modelo, sí tendría lugar la situación de caos monetario que denuncian los críticos.

Por otra parte, en un sistema de Banca Libre lo más probable es que los bancos establezcan acuerdos para de aceptación mutua de los billetes, así como “los bancos acuerdan hoy en día aceptar las tarjetas débito de otros” (White, 1984, p. 19). La aceptación recíproca promueve la circulación de las marcas de billetes (White, 1984).

  • No hay barreras legales para la entrada, división y salida de los bancos comerciales. Es decir, existe un régimen de libre competencia, en donde las fuerzas del mercado son las que determinan la permanencia de los actores en el sector económico en cuestión (no solo de los bancos sino también de las instituciones financieras no bancarias). Según la teoría microeconómica austriaca, la competencia no implica la participación más o menos equitativa de una buena cantidad de firmas en el mercado, como afirman los neoclásicos, sino que sólo es necesaria una condición para asegurar su existencia: la ausencia de barreras de entrada a cualquier mercado donde se perciban oportunidades de ganancia (Kirzner, 2000).
  • No existen restricciones en las cantidades, tipos o mezcla de deuda y derechos accionarios, o en las cantidades, tipos o mezcla de activos que un banco pueda mantener. La consecuencia más importante de esto es la libertad de reservas, por lo tanto, sería posible tener un sistema de reserva fraccionaria en condiciones de libre mercado. Es decir, que los bancos pueden optar por mantener sólo una fracción de los depósitos de sus clientes como reserva, tal como ocurre en la actualidad. Sin embargo, la única diferencia es que lo harían en un contexto de desregulación total. Este tema ha generado divisiones entre los defensores de la Banca Libre, pues hay quienes argumentan que la reserva fraccionaria es una práctica fraudulenta e inflacionaria.
  • No existe control sobre las tasas de interés del mercado. Son los bancos los que establecen esta variable, en lugar de una junta monetaria central. Este es un indicador crucial en la economía porque refleja las preferencias temporales de ahorros e inversionistas (Horwitz, 2000). Sin embargo, cuando es manipulada por las autoridades monetarias, se convierte en una señal distorsionada que genera problemas en el aparato productivo. Este sesgo quedaría eliminado en un sistema de Banca Libre.
  • No existen garantías del gobierno sobre los depósitos. Es decir que el gobierno no protegerá a aquellos depositantes que hayan sufrido pérdidas por cuenta de la insolvencia de algún banco. No obstante, eso no significa que en un escenario de Banca Libre el consumidor financiero quede desamparado; se pueden crear fondos de garantía de depósitos de carácter privado.
  • No existen restricciones en los términos de los contratos que suscriben los bancos con sus clientes, más allá de los principios legales que rigen cualquier actividad comercial.

Después de observar las características de un sistema de Banca Libre, hablemos un poco sobre su comportamiento. Según Echeverri (1994) la diferencia fundamental entre un sistema de este tipo y uno de banca central es la “flexibilidad con la que oscila la oferta monetaria” (p. 321), oferta que está compuesta por los siguientes elementos: el stock de especie metálica o dinero fiat que sirve como base monetaria del sistema (lo que White y Selgin denominan outside money), el dinero bancario (o inside money), que corresponde a los billetes de banco, las cuentas corrientes y los depósitos, y ocasionalmente las notas de deuda pública con características de papel moneda.

En un sistema de Banca Libre, los emisores reciben señales automáticas del mercado que les permiten ajustar la oferta de dinero bancario (particularmente la de billetes) a las necesidades reales de los consumidores. En caso de una sobre emisión, el mercado lo advertirá y los emisores podrán corregir la situación. Algunos críticos afirman que en un sistema de Banca Libre la sobre emisión de dinero será más la regla que la excepción, conduciendo inevitablemente a fenómenos como la inflación de precios y los pánicos bancarios.

La circulación de billetes es una variable de elección del banco, que se ve limitada por consideraciones de costo. Mantener un billete en circulación cuesta, y gracias a eso es que los bancos pueden establecer un límite de emisiones. También debe tenerse presente que, en el balance del banco, los billetes representan un pasivo. Para mantener una situación de solvencia, los pasivos deben ser menores a los activos y al patrimonio. Por lo tanto, el banco no tendrá ningún incentivo para emitir ad infinitum.

Visto con más detalle, la expansión monetaria implica fundamentalmente dos tipos de costos: costos operativos, que están asociados al mantenimiento de la clientela; costos de liquidez, que son aquellos que el banco debe asumir en caso de un agotamiento inminente de las reservas. Dichos costos se incrementan con el volumen de pasivos. Hasta cierto punto superarán a los ingresos, por lo que la expansión más allá de ese punto óptimo no será rentable para el banco (White, 1989).

Según White (1999) cuando un banco incurre en exceso de emisiones, los clientes pueden responder de tres maneras:

1. Cambiando el exceso de billetes por moneda básica (metálico o dinero fiat congelado permanentemente),

2. Depositar el exceso en cuentas corrientes (en bancos distintos al emisor) y

3. Gastar el exceso en el mercado de bienes y servicios, lo que disemina el impacto de la sobre emisión a lo largo del tiempo. Por lo general, los agentes escogerán una combinación de esos tres cursos de acción

Mientras los clientes responden, el banco sobre emisor se enfrentará a una pérdida de reservas, lo cual debería poner fin a la expansión. En este escenario, el banco estaría ubicado en una posición subóptima, por lo que debe acumular reservas y seguir una política restrictiva durante algún tiempo.



Ésta es grosso modo la propuesta de White y Selgin. Para quienes preguntan si algo así puede llegar a funcionar o no es más que una sofisticada elucubración teórica con escasa aplicación en el mundo real, la respuesta es que sí puede hacerlo, de hecho, la mayoría de características descritas por el modelo han estado presentes en numerosas experiencias bancarias alrededor del mundo y en distintos momentos de la historia. Algunas de ellas pueden consultarse en el maravilloso libro de Kevin Dowd, The Experience of Free Banking.

*Aquí dejo una bibliografía breve de White y Selgin, más las referencias de otros autores que se citaron en esta columna.

Bibliografía recomendada:

Selgin, G. (1988). The Theory of Free Banking: Money Supply under Competitive Note Issue. Lanham, MD.: Rowman & Littlefield.

Selgin, G. & White, L. (1994). How Would the Invisible Hand Handle Money? Journal of Economic Literature, 32 (4), pp. 1718-1749.

White, L. (1989). Competition and Currency: Essays on Free Banking and Money. New York, NY.: New York University Press.

_______. (1995). Free Banking in Britain: Theory, Experience, and Debate, 1800-1845. 2 ed. London: The Institute of Economic Affairs.

_______. (1999). The Theory of Monetary Institutions. Malden, MA.: Blackwell Publishers Inc.

White, L. & Selgin, G. (1985). The evolution of a free banking system. Economic Inquiry, 25 (3), 1-30. 

Otros autores citados aquí: 

Echeverri, L. (1991). Free Banking in Colombia: 1865-1886. Disertación doctoral. Universidad de Georgia.

Horwitz, S. (1992). Monetary evolution, free banking, and economic order. Boulder: Westview Press.

Kirzner, I. (2000). The Driving Force of the Market: Essays in Austrian Economics. London and New York: Routledge: Taylor and Francis Group.

*David Chávez Salazar es economista con estudios en pronóstico macroeconométrico y mercado de capitales. Miembro investigador del Tanque de Pensamiento Ludwig von Mises. Apasionado por la historia.

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