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Por: Hugo Marcelo Balderrama*

En 1990, el fallecido Fidel Castro y Lula Da Silva fundaron el Foro de Sao Paulo. Según ambos personajes “el Foro fue constituido para reunir esfuerzos de los partidos y movimientos de izquierda después de la caída del muro de Berlín y las consecuencias del neoliberalismo en los países de Latinoamérica y el Caribe”. En la época de su fundación Castro era el único miembro en un cargo de poder. Pero la pandilla izquierdista la tenía muy clara: había que tomar el poder. En agosto de ese año en Bolivia se realizó la marcha por el “Territorio y la Dignidad”, primeros embates del indigenismo. El 4 de febrero 1992, Hugo Chávez ejecutó un intento de golpe en Venezuela. Y la defensa de la hoja de coca aparecía en escena de la mano de Evo Morales.



Para finales del siglo XX y principios del XXI, Hugo Chávez, Rafael Correa y Evo Morales habían ganado las elecciones presidenciales en Venezuela, Ecuador y Bolivia. La revolución cubana recibía un aire de renovación. Y las viejas fuerzas de izquierda tenían en los homosexuales nuevos militantes, tanto así, que el “Che” Guevara, un asesino de homosexuales, pasaba a ser símbolo de las nuevas “minorías” discriminadas por la sociedad. El foro de Sao Paulo se convertía en la fuerza hegemónica de la política regional.

Una vez en el poder, los presidentes foristas actuaron bajo el mismo libreto.

Primero, convocaron asambleas constituyentes con el objetivo de fabricar constituciones a medida de las ambiciones del foro. Segundo, debilitaron las fuerzas políticas de oposición. Tercero, establecieron grupos paramilitares con el fin de apuntalarse en el poder. Cuarto, empezaron un plan de nacionalización y expropiaciones de empresas nacionales y extranjeras. Quinto, avasallaron el derecho propietario con regulaciones sobre las tasas de interés, incrementos de impuestos y endurecimiento a las leyes laborales. Sexto, realizaron modificaciones a las leyes electorales con el objetivo de instalar tiranías por la vía democrática. Y séptimo, incrementaron el gasto estatal a niveles astronómicos.

Una población muerta de hambre y con todo tipo de padecimientos es fácilmente controlable.

Como la realidad no puede ser burlada, tarde o temprano, los desordenes provocados en la economía pasan factura. La mora bancaria se incrementa haciendo tambalear el sistema financiero, la inflación empieza con un espiral ascendente que parece no tener fin, los productos desaparecen de los mercados y los trabajadores ven diluirse el poder adquisitivo de sus salarios. Cuba está en ese círculo de pobreza más de 50 años y Venezuela cerca a los 20. Sabiamente, el teólogo americano R. J. Rushdoony llama “Planificación de la hambruna” a las políticas económicas socialistas.

Lastimosamente, la derecha Latinoamérica fue tomada por sorpresa. Las fuerzas políticas seguían repitiendo la receta del “neoliberalismo”, un intento de tener un estatismo ordenado y con salud financiera. Los “think thank” defensores del libre mercado adoptaron, sin crítica alguna, los dogmas del marxismo cultural. Y los pocos académicos no socialistas, como mi querido maestro Alberto Benegas Lynch, siguen sin entender la naturaleza del socialismo.

El socialismo no es un error como ingenuamente piensan muchos intelectuales. El socialismo es la representación política de la maldad. Los socialistas no son buenos muchachos a los que les falta aprender economía. Los socialistas son sujetos con un profundo odio a la humanidad. La izquierda es la reunión de los peores elementos de una sociedad. Los vagos, los ladrones, los resentidos y los fracasados encuentran en la izquierda los pretextos para culpar a los demás de sus propias angustias.



Entonces, hundir a sus países en la miseria es un éxito. Una población muerta de hambre y con todo tipo de padecimientos es fácilmente controlable. Por ejemplo: un sándwich de jamón era la forma de obligar a los cubanos a soportar los interminables discursos de Fidel Castro. Y qué venezolano piensa en política cuando tiene una inflación del 14000 por ciento.

¿Hay salida? Si, aunque en el largo plazo. El primer paso es empezar a ganar espacio en el espectro político. Los conservadores debemos hablar de las bondades del libre comercio con los comerciantes informales, los pequeños ahorristas y los trabajadores por cuenta propia, todos victimas del actual sistema. Los cristianamos debemos predicar en nuestras iglesias que cristianismo y socialismo no son compatibles. La derecha debe dejar los guetos académicos, está muy bien hacer libros y ensayos, pero es insuficiente. Finalmente, hay que terminar con ese discurso de “mi país es distinto”. No señores, la verdad es única y universal. No existe una verdad para Bolivia y otra para Cuba o Venezuela ¡por favor! Ese chauvinismo infantil es muy funcional a las tiranías.

*Hugo Marcelo Balderrama es Licenciado en economía y licenciado en Ciencias políticas. Se desempeña como profesor de economía, comercio exterior y planificación financiera. En Facebook: facebook.com/Marcelo.derecha

Por: Víctor H. Becerra*

El socialismo fracasa siempre. No importa en que país, ni en que momento de la historia, pero siempre fracasa. La evidencia histórica es clara y contundente al respecto. Pero no es necesario remitirse mucho en el pasado, el que nos brindaría muchísimos ejemplos. Basta con ver lo que pasa hoy en Cuba, Nicaragua y Venezuela para apreciar la enorme magnitud de ese fracaso y sus dolorosas consecuencias.

El régimen cubano, por ejemplo, inició hace unos días la discusión de un nuevo proyecto de Constitución. En él se elimina el término comunismo, por lo que desaparece la referencia al “avance hacia la sociedad comunista”, si bien se mantiene al socialismo como política de Estado. También se añade “el reconocimiento del papel del mercado y de nuevas formas de propiedad, entre ellas la privada” y se destaca “la importancia de la inversión extranjera para el desarrollo económico”, aunque la planificación socialista constituye “el elemento central del sistema de dirección del desarrollo económico y social”.



Así, la dictadura cubana reconoce el fracaso del comunismo y el socialismo pero no cambia nada en lo sustantivo, de modo que “el socialismo y el sistema político y social revolucionario, establecidos por esta Constitución, son irrevocables”, y dicta que el Partido Comunista es “la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado”. Aspira pues, a grandes rasgos, a trasplantar el modelo chino al trópico caribeño para remendar su fracaso económico y seguir reinando.

Tras largos 60 años en el poder, el régimen castrista reconoce así que erró en sus metas y estrategias, pero decide aferrarse al poder, elaborando una nueva constitución a su modo y para su beneficio, sometiéndola a una consulta controlada, solo para mejorar su imagen. “A falta de pan, hagamos circo”, parece decir la dictadura cubana: el proyecto deberá discutirse en 135 mil asambleas públicas y después, aprobarse en referéndum. Una inmensa puesta en escena en un país que controla la vida de cada ciudadano, no sólo públicamente, sino uno a uno, vecino a vecino, casa por casa. Ni los nazis tuvieron semejante control: Hitler creó comités de vigilancia por regiones urbanas. Fidel Castro fue aún más lejos y los estableció en cada calle, en cada cuadra, instituyendo un sistema de control, delación e intimidación nunca antes visto.

En Nicaragua, el régimen de Daniel Ortega continua la represión contra sus opositores, contabilizándose 317 muertos hasta ahora y varios miles de heridos. Tras 11 años en el poder (y otros 11 años con anterioridad), en los que burló todos los procedimientos y reglas de la democracia liberal, en que secuestró instituciones y compró o eliminó opositores y críticos, Ortega ha llegado al punto de quiebre de todo socialista: usar la fuerza bruta para continuar en el poder, evidenciando así que su ambición y codicia están muy por encima de sus supuestos ideales.

Tras 100 días de protestas, son preocupantes los signos de que Daniel Ortega ha decidido atornillarse en el poder para siempre, con el apoyo del Ejército y de grupos paramilitares, siguiendo el ejemplo de los regímenes de Cuba y Venezuela. El apoyo público de estos regímenes a Ortega (y quizá también su apoyo en armas y grupos estrenados para reprimir), junto con el del Foro de San Pablo, habla de que se teme que su posible caída podría repercutir en la estabilidad del chavismo venezolano.

En Venezuela, en tanto, el FMI ha calculado que, este año, su economía se contraerá un 18 por ciento, totalizando una caída récord del 50 por ciento en los últimos cinco años, además de estimar que la inflación podría llegar al millón por ciento, entrando a la nómina de las mayores hiperinflaciones en toda la historia; en el futuro, quizá ya nadie hablará de las hiperinflaciones de Alemania o Zimbawue, sino de la de Venezuela, como modelo de lo que no se debería hacer.

De allí el reconocimiento de Nicolás Maduro: “Los modelos productivos que hasta ahora hemos ensayado han fracasado y la responsabilidad es nuestra”, como señaló recientemente. Pero ese mea culpa no es sino una estrategia para ir ganando tiempo, en espera de un milagro, que no se dará. La supuesta tentativa de magnicidio en contra de Maduro, el sábado pasado, que parece ser un montaje o un simple accidente doméstico usado políticamente, para distraer la atención de los problemas de Venezuela (y de Nicaragua), y tratar de unir a un crujiente chavismo, habla del nivel de desesperación del gobierno venezolano, desesperación que puede llevar a mayores locuras.

Dicho esto, la dolorosa experiencia de esos países debiera ser una seria advertencia para México. El ganador de la elección presidencial, Andrés Manuel López Obrador, ciertamente está (creo) lejos de cualquier veleidad socialista: es sólo un priista decrépito, anhelante de reconstruir el viejo presidencialismo autoritario de este país (aunque muchísimos de sus aliados son admiradores, cómplices jubilosos de los regímenes de Cuba y Venezuela). Pero sus proyectos se van encaminando a poner en cuestión todo principio de una democracia liberal.



Así, López Obrador anuncia crear una “Constitución Moral” para buscar el “bienestar del alma y fortalecer valores”. También propone quitar al Poder Judicial la facultad de controlar la constitucionalidad, imponer un fiscal anticorrupción adicto a él, establecer un sistema de jefes políticos o procónsules para sustituir a los gobernadores y consolidar la presencia territorial de su partido desde el gobierno, cuestionar facultades y atribuciones de autoridades autónomas (la autoridad electoral, las universidades públicas, el sueldo de los otros poderes), entre otros proyectos más y más desaforados (desaforados incluso para un régimen tan intervencionista como el mexicano). López Obrador parece ignorar todo límite legal y creer, en cambio, que su amplio triunfo le permite pasar encima de todo y de todos.

México podría así irse alejando de tal modo de la idea de una democracia liberal, manteniendo los procedimientos electorales pero solo para ir eliminando enseguida sus prácticas e principios, precisamente como hicieron los gobiernos de los que hablamos. De allí al salto al vacío del Socialismo del Siglo XXI podría mediar solo un paso.

*Víctor H. Becerra es Secretario general de México Libertario. En Twitter: @victorhbecerra

Por: José Juan Hernández Moncada*

[dropcap type=”default”]Q[/dropcap]uisiera comenzar con una frase del escritor hispano-estadounidense George Santayana “Aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo“.[1] Regresaré con la frase más adelante.

Muchos hemos escuchado una intensa campaña aunque intermitente, desde el año 2006, sobre que el actual y anteriormente candidato de lo que se ha denominado izquierda constituye un peligro para nación, siempre arguyendo que provocaría desequilibrios macroeconómicos derivado de sus propuestas nacionalistas y poco ortodoxas, sin embargo los analistas en su mayoría centrados en el tema económico, salvo algunas excepciones, han prestado poca atención a un hipotético escenario político sobre el proceder del señor López Obrador una vez envestido como presidente. En lo que a mí respecta creo que tanto el ámbito político como el económico en el proceder de un gobierno, están directamente ligados y proceden uno del otro; ¿Como podríamos crear un modelo predictivo del proceder económico de López? Únicamente a través de comprender su propuesta política.

Una historia…

Volviendo a la frase de inicio, permítanme contar una pequeña historia: Érase una vez una república que atravesaba ciertas dificultades económicas, principalmente derivadas de un entorno internacional adverso. El ánimo de la sociedad había caído por los suelos; desencantada con un sistema político dominado por una oligarquía repartida en partidos políticos que no habían ofrecido los resultados ni beneficios prometidos, ante el recrudecimiento de la crisis política y económica surgió un personaje; emanado de un estrato social modesto, sin grandes estudios ni conocimientos, pero logró una conexión con los sectores menos favorecidos de la sociedad.



Este hombre prometió una regeneración moral de la sociedad, apeló a los profundos valores del pueblo, el renacimiento del orgullo nacional, la autosuficiencia de la cadena productiva, el engrandecimiento de la nación, programas sociales de gran envergadura para la clase trabajadora. En su camino al poder logró forjar importantes alianzas en torno al peso y carisma de su persona con sectores que se considerarían incompatibles entre si; desde grupos empresariales, miembros de la vieja clase política, grupos de choque, lideres obreros y populares, este personaje se presentó a las elecciones donde logró un importante respaldo de sus electores, aunque no mayoritario, sí suficiente para llegar a gobernar.

¿Le suena familiar? Pues no se trata de México en el año del 2018, sino de Alemania en 1933, lo que sucedió después ya es historia por demás conocida…

Volviendo a nuestro país, independientemente del culto a la personalidad que él mismo y sus fieles profesan por la figura de López, dejando de lado las propuestas demagógicas como otorgar pensiones y becas universales a la “población económicamente inactiva”, el fin de la corrupción “por obra y gracia de su inmaculado ejemplo”, refinerías, cancelación de reformas y aeropuertos, y otra cantidad de disparates, que no son más que palabrería dirigida a conservar la fidelidad de su feligresía electoral; sin embargo  existen una serie de propuestas que forman parte de su programa que en lo particular me causan algo de escozor. Primera se trata de los referendos y consultas a mano alzada, propuestas de los cuales varios analistas ya se han ocupado, y que parecen extraídas del manual para el autoritarismo escrito por la historia.  Una de ellas, a la cual se le ha prestado escasa atención y que a mi parecer toca un tema bastante sensible, es la propuesta de la creación de una Guardia Nacional.

¿En qué consiste la propuesta de la Guardia Nacional? 

En enero del año en curso López presentó su programa de seguridad el cual aplicaría en caso de ser electo, en el cual además del disparate de la amnistía propuso la creación de un cuerpo armado denominado Guardia Nacional, el cual sustituiría al ejército y la marina en las tareas de preservación de la seguridad y la paz interior. Los miembros de este cuerpo armado provendrían del ejército, marina armada de México y policía federal. Hasta aquí parecería una simple propuesta de reingeniería institucional.

Sin embargo donde comienza a tornarse “sospechosista” la idea es cuando la analizamos en un contexto más amplio y ponemos sobre la mesa las declaraciones accesorias que el mismo López y sus lugartenientes han hecho al respecto.

En primer lugar ponemos los antecedentes autocráticos de López y el cómo se toman las decisiones en su partido Morena, donde él y solo él es la voz autorizada y portadora de la razón. Basta con ver los spots de cualquier candidato de ese partido: Sin importar el puesto al que aspire, aparecerá acompañado del líder moral, político y absoluto del partido; a esto le sumamos la intolerancia total con la que se conduce al calificar de traidor, vendido, corrupto o mafioso a cualquiera que se atreva a cuestionarlo o debatir alguna de sus ideas, intolerancia que ha sido transferida íntegramente a su feligresía, la cual utiliza como grupo de presión para intentar acallar por medio de la intimidación o el insulto a sus críticos.



Ahora, teniendo este escenario, Alfonso Durazo, uno de sus consejeros más cercanos en materia de seguridad y el mismo López afirman que la guardia sería controlada directa y absolutamente por el presidente. Adicionalmente los spots de Morena afirman que se integrara por soldados y marinos que respeten la ley. A diferencia de la Guardia Nacional estadounidense, que es una fuerza descentralizada, compuesta por civiles y al servicio principalmente de los gobiernos estatales; la guardia propuesta López sería un cuerpo militar o paramilitar, completamente piramidal y centralizado bajo el mando absoluto del presidente. A grandes rasgos eso es lo que sabemos hasta el momento de la Guardia Nacional de López.

Un dato.

Mucho se ha comparado a López y a su partido de promover un régimen similar venezolano, pero su vez quienes realizan tal afirmación, poco se han esforzado explicar los porqués de esta analogía. Las expropiaciones, los controles de precios, las políticas monetarias expansionistas e irresponsables, el derroche fiscal y otras medidas que han llevado a Venezuela a la absoluta ruina financiera, escasez, crisis e hiperinflación; no hubieran sido posibles si antes no hubiesen establecido rigurosos métodos de control político y social.

Uno de los ejes que han consolidado el poder de la mancuerna encabezada por Hugo Chávez y el PSUV, ahora encabezado por Nicolás Maduro y Diosdado Cabello, ha sido ni mas ni menos que la Guardia Nacional Bolivariana, elevada a rango constitucional para mantener “la paz y el orden interno de la nación” (tal y como propone López). En la  práctica la GNB se ha convertido en la policía política del régimen, además de las acusaciones que pesan sobre la GNB de tener vínculos con grupos guerrilleros afines al chavismo, ha sido utilizada por las autoridades como un instrumento de vigilancia y control de opositores, una fuerza eminentemente represiva, que en múltiples ocasiones ha servido para acallar con dureza a la oposición, donde se acusa directamente a la Guardia Nacional Bolivariana y al régimen de detenciones arbitrarias, torturas y asesinatos de opositores.[2][3]

Para concluir dejo algunas interrogantes para reflexionar sobre este asunto de la Guardia Nacional que propone López:

  • ¿En verdad es necesario otro cuerpo armado?
  • ¿No sería más fácil profesionalizar y depurar los ya existentes?
  • ¿No será que lo que en verdad se busca es debilitar la influencia de la oficialidad militar ya existente?
  • ¿No se parece esta idea a la Guardia Nacional Bolivariana, la Guardia Revolucionaria Islámica, la Guardia Republicana Iraquí o las Shutzstaffel?
  • ¿Quién decidirá que soldado o marino es honesto y respetuoso de la ley?
  • ¿En verdad les parece una idea sensata crearle un cuerpo armado a modo y leal a un individuo tan autoritario, intolerante y temperamental como López?
  • ¿No era ya un asunto superado el de las policías políticas como la extinta DFS?
  • ¿No es peligroso jugar con fuego?
  • ¿Cómo le llamaremos: Guardia Nacional Juarista, Cardenista u Obradorista?

¿Alarmismo? No lo creo. Dice el dicho piensa mal y acertarás…

*José Juan Hernández Moncada es Historiador y amante de la Libertad. Síguelo en Twitter: @JoséJuanHdzm

[1] La Vida de la Razón, Volumen 1: La razón en el Sentido Común, 1905. (La frase también ha sido atribuida a Confucio, Herodoto e incluso Napoleón Bonaparte.)

[2] Reporte de Human Rights Watch. 25 mayo 2014.

[3]BBC Mundo, El Alto Comisionado de Derechos Humanos de la ONU acusa a Venezuela de “uso excesivo de la fuerza” 8 agosto 2017

Por: Gerardo Enrique Garibay Camarena*

[dropcap type=”default”]E[/dropcap]l candidato a la Presidencia por la coalición “Juntos Haremos Historia”, Andrés Manuel López Obrador, ha cruzado una línea muy preocupante dentro de ese deporte nacional de proponer estupideces, que tanto le gusta practicar a los candidatos al calor de las campañas…digo, de las intercampañas, en las que se supone que no hacen campaña, pero sí hacen, sólo que procuran que no se note, más o menos.

¿Qué hizo ahora Obrador?




El martes, al registrarse como candidato del PES, partido ligado tanto a grupos evangélicos como a Osorio Chong, Andrés Manuel prometió que, al triunfar en las elecciones presidenciales, procederá a convocar la formación de una asamblea constituyente, la cual se encargará de elaborar una “Constitución moral“. Esta constitución tiene el objetivo de convertirse en un “código del bien”, con el objetivo de “establecer las bases para una convivencia futura sustentada en el amor y en el hacer el bien para alcanzar la verdadera felicidad.”

¿Por qué es tan preocupante?

Como explica Jordan B. Peterson (en su libro Maps of Meaning), cualquiera que pretenda transformar el mundo haciendo cambiar a los demás debe ser visto con sospecha, y eso es justamente lo que implican iniciativas como las de la Constitución moral, que además hace eco de una añeja tendencia que ha demostrado múltiples López Obrador: el hacer que las personas se porten bien por decreto, como lo ha mencionado una y otra vez al señalar que con él en la presidencia los corruptos y los narcotraficantes dejarán de hacer maldades.

¿AMLO es como Chávez?

Cualquier parecido con el Viceministerio para la Suprema Felicidad del Pueblo del régimen venezolano no es mera coincidencia. De hecho, conforme el chavismo se consolidó en el poder, recurrió cada vez más a argumentos “morales”, llegando hace un par de años al grado de proclamar oficialmente y en eventos multitudinarios el Chávez nuestro que estás en los cielos:

“Chávez nuestro que estás en el cielo, en la tierra, en el mar y en nosotros, los y las delegadas, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu legado para llevarlo a los pueblos de aquí y de allá, danos hoy tu luz para que nos guíe cada día, no nos dejes caer en la tentación del capitalismo, mas líbranos de la maldad de la oligarquía, del delito del contrabando porque de nosotros y nosotras es la patria, la paz y la vida. Por los siglos de los siglos, amén. Viva Chávez”.

Y no es sólo una similitud con el chavismo por ser ambos de izquierda, esa tentación también está presente en políticos de centro y de derecha. En realidad, la verdadera división no se encuentra entre izquierda y derecha, sino entre autoritarismo y libertad, y como explicaba hace año y medio en otro artículo, la gran peligrosidad de López Obrador y de los políticos de calaña semejante estriba en:

“…la actitud de considerar a las relaciones entre la humanidad y el legislador como si fueran semejantes a las que existen entre el barro y el artesano, como también lo denuncia Bastiat. Es la llamada “ingeniería social”, que asume a las personas como entes cuya voluntad y felicidad están sujetas al genio del gobernante, un “papá gobierno” con la atribución de decidir por los ciudadanos lo que éstos pueden o no desear, comer, fumar y, en términos generales, hacer con sus vidas.”



Se trata de ese delirio de grandeza que tienta particularmente a quienes se sienten elevados por encima de los simples mortales y se asumen con el derecho de resolver injusticias reales, imaginarias, pasadas y futuras. Cuando nadie los sigue, acaban considerados como locos, pero cuando sí tienen seguidores enloquecen a naciones enteras.

Por eso:

No le busquen, no le justifiquen, no le den vueltas, AMLO es uno de esos peligrosos iluminados. Es uno más de aquellos que a lo largo de la historia han pretendido imponer por medio del Estado una moral y felicidad construida a su gusto, convirtiendo a los opositores no sólo en adversarios, sino en herejes y a la lucha política en masacre en nombre del “bien.”

En pocas palabras, si Obrador convierte al Estado en guardián de la moral, cualquier oposición al gobierno deja de ser una discrepancia política y se transforma en una blasfemia.

Como explicó hace décadas C.S. Lewis, aquellos que nos atormentan “por nuestro propio bien,” nos atormentarán sin fin, pues lo hacen con la aprobación de su propia conciencia, y hacia eso apunta Andrés Manuel con su Constitución Moral, a convertirse en un tiranzuelo de buena conciencia, y esos son los peores.

Si en Venezuela rezan el “Chávez nuestro que estás en los cielos”, en México tendremos el evangelio según Pejehová. Los que no se sometan a la “buena nueva” serán torturados en la hoguera de la represión y todos los demás compartirán con ellos el bautizo del hambre, pues no vivirán de pan, sino de la demagogia que salga de la boca de AMLO, y tendrán hasta quedar hartos.

Y no hablo en primera persona, porque yo no me quedo a aguantar ese desgarriate.

*Gerardo Garibay Camarena es editor de Wellington.mx, columnista en diversos medios digitales y autor de los libros “Sin Medias Tintas” y “López, Carter, Reagan”.

Entrevista a Rafael Acevedo y Luis B. Cirocco, directores-fundadores de Econintech.

[dropcap type=”default”]C[/dropcap]uando pensamos en Venezuela, lo que solía venir a nuestra mente era Miss Universo, béisbol, petróleo y alegría, antes. Ahora, a la nación sudamericana se le relaciona con otros conceptos: socialismo, violencia, pobreza, tiranía, demagogia. Es la trágica historia de un país despedazado por el “Socialismo del siglo XXI”, a la que me he referido en varias ocasiones durante este año, incluyendo los artículos “Maduro no es el culpable” y “De Roma a Venezuela, el eterno fracaso socialista”.

Por: Gerardo Garibay Camarena

[dropcap type=”default”]L[/dropcap]o de Venezuela está dejando de ser tragicómico para quedarse en trágico a secas, literalmente, porque la cerveza se ha vuelto tan escasa que la gente desesperada saquea camiones de la marca “Polar” en plena carretera, mientras la cruda social y política provocada por la borrachera populista del chavismo, sigue destrozando a la república que alguna vez fue el ejemplo democrático de América del sur.