Tag

América

Browsing

Por: Ricardo Valenzuela*

Durante los últimos 50 años se ha estado pronosticando la caída de EU del pedestal que ha ocupado como el país más rico y poderoso del mundo. Primero se le sentenciaba a sucumbir ante los mares de petróleo de los árabes. Luego se le condenaba ante la emergencia de Japón que invadía el mundo con sus productos. Y en años más recientes bajo el poderío de China. En todos estos enfrentamientos EU ha emergido victorioso y más potente que nunca. ¿Cómo es que ha sucedido esto? Pensamos que los diferentes retadores han arribado a la batalla sin conocer la dimensión de su adversario. Un combatiente que siempre ha portado armas que ellos no tienen y desconocen

Para conocer los EU hay que conocer el sistema de vida americano único que se basa en libertad e individualismo. Un sistema que, comparado con los de otras regiones del mundo, e inclusive, comparado con sus primos en otros países de habla inglesa, resalta cómo los estadounidenses tienden a valuar mucho más su libertad sobre la igualdad de resultados, son feroces en su lucha para llegar a ser emprendedores, aman y abrazan la competencia, igualmente tienden a moverse lejos y seguido de su casa y su trabajo, desconfían y son hostiles ante el poder del gobierno, tienen una preferencia para comprometerse en acciones voluntarias en lugar de acciones colectivas basadas en coerción.

Estos perfiles del material del estadounidense, a pesar de muchas excepciones, variaciones y, sobre todo, su reciente erosión entre las nuevas generaciones, no son mitos. La cultura individualista, amantes de la libertad, emprendedores, competitivos, de gran movilidad, voluntaristas—comparada con el resto del mundo—se muestra única con incontables hechos históricos y contemporáneos. Eso es lo que los americanos son y cualquiera que preste atención a su entorno lo sabe. Ellos han sido así desde el inicio. De hecho, han sido así desde mucho antes del inicio de los EU como nación.

Porque tienen un carácter único y orientación diferente hacia su vida. Arreglos políticos y económicos que funcionan bien en otros lugares, en EU no resultan. Y, al contrario, lo que funciona en EU no necesariamente sirve en otros lugares. Algunas cosas a las que los estadounidenses dan gran valor, en otros países son rechazadas y hasta prohibidas. La comunidad mundial se impresiona al ver el grado de inseguridad y desigualdad que los estadounidenses aceptan como precio de su libertad, por su prodigalidad y el duro trabajo que aceptan como precio de sus confortables modos de vida, por su aversión para recibir o solicitar beneficios gubernamentales que no consideran como un derecho, por su forma de aceptar la importancia de la religión en sus vidas privadas, por su posesión de fuerza letal para protegerse, proteger a sus familias y sus propiedades, por su confianza en las fuerzas armadas para defenderlos contra amenazas externas a su libertad, sus vidas, y su bienestar económico.

Mucha gente alrededor del mundo tiene creencias diferentes. Los países de la Europa continental consistentemente han votado por una forma diferente de arreglos económicos y políticos. Pero cuando los políticos en EU sugieren a la gente que su país debería estructurarse como Suecia, o Francia, ya no digamos China, cometen un grave error. En EU, después de un siglo de sufragio universal, la mayoría de los ciudadanos han rechazado la democracia social europea o la han tolerado en fragmentos y pedacitos. De igual forma, el sinigual carácter americano significa que arreglos económicos y políticos que han operado muy bien en EU, no siempre se pueden exportar exitosamente a otros países. Y es cuando los políticos en EU confunden afirmando que su democracia si se puede trasplantar, o hacer que otros países luzcan como EU.

Pero cuando afirman que EU es diferente del resto del mundo, están describiendo el excepcionalísmo único de su país. Observando la realidad de ese particular excepcionalísmo americano, solamente requiere reconocer los hechos. Los EU tienen una cultura única y diferente que ha sido clave para haber construido un país inigualablemente rico, poderoso, y muy influyente. El impacto de los EU en el resto del mundo ha sido excepcionalmente grande, y aun si se piensa ha sido bueno o malo, no se puede negar su importancia. Entonces, ese fenómeno tan especial no es una opinión, tampoco un vago sentimiento, sino un hecho comprobable. Reconocer ese excepcionalísimo no es necesariamente reclamar una superioridad moral, es un hecho sin discusión, amemos u odiemos los EU.    

Pero como también sucede, algunas gentes que observan y entienden su cultura, o tienen puntos de vista penetrantes acerca de ella, son gentes que no aman a EU, e inclusive, gente que los odia. Sayyid Qutb, el padre del moderno jihad, odiaba a los EU. Sin embargo, correctamente entendió que un elemento especial de la vida y el desarrollo estadounidense es ese inusual grado de libertad del que gozan las mujeres. Alexis de Tocqueville tenía emociones mixtas acerca de EU. El observó en el nuevo país el acenso de la democracia estilo americano como algo que había que temer. Sin embargo, se reconcilió consigo mismo por la pérdida del viejo mundo aristocrático, observando la providencial mano de dios en la emergencia de la democracia liberal. Y a pesar de sus recelos, entendió a los EU mejor que cualquier otro observador foráneo.

Es importante el conocer esa cultura única y excepcional de EU porque el país en estos momentos requiere de reformas fundamentales. Pero, para detectar que es lo que realmente necesita en términos económicos, políticos y sociales, primero necesitan conocerse y entenderse ellos mismos. Que es lo que son y como es que llegaron a ese punto. Al encontrar esas respuestas, los estadounidenses estarán en posición de pensar con lógica para encontrar opciones y prospectos realísticos.

¿Por qué los EU son así? Muchos grandes pensadores han tratado de responder esta pregunta, pero todas las respuestas han sido superficiales porque ellos no cavaron lo suficiente, o no voltearon hacia el pasado con más profundidad, en parte porque no tenían la información que hoy día está disponible. No se afirma que los analistas actuales son mejores que Alexis de Tocqueville. Pero señalamos que hoy día existen 180 años de información acumulada que no tuvo Tocqueville. Lo primero que se ha detectado en investigaciones modernas, es que esta cultura tan especial y excepcional tiene raíces muy profundas que datan de mucho más de mil años, y son anteriores de la fundación del país, su constitución y también anteriores a los primeros asentamientos ingleses en el nuevo mundo.

Esa cultura se ha desarrollado, adaptado, evolucionado y modificado en el correr de un largo tiempo. Aun a pesar de cambios en la política, la ley, la economía y la tecnología, esta cultura con el paso de los años ha permanecido continuamente reconocible para el mundo. La cultura americana hoy día es parte de un potente organismo viviente y evolutivo que se ha estructurado durante siglos, y también ha permeado hacia otros continentes. Esa cultura que se entiende como un patrón de comportamiento dentro de un grupo específico de gente que se ha trasmitido de una generacion a la siguiente, y no es de origen genético.    

Es sumamente importante entender que la cultura americana no es genética. Es una cultura que se puede y ha sido adoptada por gente de todos los antecedentes étnicos posibles. La idea que existía hace más de un siglo, en el sentido que había algo especial acerca de la sangre anglosajona que fuera la chispa para el inicio de la cultura en todos los países de habla inglesa, ha sido ya muy rebatida con una incuestionable masa de evidencia. Entonces ¿Cuál es el corazón de esa cultura americana, su rasgo único, eso que ha hecho de los estadounidenses lo que son? La respuesta ha estado siempre a la vista y no se le da la debida importancia, porque ante los ojos de todos nosotros es algo normal.

El corazón que palpita sin cesar para darle vida a la cultura americana, es la libertad y su núcleo familiar tan importante. 

Por: Sergio Romano Muñoz*

Una vez fue cuando ganó la presidencia Vicente Fox. La gente salió a celebrar por a la calle, tocando los claxons, con banderas del PAN o mantas con la cara del ex-ejecutivo de Coca Cola que había tomado modos y modismos de personaje norteño (botas incluidas) y que con un lenguaje popular –“víboras prietas, tepocatas”– le llegó al corazón a la gente, por encima del gris Ernesto Labastida (“Lavestida”, diría Fox en campaña) y el avejentado Cuauhtémoc Cárdenas.

Otra ocasión en que “nos la metieron doblada” fue cuando Enrique Peña Nieto le ganó la presidencia a AMLO. Porque nos prometían lo mal que nos iría con Peña y que “estaríamos mejor con López Obrador”.

O cuando llegó de rebote a la presidencia aquel efecto colateral llamado Ernesto Zedillo, gris entre los grises, cuando quitó los alfileres que proverbialmente Salinas de Gortari preguntó: “¿y para qué los quitas?”. O cuando Calderón desató su guerra al narcotráfico dejando 20,000 muertos mediáticos al año.

La primera vez que escuché la expresión “meterla doblada” estaba en sexto de primaria, justo en la edad en que los hombrecitos, a las puertas de la pubertad, se ríen con frases como “no se apene” y chupar una paleta es considerado una reprobable acción homoerótica que se castiga con burla pública. Siempre me pareció una frase un rayana en el absurdo, incluso a los 12 años de edad, ya que “meterla doblada” implicaría un dolor enorme… se entiende la intención, que “duela más”, pero para mí siempre ha sido una expresión desafortunada. Y ahora Paco Ignacio Taibo II, ese español comunista que quiere que se expropien empresas que no se alineen y se fusile quien esté en contra del régimen, nos la metió doblada.

“Nos” la meten doblada cada vez que el América gana, o que Pumas le gana al América, o que México pierde en los Mundiales o las Copa América. Meterla doblada parece estar muy ligada al futbol. Como también es subirse al auto e irse por las avenidas principales de la ciudad con las banderas del equipo al que le vamos y ha ganado un campeonato.

Y es que ésa es la realidad de nuestra madurez política como nación: le vamos al PRI; PAN o MORENA no por sus propuestas políticas, sino porque son los partidos a los que le vamos. Al parecer, MORENA entendió esto a la perfección y con la ayuda de personajes siniestros como Taibo, con su lenguaje que puede confundirse con pintoresco por lo vulgar, ha conseguido llegarle al corazón.

El problema es que nuestro país no es un partido de futbol.

*Sergio Romano Muñoz es, además de libertario convencido, experto en la industria del entretenimiento. Ha sido agente de artistas, productor de radio y TV, scouter de bandas musicales y director de una editorial. En la actualidad trabaja en su primera novela y en una serie de cómics.