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Por: Víctor H. Becerra*

Celebramos estos días el 30 Aniversario de la Caída del Muro de Berlín, acontecida el 9 de noviembre de 1989, uno de los hechos fundamentales del siglo XX y de la modernidad.

Celebrémoslo, destaquémoslo hoy que la libertad parece estar tan subestimada, e incluso agredida, en el mundo entero. No se diga en América Latina: Las protestas en varios países latinoamericanos (especialmente en Chile) parecen haber puesto en cuestión al libre mercado y la libertad económica.

Pero esa puesta en cuestión de hoy, pasará y muy probablemente quedará en el olvido. Lo real y palmario, para el presente y para la posteridad, serán los resultados cosechados tras la Caída del Muro de Berlín, el símbolo por antonomasia del socialismo.

Tras dicha caída, que fue el pistoletazo para el derrumbe del imperio soviético, hoy podemos celebrar el récord de estos 30 años de sociedades cada vez más libres y con menores impuestos. En estas tres décadas, hemos podido constatar cómo mercados libres e individuos libres han enriquecido al mundo entero y lo han hecho más igualitario, sin necesidad de un gobierno compulsivo. Y han extendido libertades como las de pensar, opinar, elegir, amar, casarse con quien deseen, vestirse como deseen, escuchar lo que quieran, a millones de personas.

Ha sido un vasto movimiento por la libertad, que con epicentro en Berlín, se extendió de EEUU a Hong Kong, de Suecia a Singapur, de Santiago a Varsovia, donde el capitalismo ha creado bienestar, esperanzas, oportunidades ciertas, mejorado calidad y expectativas de vida, educación, consumo, salud, medio ambiente.

En estos 30 años comprobamos que la libertad funciona. Y hay que remarcarlo y contrastarlo con su alternativa, el socialismo y sus variantes, derrotado. Al respecto, recordemos las palabras de Ronald Reagan en la Puerta de Brandenburgo (el 12 de junio de 1987): “En el mundo comunista, vemos el fracaso”, dijo entonces. “Retraso tecnológico. Disminución de los estándares de salud. Incluso faltas del tipo más básico: muy poca comida. Incluso hoy, la Unión Soviética todavía no puede alimentarse. … Aquí está ante el mundo entero una gran e ineludible conclusión. La libertad conduce a la prosperidad. La libertad reemplaza el antiguo odio entre las naciones con cortesía y paz. La libertad es el vencedor “.

Desde entonces se ha comprobado, que fronteras abiertas, bajos impuestos y aranceles, desregulación, gobiernos más chicos y menos intrusivos, menor burocracia crean espacios y oportunidades para la innovación y el rápido crecimiento. Sociedades más ricas implican personas menos necesitadas, menor dependencia del gobierno, mayor igualdad. La brecha entre lo que los ricos y los pobres pueden disfrutar se ha atenuado espectacularmente, incluso si en los márgenes más extremos aún hay profundas diferencias. En todos los niveles, hoy disfrutamos de los beneficios y frutos de la libertad económica.

En los 30 años desde la caída del Muro, la pobreza extrema en el mundo pasó de 36% en 1989, a sólo 9% en la actualidad. En tal sentido, el gran hecho esperanzador de nuestro tiempo es que la pobreza extrema se está terminando en el mundo, lenta pero firmemente, lo que debe atribuirse, sobre todo, fundamentalmente, al comercio mundial, de cuyo dinamismo y efectos la Caída del Muro (y de la mayoría de todos los muros) es una bella metáfora.

En contraste, los sectores reacios al comercio y a los mercados, al progreso, en donde la innovación es más lenta y el acceso a un servicio de calidad es más desigual son las áreas de educación y la atención médica, precisamente donde los gobiernos han intervenido más constantemente.

Esto nos recuerda que el posible fin de la pobreza extrema y una mayor prosperidad para todos no fueron creados por el Estado ni por sus políticos. Son posibles por el libre mercado. Mercados más libres, mayor libertad para comerciar y personas más libres ayudaron a crear más empleos, llenaron tantos vientres, construyeron tantas casas, produjeron mejores tratamientos y salvaron tantas vidas. La libertad ha significado salud y prosperidad para muchos, no para unos cuantos.

Ha llevado educación generalizada, para niñas y niños, menor mortalidad infantil, mejor alimentación para todas las personas, gente con acceso a más y mejor alimentación, mayor esperanza de vida, mayor altura y talla corporal, menor emisión de contaminantes, mejor tratamiento del agua y de la tierra, más cubierta arbórea y más hielo en los casquetes polares, más oportunidades de construir su propia felicidad con quien mejor le parezca a cada persona, no a los demás. En terrible contraste, encontramos los 100 millones de muertos documentados en El libro negro del comunismo.

La Caída del Muro también significó la caída del mito de los altos niveles de vida en países socialistas, de que el socialismo podía constituir una alternativa viable y exitosa frene al capitalismo. Sus millones de muertos, junto con la opresión iliberal de la Rusia neosoviética de hoy, la amenaza de la cleptocracia china sobre Hong Kong o Taiwán, la miseria humanitaria de la Venezuela moderna o la emergencia crónica de la Cuba actual, nos muestran sin ninguna duda que las políticas estatistas siempre fracasan,  a veces brutalmente.

Estas alternativas oscuras nos deben recordar el defender, en todo momento, la libertad con el suficiente empuje moral. Porque la libertad, a pesar de todos sus logros, siempre está (estará) amenazada. La Caída del Muro de Berlín debe ser, ahora, cuando más se necesita, un nuevo y vivificante recordatorio del bien que trae la libertad.

*Víctor Hugo Becerra: Especialista en comunicación política (ITAM) y planeación metropolitana (UAM). Secretario general de México Libertario. Ha creado una gran cantidad de organizaciones libertarias en México y América Latina. Tiene interés en el estudio y la creación de redes libertarias y la organización de actividades académicas de divulgación de las ideas de la libertad.

Por: José Juan Hernández Moncada*

[dropcap type=”default”]Q[/dropcap]uisiera comenzar con una frase del escritor hispano-estadounidense George Santayana “Aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo“.[1] Regresaré con la frase más adelante.

Muchos hemos escuchado una intensa campaña aunque intermitente, desde el año 2006, sobre que el actual y anteriormente candidato de lo que se ha denominado izquierda constituye un peligro para nación, siempre arguyendo que provocaría desequilibrios macroeconómicos derivado de sus propuestas nacionalistas y poco ortodoxas, sin embargo los analistas en su mayoría centrados en el tema económico, salvo algunas excepciones, han prestado poca atención a un hipotético escenario político sobre el proceder del señor López Obrador una vez envestido como presidente. En lo que a mí respecta creo que tanto el ámbito político como el económico en el proceder de un gobierno, están directamente ligados y proceden uno del otro; ¿Como podríamos crear un modelo predictivo del proceder económico de López? Únicamente a través de comprender su propuesta política.

Una historia…

Volviendo a la frase de inicio, permítanme contar una pequeña historia: Érase una vez una república que atravesaba ciertas dificultades económicas, principalmente derivadas de un entorno internacional adverso. El ánimo de la sociedad había caído por los suelos; desencantada con un sistema político dominado por una oligarquía repartida en partidos políticos que no habían ofrecido los resultados ni beneficios prometidos, ante el recrudecimiento de la crisis política y económica surgió un personaje; emanado de un estrato social modesto, sin grandes estudios ni conocimientos, pero logró una conexión con los sectores menos favorecidos de la sociedad.



Este hombre prometió una regeneración moral de la sociedad, apeló a los profundos valores del pueblo, el renacimiento del orgullo nacional, la autosuficiencia de la cadena productiva, el engrandecimiento de la nación, programas sociales de gran envergadura para la clase trabajadora. En su camino al poder logró forjar importantes alianzas en torno al peso y carisma de su persona con sectores que se considerarían incompatibles entre si; desde grupos empresariales, miembros de la vieja clase política, grupos de choque, lideres obreros y populares, este personaje se presentó a las elecciones donde logró un importante respaldo de sus electores, aunque no mayoritario, sí suficiente para llegar a gobernar.

¿Le suena familiar? Pues no se trata de México en el año del 2018, sino de Alemania en 1933, lo que sucedió después ya es historia por demás conocida…

Volviendo a nuestro país, independientemente del culto a la personalidad que él mismo y sus fieles profesan por la figura de López, dejando de lado las propuestas demagógicas como otorgar pensiones y becas universales a la “población económicamente inactiva”, el fin de la corrupción “por obra y gracia de su inmaculado ejemplo”, refinerías, cancelación de reformas y aeropuertos, y otra cantidad de disparates, que no son más que palabrería dirigida a conservar la fidelidad de su feligresía electoral; sin embargo  existen una serie de propuestas que forman parte de su programa que en lo particular me causan algo de escozor. Primera se trata de los referendos y consultas a mano alzada, propuestas de los cuales varios analistas ya se han ocupado, y que parecen extraídas del manual para el autoritarismo escrito por la historia.  Una de ellas, a la cual se le ha prestado escasa atención y que a mi parecer toca un tema bastante sensible, es la propuesta de la creación de una Guardia Nacional.

¿En qué consiste la propuesta de la Guardia Nacional? 

En enero del año en curso López presentó su programa de seguridad el cual aplicaría en caso de ser electo, en el cual además del disparate de la amnistía propuso la creación de un cuerpo armado denominado Guardia Nacional, el cual sustituiría al ejército y la marina en las tareas de preservación de la seguridad y la paz interior. Los miembros de este cuerpo armado provendrían del ejército, marina armada de México y policía federal. Hasta aquí parecería una simple propuesta de reingeniería institucional.

Sin embargo donde comienza a tornarse “sospechosista” la idea es cuando la analizamos en un contexto más amplio y ponemos sobre la mesa las declaraciones accesorias que el mismo López y sus lugartenientes han hecho al respecto.

En primer lugar ponemos los antecedentes autocráticos de López y el cómo se toman las decisiones en su partido Morena, donde él y solo él es la voz autorizada y portadora de la razón. Basta con ver los spots de cualquier candidato de ese partido: Sin importar el puesto al que aspire, aparecerá acompañado del líder moral, político y absoluto del partido; a esto le sumamos la intolerancia total con la que se conduce al calificar de traidor, vendido, corrupto o mafioso a cualquiera que se atreva a cuestionarlo o debatir alguna de sus ideas, intolerancia que ha sido transferida íntegramente a su feligresía, la cual utiliza como grupo de presión para intentar acallar por medio de la intimidación o el insulto a sus críticos.



Ahora, teniendo este escenario, Alfonso Durazo, uno de sus consejeros más cercanos en materia de seguridad y el mismo López afirman que la guardia sería controlada directa y absolutamente por el presidente. Adicionalmente los spots de Morena afirman que se integrara por soldados y marinos que respeten la ley. A diferencia de la Guardia Nacional estadounidense, que es una fuerza descentralizada, compuesta por civiles y al servicio principalmente de los gobiernos estatales; la guardia propuesta López sería un cuerpo militar o paramilitar, completamente piramidal y centralizado bajo el mando absoluto del presidente. A grandes rasgos eso es lo que sabemos hasta el momento de la Guardia Nacional de López.

Un dato.

Mucho se ha comparado a López y a su partido de promover un régimen similar venezolano, pero su vez quienes realizan tal afirmación, poco se han esforzado explicar los porqués de esta analogía. Las expropiaciones, los controles de precios, las políticas monetarias expansionistas e irresponsables, el derroche fiscal y otras medidas que han llevado a Venezuela a la absoluta ruina financiera, escasez, crisis e hiperinflación; no hubieran sido posibles si antes no hubiesen establecido rigurosos métodos de control político y social.

Uno de los ejes que han consolidado el poder de la mancuerna encabezada por Hugo Chávez y el PSUV, ahora encabezado por Nicolás Maduro y Diosdado Cabello, ha sido ni mas ni menos que la Guardia Nacional Bolivariana, elevada a rango constitucional para mantener “la paz y el orden interno de la nación” (tal y como propone López). En la  práctica la GNB se ha convertido en la policía política del régimen, además de las acusaciones que pesan sobre la GNB de tener vínculos con grupos guerrilleros afines al chavismo, ha sido utilizada por las autoridades como un instrumento de vigilancia y control de opositores, una fuerza eminentemente represiva, que en múltiples ocasiones ha servido para acallar con dureza a la oposición, donde se acusa directamente a la Guardia Nacional Bolivariana y al régimen de detenciones arbitrarias, torturas y asesinatos de opositores.[2][3]

Para concluir dejo algunas interrogantes para reflexionar sobre este asunto de la Guardia Nacional que propone López:

  • ¿En verdad es necesario otro cuerpo armado?
  • ¿No sería más fácil profesionalizar y depurar los ya existentes?
  • ¿No será que lo que en verdad se busca es debilitar la influencia de la oficialidad militar ya existente?
  • ¿No se parece esta idea a la Guardia Nacional Bolivariana, la Guardia Revolucionaria Islámica, la Guardia Republicana Iraquí o las Shutzstaffel?
  • ¿Quién decidirá que soldado o marino es honesto y respetuoso de la ley?
  • ¿En verdad les parece una idea sensata crearle un cuerpo armado a modo y leal a un individuo tan autoritario, intolerante y temperamental como López?
  • ¿No era ya un asunto superado el de las policías políticas como la extinta DFS?
  • ¿No es peligroso jugar con fuego?
  • ¿Cómo le llamaremos: Guardia Nacional Juarista, Cardenista u Obradorista?

¿Alarmismo? No lo creo. Dice el dicho piensa mal y acertarás…

*José Juan Hernández Moncada es Historiador y amante de la Libertad. Síguelo en Twitter: @JoséJuanHdzm

[1] La Vida de la Razón, Volumen 1: La razón en el Sentido Común, 1905. (La frase también ha sido atribuida a Confucio, Herodoto e incluso Napoleón Bonaparte.)

[2] Reporte de Human Rights Watch. 25 mayo 2014.

[3]BBC Mundo, El Alto Comisionado de Derechos Humanos de la ONU acusa a Venezuela de “uso excesivo de la fuerza” 8 agosto 2017

Por: Sergio Mendiola Haro*

[dropcap type=”default”]C[/dropcap]uando Chávez llegó a la presidencia en 1999, dio remedio a la herencia de la crisis pasada bajando impuestos y quitando regulaciones a las empresas. La economía despegó.

Chávez se encontraba en el parteaguas del siglo, a sus espaldas la carga de liberalización de los mercados, liderada dos décadas antes por los conservadores Reagan y Thatcher que habían traído un crecimiento mundial sin precedentes, liberando al mundo entero de la estanflación de los años setenta; y hallaba a su frente el descontento de las juventudes con los centros comerciales, la vida vacía de sensibilidades, la ausencia del contenido moral anclado en la religión y su posible llenadera en el virtuosismo de la lucha contra la pobreza (a partir de 2008 “desigualdad”) erigiendo la secta del militante y el activista; la límpida estrella del Che y la Cuba de los Castro aún enseñando las bondades del tercer mundo y el evangelio del buen salvaje (en adelante “Sur global”); y un pequeño revanchismo hacia los padres y su vida mundana (“problematizar la situación”, le llaman), que en dos décadas habían podido hacerse de un nada magro patrimonio político.

Hitler en el año de 1933 se encontraba en la misma situación.


Atrás estaba el liberalismo tradicional del siglo XIX herido de muerte por la tentativa de la economía planificada, herencia de la militarización de la Gran Guerra y adelante suyo se encontraba una civilización sin asidero que no fuera científico, el superhombre como ideal, la eugenesia como método de mejora del hombre, escritores de cabecera llenaban estantes enteros con decadencias de occidente, Roosevelt alargaba la crisis americana con su New Deal, el ejemplo italiano de dirección estatal de la economía rodaba en todos los rincones y Keynes empollaba su doctrina en la London School of Economics. De hecho, Keynes escribía en 1936, en su prefacio a la edición alemana de su Teoría General:

“No obstante, la teoría del producto en su totalidad que este libro trata de ofrecer es, por mucho, más fácilmente adaptable a las condiciones de un estado totalitario que la teoría de la producción y distribución de un producto dado, bajo condiciones de libre competencia y en buena medida de laissez faire.” Eulogio fantástico y permisivo a la doctrina hitleriana.

El de Hitler era un mundo que había estado pasando gradualmente de un liberalismo hoy visto como casi utópico a un socialismo casi total, en apenas unos años.

Por supuesto, hoy el gradualismo es ritmo más deseable, los bordes políticos están mucho más redondeados y nos es evidente la dirección en que se navega. A la orden del día están la desigualdad, el ecologismo, el feminismo victimiforme, el ateísmo. Entonces la Unión Soviética había sido instaurada por medio de un golpe de estado transformado en guerra civil.

Alemania, como Venezuela no había hecho su tarea antes de que llegara el “gran dictador”.

Mientras el mundo se liberaba de la Depresión de 1920, dejando que el mercado recuperara su tono evitando que el estado metiera mano a estímulos y gasto, dando paso a los locos y felices años veinte, en Alemania, los socialdemócratas en el poder se dedicaron a imprimir, gastar, nacionalizar y sindicalizar, dando un tremendo tumbo cuando llegó la crisis del 29.

Venezuela, en los años noventa fue gobernada de nuevo por Carlos Andrés Pérez, aquel que nacionalizó el petróleo en 75, y por Rafael Caldera, el intelectual más destacado del socialcristianismo, que además gobernó con una coalición en donde se encontraba el MAS (Movimiento al Socialismo). Una situación que mucha gente podría observar parecida a la de Alemania en los veinte gobernada por el Partido Socialdemócrata.

El de Hitler era un mundo que había estado pasando gradualmente de un liberalismo hoy visto como casi utópico a un socialismo casi total, en apenas unos años.

A la Venezuela de los años noventa y a la Alemania de los veinte se les intentaron dar golpes de estado, a la primera en 1992 por el Movimiento V República liderado por Hugo Chávez y a la segunda en 1923 por el movimiento de Adolfo Hitler.

¿Qué quería el MVR? Socialismo democrático, “nacionalismo de izquierda” y un concepto que ellos nombraron bolivarianismo. Ahora, saltándonos la categoría particular de este movimiento (aquéllo de Bolívar) fijérmonos en las categorías de “socialismo democrático”, o socialdemocracia y nacionalismo de izquierda. Tengámoslas presentes.

Por otro lado ¿Qué quería el movimiento de Hitler? ¿Cuáles eran sus intenciones? ¿Cuál era su visión para Alemania? Ideológicamente debemos remitirnos al nombre para comprender esto:

Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei (NSDAP) fue como se llamó la agrupación hitleriana antes y después del golpe de estado fallido en 1923, que podría ser traducido por “Partido laborista alemán nacionalsocialista” o “Partido Nacionalsocialista de los trabajadores alemanes” o “Partido socialnacionalista alemán de los trabajadores; el orden de los factores no altera el producto.

LABORISTA, CORPORATIVISTA Y SOCIALISTA

Por ese entonces el laborismo, es decir, los partidos de los trabajadores eran una fuerza poderosa en el mundo, hablaban de la vía democrática al socialismo y actuaban congruentemente pasando legislación corporativista: contratos colectivos de trabajo, regulación de los mercados de trabajo, salarios mínimos, cobro mayor por horas extra, obligación de tener seguro médico estatal, obligación a sindicalizarse, entre otras cosas, con la idea de que el trabajador era una extremidad del Estado. El Estado debía servir al trabajador y el trabajador debía servir al estado.

Esto en forma de corporaciones cuya manera correspondiera a la forma del estado y permitiera las intervenciones directas, esto es, una forma vertical y jerárquica al estilo de los servidores públicos. Es decir, el interés individual tendía a carecer de importancia e incluso se convertía en un estorbo a ser barrido si este contraviene el “interés general”, el trabajador que no comulgaba con el laborismo se convertía en un alienado, contrario a los intereses de su propia clase. Esto en la práctica no sólo fue una campaña en contra del individuo y sus preferencias sino que entró en conflicto con corporaciones que llegaban a oponerse a otras.

Ahora, recordemos que antes de dar el golpe de Estado al gobierno demócrata ruso de Alejandro Kerenski en lo que se ha llamado Revolución de Octubre en 1917, Lenin militaba en la fracción bolchevique del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia. Así mismo, Benito Mussolini, antes de crear el Partido Nacional Fascista en 1921 y marchar sobre Roma al año siguiente, militaba en el Partido Socialista Italiano. El laborismo pasó a ser la segunda fuerza electoral en Gran Bretaña y marcar el ritmo intelectual del país desde 1920 a 1980 y fundó la London School of Economics. El laborismo se amalgamó con el partido Demócrata Estadounidense, que anteriormente era un partido liberal, por eso en EUA, el término liberalviene a significar “socialdemócrata” en español. Los partidos de los trabajadores gobernaron Israel consecutivamente hasta 1977. Y Esta fue la tendencia más fuerte en México desde 1917 hasta 1943, recuérdese la CTM, la CNC, la CNTE y otro abecedario más de corporaciones oscuras. Incluso Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles llegaron al poder bajo el membrete del Partido Laborista Mexicano, fundado por Luis Napoleón Morones, secretario general de la CROM.

La República de Weimar, llegada por los motines, los intentos de revolución y la presión de Ebert (líder del PSD) resultando en la abdicación del emperador, se vio dominada por la hegemonía de los partidos socialdemócratas desde la elección de 1919 hasta 1932.



Incluso se estableció en la ciudad de Fráncfort el Instituto de Investigación Social, dedicado a profundizar los postulados del marxismo fuera del área económica. La izquierda en Alemania se preguntaba el por qué la clase obrera, si todos los elementos estaban dispuestos, no se levantaba en aras de la revolución. Dado que existía entre comunistas y socialdemócratas, así como algunos nacionalistas, el guión asignado al proletariado de sublevarse e instituir el siguiente paso en la dialéctica del materialismo histórico, y sólo se veía a pequeños intelectuales burgueses ser capaces de agitación y liderazgo, se establece este instituto.

El IIS se convirtió entonces en la casa de la teoría crítica, una de las herramientas más importantes para la entrada de las ideas socialistas al imaginario general más allá del político, esta es la que llamamos Escuela de Fráncfort.

Las consecuencias del modelo laborista se vieron rápidamente en el mundo. Al estancarse el mercado de trabajo, puesto que los empleadores no tenían más la libertad de emprender y emplear conforme a una actividad normal empresarial, el Estado comenzó a tomar cartas en el asunto, favoreciendo a grandes empresas (que eran más fáciles de dirigir por el funcionario) y creando monopolios (públicos o privados). Esto a su vez merecía más agrandamiento de parte del Estado para mantener las cosas estables. Evidentemente Alemania no era la excepción.

Al estancarse el mercado de trabajo, el Estado comenzó a tomar cartas en el asunto, favoreciendo a grandes empresas y creando monopolios (públicos o privados).

Los trabajadores en el Tercer Reich perdieron la mayor parte de sus libertades. Sin sus sindicatos, los trabajadores no tenían voz en los salarios y las condiciones de empleo, que ahora estaban regulados por el estado. Sin poder huir de las compañías favorecidas por el estado a otras que ofrecieran mejores condiciones, sólo el Estado podía determinarlas, volviendo al trabajador un cautivo. A pesar de la recuperación económica durante el sexenio de Hitler antes de la guerra (1933-1939), los salarios reales nunca aumentaron a lo que habían sido en 1928.

Una vez que los empresarios pequeños dejaron de ser necesarios, los impuestos subieron; el costo de muchos bienes de consumo, como la ropa y la cerveza aumentaron. Los trabajadores, al mismo tiempo eran pacificados por lo que el estado les proporcionaba.

Tomando todo esto, podemos decir que el NSDAP era un partido laborista, y por lo tanto es congruente con su etiqueta de Partido de los Trabajadores Arbeiterpartei.

Ahora, siendo que la propiedad privada de los medios de producción existía sólo nominalmente bajo el régimen nacionalsocialista. La sustancia real de la propiedad de los medios de producción residía en el gobierno alemán. Porque era el gobierno alemán, y no los propietarios nominales privados, el que ejercía todos los poderes sustantivos de la propiedad; decidía lo que iba a ser producido, en qué cantidad, mediante qué métodos, y a quiénes serían distribuidos, así como los precios que se cobrarían y los salarios que se pagarían, y qué dividendos y otros ingresos privados se les permitiría recibir a los propietarios. Fue una vía gradual al socialismo.La posición de los supuestos propietarios privados, se reduce esencialmente a la de los pensionistas. Es decir, el NSDAP, fue en efecto un Partido Socialista.

Para ver un soberbio análisis de lo sucedido y sus implicaciones, léase “Omnipotencia gubernamental” de Ludwig von Mises.

PROGRESISTA, POSITIVISTA, ANTICONSERVADOR Y ANTICLERICAL

Para limpiarle el camino al avance de la omnipotencia gubernamental, el gobierno fue barriendo las instituciones que tradicionalmente han sido un colchón entre el individuo y su familia, y el Estado. Las iglesias y sus líderes, por ejemplo.

Los años veinte y treinta fueron una época en que el ataque a la religión se había intensificado duramente, desde todos los ámbitos. El Islam, el judaísmo y por supuesto, el cristianismo habían tenido que generar figuras, ya no apologéticas, sino organizativas. No es una coincidencia histórica que en este período se sucedieran grandes líderes como Amín Alhuseinio Hasán Albana para los musulmanes; o las juventudes de grandes líderes judíos como Elazar Shach, Ovadiá Yosef e Isaac Cuc; o la racha de apologetas cristianos ingleses como Chesterton, Hillaire Belloc, T. S. Elliot, C. S. Lewis o J.R.R Tolkien.

La religión se encontraba asediada por todos los frentes. Si uno hubiera puesto pie en esa época, no hubiera sido nada ilógico pensar que sería la última época en que el intento del hombre por acercarse a Dios se mantuviese sobre la Tierra.

No pocos gobiernos emprendieron décadas antes ataques a las iglesias, tales como confiscación de bienes, intervención en decisiones internas, o simple y legitimamente intentando alterar la composición religiosa del país introduciendo y beneficiando nuevas denominaciones “más aptas” para llevar a cabo el proyecto del gobierno. En México esa lucha inició en 1833, siguiócon la “Reforma” en 1855, la Constitución en 1917 y el ataque que llevó al levantamiento cristiano en 1926.

En el caso alemán hubo cientos de ataques de parte del gobierno desde 1860 en adelante. La sepa nacionalista de la unificación alemana daba la categoría de enemigo a la filiación de los católicos alemanes, alsacianos y polacos por su filiación a la Roma extranjera. La Kulturkampf, la batalla cultural del gobierno imperial alemán contra el conservadurismo católico en tiempos de Bismarck ha sido todo un tema a discusión.

Posterior a ello y volviendo a la era de Hitler, tal como en otros paises de la época, muchos fueron los intentos de los jerarcas nacionalsocialistas por arrebatarle poder a las iglesias:

El cristianismo positivo, fue uno de ellos. Decía Hans Kerrl, ministro de asuntos eclesiales, que el cristianismo positivo no dependía del “Credo de los apóstoles“, “ni dependía de la fe en Cristo como hijo de Dios”, el cristianismo positivo, reposaba, según él en la representación del Partido nacionalsocialista: “El Führer es el heraldo de una nueva revelación”Para estar de acuerdo con el antisemitismo, los defensores del cristianismo positivo también trataron de negar los orígenes semíticos de Cristo y su evangelio, algo muy parecido al marcionismo. El cristianismo positivista era profundamente darwinista y enarbolaba el Führerprinzip cuya afirmación central era que ciertos “individuos dotados” fueron “nacidos para gobernar“; casaba este principio dogmático con el principio político de obediencia abnegada al Führer.

“El Führer es el heraldo de una nueva revelación” alegaban sus seguidores

El cristianismo positivo como mecanismo de control fue del todo incapaz de prosperar más allá de las filas del NSDAP, por obvias razones. No fue el único frente por el que el nacionalsocialismo emprendió el control religioso del país.

A las iglesias protestantes no fue tan difícil controlarlas, puesto que estas se encontraban hasta 1920 alineadas y estructuradas con los principados de dicha confesión, luego siguieron supeditadas a la jurisdicción de los Estados y sus jerarquías eran puestas a votación. Esto es resultado de la anómala historia de Alemania hecha de pequeños principados, reinos, ducados y obispados, cada uno con su particular política religiosa. Algunos con libertad religiosa, otros con estados confesionales restrictivos.

La Glaubensgemeinschaft Deutscher Christen (Comunidad Religiosa de los Cristianos Alemanes), que era otra organización decidida a hacerse del poder dentro de las iglesias protestantes estatales para crear una Iglesia Nacional y alinearla a la dirección espiritual delFührer. En 1932 esa organización o partido alcanzó el 33% de los votos en las elecciones eclesiales de Prusia, cuyos habitantes representaban un tercio de los alemanes y un muy alto porcentaje de los protestantes de Alemania.

En 1933 los Deutsche Christen duplicaron sus apoyos alcanzando de un 70 a un 75% de los votos y escaños en las direcciones eclesiales regionales, ya fuera de Prusia.

Por lo que se puede entender, las iglesias estatales son las más fáciles de sucumbir a los cambios de época y a las directrices políticas. No sería novedad en una Iglesia que de haber tenido un curso más apacible, hubiera terminado como la Iglesia Luterana de Suecia, prohibiendo el uso de pronombre masculino “él” para referirse a Dios, argumento de fondo: la inclusividad. En un país que tiene el Integrations och jämställdhetsdepartementet, es decir, la Secretaría de Integración e Igualdad de Género a la misma altura que la Secretaría de Defensa.

Aunque sí hubo resistencia al nacionalsocialismo desde los protestantes como Martin Niemöller, pastor de la Iglesia Evangélica Prusiana; o Karl Barth, teólogo y principal redactor de la Declaración de Barmen; o Dietrich Bonhoeffer, teólogo y fundador de la Iglesia Confesante; la fuerza de oposición mayor vino del catolicismo.

En su carta encíclica de 1937, específicamente escrita (la única en su tipo) en alemán, Mit brennender Sorge (Con ardiente preocupación) el papa Pío XI denunció todos los esfuerzos anticristianos que el régimen estaba emprendiendo.

Es así, que a diferencia de las iglesias protestantes, la Iglesia católica tuvo una relación mucho más difícil con el gobierno nacionalsocialista. La fortaleza católica venía de no deberse al Estado alemán, sino a una entidad fuera de éste, y a tener una capacidad de organización y dirección más amplia.

Incluso había un partido conservador católico con líderes muy respetados tanto por la comunidad católica como por la protestante e incluso por secularistas, llamado Partido de Centro, o Zentrumpartei.

El Partido de Centro, principal partido de derecha de Alemania descansaba en la figura de Konrad Adenauer, alcalde de Colonia durante poco más de quince años y primer canciller de Alemania Occidental tras la guerra, además de progenitor del milagro alemán y la Unión Democristiana.

Cuando Hitler toma el poder, se crea una campaña para ensuciar la imagen del Partido de Centro con acusaciones falsas de corrupción, antipatriotismo y separatismo, destituciones ilegales de autoridades de las ciudades en donde tuvieron que ver cuerpos paramilitares y policía secreta a la orden del NSDAP y una orden directa de Göring para remover a los líderes fuertes del Zentrum de sus puestos en Renania, el bastión más importante del Partido de Centro, toda la campaña de desprestigio fue financiada con el erario público. Adenauer fue encarcelado dos veces por órdenes de Göring y de Hitler en sus cargos de primeros ministros de Prusia, el partido desmembrado y proscrito después de 1934.

Desde 1934 hubo detenciones arbitrarias y fusilamientos, fue el caso del primer ministro de Prusia (entonces un Estado dentro de Alemania) Kurt von Schleicher, conservador moderado,Gustav Ritter von Kahr líder del Partido Popular Bávaro (derecha conservadora regionalista) o el Consejero Erich Klausener, jefe de la Acción Católica. En la Noche de los Cuchillos Largos, Hitler aprovechó para deshacerse de sus enemigos, particularmente de la aristocracia conservadora y la derecha cristiana. La biografía de Adenauer hecha por Paul Weymar y publicada por la Editorial Vergara de la España franquista es muy reveladora de cómo vivió la derecha conservadora el régimen nacionalsocialista.

Ejemplos de la derecha católica enfrentados al régimen fueron los del liberal conservador pomerano Carl Friedrich Goerdeler, colgado luego de que fallara el intento de asesinar a Hitler en 1944; el arzobispo de Múnich, Michael von Faulhaber, opuesto a las leyes en pro del infanticidio del régimen; o el obispo de Múnista, August Graf von Galen, quien fue el más fuerte opositor al asesinato de minusválidos como “limpieza social”, junto con el obispo luterano de Viroduno, Theophil Wurm.

La Kulturkampf que Bismarck había inaugurado cuarenta y dos años antes, en 1871, se repetía con un proceso mucho más brutal y con mayor libertad de acción de parte del gobierno alemán una vez que el prestigio, la energía y el celo del Partido de Centro habían sido quebrados y éste proscrito. Kirchenkampf es el nombre que se le ha dado a esta situación, guerra contra las iglesias.

Conforme avanzaban los años y ya entrado en la guerra, el gobierno alemán se volvió cada vez más hostil a los católicos, sobretodo con la anexión de amplias zonas de Polonia.

Esto se hizo tan evidente que el cardenal August Hlond, hace un análisis de las prácticas anticatólicas a modo de dos informes, obispado por obispado en la Polonia ocupada y en proceso de limpieza étnica. El libro sería prologado por el cardenal Hinsley. El nombre del libro, que por cierto tuvo una edición al español en 1942, en México, se llamó “La persecución de católicos en Polonia”. Con ese nombre tan agravante y con tanto predicamento y urgencia fue publicado por Ediciones Minerva, una editorial de cuño católico.

Informaba monseñor Hlond al vaticano: “Muchos sacerdotes están encarcelados, sufriendo humillaciones, golpes y malos tratos. Un cierto número fueron deportados a Alemania … Otros han sido detenidos en campos de concentración … No es raro ver a un sacerdote en medio de bandas de trabajo laborando en los campos … Algunos de ellos incluso han sido encerrados por la noche en pocilgas, bárbaramente golpeados y sometidos a otras torturas …”

Otro gran libro a leer es The Nazi Persecution of the Churches 1933-1945, de J. S. Conway, un historiador anglocanadiense que documenta paso a paso las enemistades de los integrantes de la jerarquía gubernamental contra las iglesias cristianas, católicas y protestantes por igual, deAlemania.

Y no es que de pronto uno pueda opinar que, por saquear Roma, Carlos V no era católico. Sino que sus motivaciones primordiales no eran desestructurar la cristiandad, y someterla a sudoctrina, como si lo fueron en el caso del Partido Nacionalsocialista.

Esta es otra cosa que comparten con los socialistas, la eliminación de las instituciones que ajenas al Estado sirven de colchón entre individuo y gobierno.

Nos queda la otra parte, el nacionalismo alemán.

NACIONALISTAS COMO FUERZA CENTRÍPETA

Ein Patriot ist jemand, der sein Vaterland liebt. Ein Nationalist ist jemand, der die Vaterländer der anderen verachtet.“

Un patriota es alguien que ama a su tierra natal. Un nacionalista es alguien que desprecia las patrias de los otros.

El nacionalismo nace en 1800 como formador de comunidades de forma no religiosa y comojustificación no propietaria de las fronteras.

Esto último nace de la revolución francesa, que rompe con la idea bíblica de la tierra como pertenencia a un linaje, es decir, la propiedad de un reino/condado/ducado/señorío por su casaregente (fuertemente explicado en el libro Génesis). Para buscar una delimitación a lademocracia, es decir ahora que un territorio sería regido por una representación del total de ciudadanos, cuál sería la frontera de este territorio.

Había tres posibilidades. La primera era la delimitación previa y por tanto de origen real o tradicional, incapaz de ser por la naturaleza revolucionaria. La segunda era la geométrica o geográfica, es decir, limitando en ríos, cuencas, accidentes geográficos o líneas arbitrarias en el mapa. Y la tercera era una basada en los componentes lingüísticos, físicos y culturales, es decir, identitarios de la población núcleo o de la población más afín al proyecto político.

Un patriota es alguien que ama a su tierra natal. Un nacionalista es alguien que desprecia las patrias de los otros.

Para hacer más patente esta nueva estructuración gubernamental de inspiración iluminista, los caudillos de la revolución acabaron con las casas reinantes de Francia, con la aristocracia que la rodeaba y sus resabios en el campesinado (la Vandea) y la burguesía (el Terror), haciendo que la posibilidad de que la delimitación tradicional se fuera desvaneciendo a capricho de los nuevos amos del territorio, los revolucionarios en el poder.

El vacío de poder que dejó la década de aristocidio en Francia (1789-1800), fue llenado por el ingenio de Napoleón, quien para justificar su mandato absoluto, se hizo coronar, no emperador de Francia, no de la tierra, sino emperador de los franceses, es decir, de la supuesta esencia del sistema político revolucionario, la democracia. A su paso por el valle del Po, anuló a las repúblicas aristocráticas de Venecia, Luca y Génova, a los ducados de Parma, Toscana y Módena, a los Estados Pontificios y fundó repúblicas que alteraba con la facilidad de un trazo en el mapa. Mil quinientos años de historia heráldica, es decir, de registro de la propiedad, de conflictos dirimidos por guerras, por tribunales y por concilios terminaban en el basurero de la historia. Oscuros burócratas venían a ocupar los palacios y Napoleón creaba el sueño de una península italiana unida bajo un solo gobierno. Garibaldi hereda medio siglo después, del espíritu de Napoleón, el gusto por ver un Reino de Italia unificado y un “pueblo italiano” fiel a la unificación.

El sistema político del Estado Nación indicaba que la fidelidad del ciudadano sería hacia el representante de éste, fuera un presidente, un parlamento o un rey. La fidelidad podía ser entonces lograda creando un culto a la esencia misma del nuevo sistema político, la Nación.

En el caso alemán, que es un caso atípico, el nacionalismo nace de la oposición al nacionalismo radical francés. Goethe y Fichte son las figuras más relevantes de aquel inicio del siglo XIX, guardián del orden y protector de las instituciones tradicionales que había en el territorio del viejo Imperio Romano Germánico uno, revolucionario virulento el otro. Sin embargo, incluso en el caso de Goethe, su defensa de las instituciones lo condenó a sentar las bases de una identidad colectiva nueva que pudiera enfrentarse al radicalismo que Napoleón arrastraba en su conquista de Europa. Es decir, puesto que ni el Reino de Sajonia, ni la Arquidiócesis de Tréveris, ni el Electorado del Palatinado, ni el condado de Asindia, ni el ducado de Cléveris, ni las ciudades libres de Hamburgo, Colonia, Aquisgrán o Ratisbona podían hacer frente a la amenaza del Imperio de Napoleón, hacía falta que esa multitud de patrias hicieran un frente común identitario que aguantara el influjo radical de las ideas de los franceses.

Con qué facilidad el cristalizar idealmente a la Nación alemana que Fichte y Goethe lograron, engendró un movimiento en pro de derribar esas mismas instituciones que no permitían que el nuevo ideal, el de la Nación alemana, naciera. Para cultivar la nación alemana, se necesitaban cultores. El proyecto político de de estos cultores sería que el Estado mismo proveyera de más cultores, o de ¿dónde vendrá la razón de estado para la escuela pública en época en que la caridad ya la daba la Iglesia y las sociedades mercantiles, que no leyeron “Narciso y Goldmundo”?

Hasta antes de la Revolución Francesa, el millar de pequeños estados que existió durante más de un milenio en el suelo que hoy llamamos Alemania creo una aristocracia y unas identidadesbastante ajenas a aquella visión geométrica de la gran sociedad francesa que evolucionó alsocialismo.

Recordemos, los muchos llamados de intelectuales y políticos nacionalistas, especialmente del movimiento völkisch a tener en claro que si la aristocracia, con sus privilegios, no podía representar el nuevo ideal alemán, no tenían cabida en el nuevo proyecto.

Los privilegios propios de la aristocracia muestran claramente cómo las constituciones ataban las manos del gobernante y de sus funcionarios. La aristocracia había luchado por esos privilegios siendo los hombres más preparados para gobierno real y no decorativo, las relaciones entre el propietario de la tierra y la población de ésta pasaban por la aristocracia, proveyendo una aspiración moral, normas de etiqueta y un orden congruente. En la Europa moderna esto era lo que hacía a los aristócratas sacrosantos a los ojos de la clase gobernante.Aunque una o dos personas pudiesen sentirse molestas por el grado de licencia que permitían los privilegios, el comportamiento disciplinado, ceremonioso y transigente de la aristocracia hizo que ni siquiera la Revolución francesa entrando en Alemania y alterando para siempre su mapa político y expropiando a los más de los príncipes, lograra levantar repúblicas ajenas a las jerarquías tradicionales. Todo mundo se encontraba en su sitio y de sentirse incómodo, podía migrar a ciudades Estado, u otros principados. Los regentes vivían invitando a la gente de talento a sus cortes, siendo espléndidos con la paga.

Fue hasta que la idea del nacionalismo prendió en las universidades y los ambientes citadinos ilustrados que todo cambió. La ilustración traía la idea geométrica de gobierno, los pequeños estados en competencia estaban de más. Había que unificar a la Nación alemana.

Por otro lado, la idea francesa nacida de Luis XV “el Estado soy yo” jamás triunfó en Alemania sino en la zona oriental, Prusia. Entonces a mediados del siglo XIX, ya con Napoleón bien enterrado, Otto von Bismarck un genio aristócrata olvidado de los pantanos prusianos, en esa sociedad oriental, mezcla de una orden militar monástica y campesinos asentados en marismas heladas, rodeados de herejías agresivas y mandatados  por reyes militares como Federico el Grande, decidió cambiar los términos políticos de Alemania. Siendo Canciller de Prusia, logró aprovechar la fortaleza militar del país para conquistar a todos los principados y reinos alemanes (a excepción de Austria) e intentar centralizar el poder en Berlín. Todo esto casi sesenta años antes de Hitler

Los únicos que levantaron la voz contra esto (pues Bismarck sabía quedar bien con liberales, socialistas, monarquistas y nacionalistas) fueron los conservadores. Fue tal la lucha entre el Estado centralizado de Bismarck y la derecha conservadora que se llegó a acuñar el términoKulturkampf (guerra cultural), el intento del gobierno por acabar culturalmente con ese “bastión del pasado”. Bismarck hacía del máximo exponente del socialismo político en Alemania, Ferdinand Lasalle, su mejor amigo, sentándolo a su mesa a diario; dominaba a los liberales dándoles migajas; y tenía a los nacionalistas comiendo de la mano al unificar Alemania y vencer en la guerra a Francia y a Austria (el principal enemigo del nacionalismo y fundamental potencia conservadora de Europa). Sólo entonces podía lanzarse a intentar desarticular al enemigo conservador.

Los nacionalistas mientras tanto, lograban éxitos sin precedentes, Alemania derrotaba a Francia en la guerra de 1870 y declaraba el Imperio (segundo Reich); una época gloriosa parecía cernirse en esta nueva Alemania, decían. Terminarían, empujados por su propia egolatría en la guerra mundial y el Imperio caería por un aborto de revolución socialista. Pero el nacionalismo seguía en pie y amenazando. De ese contexto venía Hitler; capaz de unir la estatolatría del Imperio de Bismarck con el celo nacionalista.

Y en ese gran Estado de todas las mixturas que era el Imperio Alemán, convivían los liberales tasando a la baja los aranceles, con los socialistas, teniendo el Estado el 100% de la empresa más grande del mundo, las vías férreas del imperio. Lo que ya no convivía era el monarquismo con el conservadurismo. La monarquía se había vuelto desde los años de la unificación, a la nochebuena de la Gran Guerra, un estado enemigo de la vida tradicional, el Emperador era dominado por los juegos de su gabinete y los conflictos políticos de su parlamento; había pasado a ser una figura decorativa. La aristocracia se encontraba dividida, conservadores intentando mantener la solidez de la tradición, monarquistas fieles al emperador y su camarilla, socialistas en busca de la revolución proletaria, nacionalistas amagando a diario con una segunda guerra contra Francia. Cuando el emperador declaró la guerra contra Rusia y por lo tanto contra Francia, el nacionalismo encontró el pico máximo de su euforia. Por fin un evento que haría de los alemanes una nación digna de ser reconocida en la historia. El tan común“debemos unirnos como inserte su nacionalidad”, por fin encontraba una razón real un objetivo tangible. 1914, la guerra total.

Tras la guerra y entrados los locos veinte, se veía una era utópica donde la humanidad sería mejorada mediante la ciencia. La eugenesia encontró suelo fértil. La derecha fue derrotada en el terreno cultural y lo profano desapareció y con ello la sacralidad de la vida humana, en 1935 un Nikola Tesla podía opinar sin tapujos, en la revista Liberty, que:

“El año 2100 verá la eugenesia universalmente establecida. En épocas pasadas, la ley que rige la supervivencia del más fuerte mas o menos eliminaba las razas menos deseables. Luego la nueva sensación humana de compasión comenzó a interferir con el funcionamiento implacable de la naturaleza. Como resultado de ello, seguimos manteniendo vivos y criando a los no aptos.
El único método compatible con las nociones de civilización y raza para evitar la reproducción de los no aptos es la esterilización y la orientación intencionada del instinto de apareamiento. Varios países europeos y algunos estados de la Unión Americana esterilizan a los criminales y a los dementes. Esto no es suficiente. La tendencia de opinión entre los eugenetistas es que tenemos que hacer que el matrimonio sea más difícil. Ciertamente, a nadie que no sea un padre deseable se le debe permitir la producción de progenie.”

Todo esto, signado por una época en que las reparticiones territoriales entre países se hacían por su etnia. Asesinatos, expulsiones masivas, matanzas, incendios, terrorismo, confiscaciones,todo en pos de delimitar las fronteras correctamente, fronteras fundamentadas en mapas coloreados por las etnias.

Colaboraba en esta fase amoral del positivismo el nacionalismo alemán, que con resentimiento y reconocimiento de otra gente, se hacía llamar el ejemplo de toda sanidad genética y el pináculo evolutivo de la humanidad.

No se podía esperar otra cosa que la lluvia de azufre y fuego desde los cielos.

Y como corolario de esta sección, un elemento de severa importancia fue el idioma. Durante siglos el idioma alemán fue una serie de dialectos profundamente diferenciados y regionales. No sólo hablado en lo que hoy son las Repúblicas Federal Alemana, o Austríaca o Helvética.

Hasta aproximadamente 1800, el alemán estándar era casi exclusivamente un lenguaje escrito. En este momento, las personas en el norte urbano de Alemania, que hablaban dialectos muy diferentes del estándar, lo aprendieron como un idioma extranjero, tratando de pronunciarlo tan cerca de la ortografía como sea posible, incluso con esa gramática que para todos era un quebradera de cabezas.

El primer diccionario de alemán estándar con una tirada “masiva”, fue hecho por los Hermanos Grimm, recordando que uno de ellos, Jacob, fue miembro de la Asamblea Revolucionaria de Maguncia. Tras esta actividad, publicó su “Historia de la lengua alemana” que pugnaba por una progresión en torno a la unificación de los dialectos y la adopción del dialecto literario para uso general. Es decir, los Grimm fueron artífices de la difusión de la variante prescriptiva del alemán.

Las variaciones dialectales, tal como en Francia se tornaron estigmas en la boca de los hablantes. La lengua se volvió una identidad forzada. “Porqué aprobar la desaparición del provenzal si con esto se reduce la humanidad y contribuye al anonimato”, sentía Maurras al sublimarse en la poesía occitana de Mistral.

Pasó a peor, el alemán se convirtió en símbolo de identidad, el proyecto nacionalsocialista recogería a cada hombre, mujer y niño para incorporarlos al mundo del hombre nuevo. Territorios donde la lengua corriente era el alemán, serían cubiertos de la bandera de la esvástica, la bandera del proyecto, la bandera de los socialistas alemanes.

Para dar ejemplo de la gravedad de este “detalle”, vasta ver la historia reciente del dialecto luxemburgués. Después de la guerra, en 1946, restaurada su independencia, Luxemburgo, decidió introducir un sistema ortográfico estandarizado a su dialecto para oficialmente separarlo del alemán. También entre 1955 y 1970 se publicaron los cinco volúmenes del Luxemburger Wörterbuch, el diccionario que finalmente separó del todo al luxemburgués del dialecto francón (alemán de Franconia). Esto merece ser entendido como una forma en que el gobierno luxemburgués blinda la identidad del país contra una posible segunda anexión al proyecto nacionalista alemán, creando sus propios elementos de nacionalismo luxemburgués.

El alemán fue el idioma del comercio y el gobierno en el Imperio de los Habsburgo, que abarcaba una gran área de Europa Central y Oriental. Si bien tenía una preponderancia absoluta en lo que hoy llamamos Austria, hasta mediados del siglo XIX, era esencialmente el idioma principal de los habitantes de las ciudades en la mayor parte del Imperio. Indicaba que el hablante era un comerciante, un ciudadano (burger) mas no su nacionalidad. Praga, Budapest, Bratislava, Zagreb (en alemán: Agram) y Aluviana (en alemán: Laibach), todas eran de habla alemana, aunque estaban rodeadas por un territorio donde se hablaban otros idiomas. Algunas ciudades, como Buda eran puramente germanoparlantes hasta que el nacionalismo húngaro cambió por completo la dinámica de la ciudad, volviéndola mayoritariamente de lengua húngara. Otras, como Presburgo (Bratislava), eran principalmente alemanes y tuvieron que esperar el tormentoso momento de la independencia checoslovaca para que la política gubernamental le arrebatara su habla alemana a la fuerza.

Todas estas ciudades mayoritariamente germanoparlantes tenían sus variedades dialectales, especialmente Praga, cuya unión de influjos bavaroaustríacos, con silesanos, sajones y articulaciones pertenecientes al checo era considerado un dialecto de alto valor, el de mejor estatus en el Imperio austríaco y fue usado ampliamente en literatura por gente de la talla de Rilke, Kafka, Kisch, Bau y Brod. ¿Qué gran referente cultural se perdió en este cambio forzoso de medio de comunicación? Tal vez nunca lo sabremos.

¿Fue el nacionalismo alemán el culpable de esta gran pérdida de cultura para Europa Central? En algunos casos, en algunos otros fueron el eslovaco, el húngaro, el rumano, el esloveno, el italiano ¿En común qué tienen? El avance del Estado en torno en otra sección más de la vida humana. Uno de los primeros planes centrales que se hicieron en 1798 por la Revolución Francesa fue el nuevo sistema escolar, expropiando las propiedades escolares de la Iglesia. Más tarde en todos los demás países que centralizaron la educación en un órgano del Estado, las razones que se dieron eran o nacionalistas o progresistas, siempre en detrimento de las escuelas que ya existían y que no correspondían a su ideal educativo. ¿Cómo va a haber competidores en la transmisión de valores?.

Para ser más puntillosos veamos otro ejemplo, esta vez de todo un grupo étnico trasplantado forzosamente a la Madre Patria. Entre la nobleza y la ciudadanía báltica otro dialecto se desarrolló y una cultura muy particular con instituciones fortísimas desde el siglo XII, ésta terminó siendo borrada del mapa cuando mediante el tratado entre la URSS y Alemania, los países bálticos pasaron a ser soviéticos.

En 1939 y 1940 se firmaron tratados sobre la emigración de los alemanes bálticos y la liquidación de sus instituciones educativas, culturales y religiosas. El gobierno nacionalsocialista logró que los alemanes del Báltico abandonaran sus hogares y su patria a toda prisa, por supuesto que la amenaza de ser tratados como otras minorías del régimen de Stalin (ver un par de años después la deportación de los alemanes del Volga a Siberia y Asia Central). Debido a la imposición del racionamiento durante la guerra, a los alemanes se les prohibió llevarse objetos de valor histórico o pecuinario, combustible e incluso alimentos. A continuación se produjeron ventas masivas de artículos para el hogar y pequeñas empresas. Las grandes propiedades, bienes inmuebles y negocios fueron vendidos durante un período de tiempo más largo por una comisión especial alemana a los gobiernos locales soviéticos. Evidentemente, el dinero extraído de estas ventas fue a parar al Estado y no a manos de sus propietarios.

Alrededor de 64,700 alemanes bálticos fueron reasentados de Letonia y Estonia a principios de 1940.

Los gobiernos estón y letón publicaron libros que contenían listas alfabéticas de los nombres de adultos reasentados junto con su fecha de nacimiento, lugar de nacimiento y última dirección en el Báltico. Éstos partieron en barcos a los puertos de Godinga y Estétina y luego fueron transportados a Posnania y Lodzia en la nueva provincia del Varta (Warthegau), que se había conseguido con la invasión a Polonia. Las “nuevas” casas y granjas en las que se les asentó habían sido poseídas y habitadas por polacos y judíos pocos meses antes que fueran ejecutados o deportados hacia el este. Los recién llegados cumplieron los planes nacionalsocialistas para la germanización de estas tierras.

A principios de 1941, el gobierno alemán nazi organizó otro reasentamiento para todos aquellos que se habían negado a partir en 1939 o 1940. La acción se llamó Nachumsiedlung.Esta vez no se ofreció compensación por ninguna propiedad o pertenencias dejadas atrás y este grupo de reasentados fueron tratados con intensa sospecha o considerados traidores porque habían rechazado la primera llamada de Hitler a abandonar los países bálticos en 1939. La mayoría de estos arribos se establecieron primero en campamentos de filtración. Desconocido para el público en general, la invasión alemana a la Unión Soviética estaba a sólo dos o cuatro meses de distancia, y esta era la última oportunidad de Hitler para transferir a estas personas en tiempos de paz.

En este momento, los alemanes bálticos restantes en Estonia y Letonia se encontraron en una situación muy diferente a la de 1939. Sus países ahora estaban ocupados por la Unión Soviética, y se había puesto mucha presión e intimidación a cualquiera con una posición de privilegio o riqueza. antes de 1939. Hubo arrestos en masa y algunos asesinatos. Temiendo un empeoramiento de la situación, la gran mayoría de los alemanes bálticos restantes decidieron irse. Alrededor de 17,500 reasentados llegaron. Nunca se negó la razón de Estado, ¿de qué servían estos alemanes en un territorio en que no podían hacer mayoría? Era mejor que cumplieran su función de colonos en los nuevos territorios adquiridos.

Regresemos un poco a la llegada del Partido Nacionalsocialista al poder.

NACIONALISMO AL PODER

El intempestivo inicio de la dominación hitleriana de Alemania comenzó con el Incendio delReichstag (parlamento) en 1933. El presidente era Paul von Hindenburg, un moribundo general conservador que había sido elegido para vencer el gran desorden y violencia que se había desatado entre comunistas, socialistas y nacionalsocialistas y que llevó directamente al incendio del parlamento. Esto después de que en tres elecciones hechas en cinco meses (disoluciones parlamentarias mediante), el NSDAP ganara mayorías parlamentarias y Hitler se convirtiera en Canciller.

Von Hindenburg como Presidente tuvo que aguantar la política agresiva del nuevo gobierno de Hitler. El NSDAP, en control de Alemania y del Estado de Prusia, suprimieron a los partidos comunista y socialdemócrata, interviniendo con paramilitares las reuniones de estos partidos e instruyendo a las policías que no actuaran en favor de la paz. El régimen comenzó a desatar su campaña de violencia y terror, tanto a nivel gubernamental y administrativo como en la calle, siempre amparado en grupos de choque.

Hindenburg decretó tras el incendio del parlamento y presionado por Hitler, el Decreto para la protección del Pueblo y del Estado.

El artículo 1° abolía la libertad de expresión, la libertad de prensa, la libertad individual de la persona, la libertad de asociación, la libertad de reunión y el secreto de las comunicaciones, mientras a la vez permitía a las autoridades practicar arbitrariamente registros domiciliarios o de oficinas, confiscar bienes privados y ejecutar otras restricciones a la propiedad.

Los artículos 2° y 3° otorgaban al gobierno del Reich todas las facultades propias de losEstados de la Unión Alemana, aboliendo de facto y de jure la autonomía de los Estados componentes del Reich. Destruyendo la historia de organización regional para siempre, Estados como Baviera y Sajonia aún no se encontraban controlados por el NSDAP y se rehusaron a ejecutar arrestos masivos a opositores del gobierno central, por lo que Berlín usó el poder conferido para realizar esta tarea incluyendo en sus objetivos a las autoridades que no se plegaban a la dirección central.

Los artículos 4° y 5° fijaban penas severas para los actos contrarios a la seguridad pública, desde multas hasta penas de cárcel mayores a las fijadas hasta entonces por el Código Penal (el cual quedó ampliamente modificado para aumentar drásticamente diversas penas), incluyendo la pena de muerte para quienes causaren daños a bienes públicos o quienes “opusieran resistencia a autoridades del Reich“.

Con la debilidad de los partidos opositores, Hitler logró pasar en el parlamento la Ley para solucionar los peligros que acechan al Pueblo y al Estado (Ley Habilitante), con la que se le daba a la Cancillería facultad de legislar sin necesidad del parlamento.

Comenzó entonces la Gleichschaltung (el ajuste, la coordinación, la sincronización).

Primero, se disolvieron las dietas (o parlamentos) de todos los estados alemanes, a excepción de la de Prusia, que los nacionalsocialistas ya controlaban mayoritariamente. La misma ley ordenó las dietas estatales reconstituidas sobre la base de los votos en la última elección del Reichstag (con la excepción de los escaños comunistas, los cuales fueron repartidos entre los partidos).

Después, en cada estado, con excepción de Prusia, se creaba un estatúder imperial (Reichsstatthalter). Se suponía que estos oficiales, responsables ante el ministro del Interior Wilhelm Frick, actuarían como procónsules locales en cada estado, con un control casi total de los gobiernos estatales. Para Prusia, que en cualquier caso constituía más de la mitad de Alemania, Hitler se reservó estos derechos para él y los delegó al ministro presidente prusiano Hermann Göring. Esta ley efectivamente desfederalizó de iure de facto al país.

La Gesetz gegen die Neubildung von Parteien (“Ley contra el establecimiento de partidos políticos”), de 14 de julio de 1933 declaró que el Partido Nacionalsocialista era el único partido legal del país. Sin embargo, para todos los propósitos prácticos, Alemania había comenzado a ser un estado de partido único desde la aprobación de la Ley Habilitante.

La Ley relativa a la reconstrucción del Reich (Gesetz über den Neuaufbau des Reiches) (del 30 de enero de 1934) eliminó formalmente el concepto de una república federal, convirtiendo a Alemania en un estado centralizado. Los estados se redujeron a meras provincias, ya que sus instituciones fueron prácticamente abolidas por completo. Todos sus poderes pasaron al gobierno central. Posteriormente se eliminarían muchas de las viejas unidades territoriales históricas para crear provincias artificiales (Gau) y sin identidad. El antiguo reino de los Wittelsbach sería cercenado en seis diferentes provincias, Baviera sería dividida en cinco y el Palatinado anexado al Sarre y a Lorena, para formar la Marca de Occidente, gobernada desde Saarbruque. El Gran Ducado de Oldemburgo anexado a pedazos del Hanóver prusiano y la ciudad libre de Brema para formar una provincia nombrada por los ríos Visurge y Amisia (Gau Weser-Ems), un nombramiento digno de cuando la Francia geométrica abolió los nombres antiguos como el Delfinado, la Provenza, la Guyana o la Picardía y reorganizó departamentos como el Departamento de las bocas del Ródano, el Departamento del Gironda, el Departamentodel Isera, el Departamento del Charanta Inferior o el Departamento del Sambre y del Mosa,meramente ríos. Todo uso de las viejas identidades era castigado por los militantes del nacionalsocialismo como posible traición a la Patria Grande (Grossdeutschland).

La Ley relativa a la más alta oficina estatal del Reich (1 de agosto de 1934) prescribía que, tras la muerte del presidente en ejercicio, esa oficina se fusionaría con la oficina del canciller, y que las competencias de la primera se transferirían al “Führer und Reichskanzler Adolf Hitler“. Von Hindenburg murió a las nueve en punto de la mañana siguiente, convirtiendo a Hitler en jefe de estado y jefe de gobierno. Así fue que el representante de la Confederación alemana se convertía en el único líder del Estado, sin posibilidades no violentas de poderlo remover.

En cuanto a la educación, derivó en lo siguiente, el punto veinte del programa del NSDAP dice:

“El estado debe ser responsable de una reconstrucción fundamental de todo nuestro programa nacional de educación, para permitir que todos los alemanes capaces e industriosos obtengan una educación superior y, posteriormente, la introducción en puestos de liderazgo. Los planes de instrucción de todas las instituciones educativas deben ajustarse a las experiencias de la vida práctica. La comprensión del concepto de estado debe ser defendida por la escuela (Staatsbürgerkunde) desde el comienzo de la comprensión. Exigimos la educación a expensas del estado de los niños sobresalientes intelectualmente dotados de padres pobres sin consideración de posición o profesión.”

Lo anterior, implicó la intervención sobre la educación, tanto en la larga red de universidades, como en la gran variedad de educación primaria que existía en esa época, y que iba desde las escuelas Waldorf, a la escuela confesional, hasta el internado militar, todas eran alteradas para convertirse en la misma expresión de la política. El pensamiento del futuro ciudadano alemán sería sincronizado, coordinado y ajustado para ser uno y puro en el gran Pueblo (Folk) alemán. Sorabos, bávaros, suabos, austríacos, alsacianos, prusianos, pomeranos, silesanos, bremenses, báticos, hamburgueses, renanos, católicos, calvinistas, luteranos, pietistas, todos serían uniformados y convergerían en una sola forma de ser, pensar y actuar. Alarmante y ya ni siquiera metiéndose a discutir las implicaciones de las ideas puestas en práctica de los conceptos de Herrenvolk Herrenrasse.

Podemos decir que efectivamente, la cualidad más celebrada del nacionalsocialismo es correcta, su nacionalismo.

Termino con la cita de uno de los más grandes pensadores del conservadurismo alemán, Erik von Kuehnelt-Leddihn

“El gran error del siglo (es decir, considerar al nacionalismo como una idea de derechas) se debió en gran parte al resentimiento propenso a pisotear cada tradición, todo lo cultivado orgánicamente, ansiosa por transformar el mundo en un lugar aburrido y uniforme sin variaciones románticas, donde todos entre Hammerfest y Ciudad del Cabo usarían pantalones largos, collares de celuloide inflamables y hablarían esperanto.

Sin embargo, los propios internacionalistas, establecieron un “internacionalismo germano” al perseguir brutalmente a todas las fuerzas federales y centrífugas, prohibiendo el uso de las banderas provinciales y de la ciudad, ridiculizando el patriotismo de todos los que se atrevieron a criticar la centralización como un “traidor separatista”.

El nacionalismo y el internacionalismo son ideas no antagónicas, sino sólo una y la misma idea, diferente sólo en el empleo de los medios. El internacionalista quiere imponer una identidad sobre todo el mundo para aplastar todas las diferencias “locales”. El nacionalista del mismo modo, trata de erradicar todas las diferencias “locales”

Debe tenerse en cuenta que el nacionalismo y el internacionalismo son ideas no antagónicas, sino sólo una y la misma idea, diferente sólo en el empleo de los medios. El internacionalista quiere imponer una identidad sobre todo el mundo para aplastar todas las diferencias “locales”. El nacionalista del mismo modo, trata de erradicar todas las diferencias “locales” (tribales, provinciales)

Pero el problema final no está entre la nación monolítica de los nacionalistas y el mundo monolítico del internacionalista, porque el verdadero nacionalista es siempre un expansionista que quiere dominar el mundo y su objetivo es un mundo poblado exclusivamente por su propia raza (después del exterminio de todas las razas “inferiores”). El mundo uniforme del internacionalista, poblado por una raza estandarizada sólo es paralelo al mundo uniforme del nacionalista donde una raza estándar ha asimilado o exterminado a todas las demás unidades lingüísticas o raciales.”

El nacionalsocialismo es la conclusión de la suma de las grandes ideologías de la vieja izquierda: El socialismo, el positivismo, el sindicalismo y el nacionalismo.

A todo esto, ¿qué evitaba que de no haber guerra y el nacionalsocialismo liquidado por juicio sumario se fuera degradando en una Venezuela cualquiera. La cualidad moral universalmente reconocida de los alemanes estaba siendo demolida. La demolición de los valores, la confiscación de la propiedad, la dirección estatal de la vida, funcionó en algún lugar de la Tierra?

*Sergio Mendiola Haro, nacido en la Ciudad de México, es empresario e investigador en temas de historia, economía y política.

Por: Efrén Zúñiga*

[dropcap type=”default”]H[/dropcap]ace unas semanas, el dirigente del Partido Acción Nacional, Ricardo Anaya, se mostró muy airoso por los resultados de un par de encuestas realizadas por unas casas encuestadoras, creo yo, de buena reputación (Parametría y Mitofsky). Los resultados arrojados indicaban que el denominado Frente Amplio Democrático (FAD) llevaba una considerable ventaja frente ante el resto de las posibles coaliciones (MORENA-PT y PRI-PVEM-NA-PES). Lo que más me llamó la atención en medio del regodeo, fue su discurso en el que comparaba al FAD con otras alianzas como las de los Democristianos y los Socialistas en Chile o las de los Democristianos con los Socialdemócratas en Alemania.

Por: Gerardo Enrique Garibay Camarena

[dropcap type=”default”]E[/dropcap]l tema de la regulación en materia de salarios mínimos regresó a los primeros planos de la atención nacional a finales del mes de junio, después de que los líderes de la Coparmex, encabezados por su presidente, Gustavo de Hoyos Walter, hicieran un teatro en el  Monumento a la Revolución, exigiendo que la Comisión Nacional de Salarios Mínimos eleve el salario mínimo para llevarlo a los $92.72 pesos por día.