jueves, diciembre 5, 2019
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Sobre Armando Vega-Gil

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Por: Sergio Romano Muñoz*

La primera vez que supe de Armando Vega-Gil como individuo fue cuando era colaborador de la revista “La Mosca En La Pared”, de Hugo García Michel, revista musical de corte muy snob pero que tenía un prestigioso cuadro de colaboradores, incluyendo a los escritores Eusebio Ruvalcaba, José Agustín y Naief Yehya, entre otros.

Vega-Gil era un músico y escritor nacido en 1955 que, junto a otros creadores veteranos: Sergio Arau (ex-miembro del grupo La Ley de Herodes, caricaturista, colaborador de los periódicos Unomasuno y La Jornada y cineasta; sobrino del comediante Sergio Corona e hijo del director Fernando Arau) y Francisco Barrios “El Mastuerzo” (baterista y activista); creó la banda Botellita de Jerez en 1983, banda seminal del rock mexicano, que sirvió de puente entre la generación de grupos perseguida por los gobiernos de Echeverría y López Portillo y la generación de grupos como Café Tacuba, Santa Sabina, Maldita Vecindad y Caifanes, profundamente influenciados por “los Botellos”. Como tal, la huella de Vega-Gil (y del grupo) es profunda, más por su significado cultural que por su habilidad musical, que es más bien limitada.

El estilo de la banda se resumía en el dicho “naco es chido”, y si bien los integrantes no eran exactamente chicos banda -antes todo lo contrario-, sí reivindicaron esa parte folklórica del país, manejando una imagen cursi en donde la iconografía de la lucha libre convivía con letras a la vez cómicas y críticas, como se ejemplifica en “Alármala de Tos” sobre cómo el diario amarillista Alarma! manejaba sus historias: una niña jorobada que era explotada por su familia depravada trata de pedir ayuda a un polícia, que la viola y la mata, todo cantado en un tono jocoso y alegre. Café Tacuba le hizo un cover en 1996, exitoso pero bastante desafortunado ya que perdía toda la intención original y se toma demasiado en serio a sí mismo.

Vega-Gil era escritor, asimismo. Estaba muy influenciado por los escritores de “La Onda”, esa corriente de escritores mexicanos que fueron la contracultura nacional en la década de 1960 donde intentaban romper con la tradición literaria al usar lenguaje coloquial y utilizar artilugios poco convencionales como publicar un libro con textos al derecho de un color y otros al revés de otro. Vega-Gil exportaba la sensibilidad humorística de Botellita de Jerez a sus propios escritos, a veces muy crudos, inscritos en ese humor que hoy se llama “edgy”.

Y sus colaboraciones en La Mosca en la Pared tenían ese mismo patrón. Sus colaboraciones solían ser narraciones escritas de manera ágil y entretenida, muy crudas pero ocurrentes, sobre las peripecias de la banda.

Por ejemplo, una serie de artículos se llamaba “Cogerse Viejitas”. En ellas narraba cómo tenía que recurrir a prostituirse para poder sobrevivir en cierta etapa. Dicha serie coincidió con el triunfo de Vicente Fox a la presidencia, y desde la revista se llamaba, con preocupación, a lo que llamaban “visibles y preocupantes signos de resurgimiento de grupos de derecha”.  

En una entrevista dentro de la propia Mosca, Vega-Gil, declarado izquierdista, se decía azorado por un fenómeno creciente: cómo iba recibiendo, cada vez más, mensajes que se quejaban del tono y contenido de sus colaboraciones, poniendo como ejemplo la reacción que tuvo la citada “Cogerse Viejitas”, por la que recibió mentadas de madre y amenazas de muerte. Vega-Gil se las atribuía, al igual que la revista, a un avance a la ideología de derecha.

Hoy, casi veinte años después, sabemos que eso no es cierto. Ahora quienes censuran, fiscalizan el lenguaje y dictan las nuevas normas morales, de las cuales nadie puede escapar so pena de convertirse en un paria social, provienen de la más extrema de las izquierdas.

Esa izquierda a la que Vega-Gil pertenecía. Esa izquierda feminista, postmoderna, multicultural, que se erige en juez y parte. Esa izquierda que ha parido el “Me Too”, en principio una gran idea (¡sí hay que creerle a las víctimas, faltaba más, pero se tiene que probar!) pero que se ha convertido en herramienta para ajustar cuentas sin pruebas.

Esa izquierda que finalmente se volvió contra Armando Vega-Gil, ícono cultural, izquierdista, postmoderno, aliado. Y le mató.

*Sergio Romano Muñoz es, además de libertario convencido, experto en la industria del entretenimiento. Ha sido agente de artistas, productor de radio y TV, scouter de bandas musicales y director de una editorial. En la actualidad trabaja en su primera novela y en una serie de cómics.

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