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Por: Héctor Uriel Rodríguez Sánchez*

[dropcap type=”default”]H[/dropcap]ace algunos días vi este post en algunos muros. El mismo ha creado división profunda entre supuestos expertos matemáticos y estadísticos con y sin sesgo político que manifiestan que los números en él expresados son falsos de toda falsedad. En honor a la verdad me he dispuesto a ver de dónde han salido los numeritos y me he adelantado a los amigos de Verificado 2018 a quienes no les quisiera cargar el horroroso encargo de hacer unas cuantas multiplicaciones, sumas y restas.

Para empezar, la encuesta dichosa puede ser encontrada en su fuente original aquí:http://gruporeforma-blogs.com/encuestas/ En esta fuente he corroborado la metodología, que copio textual:



“Encuesta nacional en vivienda realizada del 24 al 27 de mayo de 2018 a mil 200 credencializados. Diseño de muestreo: bietápico, estratificado y por conglomerados. Error de estimación: +/- 3.8% al 95% de confianza. Tasa de rechazo: 29%.”

Es decir, la encuesta se aplica a 1200 personas, pero, 29 % de ellos la rechazan, o sea, no es que no quisieran contestar, sino que simplemente dijeron “ahorita no joven”. ¿Cuántas personas son esas? 1200 x 29% = 348, lo que quiere decir que los resultados que se publicaron representan a los que no rechazaron, pero eso no quiere decir que contestaran. Así las cosas, de los 1200 solo 852 (1200 – 348) aceptan la encuesta. En el cuadrito de la encuesta, aparece otro dato, que son precisamente los que aceptan, pero no contestan. Ese dato nos dice que son 17% los que no son considerados. Es decir, tenemos dos alternativas de lectura, o son 17% de los 1,200 o son 17% de los 852 que quedaban. Por algún motivo esto no se aclara. Así que el escenario 1, que es que sea de los 852, lo que implicaría que respondieron: 707.16 (852 x 17%) lo que no parece correcto, pero lo comprobaremos más adelante. En cambio, si consideramos el 17% sobre los 1200 tenemos: 204 (cerrado), o sea que 204 personas aceptaron la encuesta, pero no contestaron. Teníamos 852 y quitamos esos 204. Quedan 648. Ahora bien. ¿De los 1200 originales, cuantos no contestaron entonces la encuesta, sea por que no la aceptaron o porque aceptaron y no respondieron? – El resto: 552. Y así sale el dichoso numerito del post azul.  Si 52% es el porcentaje calculado para AMLO, entonces 337 personas serían las máximas posibles que pudieron contestar “Votaré por AMLO”, ¿Por qué digo máximas posibles? – Por que el mismo cuadrito chiquito de la encuesta dice “Preferencia Efectiva”, es decir que los indecisos fueron repartidos proporcionalmente (o discrecionalmente) entre los que sí contestaron por quién votarían y por ello no hay una barra de indecisos, lo que en su caso, naturalmente, disminuiría los porcentajes de las barras de los candidatos. Visto todo lo anterior:

  • Suponiendo que no hubiera indecisos, lo que es sumamente improbable, solo 337 personas habrían respondido “AMLO”.
  • Si sí hubo indecisos no sabemos cuantos fueron, podríamos saberlo en el informe completo, pero aún no se publica en el INE: http://www.ine.mx/voto-y-elecciones/encuestas-electorales/principales-resultados-2017-2018/Suponiendo que hubiera una tasa de indecisos del 10% (baja, pero posible y aceptable) se tendrían 65 personas que aceptaron la encuesta, pero no contestaron (648 x 10%) Aplicando la proporcionalidad, 52% de ellos habrían sido sumados a AMLO para pasar de preferencia bruta (el dato obtenido) a preferencia efectiva, lo que anuncia la encuesta. Lo que querría decir que 34 personas no habiendo contestado fueron proporcionalmente añadidas a quienes sí contestaron AMLO. Dejando en 303 (347 – 34) el resultado “bruto” a su favor. 303 son el 46.8 % de las 648 encuestas respondidas. El criterio de efectividad da a AMLO 5.2 puntos porcentuales más, haciéndolo rebasar del 50%  Entre tanto, siguiendo la misma regla, Anaya habría tenido 168 efectivos, es decir 26% de 648, y le habrían sido asignados por el criterio de efectividad 17, por lo que su preferencia bruta sería de 151 personas (168 – 17). Que representan 23.3%  de 648. En este caso el criterio de efectividad solo le da 2.7 puntos porcentuales adicionales, pues su resultado efectivo es del 26%. Meade, por su parte, tendría una preferencia efectiva de 123 personas, pero una preferencia bruta de 12 personas menos. Es decir, tendría la preferencia bruta de 111 personas, que le dan 17% de 648, recibiendo 2 puntos porcentuales extras por el criterio de efectividad, para llegar al dato de 19%. Así, el resultado bruto de la encuesta con 10% de indecisos sería: AMLO: 46.8%, RA: 23.3%, JAM: 17%, Indecisos 10% y Bronco 2.9%. Distinto y menor al 52% de AMLO, 26% de RA, 19% de JAM y 3% de Bronco.
  • Finalmente ¿Qué tan confiables son estos números en términos estadísticos? La certidumbre de una encuesta depende del tamaño de la muestra, así una encuesta 100% confiable, solo puede obtenerse por un censo, es decir, preguntando a todo el universo su preferencia, y aún así habrá sesgos, dados por las preguntas, la forma de iniciar la encuesta, la cara o voz del encuestador, el momento en que se pregunta, etc. La encuesta publicada por Reforma, dice que el nivel de confianza, es decir, la probabilidad de que sea correcta, es del 95% esto se traduce a que lo esperado es que 95 veces de cada 100 que se aplica la encuesta se obtengan los mismos resultados. Lo que implica un rigor estadístico adecuado y por tanto da confiabilidad a la encuesta. Ahora bien, la muestra ideal era de 1200 encuestas respondidas, que equivaldría a un error de +-2.8%, distinto al publicado de +-3.8% ¿Por qué se da esta diferencia? precisamente por que Reforma calcula el dato del error a partir de la cantidad de encuestas respondidas (la muestra real) y este es precisamente el número mágico que buscamos, pues si la encuesta hubiera considerado como muestra a las personas que aceptaron la encuesta que fueron 852 (Tasa de rechazo de 29% de 1200) al ser éste el tamaño de la muestra, el margen de error sería del 3.4%. Por tanto, ese no fue el tamaño de la muestra. Si se hubieran considerado  los 1200, el error sería aún menor: 2.8%, y si se hubieran considerado los 707.16, o sea, si los que no contestaron fueran el 17% de los que aceptaron la encuesta, el error sería de 3.7%. En cambio, si la muestra es de 648 personas, (hipótesis en la que se basa el post azul y dato sobre el que he construido esta argumentación), el error correspondiente es precisa y justamente el +- 3.8% que publica reforma.

En conclusión:

La muestra de Reforma para esta encuesta es de 648 personas, si AMLO obtuvo una preferencia efectiva de 52%, máximo 337 pudieron haber respondido que votarían por él, y el mínimo dependería de la cantidad de indecisos que son obviados al pasar a preferencia efectiva. Si estos hubieran sido 10%, En realidad “por AMLO” habrían respondido de viva voz solo 303 personas. Dado el criterio discrecional de efectividad que utiliza Reforma para pasar del resultado bruto al efectivo AMLO obtendría aproximadamente 5 puntos porcentuales adicionales.

El problema es que 303 es solo el 25% de 1200 y estos 1200, independientemente de por qué no hayan querido responder a la encuesta están en posibilidades de votar ¿Hay forma estadística valida que sostenga que con una muestra de 648 personas puedo determinar cómo piensan 1200? – De hecho sí, 648 es una muestra válida para inferir las características de 1200, y es por ello que el nivel de error en el ejercicio completo es el que cambia, sin embargo, es necesario leer con cuidado la encuesta, pues presenta parcialmente la realidad.



Visto lo anterior, el 52% de preferencia para AMLO publicado por Reforma no es un mito, pero tampoco una verdad absoluta tan válida como decir que de una muestra de 1200 personas solo 25.25% (303) respondió que votaría por AMLO. Al parecer no solo es cierto que esta encuesta presenta los resultados de manera poco clara y genera una percepción engañosa, además cada vez parece comprobarse más que las encuestas son de quien las paga y se han convertido en publicidad electoral. En última instancia el post llamado “la Encuesta de Reforma por Número de Personas” es casi correcta, salvo por que no considera el ajuste para pasar de preferencia bruta a efectiva y el consiguiente “empujoncito” que Reforma le da a AMLO de 5 puntos, aproximadamente.

Para revisar por ti mismo el cálculo del tamaño de la muestra y el error, te comparto un simulador en excel. https://www.dropbox.com/s/blu8um46zd876cx/calculoDelTamanoDeLaMuestra.xls?dl=0

Héctor Uriel Rodríguez Sánchez 

Ingeniero Mecánico y en Sistemas Energéticos

Maestro en Alta Dirección

Diplomado Black Belt en Formación Six Sigma

Director del Área Académica de Empresa, Marketing y Comunicación de la Universidad Internacional de la Rioja en México y Catedrático de Administración Estratégica en la Maestría en Alta Dirección de Instituciones de Educación Media y Superior de la UNAM.

Por: Víctor H. Becerra*

[dropcap type=”default”]U[/dropcap]n fantasma recorre México: El fantasma del “Voto Útil”. A poco menos de un mes de las elecciones presidenciales, en las redes sociales y en las columnas de opinión del país se debate sobre el rival con más posibilidades reales de vencer a Andrés Manuel López Obrador, el candidato filochavista, con la esperanza de movilizar un voto masivo en contra de éste, en favor de solo un candidato.



Pero más allá de la confiabilidad de las encuestas para determinar a al candidato mejor posicionado (hoy materia de litigio), lo cierto es que por ahora el llamado al “voto útil” no pasa de ser, la mayor de las veces, una herramienta partidista de campaña. Así, llamar a votar por un candidato específico que será el mejor posicionado para vencer a López Obrador, cuando aún faltan, por ejemplo, el tercer y último debate presidencial, y veintitantos días de campaña en los que todo puede pasar, resulta a todas luces, un exceso. Considérese que si se reconoce la posibilidad, difícil pero dentro de lo factible, de que Ricardo Anaya remonte los 18 puntos que lo separan de López Obrador, igual de factible es que José Antonio Meade supere los nueve puntos que lo separan de Anaya. Así que llamar hoy a votar por Anaya o por Meade como supuestos beneficiarios del “voto útil”, no pasa de ser una mera estratagema partidista.

Una estratagema que además de intentar manipular la real preocupación de millones de ciudadanos por un posible gobierno de López Obrador, oscurece otros temas igual de importantes.

En lo personal, creo que un eventual triunfo de López Obrador es cada día más y más factible, al menos mientras no haya un KO en su contra. En ese escenario, la única opción realista sería limitar a López Obrador con las leyes, los contrapesos y la crítica. Así, un congreso eficaz, juicioso e independiente (que pocas veces lo ha sido en el pasado) sería el último obstáculo al nuevo autoritarismo recargado, un valladar en contra de la regresión al poder absoluto que encarna López Obrador. Por ello, me parece que tantos voceros oficiosos a favor del “voto útil” harían una mejor contribución argumentando ante el electorado sobre la necesidad de negar a López Obrador una victoria arrolladora en el Congreso, pasando así, de la interesada y fantasmal argumentación por el “voto útil” a una argumentación más realista y urgente por el “voto dividido”.

Creo que un triunfo de López Obrador es cada día más y más factible, a menos que haya un KO en su contra.

Porque, ¿alguien tendrá confianza de que un Poder Legislativo en manos de López Obrador podrá ser uno razonable, que miré por los mejores intereses del país, después de ver el nivel de fanatismo de sus seguidores, sin respeto a la crítica, en defensa a ultranza de todas y cada una de las sinrazones de su líder, con futuros legisladores cuyo único mérito fue haber sido seleccionado a dedo por el propio López Obrador y electos únicamente por aparecer junto a él en un afiche electoral, profesionales del aplauso incondicional al mesianismo que él encarna, que apoyarían ciegamente cualquier atropello y capricho de sus peores asesores? Un Congreso así sería capaz de incendiar el país solo para hacer a Lopez Obrador el rey de las cenizas.

Un Congreso con mayoría de López Obrador sería una receta fatal para el entendimiento, la confianza y las libertades, en donde los platos rotos de la discordia y el abuso (en cantidades monumentales) terminaríamos pagándolos todos los mexicanos. En cambio, un Congreso sin mayoría obligaría a López Obrador y a sus incondicionales a la negociación y a la prudencia, a la contención y a la efectiva rendición de cuentas, a privilegiar el sentido de Estado y no las ocurrencias de sus fanáticos más serviles.

Muchos estamos ciertos de que las diferencias entre López Obrador y sus tres rivales son de grado, no fundamentales. Reconocer las deficiencias de todos ellos implica decidir como adultos, como ciudadanos y no como porristas, por el mal menor entre realidades alternativas. En lo personal, no pienso votar por ninguno de ellos; todos me parecen fundamentalmente lo mismo. Pero eso no debiera implicar el renunciar a la defensa de la crítica, de la libertad de opinión y de la vigilancia sobre el poder frente a la emergencia de un nuevo autoritarismo.

Al respecto, ojalá hayamos aprendido que las actitudes antipolíticas (entre ellas, las de muchísimos liberales) sirven de base y justificación para procesos autoritarios que desprecian a los partidos políticos, pretenden pasar por alto los mecanismos democráticos de representación y fomentan las alternativas autoritarias, de los cuales López Obrador sólo ha sido sólo el resultado final y lógico.

Es necesario votar en contra AMLO en el Congreso y organizarnos, desde ya, para hacerle frente desde la sociedad y la crítica.

Los liberales venimos diciendo, desde hace mucho, que ningún candidato presidencial representa al liberalismo. En realidad, hoy los cuatro candidatos presidenciales solo son representantes del pragmatismo y de la cultura y prácticas políticas tradicionales de la sociedad mexicana; por eso todos ellos encabezan propuestas conservadoras en lo social, autoritarias en lo político y populistas en lo económico, aliados a agrupaciones y personajes corruptos y mercenarios, que miran con añoranza al pasado. Todos ellos representan una restauración de la tradición política del PRI, de autoritarismo nacionalista, con diferentes etiquetas.



Frente a ello, es hora de convocar a la responsabilidad, a la participación social, a la vigilancia ciudadana, a rescatar el sentido de la crítica en oposición a la horda de creyentes  fanatizados que han renunciado a toda exigencia. Es necesario llamar en contra del suicidio social en ciernes, que lleva a preferir un nuevo rey absoluto en lugar de un modesto y simple representante de todos. Los liberales debiéramos asumir esta tarea como responsabilidad nuestra, en lugar de solo quejarnos y culpar a otros de nuestra inoperancia y marginalidad.

Sin vigilancia y sin contrapesos todo poder tiende a equivocarse en exceso. Un poder personalista como el de López Obrador puede acabar cometiendo muchísimos y graves errores en ausencia de crítica, de control político y de exigencia social. Incluso por el bien del propio López Obrador, es necesario llamar a votar en su contra en el Congreso y organizarnos, desde ya, para hacerle frente desde la sociedad y la crítica.

*Víctor H. Becerra es Secretario general de México Libertario. En Twitter: @victorhbecerra

Por: Gerardo Garibay Camarena*

[dropcap type=”default”]E[/dropcap]ste es un mensaje para todos los simpatizantes de José Antonio Meade, de Margarita Zavala, del bronco y para quienes no encuentran satisfactorio a ningún candidato. Es hora de tomar una decisión.



Éste no es el escenario ideal de casi nadie, pero llegamos al último mes de las campañas y sólo hay dos opciones reales para ganar la presidencia la República: Andrés Manuel López Obrador y Ricardo Anaya Cortés. Todos los demás podrán ser finísimas personas, eficientes funcionarios e interesantes figuras televisivas, pero no van a ser presidentes.

En este momento tenemos básicamente dos sopas.

La de Ricardo Anaya es una sopa de continuidad, con algunos aderezos reformistas interesantes y otros preocupantes, pero que en términos generales apuesta por consolidar la modernización que se ha trabajado en los últimos 30 años, que le ha permitido a México no sólo dejar atrás las catastróficas crisis económicas que marcaron la vida de nuestro país hasta 1994 y construyeron contrapesos para contener la voracidad de la clase política, exhibir a los corruptos e incluso ocasionalmente encarcelarlos.

La otra sopa, la del peje tenebroso, es una sopa ya echada a perder. Es algo peor que la continuidad, es el retroceso. Andrés Manuel nos quiere regresar a los tiempos del viejo PRI, populachero, demagogo, autoritario e ineficiente. Nos vende la visión idílica de un pasado que no fue sueño, sino pesadilla para millones de mexicanos, especialmente de los sectores medios y de las clases populares.

Para decirlo claro, los únicos que engordan con la sopa de obrador son los viejos políticos y los viejos empresarios acostumbrados a usar el manto del nacionalismo como pretexto para evitar la competencia, hacer chanchullos y vendernos productos caros y de pésima calidad.

Hoy mucha gente dice que el gobierno actual es más corrupto que nunca, pero no es cierto. Lo que pasa es que, gracias a los mecanismos de fiscalización, al respeto a la libertad de prensa y a las reformas en materia de transparencia, ahora sí nos enteramos de las transas de los gobernantes. Antes robaban mucho más, pero nunca se Investigaba y ni siquiera se denunciaba en la prensa, porque el gobierno ejercía la censura a través de los matones de la DFS y del control monopólico de la industria del papel.

En el México del tenebroso peje a quien denunciaba la corrupción, o le provocaban una huelga para cerrarle el periódico, o le impedían conseguir papel para imprimir o de plano directamente lo mataban.

Hoy, por el contrario, la prensa puede denunciar todo lo que quiera sobre Peña Nieto y mantienen su vida, su prestigio, sus ganancias y sus medios de comunicación.

Es cierto que la actividad del narcotráfico y la torpeza del gobierno federal en la “lucha contra las drogas” ha provocado un incremento de la violencia, pero aun así el número de homicidios simplemente regresó que a la que existía en los noventas y ochentas. Es decir, en ese pasado idílico al que nos quiere regresar Obrador, México era tan violento o incluso más que ahora, la diferencia es que no se publicitaba tanto, y la supuesta “solución” de Andrés Manuel no es tal: su amnistía empeoraría las cosas y fortalecería a los criminales para consolidar su control del país.

No nos engañemos, en esta elección está en riesgo mucho más que un color o un personaje, está en riesgo todo lo que dolorosa, lenta e incompletamente hemos avanzado durante las últimas décadas. Es cierto que la obra está inconclusa y en algunas partes está mal hecha, pero la solución no es tirarlo todo, como pretende Obrador, sino seguir construyendo y corrigiendo errores.

Como decía Winston Churchill no podemos ser imparciales, por ejemplo, entre los bomberos y el incendio. El incendio es el tenebroso peje. El bombero, el único que puede detenerlo, es Ricardo Anaya.

Por eso hoy te pido tu voto útil, tu voto indispensable para tener al menos la esperanza de detener al tenebroso peje y de evitar que sus ocurrencias y su autoritarismo nos regresen a los tiempos del viejo presidente omnipotente, a los viejos rencores del discurso revolucionario y a los viejos fracasos autoritarios del viejo PRI, que ahora se llama Morena.

En pocas palabras: No te pido tu voto útil por Anaya, sino tu voto útil a pesar de Anaya.

Sé que no confías en Ricardo, y para ser sincero a veces yo tampoco.

A mí, como a ti, el mensaje del candidato del frente me parece poco sincero. Al igual que a ti, a mí no me acaban de cuadrar sus explicaciones sobre el presunto lavado de dinero, a mí como a ti, no se me olvida la forma en que impulsó e impuso sus ambiciones presidenciales.

No te digo que votes por Anaya porque es honesto, porque tiene las mejores propuestas o porque es buena persona. De su honestidad tengo dudas, sus propuestas se dividen entre horrendas y positivas, y sinceramente no se si sea una buena persona. Quizá no le confiaría a Anaya mi amistad o mi casa, pero te suplico que votes por él, y que lo apoyemos juntos en este mes de campaña.

¿Por qué?

Porque Ricardo tiene miles de defectos, pero Obrador los tiene peor. El tenebroso peje se dice honesto, pero durante años no declaró ingresos y su nivel de gastos es notoriamente superior a lo que dice que gana, así que además de corrupto es mentiroso. Las propuestas de Obrador son todas horrendas, se dividen entre las que son horrendas y fantasiosas y las que resultan horrendas y retrógradas.

Andrés Manuel quiere eliminar los contrapesos a la figura presidencial, quiere fiscal a su modo, quiere someter los grandes proyectos del país a su capricho, quiere revertir los avances jurídicos de los últimos 30 años, quiere regresarle el poder a las mafias petroleras, quiere justificar a los ladrones y utilizarlos como grupos políticos de choque. Él y su equipo lo han afirmado incluso de manera directa, quieren convertir a México en una nueva Venezuela, y serían peor, porque aquí ya ni siquiera tenemos las cantidades de petróleo que lograron mantener a flote al chavismo durante sus primeros años.

¿Y entonces?

Este 1 de julio debemos elegir entre los bomberos y el incendio.

Ricardo puede tener 10 mil defectos, podemos cuestionar la forma en que consiguió el agua, la manguera y el camión, podemos verlo con desconfianza, pero aun así Anaya es el bombero, y siempre será preferible pasar los siguientes seis años cuestionando a ese bombero, en lugar pasarlos bajo el permanente dolor de las llamas de la demagogia y del populismo del tenebroso peje.



En 1998, el economista Henrique Salas Römer se enfrentó en las elecciones presidenciales con Hugo Chávez, y Chávez ganó de calle. Hoy, 20 años después, millones de venezolanos que se abstuvieron de votar o que votaron con el hígado y no con la cabeza, darían todo lo que les queda a cambio de regresar a esa urna fatídica y darle su voto a Salas Römer, a pesar de todos sus defectos.

Este mes y este 1 de julio esa misma decisión nos toca a nosotros.

Anaya no es lo ideal, no es para celebrar, pero sí es para sobrevivir y tener otros 6 años en los cuales consolidar la transformación de este país, y aspirar a tener mejores opciones en 2024. Obrador, el tenebroso peje, es básicamente el retroceso, el fracaso, el incendio.

 *Gerardo Garibay Camarena es editor de Wellington.mx, columnista en diversos medios digitales y autor de los libros “Sin Medias Tintas” y “López, Carter, Reagan”.

Por: José Juan Hernández Moncada*

El titulo hace un homenaje a la obra del celebre novelista guanajuatense  Jorge Ibargüengoitia, uno de los referentes de la novela histórica y política mexicana, autor de otra exitosa novela titulada: Maten al León, más ad hoc para las siguientes líneas; se trata del relato cómico ambientado en la ficticia república de Arepa, la cual es gobernada por un tirano que planea reelegirse por quinta vez y crear la presidencia vitalicia; constituye una entretenida parodia de las dictaduras latinoamericanas que por décadas asolaron la región; un fantasma que se creía superado, pero mismo fantasma parece haber resurgido con fuerza en el siglo XXI.

Ahora bien el López al que me referiré de ahora en adelante, se trata del eterno candidato de la coalición político-religiosa, ahora denominada “Juntos Haremos Historia”. Si el líder de esta amalgama integrada al mero estilo del monstruo de Frankenstein, aspira a convertirse en el nuevo caudillo autoritario  de Latinoamérica, y ¿por qué no?,  servir en un como fuente de inspiración para alguna parodia similar a Maten al León solo que ahora  ambientada en el siglo XXI; estos son los pasos básicos e indispensables que debe de seguir:

Paso 1: Estableciendo el culto a la personalidad.

El culto a la personalidad es un factor indispensable que todo régimen autocrático debe atender con especial empeño, puesto que en primer lugar;  garantiza la fidelidad y devoción de los gobernados, creando una especie de misticismo y omnipresencia alrededor de la figura del supremo líder, y en segundo lugar, la prominencia y exaltación de la figura del caudillo genera la sumisión de los colaboradores del mismo, al impedir el surgimiento de cualquier cuestionamiento a su liderazgo, es decir evita la aparición de “pretendientes al trono”.



Y entonces el aspirante a dictador se preguntará; ¿Cómo lograr esto?, primero que nada será importante revisar los ejemplos de la Old School en la materia, ejemplos de sobra conocidos como los clásicos Mussolini, Stalin o Hitler o sus alumnos Mao,  Kim Il Sung o Nicolae Ceaucescu[1] incluso los mas exóticos como Idi Amin o  Mobutu Sese Seko. Una vez teniendo tales precedentes el aspirante a caudillo deberá articular un discurso completamente providencial y redentor, será conveniente utilizar palabras como transformación, salvación,[2]  renovación, reorganización [3] etc. Algo así como Movimiento de Regeneración Nacional, este mote servirá aunque parezca copiado del Proceso de Reorganizacion Nacional Argentino o del Comité de Salvación Pública de Robespierre.

Es importante mantener la omnipresencia de la imagen del líder, como aparecer en cuanto spot, cartel, volante, manta o anuncio habido y por haber sin importar que se trate de la elección más irrelevante, el candidato carecerá de relevancia mientras cuente con la bendición del caudillo podrá postularse hasta el peor de los delincuentes y su imagen quedará purificada por gracia y obra del líder, algo así como lo que hace López (véase recuadro 01). Y para fijar bien esta imagen en las mentes de los gobernados habrá que acuñar un mote corto y fácil de memorizar que describa la imagen del caudillo; algo así como Führer, Duce, Papa Doc o Peje. Una vez implementadas estas medidas la ilusión estará completa.

Paso 2: Divide y vencerás.

Para cualquier aspirante a dictador una sociedad organizada y solidaria es un obstáculo para la acumulación de poder, la sociedad organizada funciona como un contrapeso para la autoridad del estado y el aparato de gobierno, por lo cual una de las prioridades del caudillo será impedir precisamente esta situación.

De inicio habrá que descalificar y sospechar de cualquier organización civil, asi como López expresó literalmente profesar “una profunda desconfianza en lo que llaman sociedad civil”.[4] Aquí la línea de acción será creando encono y polarizando a los distintos sectores sociales, una vez que la semilla del odio sea sembrada, la manipulación de las masas será un pan comido para nuestro caudillo. Este es uno de los procesos mas sencillos, basta con acuñar un discurso divisor y radical, donde todo deberá ser blanco o negro, buenos y malos, el ellos y nosotros. Básicamente se trata mediante algunas formas sacadas de la teoría de la conspiración, unificar el resentimiento social y el odio en un enemigo común, entonces el caudillo podrá encabezar la cruzada contra este enemigo; por lo general el enemigo podrá ser externo o interno y definido de manera ambigua que de tal forma permita incluir a personajes o grupos que eventual o circunstancialmente se vuelvan incomodos o críticos para con el caudillo, así pues   ejemplos bastan y sobran desde la antigüedad, los judíos, los gitanos, la burguesía, los rojillos, los judeomasónes,  el imperialismo o la mafia del poder.

Una vez implantado el discurso en la psique colectiva de la sociedad, la incómoda libertad de expresión será anulada, la ciudadanía en su mayoría se convertirá en una masa iracunda de fácil manipulación, apelando a la pasión y desoyendo cualquier razón, entonces el líder emergerá como la única voz autorizada y el interprete absoluto de la voluntad popular; además permitirá amedrentar y perseguir cualquier conato de oposición, y tendrá la importante función de justificar o minimizar las fallas del régimen simplemente trasladando la culpa.

Pasó 3: Minando contrapesos.

Una vez nulificada la crítica y la opinión divergente, surge el siguiente y mayor obstáculo a vencer. La división de poderes y los contrapesos institucionales son la espina dorsal del sistema democrático, por imperfectos que estos sean, permiten contrapesar el poder del primer mandatario; impidiendo que pueda ejercerlo de manera arbitraria y absoluta. Esto no es para nada conveniente para los pasos del caudillo hacia la autocracia. ¿Qué se debe hacer al respecto?



Primero que nada esta fase será fundamental para consolidar el poder del nuevo dictador, para ello pues habrá que mandar al diablo las instituciones, tal como lo hizo Hitler al incendiar el Reichstag, así eliminó la oposición parlamentaria o el mismo Nicolás Maduro al convocar a un nuevo constituyente se deshizo del poder judicial y legislativo o bien como lo propone López en su Mesa de Análisis de la Suprema Corte de Justicia de la Nación donde se propone: Cita textual: Modificar o reformar las estructuras del poder judicial, cualquiera que sea su nivel (federal o local), (…)Suprimir el Consejo de la Judicatura Federal(..)Rediseñar el sistema de nombramiento de los ministros de la Suprema Corte de Justicia. (…) que no sean nombrados sino elegidos a través del voto popular, previa propuesta de las universidades y academias; que se elimine el sistema de ternas y, en su lugar, sea una propuesta unipersonal por parte del Ejecutivo (para evitar el desprestigio de los otros candidatos de la terna y porque la elección de uno solo, de esos tres, deriva de arreglos partidistas).[5] Fin de cita.

Esta propuesta a pesar de ser escandalosa no es de sorprender; pues desde su paso por el Gobierno del Distrito Federal, López mostró una total falta de respeto por el poder judicial y el estado de derecho, en su visión autocrática del mundo en el año de 2003 declaró: “Una ley que no imparte justicia no tiene sentido”, y agregó: La Corte no puede estar por encima de la soberanía del pueblo. La jurisprudencia tiene que ver, precisamente, con el sentimiento popular. O sea que si una ley no recoge el sentir de la gente, no puede tener una función eficaz.[6] Por lo que resulta natural que uno de los ejes de su proyecto de nación sea debilitar y subordinar al poder judicial, en pro de la soberanía popular, (por soberanía popular entiéndase la interpretación del caudillo, véase: Paso 1 y Paso 2) Una vez concretada esta fase la autocracia será una realidad, al verse el líder y caudillo liberado de ataduras legales e institucionales; por lo cual para cualquier aspirante a dictador estos detalles resultan de vital importancia.

Paso 4. Conservando  el poder.

Una vez que nuestro querido, admirado y sagaz líder y caudillo haya llegado a este punto, entonces podremos orgullosamente llamarlo dictador, ya que a base de esfuerzo y talento habrá logrado construir un régimen autoritario en toda forma, sin embargo surge la cuestión y la necesidad de implementar las medidas necesarias para conservar los logros conquistados en los pasos anteriores.

Una figura bastante útil para las tareas de conservar y no solo conservar si no incrementar el poder de nuestro líder, es la figura del Referéndum o la Consulta Popular, aquí podremos consultar y preguntar cualquier cosa desde la supresión derechos civiles, nuevas leyes, estados de excepción, cancelación de reformas y proyectos, y la joya de nuestra corona la anhelada reelección, aunque podremos disfrazarla en un principio de revocación de mandato, pero nuestro caudillo no deberá de preocuparse por obtener negativas en estas consultas;  ya que completados los pasos anteriores el líder tendrá el dominio completo de la opinión publica y sin ningún contrapeso legal, las consultas solo tendrán la finalidad de conservar las formas democráticas así como legitimar las decisiones autocráticas invistiéndolas de “soberanía popular”. Todos los hombres que se han preciado de ser grandes dictadores desde el mismo Hitler[7][8] hasta el simpático Kim Jong Un[9] han recurrido al referéndum, plebiscito, consulta popular, llámele como usted quiera al final el resultado siempre será un espaldarazo al caudillo líder. Así pues nuestro querido López va por buen camino al proponer exactamente sus ejercicios “democráticos” a modo, donde plantea cuestionar su permanencia en el poder y muchas más cosas, juzgue usted mismo solo basta con darle una mirada a su proyecto de nación.[10]

Por ultimo y ya para concluir dentro de este mismo paso para conservar el poder es necesario también tener fuerza y capacidad de coacción, una vez que cosechamos las conciencias y coptado la estructura con la hoz, también requerimos de un martillo que nos ayude a enderezar aquellos clavos flojos, estamos hablando de la clamada figura de la policía política, tan socorrida por todo régimen autoritario e incluso los semi-autoritarios; estas policías del pensamiento las cuales surgieron como la línea de defensa definitiva del régimen, encargadas de velar por su seguridad e integridad, probaron de manera eficaz a lo largo de la historia su éxito;  tenemos celebres ejemplos como la Stasi de la pintoresca Republica Democrática Alemana o la misma Policía Nacional Revolucionaria de nuestros casi vecinos cubanos; este detalle tampoco ha sido dejado de lado ni minimizado por nuestro visionario López, ya que ni tardo ni perezoso ha formulado su propia propuesta para la creación de la Guardia Nacional Obradorista.[11]

Así pues hemos llegado al final de este brevísimo manual que todo aquel individuo que no conozca mayor razón que la propia, que sea megalómano, ególatra y obsesionado con el poder absoluto deberá seguir en su camino a hacer de su “visión y paraíso totalitario” una realidad.

*José Juan Hernández Moncada es Historiador y amante de la Libertad. Síguelo en Twitter: @JoséJuanHdzm

[1] https://elpais.com/diario/1989/12/26/internacional/630630001_850215.html

[2] https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=525202

[3] https://www.laizquierdadiario.com/El-Proceso-de-Reorganizacion-Nacional-y-su-repercusion-hoy-70248

[4] http://www.excelsior.com.mx/opinion/leo-zuckermann/amlo-y-su-desconfianza-a-la-sociedad-civil/1232004

[5] https://drive.google.com/file/d/1XXRVStZw5zKUSceC6wD-gWGdtUeWdRFZ/view en:  proyecto18.mx

[6] http://www.letraslibres.com/espana-mexico/revista/el-mesias-tropical

[7] https://www.sudd.ch/event.php?lang=en&id=de011938

[8] http://www.bbc.co.uk/bitesize/higher/history/roadwar/anschluss/revision/2/

[9] http://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/07/150719_elecciones_corea_norte_guia_aw

[10] http://proyecto18.mx

[11] http://www.wellington.mx/la-guardia-nacional-obradorista/

 

Por: Víctor H. Becerra*

[dropcap type=”default”]A[/dropcap] casi 30 días de las elecciones presidenciales en México, el tiempo de Ricardo Anaya para crecer en las preferencias electorales y alcanzar a Andrés Manuel López Obrador simplemente ya se acabó. Es ahora o ya no será.

Hasta hoy, Anaya se mantiene en el segundo lugar de las preferencias electorales (y José Antonio Meade y el PRI en un cada día más irrelevante tercer puesto), pero el margen que lo separa de su rival de la coalición Juntos Haremos Historia (Morena-PT-PES) es de entre 10 y 20 puntos, de acuerdo con la encuesta que se prefiera. Un margen tan amplio que se antoja muy difícil de remontar en un mes. Aunque no imposible, sobre todo considerando que hay un promedio de 30 por ciento de indecisos y (ojo) un número muy, muy alto de ciudadanos que se niegan a responder a los encuestadores.



Si Anaya y su coalición Por México al Frente (PAN, PRD y MC) no ajustan su estrategia y actúan con mucha mayor valentía política, estas elecciones podrán leerse ya como una larga concatenación de errores y timideces por parte de los rivales de López Obrador. En lo que respecta a Ricardo Anaya, baste señalar que puso en práctica una contraproducente estrategia de mayor populismo para responder al populismo de López Obrador, con propuestas tan intercambiables como las de instituir un Ingreso Básico Universal, el aumento por decreto al salario mínimo o la reducción del precio de las gasolinas. Más allá de los embates del gobierno federal orquestados para afectar su imagen y descarrilar su campaña, la estrategia electoral de Anaya logró lo mismo, antes; ha sido errónea, omisa, lenta e incapaz de autocrítica.

Ricardo Anaya debería rescatar y revalorar en su discurso, en lo que queda de campaña, la libertad, la responsabilidad y la capacidad del ciudadano para tomar sus propias decisiones económicas, garantizándole respeto a su forma de ganar y gastar su propio dinero, respetando su patrimonio, evitando impuestos injustos y que los políticos no intervengan en su vida. También Anaya debería desafiar con propuestas a la verdadera “mafia del poder”: partidos políticos; sindicatos oficiales; oligopolios protegidos por barreras de entrada, aranceles y regulaciones; funcionarios, inspectores, cobradores de impuestos y policías corruptos; delincuencia organizada auspiciada y protegida por políticos…

Junto con la incapacidad de Anaya y su coalición de establecer una estrategia diferenciadora y creíble de contraste con López Obrador, la historia de estas elecciones será, también, la del desplome del PRI y el gigantesco trasvase de sus clientelas y votos hacia López Obrador. Basta ver, por ejemplo, las gráficas del movimiento durante el último año de las preferencias electorales en Oraculus, una agregadora de encuestas, o las del Barómetro electoral de Bloomberg, para ver la simetría entre PRI y MORENA: Conforme las estimaciones de votos del PRI se iban desplomando, ese caudal lo iban recogiendo López Obrador y Morena. Para todos aquellos que han promocionado durante tanto tiempo el inasible y vacío concepto del “voto útil”, pues en esto se transformó precisamente su ansiado voto útil…

Pero no todo han sido errores de sus rivales; también ha habido indudables aciertos por parte de López Obrador. Así, puede hablarse de un discurso consistente de proteccionismo, mayor rectoría del Estado en la economía, subsidios a clientelas electorales específicas y de privilegiar el mercado interno, muy en sintonía por cierto con los aires pro Trump y post Brexit que recorren el mundo, y con el cual logró (injustamente) apoderarse de la agenda antisistema.

También manejó la falsa percepción de que su opción política ha sido la única que no ha sido probada en el gobierno y que por tanto, tras el sangriento caos en el que está terminando la actual administración del PRI (y antes la del PAN), merece ya gobernar (en realidad, López Obrador ya gobernó y le hizo un enorme daño al país. Y se lo sigue haciendo), capitalizando el repudio a la violencia y a la corrupción prohijadas por el gobierno de Peña Nieto. Todo esto posicionado por redes (seguramente muy caras) de activistas, troles y bots de la “República amorosa”, que ahogan con prontitud e intolerancia, con base en descalificaciones e insultos multitudinarios, todo reclamo o denuncia contra López Obrador y sus más prominentes colaboradores.



Pero la gran distancia entre Anaya y López Obrador no sería tan grave, sino se reflejara también en un posible triunfo total de éste último en el Congreso y en varios estados en juego. Como a cualquier bolivariano de la nueva ola, al lopezobradorismo no les basta una simple mayoría: quiere unanimidad y callada obediencia.

Así, la coalición alrededor de López Obrador podría obtener la mayoría relativa en ambas cámaras, garantizando así la aprobación de los presupuestos, las propuestas de algunos cargos importantes y las revisiones anuales de gasto de su posible gobierno, aunque al parecer sin la mayoría suficiente como para impulsar los cambios constitucionales que necesita para completar su agenda económica regresiva.

Eso no sería ningún obstáculo para el naciente lopezobradorismo absolutista: En un escenario así, me parece posible y venidera la puesta en práctica de una estrategia como la que impulsó Lula Da Silva durante su primer gobierno en Brasil, que ante las dificultades de una mayoría insuficiente, puso en práctica la Operación Mensãlao, para comprar legisladores al por mayor y lograr, así, la aprobación de sus más preciados proyectos en el Congreso. Encontraría sin duda a muchos nuevos legisladores del PRI y el PRD dispuestos a transar con la nueva administración, dada su cercanía ideológica, vínculos personales con Morena y con López Obrador, y la opaca discrecionalidad de los inmensos fondos públicos.

Estaríamos pues, en un abrir y cerrar de ojos, devueltos al México de los años 70s, de corrupción e impunidad, con un férreo presidencialismo y un Poder Legislativo manejado a conveniencia y desde las sombras por el ocupante de la silla presidencial. Un México de corrupción sin consecuencias, justicia a modo e ismos perfectamente conocidos por muchas generaciones de mexicanos: presidencialismo y populismo, autoritarismo y corporativismo, clientelismo y patrimonialismo.

Así que los treinta días que vienen serán vitales para Anaya y su coalición. Y sobre todo para México y sus ciudadanos, actuales y futuros. Pero como en todo en esta vida, nada se logrará sin autocrítica, arrojo y valentía, precisamente lo que ha faltado hasta ahora.

*Víctor H. Becerra es Secretario general de México Libertario. En Twitter: @victorhbecerra

Por: Artemio Estrella*

[dropcap type=”default”]E[/dropcap]n este segundo asalto de la contienda presidencial, el rival a vencer, Andrés Manuel López Obrador, simple y sencillamente se subió a defender el título de puntero en las encuestas, pero sólo tomando el rol de víctima, sin capacidad de entrar a la ofensiva, salvo para vociferar algún chascarrillo. Las propuestas de Andrés López: “Voy a cuidar mi cartera”, “Ricky Riquín Canallín”, “La mafia del poder”, este es el nivel de debate al que puede llegar el candidato por MORENA.



José Antonio Meade se vió más confiado. Es claro para un sector de mexicanos, nada despreciable, que Meade es una persona preparada y en este segundo debate lo demostró, pero por desgracia sigue arrastrando seis años de un gobierno priista con tropiezos más grandes que sus aciertos, para muestra la relación de México con EEUU, tema que se tocó en el debate y que dejan muy mal parado al candidato por el PRI.

Ricardo Anaya, candidato por el PAN, a quien se le olvidó que era el segundo debate y no el primero, no cambió la estrategia, siguió con la misma tónica de ataque hacia Andrés López, dejando patente lo que todo el mundo ya sabe, excepto los solovinos[1], claro: que Andrés Manuel López Obrador es un farsante. Personalmente creo que Anaya debió arriesgar y enfocarse en vendernos su propuesta de gobierno y convencernos de por qué es mejor que la de sus contrincantes. El ataque hacia Andrés Manuel debió quedar en segundo término.

Jaime Rodríguez, mal llamado “El Bronco”, un invitado más del público, pues desperdició su tiempo tomando el rol de espectador en el debate, se la pasó escuchando a los que sí están en la contienda. Aunque dijo algo de importancia, enseñó el cobre al declarar que estaría dispuesto a expropiar Banamex. No por nada algunos se han atrevido a decir que Jaime Rodríguez es el peje-norteño, un político populista que, al igual que Andrés López, nos quiere llevar de regreso a la época más rancia del PRI, aquella en la que el gobierno tenía control total de la economía y que provocó la corrupción política que aún el día de hoy estamos sufriendo.



En cuando al formato del debate, muy bien. Este tipo de formatos ofrecen al público una visión más amplia de los candidatos. Los candidatos cuentan con la posibilidad de desenvolverse para exponer y confrontar, y esto ayuda a proyectar el carácter de cada uno. Los moderadores muy mal, ellos no deben de debatir, ni mucho menos de confrontar, salvo para guiar la discusión y hasta allí.

Este era un debate para arriesgar y ningún candidato arriesgó. En el tercer debate veo muy difícil que los candidatos presenten algo distinto a lo presentado en estos primeros dos. Si me preguntan sobre el rival a vencer, yo diría que no lo despeinaron ni tantito.

[1] Al decir “solovino”, me estoy refiriendo a la forma en que Andrés Manuel López Obrador llama a las personas que votan por MORENA. Fuente: López Obrador: a los que votaron por Morena los llamo solovinos.

*Artemio Estrella es tecnólogo especialista en TICs, columnista invitado en Asuntos Capitales y en Wellington.mx, y en asuntos políticos un impulsor de los principios republicanos.

Por: Artemio Estrella*

[dropcap type=”default”]L[/dropcap]a amnistía propuesta por Andrés Manuel López Obrador, que a algunos les parece trivial, principalmente a sus seguidores que lo defienden con el ya clásico “Andrés Manuel no quiso decir eso”, parece tener sus raíces en el miedo que la clase política, incluído Andrés López, le tienen al crimen organizado.



A casi 40 días de las elecciones en México, se está presentando un fenómeno criminal que ni los medios se atreven a mencionar con la merecida cobertura, ni los políticos se atreven a enfrentar por temor a ser una presa más. Van alrededor de 20 candidatos a distintos puestos de elección que han caído abatidos en manos del crimen organizado, poco más de 90 políticos[1] (al momento, entre candidatos y servidores públicos) asesinados y ya más de 1000 candidatos han renunciado a sus respectivas candidaturas por temor a perder la vida.

Cobra sentido el porqué Andrés Manuel le ofrece el perdón a los criminales, no es por algo trivial, no es un desliz ni se está tomando las cosas a la ligera: El candidato de MORENA a la presidencia de México, Andrés Manuel López Obrador, tiene miedo y es un cobarde.

Se debe de entender que la amnistía no es un borrón y cuenta nueva para los criminales. La amnistía es un proceso en el que se le otorga perdón a personas que cometieron un crimen sin víctima, lo derivado de leyes que criminalizan cualquier estupidez, o el perdón a personas que fueron obligadas a cometer crímenes.

Para la tiranía del crimen no hay ni debe haber perdón. Por mucho que existan personas presuntamente inocentes dentro del crimen organizado, a los líderes criminales no hay que otorgarles tregua. En el fondo lo correcto es enfrentar al crimen, aunque resulte que las formas lleguen a ser las incorrectas, pero siempre hay que hacerlo.

Dicen que tenemos a los políticos que nos merecemos. Creo que México es un país de gente valiente, espero que las elecciones no nos demuestren lo contrario.

*Artemio Estrella es tecnólogo especialista en TICs, columnista invitado en Asuntos Capitales y en Wellington.mx, y en asuntos políticos un impulsor de los principios republicanos.

[1] Fuente Violenta Campaña electoral en México: fueron asesinados 93 candidatos



Por: Gerardo Garibay Camarena*

[dropcap type=”default”]S[/dropcap]í, hay un país donde absolutamente todos son millonarios, donde incluso el más pobre de los trabajadores recibe sueldos mensuales de 7 cifras y toda la gente gasta al por mayor: miles, cientos de miles, millones, sin pensarlo dos veces, como si fuera lo más normal, porque lo es.

Y ese país se llama Venezuela.

Esta semana el gobierno de Maduro volvió a duplicar el salario mínimo, que ganan más del 90% de los venezolanos en el sector privado y que ahora llega a más de 2 millones y medio de bolívares al mes.

Y eso alcanza….para 2 latas de atún.

En México los obradoristas se quejan del salario mínimo, y dicen que es muy bajo, pero aquí ese salario mínimo sólo lo ganan 18,000 personas en todo el país.

En Venezuela (el paraiso de Morena) el 90% gana un salario mínimo, que es mucho peor que el mexicano.

Para ponerlo en latas de atún: un salario mínimo en Venezuela compra 2; en México compra 145.

Sí, esa es la revolución que admiran los líderes de Morena.

Sí, podemos estar mucho peor.

Sí, el socialismo no solo destruye la democracia, sino la dignidad y la comida.

Eso sí, son millonarios.

*Gerardo Garibay Camarena es editor de Wellington.mx, columnista en diversos medios digitales y autor de los libros “Sin Medias Tintas” y “López, Carter, Reagan”.

Por Carlos Gutiérrez Heredia*

[dropcap type=”default”]E[/dropcap]s un fenómeno muy interesante aquel que se manifiesta en aquellas personas que están politizadas y han alcanzado un grado de polarización en las sociedades, es decir, ese fenómeno que hemos advertido bastante pero que normalmente no le prestamos atención.

Las personas (generalmente, pero no siempre) de izquierda, suelen tener un discurso en extremo pesimista en referencia a la situación del mundo y de su sociedad. Vemos por ejemplo especie de profecías en el que el mundo acabará o que ocurrirán grandes cataclismos que castigarán a los habitantes del planeta.



Sí, efectivamente este fenómeno lo podemos apreciar también en líderes religiosos o simples fanáticos, y de hecho, desde tiempos remotos la Historia ha tomado registro de estos personajes en todos los centros urbanos importantes del pasado. En esta situación, podríamos pensar que de hecho es un comportamiento natural, solo que cabría la necesidad de preguntarse: ¿por qué existe y por qué se manifiesta este comportamiento tan insistentemente?

¿Hay más pobreza? No ¿hay menos oportunidades? No ¿estamos peor que Venezuela? Por supuesto que no.

Hay básicamente dos tipos de manifestación en esta clase de profetas de la destrucción: aquellos que por cuestiones religiosas advierten del fin del mundo; y aquellos que creen que su sociedad está cerca del fin por cuestiones menos supersticiosas. Nos enfocaremos en los segundos, aunque los dos están relacionados.

De aquellos que se manifiestan en fenómenos más realistas, suelen ser proféticos en cuanto a la destrucción de su sociedad, ya sea a grandes rasgos o pequeños, desean el fin del status quo.

Por ejemplo, podemos notar y muy reiteradamente que los izquierdistas viven haciendo predicciones del fin del capitalismo, que evidentemente no llega, sino que más bien cada vez se vuelve más resiliente. Podemos ver a aquellos que desean el colapso del sistema financiero internacional, y en el caso de México, y seguro se observa en otros países, aquellos que desean de todo corazón ver al país hundirse en pobreza, miseria, llegando al grado de asegurar que todo está hundido y no hay escapatoria, cuando en realidad los números y los hechos demuestran que se vive todo lo contrario.

En todo este fenómeno hay espectros de manifestación, pero estos últimos que desean ver arder el mundo tienen algo muy característico.

Para todos los no fanáticos de la izquierda y que nos hemos informado de la situación real, podremos saber que nada de lo que dicen estos militantes es real. ¿Hay más pobreza? No ¿hay menos oportunidades? No ¿estamos peor que Venezuela? Por supuesto que no. Sin embargo, estas huestes insisten en creer que el país está hundido en la desesperanza.

Mucho de este fenómeno tiene que ver del sentimiento derrotero que nos han inculcado desde nuestra educación al concebirnos como “derrotados”, “conquistados” y “robados”. Estos ánimos nacionales permean duro y fuerte en nuestra psique individual y colectiva. Pero, por otro lado, podemos observar esta insistencia en algunas personas, la razón es ¿por qué?

Para poder entender esto, debemos comprender que todos los humanos tenemos ese germen de la autodestrucción, y que todos sentimos una atracción por el fin del mundo y esos cataclismos, pero aún así es diferente a como lo manifiestan estas personas. ¿hay algo común en estas personas que manifiestan tales actitudes? ¿hay algo que los hile con otras actitudes? Sí. En primero lugar, los que se aglutinan y aseguran tal declive, son personas en extremo frustradas con sus vidas personales; y en segundo lugar, suelen juntarse entre ellas para poder reforzar esta idea de derrotismo y esperan que algo o alguien venga a cambiar el estatus quo de las cosas en forma de un caudillo.

En esencia: las personas que desean el fin de cierto status quo lo hacen por un lado por ver que aquellos que les va bien les deje de ir bien; y por otro porque creen que de este modo se “rebarajean” las cartas de la vida y se puede iniciar un nuevo juego. O por así decirlo, como cuando alguien va perdiendo por paliza en un juego y lo que quiere es volver a repetir en ceros. Pero aún más importante y esto es lo principal: hacer cuadrar la versión de que el sistema es el que está mal y no ellos, y que si ellos están así de mal no es su culpa, es la culpa del sistema y este debe de terminar.

El frustrado quiere ver arder al mundo porque quiere ver a los otros estar en la misma situación que ellos, no es casualidad que el socialista hable de igualdad destruyendo a otros, solo que unos toman acción y otros solo desean que alguna catástrofe reinicie el mundo. Esto en esencia, es la igualdad de la que pregonan tantos: rebajar a los que han triunfado.

La diferencia con los profetas del Apocalipsis religioso estriba en que estos en su megalomanía creen poder someter al mundo a sus designios de los que creen ser parte y sentirse así superiores. Los otros, los derrotistas, quieren sobajar junto con ellos a los demás. Es decir: unos se quieren elevar sobre los demás mediante la destrucción; y los otros quieren rebajar a los demás mediante la destrucción.



Esta actitud tiene una lógica evolutiva, pues de hecho parte de los grandes movimientos sociales ha sido a partir de estos descontentos sociales ¿pero es posible que estos no siempre tengan razón? Efectivamente, de hecho, por manipulación populista, por frustraciones personales, por la siembra de odio a base de “fake news” y sobre todo por esa desesperación humana al vivir en un sistema que ya ha dado todo de sí, y que solo repite los mismos vicios una y otra vez.

La frustración de la que se valen los populistas no la crean realmente ellos, ya está ahí y la exacerban

Es decir, la frustración de la que se valen los populistas no la crean realmente ellos, ya está ahí y la exacerban. Podría decirse que de hecho los populistas son el producto inevitable de un sistema que da vueltas en sí mismo y necesita ser reiniciado, y ellos y sus huestes son esas células que fagocitan el sistema para reiniciarlo. Por eso las personas son tan receptivas el discurso de que todo está mal y reciben a estos líderes tan fácilmente.

También es necesario hacer diferencias en los espectros de manifestación de este fenómeno, pues algunos, aunque no viven tan mal como otros, quieren sentir que son parte de un evento de mayor envergadura, es decir, ser parte de algo mayor a sí mismos.

Viéndolo objetivamente, y desde este punto de vista, el error no es de ellos, pues aún con su obvia frustración y responsabilidad personal, los humanos vivimos en una ilusión donde creemos decidir nuestras posturas, cuando estas sin saber, están decididas por mecánicas cualitativas que difícilmente podemos apreciar. Que este sistema esté saturando presión como en una olla exprés, es porque precisamente falta evolucionar a otro sistema, y pues mientras se da ese salto, el sistema dará vueltas en sí mismo, pasando entre izquierdas y derechas, aunque cada vez menos radicales. La solución en realidad está en un salto cualitativo del sistema, y este afortunadamente no se encuentra tan lejos.

Sea como sea, creo fue pertinente escribir sobre este fenómeno social de autodestrucción y pesimismos que se ve más claro en sociedades tan adoctrinadas a la derrota. Pero es menester comprender que no es un fenómeno aislado y que, en cierta forma, todo es causa y efecto de sí mismo.

*Carlos Gutiérrez Heredia nació hace 32 años en la Ciudad de México. Tiene estudios en psicología y derecho. Autodidacta en muchos otros temas. Empresario, freelancer y actualmente escribe un libro sobre filosofía.

Por: Artemio Estrella*

[dropcap type=”default”]L[/dropcap]a elección de un candidato para un puesto de elección popular, sea para la presidencia de un país, el congreso o un gobierno local, es siempre un tema tan polémico que puede llegar a dividir a una sociedad entera, y es natural porque, por desgracia, todos nos podemos ver afectados de una u otra manera por el resultado de los comicios.

Aquellos que pueden resultar mayormente afectados por una mala decisión democrática, son precisamente los más jóvenes, pues ellos son los que tienen el horizonte de vida más largo y los que de manera inmediata van a soportar el costo de una mala decisión. En el caso actual mexicano, estoy hablando de los millennials, aquellos jóvenes nacidos en los 80’s y que hoy en día están por definir el rumbo de sus vidas.



La generación del milenio, millennials, o generación Y, cuentan con características que no poseen las generaciones que los precedieron: no se asombran con los cambios tecnológicos, pues nacieron y viven con ellos, están digitalmente hiperconectados y la expresión de sus pensamientos, sentimientos y emociones, son parte de su día a día, la inmediatez es una necesidad apremiante en ellos y esto los lleva a una búsqueda incesante de nuevas y mejores experiencias.

México, a diferencia de países que aún siguen anclados a políticas públicas del siglo pasado, ha permitido, aunque no a un nivel óptimo, el acceso a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Prueba de ello es que contamos con una generación del milenio, propositiva y muy activa en asuntos económicos, sociales y políticos. El grito de esta generación, como ninguna otra, es: ¡HÁGANSE A UN LADO, NO NOS ESTORBEN!

Los millennials están determinando, en otras latitudes, nuevas formas de vivir y de hacer las cosas, nuevos modelos de negocios insertados en el mundo digital. Están cambiando los esquemas de educación, pues la educación tradicional ya no los satisface, se auto-educan con material que ellos mismos encuentran en Internet. El modelo tradicional de empleo lo han superado, con el autoempleo, el trabajo remoto desde casa, llegan a trabajar para dos o tres empresas a la vez, aumentando con ello sus ingresos y disminuyendo el tiempo u horas de trabajo, mejorando con todo esto su calidad de vida. Las industrias están movilizándose para adaptarse a las necesidades de la generación del milenio y no al revés. Lo anterior es sólo posible con políticas que, lejos de buscar promoverlas, lo que se necesita es que no las frenen ni las impidan.



Para los millennials ésta es la elección: ¿un estilo de gobierno que los deje irse por la libre o uno que les dicte por donde transitar?

*Artemio Estrella es tecnólogo especialista en TICs, columnista invitado en Asuntos Capitales y en Wellington.mx, y en asuntos políticos un impulsor de los principios republicanos.