sábado, julio 20, 2019
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ROMA, una nostalgia chilanga.

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Por: Tere Quezada*

Una gran historia con un elenco de actores indígenas hubiera sido espectacular, ensalzar lo notable y recordar lo valioso en épocas del deterioro social hubiera sido un gran tema, hubiera sido la gran nota fílmica, hubiera sido el recordatorio del porqué el Cine es un gran arte.

El arte es la vía que puede recordarnos que podemos brillar como sociedad, que somos creación, que estamos hechos para la belleza y no para las bajezas humanas. El arte es el artífice por donde la esencia del ser humano puede manifestarse con todas sus formas, no es necesario recurrir a la vergüenza humana para tocar las conciencias e intentar cambiar la vileza de las costumbres.

Hay un sinnúmero de maneras de despertar a la conciencia social, de despertar a la esencia del buen vivir y del convivir, hay mejores maneras de hacer que los “otros” se responsabilicen de sus malas acciones, de su trato perverso hacia los demás; la luz que golpea la oscuridad del otro pega tres veces más fuerte porque incide en aquél que se siente superior, provoca que la gente tenga conciencia de su degradación humana más fácil cuando usamos las herramientas de su propia fealdad, y el arte del cine nos proporciona todo esto y más. Una obra fílmica indígena pudo darle a Cuarón la obra maestra de su carrera como cineasta; sin embargo, siguen todos quedándose, él, Iñárritu y del Toro, siguen mal utilizando la plataforma del cine, cuando de política se trata, claro está.

Qué pena que Alfonso Cuarón haya optado por la vía más básica para haber creado Roma, haberse ido por la plataforma de la grilla izquierdosa le impidió haber superado a Gabriel Figeroa en composición. Qué faltos de metas aspiracionales como personas tienen estos artistas que no han podido dejar su chairismo chilango, casi es un sello en ellos. Diego Luna y Gael van en el mismo tenor, bueno, han estado siempre en ese tenor, como si quisieran llevar su escenario izquierdoso y no su arte a las multitudes, utilizan el arte y los estrados de élite para imponer su visión mediocre de la política que profesan, sin importarles que no a todos les interesa y que una gran mayoría poco les importa su país de origen.

Persiste esa malsana psicología del lloriqueo.

La manera en que presenta el clasismo y el racismo innegable hacia los indígenas de México con Roma fue muy desafortunada, no había necesidad de poner a todos en jaque, de mostrar a sus compatriotas como son: sí, racistas, clasistas e inmensamente groseros, pero las formas son necesarias, y son necesarias porque se debe aspirar a mostrar el error, pero no desde la peor de las perspectivas sino desde la más elevada, cuando se trata de cine, claro.

Haber hecho de Yalitza la pared donde muchos se estrellaron no fue nada bonito para ella. Cuarón no tenía el derecho de utilizarla como objeto, de demostrarle al mundo cómo una persona puede ser atacada pretendiendo denostar a todo un pueblo, ¿qué ganaba con eso?, ¿Óscares? Vaya manera de aspirar en la vida, los premios del Ego no crean buen cine ni dejan el trabajo o la obra a perpetuidad. Roma no será recordada por nada bueno, jamás pasará a ser parte de un archivo fílmico importante, le falta argumento y una buena historia. Una indígena que limpia las miserias humanas sin respaldo argumentativo no es nada, y por lo mismo, le falta valor estético a la fotografía.

Roma sencillamente evocará la época obradorezca de la destrucción. Fuera de ese contexto no tendrá ningún otro valor salvo el emocional de la nostalgia chilanga de los tiempos de la Colonia Roma. Eso es imperdonable para un cineasta que logró con Gravity una maravillosa técnica fílmica. Como pocos.

Por su parte, Yalitza es la gran ganadora por haber estado en el lugar, el tiempo y con la persona correcta. Deseo aproveche esta gran oportunidad que la vida misma le ofrece, es un regalo, pero nunca hubiera sido igual ver a doce o quince indígenas (hermosamente vestidos) con una gran historia que, a una mujer indígena sola, y, emulando, claro está, a Gabriel Figueroa.
Los Óscares se hubieran vestido de una gran gala. Le faltó elegancia a Cuarón y le sobró chairismo. Qué pena.

*Tere Quezada es maestra de inglés como Segunda Lengua con una sub especialidad en Fonética y un minor en Historia Asiática Comparada e Historia Constitucional de los Estados Unidos de Norteamérica por la Universidad del Estado de California.

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