sábado, julio 20, 2019
internacionalsociedad

Sobre la Doctrina Estrada y las dictaduras

652views

Por: Hiram Pérez Cervera*

La reciente crisis que vive Venezuela ha tomado un nuevo giro cuando el presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, tomó protesta como presidente encargado en medio de una inmensa manifestación en las calles de la ciudad de Caracas. Todo esto dentro del contexto del desconocimiento al proceso electoral del año pasado, donde Nicolás Maduro resultó electo, en medio de polémicas, debido a lo dudoso que fue el resultado de los comicios[1].

Luego de asumir como presidente encargado, Guaidó recibió de inmediato el reconocimiento del gobierno de Estados Unidos con lo que se desató una oleada que ya suma el apoyo de 16 países alrededor del mundo, siendo Australia el más reciente al momento en que se escribe esta nota.

Sin embargo, hubo un gran ausente dentro de todo este apoyo hacia el pueblo de Venezuela. México decidió continuar reconociendo el gobierno de Nicolás Maduro y con ello, dar de facto respaldo a su gobierno. Desde 2015, México tuvo como parte importante de su política convencer a los países de la Organización de Estados Americanos (OEA) de que en Venezuela existía una situación que atentaba contra la democracia y los Derechos Humanos, el resultado fue la creación del Grupo de Lima. Con el cambio de administración y la entrada del nuevo presidente Andrés Manuel López Obrador, la política exterior ha dado un giro de 180° con el retorno de una vieja práctica política en relaciones exteriores conocida como doctrina Estrada.

Esta decisión ha causado inconformidad que va desde la sociedad hasta la esfera política, porque da la impresión de que el gobierno mexicano hace ojos ciegos a la represión que hoy suma 29 muertos[2], y la pregunta que queda por hacerse es ¿Qué es la doctrina Estrada?

Formulada por el Secretario de Relaciones Exteriores, Genaro Félix Estrada en 1930, esta doctrina establece que México, en virtud del respeto a la autodeterminación de los pueblos, no hará pronunciamiento alguno sobre la calidad o legitimidad de ningún gobierno, reduciendo así las acciones a la retirada o mantenimiento del personal diplomático según sea la valoración del gobierno mexicano, misma que terminó por consagrarse en el artículo 89, fracción X de la Constitución.

Su principal función fue defender a México de una práctica en relaciones exteriores muy común en esa época, la de conseguir el reconocimiento de otros países para que el gobierno tuviese legitimidad dentro de la Comunidad Internacional, lo que propiciaba acuerdos entre potencias y países emergentes que resultaban muy desfavorables para los segundos. México, en décadas anteriores había padecido, no sólo el desconocimiento sino también de estos acuerdos desfavorables.

Con el paso del tiempo, el contexto de las relaciones entre países cambio drásticamente y estos acuerdos fueron saliendo del escenario, por lo que la principal tarea de esta doctrina perdió vigencia, incluso México tomó parte muy activa en sucesos internacionales como su protesta ante la Sociedad de Naciones, en 1938, por la anexión de Austria por parte de la Alemania nazi, siendo el único país en mostrar su rechazo o como su participación en caídas de gobiernos autoritarios como el de Anastasio Somoza en Nicaragua en 1970.

No debe dudarse de las intenciones con las que fue elaborada esta doctrina, sin embargo, como toda práctica o teoría política elaborada con buenas intenciones, no hay garantía de que no pueda usarse para propósitos reprochables. Una de las principales metas de esta doctrina fue la reciprocidad, es decir que, si México no hacía pronunciamientos sobre la legitimidad de ningún gobierno, esperaba que ningún país emitiera pronunciamiento alguno sobre la legitimidad del gobierno mexicano y así evitar críticas sobre la violación de Derechos Humanos, que era una constante durante el mandato del Partido Revolucionario Institucional (PRI).

 En este punto radica la principal crítica que ha de hacerse a esta doctrina, ya que, al evitar hacer señalamientos de esta índole, México se cierra al escrutinio que otras naciones pudieran hacer sobre el proceder político del gobierno mexicano.

No pronunciarse sobre la falta de legitimidad de un gobierno, abiertamente autoritario, y apelar a la doctrina Estrada, debe ser para nosotros un aviso sobre lo que podría suceder en un futuro no muy lejano dentro de nuestro país. Tan sólo basta analizar quienes han mostrado respaldo, junto con México, al régimen de Nicolás Maduro para notar que hay bastantes gobiernos que comparten la característica de ser autoritarios. Si sumamos esta postura a las acciones emprendidas por el gobierno encabezado por López Obrador, parece que tenemos suficiente información para advertir que estamos ante el retorno de esos gobiernos autoritarios que pensamos habíamos dejado atrás en el año 2000.

¿No le parecen muchas coincidencias, estimado lector?

*Hiram Pérez Cervera es internacionalista, enfocado en el estudio del impacto de la política sobre la economía. En twitter lo encontrará como: @hiram_perezc


[1] Para más información sobre las irregularidades en la elección, consultar: https://www.lanacion.com.ar/2136369-denuncias-y-alta-abstencion-en-las-cuestionadas-elecciones-en-venezuela

[2] Fuente: https://www.excelsior.com.mx/global/se-eleva-a-29-cifra-de-muertos-por-protesta-en-venezuela/1292655

Leave a Response

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.