miércoles, diciembre 13, 2017
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Un procés liberticida. Parte I – continuación.

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Por: David Chávez Salazar*

Ahora revisemos los tres mitos fundacionales que marcan el carácter del discurso separatista catalán.

  • Espanya ens roba (España nos roba). La tesis del “expolio fiscal”, enarbolada por los independentistas, es completamente falsa. De acuerdo con los resultados definitivos del sistema de financiación autonómica [2] correspondientes al ejercicio 2015 Cataluña es la comunidad autónoma que recibe más recursos del modelo de financiación, con 134 millones de euros.

Es importante recordar que el sistema de financiación autonómico vigente fue negociado en 2009 por el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero (PSOE) con el tripartito que por entonces gobernaba en Cataluña (PSC-ERC-ICV), de ahí resultó un modelo con un claro sesgo positivo hacia dicha comunidad autónoma, en detrimento de otras como Madrid. Las propuestas de financiación autonómica que se han formulado en España siempre han obedecido a los caprichos de los gobernantes catalanes.



Al hacer una comparación entre los recursos recibidos y el PIB aportado en cada comunidad autónoma encontramos que, verbigracia, la Comunidad de Madrid recibe del sistema un 7,49% de la riqueza que aporta al país, mientras que Cataluña recibe un 9,86%. Si comparamos los recursos recibidos del modelo de financiación con los impuestos recaudados en cada una de las autonomías, encontramos que Madrid recibe del sistema de financiación aproximadamente el 18% de los impuestos recaudados en su territorio, mientras que Cataluña recibe un poco más del 54%.

La Generalitat de Cataluña también recibe recursos en proporción superior a su población, situación que contrasta con la de autonomías como Madrid, Andalucía y la Comunidad Valenciana.

Hay que mencionar, además, que la opinión pública suele desconocer que el modelo de financiación autonómica establece recursos adicionales para las autonomías con una lengua cooficial: Cataluña, Galicia, Comunidad Valenciana y Baleares. El gobierno catalán es el que se lleva la mayor parte de esta financiación extra, aproximadamente el 41% del dinero repartido, lo que equivale a unos 98 millones de euros anuales. Con este trato preferencial se busca fortalecer las denominadas políticas de “normalización lingüística”, que no son más que políticas de sanción contra la lengua castellana financiadas forzosamente por todos los españoles.

Entonces, ¿de dónde surge el mito del expolio fiscal? La respuesta radica en los datos “financiación homogénea por habitante ajustado”. Desglosemos este complicado término. La “financiación homogénea” se refiere a los recursos destinados a financiar aquellas competencias comunes a todas las autonomías como la gestión de los servicios de sanidad y educación. Se excluyen las materias singulares, como la administración de seguridad y justicia. Esta variable se calcula restando de la financiación total la valoración de dichas materias singulares – también llamadas competencias no homogéneas –. Según algunos expertos en el acuerdo entre Zapatero y el tripartito catalán se infló la valoración de dichas competencias no homogéneas, de tal manera que se sustrae una muy relevante de la financiación total que recibe Cataluña para el cumplimiento de las competencias homogéneas. Este indicador de financiación homogénea es el que se presenta a la opinión pública, por lo que se transmite la idea de que el gobierno catalán está mal financiado.

La Generalitat de Cataluña también recibe recursos en proporción superior a su población

El término “habitante ajustado” significa que los datos no se ponderan por habitante real sino por estimaciones que muchas veces no corresponden a la realidad. Es el caso de Madrid y Andalucía en donde la población ajustada es sustancialmente inferior a la real, lo que ocasiona que el cociente de la financiación por habitante ajustado sea superior al existente por habitante real.

Y hay todavía más… En el año 2012, en un contexto de recesión económica el gobierno español creó el Fondo de Liquidez Autonómico, una línea de crédito a través de la cual el Estado transfiere recursos a las comunidades autónomas para que éstas no tuvieran que buscar financiación en los mercados, pues en ese caso habrían entrado en “default” por cuenta de los altísimos tipos de interés. Desde su establecimiento, el Estado ha repartido unos 180.400 millones de euros. La comunidad más beneficiada ha sido Cataluña que ha recibido desde 2012 un 33% de los recursos del Fondo, es decir, unos 58.800 millones de euros.

Ya quedó demostrado que no existe ningún expolio fiscal hacia Cataluña. Antes bien, es una de las más comunidades autónomas que resultan más favorecidas por el actual sistema de financiación. Probablemente, alguien alce su voz en contra de este favoritismo, argumentando que el sistema debe ser más “justo” y “racional”, proponiendo un reparto más equitativo entre las autonomías. Es entonces cuando los libertarios debemos dejar claro de una vez por todas que la fiscalidad, cualquiera que sea su apariencia, es un vasto sistema de robo y opresión, por el cual algunas personas pueden vivir coactiva y parásitamente a expensas de otros. Estamos hablando de impuestos, es decir, de robo.

Sólo para que Cataluña tuviese el monopolio del algodón, España pagó el 1% del PIB

Antes de finalizar, permitámonos recordar algunos privilegios, no necesariamente fiscales, de los que ha gozado Cataluña a lo largo de los años. El historiador Gabriel Tortella nos recuerda que durante el siglo XIX el gobierno central estableció una política proteccionista sobre la industria textil catalana, lo que afectó gravemente al consumidor español promedio,  “sólo para que Cataluña tuviese el monopolio del algodón, España pagó el 1% del PIB”. En el siglo XX, en plena dictadura franquista – uno de los periodos históricos más vapuleados por los independentistas – el Caudillo estableció por decreto que solo Barcelona y Valencia podrían realizar ferias de muestras internacionales, un monopolio que duraría 36 años. En 1950 se eligió a Barcelona como sede de la fábrica de Seat (Sociedad Española de Automóviles de Turismo), la única marca de coches española. En la era democrática destacan dos hechos: la elección de Barcelona como sede los Juegos Olímpicos de 1992, que se concibió como un proyecto de Estado, y la relación de cercanía entre el gobierno de Felipe González y empresas catalanas del sector energético, en 1994, el socialista entregó Enagás (monopolio de la red de transporte de gas en España) a manos catalanas, lo mismo ocurriría con Repsol.

  • Cataluña fue un país. La refutación de este argumento podría ocupar volúmenes completos. Lo que debe tener presente el lector es que el gobierno autonómico catalán se ha empeñado en difundir una versión falsificada de la Historia…. Algo más.

Cataluña nunca ha sido independiente. En la Edad Antigua se destaca la presencia de diferentes grupos colonizadores en territorio catalán, como los griegos y cartagineses (siglos VIII a VI a.C); la expansión de tribus ibéricas como los indigetes, los ceretani y los airenosinos, ya para el siglo V a.C, la civilización ibérica había comenzado a consolidarse en la parte oriental de la Península.

En el siglo II a.C comienza la romanización de la Península Ibérica de la que Cataluña no sería ajena. La mayor parte del actual territorio catalán se convertiría en Hispania Citerior, una de las dos provincias en las que quedó dividida inicialmente Hispania. Después del año 27 de la Era Común, formaría parte de la nueva provincia de Tarraconense.



Tras la caída de la parte occidental del Imperio Romano en el siglo V, los visigodos liderados por Athaulf se establecieron en Tarraconense. En el año 475, la actual Cataluña se incorporaría al reino de Tolosa, establecido por el rey Eurico. En los siglos siguientes el reino visigodo perdería la mayor parte de su territorio al norte de los Pirineos, por lo que cambió su centro administrativo a Toledo. Finalmente, en el siglo VIII sucumbiría ante los musulmanes. Durante esta época, los francos combatieron a los invasores en sus incursiones al norte, estableciendo en la Península Ibérica la “Marca Hispánica” donde se establecieron una serie de condados cristianos.

Durante el siglo IX, gran parte del actual territorio catalán estaba compuesto por aquellos condados, de los cuales el más importante era el de Barcelona, establecido en el año 801 por Luis el Piadoso, hijo de Carlomagno. En el siglo X, dichos condados continuaron dependiendo formalmente del Imperio Carolingio y experimentaron un importante desarrollo social, destacándose la aparición de los aloers, pequeños propietarios campesinos que terminarían convertidos en vasallos tras la consolidación del sistema feudal un siglo más tarde.

En los siglos siguientes, los condados catalanes fueron expandiéndose en número y el Condado de Barcelona emergería como el más poderoso de todos. De hecho, el término “Cataluña” aparece por primera vez en una crónica de principios del siglo XII llamada el Liber maiolichinus, en la que se llama a Ramón Berenguer III, Conde de Barcelona, como dux catalanensis, entre otros apelativos de poderío.

El economista Jordi Franch Parella afirma que los condados catalanes tenían un sistema social que se caracterizaba por la libertad de los campesinos, y por la sumisión de los condes a la Lex Visigothorum, ley que recogía parcialmente el Derecho Romano.

Los condados catalanes tenían un sistema social que se caracterizaba por la libertad de los campesinos

En 1137, se estableció una unión dinástica entre el Reino de Aragón y los condados catalanes, con el matrimonio de la reina Petronila de Aragón y Ramón Berenguer IV, Conde de Barcelona. Su heredero Alfonso II de Aragón consolidó la unión dinástica al proclamarse como “rey de Aragón, conde de Barcelona y marqués de Provenza”. De esa manera se constituyó la Corona de Aragón, una entidad política que llegó a consolidar un auténtico imperio marítimo durante los siglos XII y XIII, el cual comprendía partes de la actual Francia, Valencia, las Islas Baleares, Cerdeña y Sicilia.

El Estado resultante fue una monarquía pactista, una confederación de entidades políticas que conservaron sus instituciones tradicionales, manteniéndose unidas nominalmente en la figura del rey de Aragón, cuyo poder estaba limitado por las normas de derecho consuetudinario.

Cada entidad política poseía sus propias Cortes. En el caso de Cataluña, funcionaron desde el siglo XIII hasta el XVIII, eran convocadas por el rey de Aragón y estaban compuestas por tres “brazos”: el eclesiástico, el militar y el real. Cuando el rey proponía las leyes y éstas eran aprobadas, recibían el nombre de “Constituciones”, cuando se aprobaban las leyes propuestas por los brazos se denominaban “Capítulos de Cortes”. A partir del siglo XIV al territorio bajo jurisdicción de las Cortes se le conoció como Principado de Cataluña, el cual se mantuvo como sujeto de la Corona de Aragón.

En el siglo XV, la Corona de Aragón se expandió hasta la Italia continental con la anexión del Reino de Nápoles en 1443. Años más tarde, en 1469 se produciría la unión dinástica entre la Corona de Aragón y el reino vecino de Castilla. De ese modo, a finales de la Edad Media existían cinco grandes reinos en la Península Ibérica: Portugal, Navarra, Castilla y Aragón, y Granada. Éste último era un reducto del dominio musulmán que desaparecería en 1492 tras el fin de la Reconquista.

En 1512, Castilla y Aragón invadieron Navarra, dando vida al Reino de España (o de las Españas). Al ser una monarquía pactista, cada territorio mantuvo su autonomía política, legal, fiscal y monetaria. Los reinos constituyentes sólo tenían en común el hecho de tener el mismo rey, nada más.

  • Cataluña es una nación oprimida desde 1714. Otra mentira histórica. Para entender por qué retrocedamos hasta 1702, año en el que estalla la Guerra de Sucesión en España. El rey Carlos II, último Habsburgo, murió sin descendencia y no existía claridad sobre quién debía sucederlo. La cuestión se dirimió a favor de Felipe, Duque de Anjou, de la Casa de Borbón, sobrino nieto del monarca fallecido y nieto del Rey Luis XIV de Francia.

Ante la amenaza de una expansión del poderío francés, algunas potencias europeas como Inglaterra, Austria y la República Holandesa (la Gran Alianza) apoyaron la pretensión del Archiduque Carlos, de la Casa de Austria. Al no poder zanjar el conflicto pacíficamente, se declaró la guerra en mayo de 1702. En España, surgieron dos bandos: aquellos que defendían el reinado de Felipe V (cuyo bastión se encontraba en el reino de Castilla) y aquellos que secundaban la propuesta de la Gran Alianza (cuyo bastión era el reino de Aragón, que incluía Cataluña).

El conflicto se prolongó hasta 1713-1715, periodo en el que tuvo lugar la Paz de Utrecht, un conjunto de tratados que pusieron fin a las rivalidades: el Tratado de Utrecht (1713), el Tratado de Rastatt (1714) y el Tratado de Baden (1714). Como resultado, España perdió sus posesiones en Europa, las cuales pasaron a la Casa de Austria. Como compensación, la Casa de Borbón retuvo el poder en la España tanto en la Península como en América.

En 1716, Felipe V promulga el Decreto de Nueva Planta de Cataluña – en el marco de los Decretos de Nueva Planta que afectaron a todo el país – por el que se sustituyeron las instituciones del Principado de Cataluña por otras de inspiración castellana. Con ello se introdujo la centralización del poder en España. Sin embargo,  el historiador Pedro Voltes Bou  aclara que esta reforma alcanzó sólo a la esfera política y administrativa, sin afectar la vida material del pueblo catalán ni su lengua ni diversas instituciones singulares, como sus fuentes de Derecho y la organización de los gremios.

Cataluña siempre ha estado vinculada a lo que hoy conocemos como España por lo menos desde la Antigüedad. Cataluña no puede entenderse sin España, ni viceversa.

En resumen, hemos visto que Cataluña siempre ha estado vinculada a lo que hoy conocemos como España por lo menos desde la Antigüedad. Cataluña no puede entenderse sin España, ni viceversa. Si bien no es el propósito original de este artículo, no sobra hacer un breve comentario sobre la historia de España en clave libertaria, destacando que su proceso de formación se ha desarrollado en gran medida por vías pacíficas, a partir del aprovechamiento de elementos unificadores como la geografía, la profesión de la fe cristiana, la defensa contra un invasor común (los musulmanes) y el uso espontáneo del castellano como lingua franca. Otro elemento notable es la organización política, basada en el confederalismo y en la preferencia por los pactos, sobre el uso de la fuerza. La unión de los distintos reinos, condados, principados y señoríos no supuso la opresión, pues se mantuvo el respeto por las instituciones y modos de vida propios de cada entidad política, hasta el siglo XVIII con la centralización del poder efectuada por Felipe V.

[2] El sistema de financiación de las comunidades autónomas de régimen común – Euskadi y Nafarroa están cobijadas por un sistema especial – se rige en la actualidad por la Ley 22/2009, del 18 de diciembre. El modelo acordado establece que la financiación de las competencias autonómicas se realice a través de dos partidas: los tributos cedidos y la transferencia de diversos fondos. A su vez, los tributos cedidos se dividen en dos: aquellos no sujetos a liquidación, que son gestionados y recaudados directamente por las comunidades autónomas, por lo que no estás sujetos a liquidación por parte del gobierno central. En esta categoría encontramos el Impuesto sobre Transmisiones Patrimoniales y Actos Jurídicos Documentados, el Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones, tributos sobre el juego, y el Impuesto Especial sobre determinados medios de transporte. Por su parte, los recursos sujetos a liquidación son impuestos que se liquidan por parte de la Administración General del Estado, a saber: la tarifa autonómica del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF), el rendimiento cedido del Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA) y de los Impuestos Especiales de Fabricación.

Además, la financiación de los servicios transferidos a las comunidades autónomas de régimen común se complementa mediante la transferencia de cuatro fondos: de garantía, de suficiencia, de cooperación y de competitividad.

*David Chávez Salazar es economista con estudios en pronóstico macroeconométrico y mercado de capitales. Miembro investigador del Tanque de Pensamiento Ludwig von Mises. Apasionado por la historia.

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