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China

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Por: Ricardo Valenzuela*

Hace unos días, Mark Levin entrevistaba a Niall Ferguson considerado como el más importante experto mundial en historia, economía, finanzas y relaciones internacionales. Una de sus primeras afirmaciones fue que, “cuando pasen los años se va a recordar como la política más acertada de la presidencia de Trump, el haber enfrentado a China en su conduta como el gran pirata de los mercados mundiales a quien siempre se le había permitido su fraudulenta avanzada”. El día siguiente, China, usando otro de sus trucos, devaluaba su moneda.

Afirmaba también que; “EU se empezó a preguntar si no había ido demasiado lejos promoviendo el crecimiento de China. Trump ha sido el despertador del país exhibiendo la conducta fraudulenta de la nación asiática. Provocó también una actitud partidista para entender que China es una amenaza no solo en aspectos económicos, también es una seria amenaza estratégica. China fue aceptada en la OMC en 2001 para debutar usándola con fines alarmantes. Porque no solo progresa económicamente, también se ha involucrado en una peligrosa extensión territorial parecida a la ejecutada por Alemania Nazi y la vieja Unión Soviética—pero más importante, compite tecnológicamente usando propiedad intelectual robada”. Su héroe es Winston Churchill por haber enfrentado el parlamento cuando pretendía entregar Britania a Hitler. 

La gente se sorprendería al saber que Donald Trump—crítico de tratados de libre comercio, de países “comiéndose el almuerzo de EU,” y piensa que el TLC ha sido uno de los peores—no se considera proteccionista. Y cuando alguien lo acusa de serlo se molesta y aún más cuando lo describen como otro Herbert Hoover, acusado de ser el causante de la Gran Depresión de 1929 con sus políticas proteccionistas.

Durante su campaña, Trump solicitó la ayuda de Laffer y Moore en una presentación de política económica que haría frente al Club Económico de Detroit. Trump ya era candidato y todos querían saber cuál sería la agenda de este fuereño, no probado, que se enfrentaría a Hillary. El evento había despertado descomunal interés tanto que, ante una asistencia inesperada, se tuvo que cambiar el lugar del auditorio normal a un masivo centro de convenciones, y sabían que los votantes y la media lo observaría con una potente lupa.

Volando de Nueva York a Detroit revisaban su mensaje, línea por línea, para que tuviera el lenguaje económico preciso y cumpliera su objetivo. Se unían también Steve Mnuchin, Steve Miller, Jared Kushner. Después de una larga discusión, el mensaje estaba listo para acomodarlo en la pantalla y Trump pregunta ¿Qué piensan del contenido? Los participantes se miraban unos a otros y Kudlow le responde: “Nos gusta, Donald, pero nos preocupa que no incluyas los beneficios del libre comercio internacional. Tienes que asegurar que entiendes el comercio es bueno y no dar la impresión de proteccionista”. Todos pensaron que Trump lo sacaría por una ventana.

De inmediato respondía: “Es cierto, debemos dejar claro ese punto. Soy hombre de negocios y por supuesto que entiendo el valor del comercio internacional”. Luego mirando a Steve Miller le dice: “Steve, necesitamos agregar algo que afirme nuestra posición sobre la bondad del libre comercio, pero un comercio justo, y justicia no es un comercio manipulado ni debe ser “an equal opportunity exporter”, debe ser a base de competencia. Para mí, comercio justo significa una actitud universal de abrir totalmente las puertas al comercio de todos los países. Por supuesto que no quisiera causar la impresión de ser proteccionista. Eso lo aprendí en la escuela de negocios de la Universidad de Pensilvania”.

Días después, Laffer tuvo una conversación con él. Después de hablar sobre el recorte de impuestos, Laffer trató de presionarlo con el tema del comercio. De forma política le advirtió que proteccionismo era uno de los peores verdugos de la prosperidad del brazo con impuestos, inflación y regulaciones. Le advirtió también que, elevando las tarifas, podía deshacer algunos beneficios del recorte de impuestos. Siempre sus tres economistas le repitieron. “Las tarifas son impuestos”. Trump no rechazó los consejos de Laffer y, a partir de esos momentos, se convirtió en un proyecto en proceso y ha asimilado 100% el comercio internacional en toda su magnitud.

Algo que compartió con sus asesores, es que sus bravatas con tarifas a China, Canadá, México y la Unión Europea, es conseguir que ellos reduzcan las suyas. Su forma de interpretar este escenario es que los persistentes déficits comerciales de EU son evidencia del abuso que sufre en los mercados y que, con amenaza de sanciones, podía lograr que esos países abrieran las puertas a productos americanos. Con el paso del tiempo los economistas entendieron bien su filosofía, sus tácticas para negociar y sus objetivos. Ahora están seguros qué firmemente reconoce las ventajas del libre comercio. Pero con igual firmeza cree que la forma de establecer mejores relaciones comerciales es usando el mercado de consumidores en EU, de trillones de dólares, como la zanahoria para motivar a esos países y abran los suyos hoy día manipulados.

Para entender a Trump hay que leer su libro; “El Arte de Negociar”. Afirma Laffer que aprendió del presidente que no importa si está negociando con el Congreso o gobiernos foráneos, el objetivo es lograr el mejor acuerdo posible. Y Trump es un gran negociador y mejor jugador de póker. En aspectos de comercio internacional siempre ha mostrado una postura agresiva. Pero confiesa que ha sido para llamar la atención mundial y comunicar ahora hay alguien que vigila las leyes comerciales se cumplan, y naciones como China, que se han beneficiado de la apertura total de los mercados de EU, ahora deben hacer lo mismo con los suyos. ¡Nunca ha considerado que las tarifas sean permanentes!

En el caso de China, especialista en el robo de patentes, secretos, tecnología, manipulación de su moneda, lo que administraciones pasadas siempre lo permitieron, no era tolerable y se debía corregir. La situación ideal para él sería un mundo en donde se aniquilen todos los elementos negativos que han acudido a establecer un entorno de comercio, que nada tiene de libre. Su visión es una en la cual se abolieran 100% tarifas, subsidios, impuestos, tratos preferenciales, manipulación de monedas, y él está decidido a romper esas cadenas para lograr el objetivo que le diera vida, ¡que sea verdaderamente libre!

Afirma su estrategia es la de Mohamed Alí quien, a base de intimidación, ganaba sus peleas antes de subir al ring. Alí, quien fue amigo de Trump, en cierta ocasión le comentaba que estando en el ring para enfrentar a Liston se moría de miedo, pero, cuando vio en los ojos de su adversario que el miedo de Liston era aún más grande, la pelea estaba decidida. ¿Es una buena estrategia? Solo el tiempo lo dirá, pero las herramientas de Trump frente a China son superiores a las de Mohamed Alí cuando, en 1964, enfrentara al temible ogro invencible y ya conocemos el desenlace. Pareciera que Trump cree en el refrán: “Cría cuervos y te sacaran los ojos”. Y como cantara José Alfredo; “aquel que doble las corvas, le va a costar su dinero”. 

*Ricardo Valenzuela es economista, empresario y analista. Su cuenta en twitter: @elchero

Por: Fausto Hernando Canto García*

Desde la caída de la Unión Soviética a inicios de la última década del siglo XX, se sostuvo que el mundo ya no habría de dividirse entre dos polos, augurando el surgimiento de un mutipolarismo de poderes regionales que, en mayor o menor medida, tendría a Estados Unidos a la cabeza como potencia quasi-hegemónica.

Sin embargo, con la implementación del pseudo-capitalismo de la República Popular China y el nuevo ascenso en el plano político internacional de una Rusia ahora nacionalista, parece que de nuevo el mundo parece estarse partiendo otra vez en dos: los que descansan tranquilos sobre el poder económico y político del dólar y los que lo hacen sobre los mismos poderes, en ascenso, del Yuan.

Y es que yo sostengo que la guerra fría nunca acabó, sino que se trasladó a un nuevo rubro que, si bien EE.UU. conoce a fondo, el lado contrario no había explorado hasta hace unas pocas décadas, hablamos de la nueva guerra comercial donde las empresas juegan un papel importante para crear aceptación no sólo de sus productos, sino del país mismo donde están asentadas y -obviamente- de sus respectivas agendas políticas internacionales.

Sin temor a parecer exagerado por lo dicho en el párrafo anterior, me remito a la última fiebre que ha azotado a mi país: la Huaweititis. Y es que bastó el solo anuncio de varias empresas americanas (como Google) de retirarle las licencias de uso de su software a los smartphones de la empresa china Huawei, para que salieran miles de usuarios en redes sociales en defensa no sólo de la marca sino, en general, de China. Esto sin importar las ENORMES restricciones que China lleva imponiendo a marcas tanto de EE.UU. como de Europa e, incluso, de otros países asiáticos como Japón y Corea del Sur.

La Huaweititis es una de muchas fiebres que han afectado a diversos países donde la inversión China llega de la mano de marcas que ofrecen buenos productos -no se niega- a un costo muy bajo, otras veces razonable. Conozco, incluso gente en Venezuela que trabajó para Huawei y estima la marca y a China, toda vez que los yuanes han sido el principal motor de la dictadura que detestan y soportan a diario, de ese tamaño es la ingenuidad.

Todo lo escrito que antecede a este párrafo tampoco quiere decir que sea un idealista con respecto a Estados Unidos, de quien ya dijimos que lleva más tiempo creando simpatías a través de sus marcas y sus productos que China. Por eso sostengo que es grave que las dos potencias económicas del planeta tengan de rehén a la libre competencia, que no es libre y tampoco es competencia, pues tanto las empresas chinas como americanas se desenvuelven en actos desleales como la imposición de aranceles proteccionistas, el robo de información y, en últimos tiempos, de espionaje y de sabotaje.

Lo verdaderamente funesto son los molestos fanáticos que no comprenden que esto va más allá de defender una marca: se trata de defender a regímenes que pisotean los derechos de millones de seres humanos al rededor del mundo, causando hambre y muerte, cuando menos censura.

Concluyo señalando que, independientemente que uses iPhone o Huawei, evita comprometer tu consciencia por un producto; el comercio debe ser libre como libres debemos ser las personas. Mercados libres para personas libres, sin agendas y lealtades políticas y antes de rasgarte las vestiduras porque ya no tendrá Android tu próximo teléfono Huawei, recuerda que en China hay alguien que no puede lanzar un tweet contra sus políticos ni postear en Facebook o Instagram.

*Fausto H. Canto García es egresado de la carrera de Relaciones Internacionales en la Universidad de Quintana Roo