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Covid-19

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Por: Hugo Marcelo Balderrama*

Es verdad que no estábamos preparados para la pandemia del COVID-19, pero tampoco lo estábamos para la cuarentena -que, en países como el mío, ya se volvió tan letal como el coronavirus-. Por eso, mientras la mayoría de la población espera un retorno a su vida cotidiana, los Estados nos hablan de una «nueva normalidad», de distanciamiento social, de un rebrote de la enfermedad y de una inminente crisis económica.

Ahora bien, ya que la pobreza es la condición natural de la humanidad, sólo la producción constante es lo que nos permite un mejor nivel de vida. Por lógica, un parón de la economía nos está llevando al punto de partida otra vez. Y eso no es una especulación teórica, sino una realidad palpable. Por ejemplo, en Bolivia, Perú y Ecuador los índices económicos muestran quiebras, despidos masivos, recesiones y escasez de productos. Tristemente, las políticas keynesianas de los gobiernos empeoraran la situación.

Pero, de todas maneras y con la complicidad de una población aterrorizada, distintos gobiernos alrededor del mundo usaron la pandemia para implantar el estado de excepción, utilizar la fuerza sobre sus ciudadanos e incrementar el número de atribuciones y competencias del Estado sobre la economía -medidas que hubieran causado la envidia de Mao Tse-Tung Joseph Stalin-.

Eso presenta algunos dilemas serios. No hay una manera realista de conducir una economía compleja e interconectada durante un periodo extendido de tiempo cuando un país -o incluso grandes porciones de este- está clausurado. Un problema similar surge si el coronavirus demuestra no ser un visitante de una sola vez, sino que resulta pareciéndose a las epidemias de influenza que van y vienen cada año, pero que nunca se van totalmente. Además de los obstáculos económicos, las poblaciones encerradas a la fuerza se resentirán profundamente, con justa razón, si sus vidas son interrumpidas repetidas veces por mandatos de los burócratas. También deberíamos estar preocupados acerca de los precedentes que estamos sentando. No queremos que los funcionarios públicos demasiado cautelosos o ególatras estén tentados a imponer medidas drásticas en respuesta a emergencias menores de salud o de otra índole. Y no se trata de buena voluntad u honestidad, sino de ontología, ya que los Estados tienen una naturaleza represiva, por ende, jamás podrán crear riqueza ni sacarnos de la miseria, pero si esclavizarnos a nombre de una buena causa.

Entonces ¿Qué deberíamos hacer para superar la crisis económica y emocional en la que nos metieron?

Primero, volver a refugiarnos en la familia, que como bien lo dice el premio nobel en economía James Heckman:

La familia es la fuente de vida y crecimiento. Las familias construyen valores, fomentan (o desalientan) a sus hijos en la escuela y fuera. Las familias, mucho más que las escuelas, crean o inhiben las oportunidades de vida. Una gran cantidad de evidencias muestran el poderoso papel de las familias para dar forma a la vida de los hijos.

Hoy nos encontramos en casa, algunos añorando la presencia de seres queridos que no podemos ver, y algunos otros, quizás, cansados de la apretada convivencia familiar. Pero, si algo nos ha enseñado esta cuarentena, es que este es el momento para amar más al que tenemos cerca, y valorar a los que están lejos.

La pandemia puede ser, para todos, una oportunidad de acercarse al otro, de ejercitar las virtudes -y tener paciencia con los defectos-, para que la vida familiar no sólo se tolere, sino que se disfrute, para que los padres escuchen a sus hijos y los hijos aprendan de sus padres, este puede ser un momento para aprender algo nuevo, para ayudar, solidarizar, y para volver los vínculos familiares más sólidos y auténticos. Sobre la revitalización de la familia, descansará la sociedad, que saldrá de este acuartelamiento siendo más fuerte, más unida, con una mayor identidad y armonía. No pretendo mostrar un mundo color rosa y sin problemas, porque apenas volvamos a las calles, la enfermedad y los problemas seguirán ahí. Pero es necesario ante las dificultades, que se anuncian por venir, estemos preparados y que la unión familiar sea la mayor conquista para sobrellevar actuales y futuros tiempos de dolor.

Y segundo, exigir un paquete de medidas económicas que liberen los mercados, fortalezcan la propiedad privada y limiten la acción de los Estados.

Verbigracia, una mayor flexibilidad laboral. Muchos trabajadores preferirían sacrificar una porción de su sueldo temporalmente a tener que perder, quizás permanentemente, su trabajo. Adicionalmente, para que las empresas retengan a sus empleados, se debe rebajar la carga tributaria y crear incentivos.

El impuesto sobre las utilidades empresariales, en el caso de Bolivia, para todas las empresas debería bajar a un 15%. Adicionalmente, para aquellas que retengan al 90% de sus empleados durante los próximos 3 años se les podría aplicar un impuesto de solo 5%.

Finalmente, ya que los consumidores verán su bolsillo golpeado por gastos extra frente a la crisis e ingresos menores -además, se enfrentarán a la escasez de ciertos productos-. Los gobiernos pueden ayudar eliminando todos los aranceles a las importaciones. En resumen, se necesita menos Estado y más familia.

*Hugo Marcelo Balderrama es Licenciado en economía y licenciado en Ciencias políticas. Se desempeña como profesor de economía, comercio exterior y planificación financiera. 

Por: Víctor H. Becerra*

A muchos gobiernos latinoamericanos parecen estorbarles las empresas. La actual crisis va a arrasar con millones y millones de puestos de trabajo. Esto debiera obligar a un claro liderazgo de los gobiernos para preservar el tejido empresarial, y salir así lo más indemnes y pronto posible del desastre en ciernes. Pero sucede lo contrario: Los gobiernos hacen todo lo posible para estorbar.

El gobierno latinoamericano promedio cree que imponiendo cierres forzosos y sin atenuantes, controles de precios, prohibiciones de ajustes salariales y de plantillas laborales, nuevos impuestos y regulaciones, es decir,  dinamitando al sector privado, va a garantizarse mayores recursos para proveer abundancia, justicia e igualdad en la sociedad. Ese es un error que la historia y la estadística han desmentido, una y otra vez. Actúan con una enorme ignorancia en lo económico y un temerario bolivarismo en lo político.

Nunca es tarde para recordar que los gobiernos no producen riqueza; ésta la producen las empresas. El Estado sólo gestiona, bien o mal (generalmente mal), el dinero que arranca a las empresas. Así, no hay gobierno sin empresas: El sector público se paga gracias a las empresas privadas. Por eso, sólo con las empresas podríamos salir de esta crisis, si no se les pone más escollos y cargas.

Ha sido un error mayúsculo el cerrar la economía, sin atenuantes, y sin ofrecer a las empresas la posibilidad de exonerar impuestos, reducir sus tasas o, al menos, posponer su pago mientras dura el confinamiento.

Al respecto, no es posible que el gobierno de manera abrupta haya ordenado el cierre masivos de la actividad económica sin siquiera ofrecer algún tipo de compensación, de la misma manera que es dable esperar una compensación justa por una expropiación estatal. Lo adecuado es que el Estado se haga cargo de las consecuencias de sus órdenes, en lugar de actuar irresponsablemente, dejando a su suerte a los damnificados.

Sin duda, apoyar fiscalmente a las empresas supondría una disminución adicional de la recaudación y un alza del déficit a corto plazo, pero permitiría sobrevivir a muchas empresas y les proporcionaría los incentivos necesarios para reactivar la economía.

Después, prohibir a las empresas el despedir o ajustar salarios ha sido como si el gobierno prohibiera a las personas enfermarse. O morir. Y significará enviar a miles de empresas a la quiebra, haciendo irrecuperables sus empleos, que ya no estarán allí cuando pase la tormenta.

Recargarse contra las empresas y asfixiarlas, sabemos, es la típica jugarreta populista, que finge proteger a trabajadores y consumidores, pero que sólo empeora las cosas al final. El gobierno echa así sobre las empresas los costos de sus propios errores y de sus malas y tardías decisiones.

En lo sucesivo, ¿quién va a crear un negocio o invertirá en un país donde lo primero que se decide en un cierre de actividad por emergencia es que las empresas carguen con todos los costos, paguen todos los impuestos y se endeuden con el propio gobierno? Eso significa socializar los errores de políticos y gobiernos.

En plena crisis, por el contrario, abundan los ejemplos de empresas y empresarios que se han arremangado los puños y ayudado a paliar los efectos de la crisis de formas innovadoras, desprendidas y sin esperar la orden del gobierno. Han puesto el ejemplo.

En cambio, a los tradicionales activistas en contra del capitalismo, las empresas, la globalización, la propiedad privada, etc. no se les ha visto durante ella, excepto en su papel de insultadores públicos. El capitalismo ha sido más eficiente y solidario que el gobierno y los enemigos de la sociedad abierta y de la cooperación voluntaria.

Si algo ha demostrado la actual crisis es el fracaso del estatismo y del intervencionismo. Al enfrentarla, no han fracasado el capitalismo ni las empresas o los empresarios, sino el Estado, reflejado en el desastre generalizado, por no haber actuado el gobierno a tiempo, de manera previsora y organizada, con información real y transparente, sin histerias irresponsables.

Basta ver que la catástrofe sanitaria ha sorprendido al Estado sin reservas financieras y sin capacidades administrativas para enfrentarse a lo inesperado. Es el Estado, no el libre mercado, el que ha fallado trágicamente en su capacidad de reaccionar adecuadamente frente a desgracias inesperadas.

El impacto económico será peor cuanto más dure la negativa de los gobiernos de respaldar a las empresas, y en cambio, sigan repartiendo dádivas clientelares que serán difíciles de revocar cuando cese la alarma. Con dicho proceder, el papel del Estado se va a deteriorar de manera dramática. Muchos países se encaminan así a la insolvencia del Estado, que desembocará en una grave crisis fiscal. Y cuando las medidas gubernamentales prolonguen innecesariamente la recesión venidera, el mismo gobierno echará la culpa al capitalismo y pedirá más impuestos y más intervención.

Sabemos lo que pasará: Aumentar la carga fiscal y la intervención del Estado durante una recesión la profundiza y prolonga en el tiempo. Esperemos pues una larga crisis económica en la región.

En contrasentido, para mucha gente es cada vez más y más evidente que son las empresas y las personas que trabajan las que crean riqueza y empleo, por lo que la mejor forma de recuperar la economía no es castigándolas con más trabas e impuestos, condicionamientos y controles, sino facilitando e incentivando su labor. Hoy cada vez más latinoamericanos son conscientes de que la iniciativa empresarial es su principal recurso para crecer, generar riqueza y crear empleos, lo cual eleva el nivel de vida de todos.

En tal medida, el reto futuro está planteado: Aprovechemos la cada vez mayor conciencia social sobre el papel capital de empresas y empresarios, para lograr que Latinoamérica se convierta en una real economía de mercado o de lo contrario, estaremos condenados a un empobrecimiento generalizado y duradero, tal vez similar a la década pérdida de los 80s. No hay otra alternativa. Y tal es la lección anticipada y la tarea impostergable que nos dejará el desastre de 2020.

*Víctor Hugo Becerra: Especialista en comunicación política (ITAM) y planeación metropolitana (UAM). Secretario general de México Libertario. Ha creado una gran cantidad de organizaciones libertarias en México y América Latina. Tiene interés en el estudio y la creación de redes libertarias y la organización de actividades académicas de divulgación de las ideas de la libertad.

Por Efrén Zúñiga*

Al diablo con la sensatez. En economía, los incentivos dirigen a los agentes económicos a tomar una u otra decisión. En Pemex ya se dan a notar. Ante los reveses sufridos por las calificadoras; la salida de capitales, así como el encarecimiento del crédito son dos males irremediables. Como cualquier mercado de crédito, ante mayor riesgo, mayor será el costo del crédito; esto ante la tentación de refinanciarse, lo cual será casi un hecho. Añada que dado el precio actual del crudo (el cual no mejorará en demasía durante un buen tiempo), la empresa será más ineficiente. Los Estados Unidos, nuestro principal cliente, enfrenta una sobre oferta del hidrocarburo. Por si fuera poco, falta conocer a cuánto han ascendido las pérdidas de la paraestatal. Aquí solo queda (o debería) haber espacio para la sensatez, pero sobre todo para la prudencia; esto es, detener la producción y parar la obra de Dos Bocas. El Presidente Andrés Manuel no reculará, se morirá con la suya, llevándose entre las patas a millones de mexicanos.

Que nos agarren confesados. Si por algo han sido merecedores de desprestigio, mis colegas economistas, es por la gran cantidad de predicciones erráticas. Sobresalen, sobre todo, en situaciones tan dramáticas como lo fue en la crisis financiera del 2008. No obstante, no hay mejor forma de intuir lo venidero que siguiendo sus expectativas. Lo que auguran para México puede, por lo menos, dejarnos sin aliento: Standard & Poor’s pronostica una caída del -6.7%, en el Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas -6.7%, Banorte -7.8%, JP Morgan -7.5%, Scotiabank -8.4%, entre otros. Pero esto no es lo peor, me llama la atención los casos de Citibanamex y BBVA, quienes en sus estimaciones contemplan dos escenarios, uno pesimista y otro optimista, esto en el sentido de las medidas que pueda o no tomar la actual administración.  Dichos pronósticos son del -9% y -11% para Citibanamex, mientras que para BBVA son del -9% y -12%. El consenso es la recesión (lo cual es obvio), la discrepancia es la magnitud. Hoy los mercados no ven una señal clara de cuando podrá repuntar la economía, y es que el principal ignoto sigue siendo el mismo que ocurría antes de la pandemia, la desconfianza en el actual gobierno.

A rio revuelto, ganancia de pescadores. Como casi siempre ocurre, ante la desgracia económica, ciertos sectores emergen con mayor fuerza. Tal es el caso de las aplicaciones móviles como Uber Eats o Rappi, por mencionar algunas, que ante el llamado #quédateencasa, se han adueñado de buena parte del mercado de comida para llevar. Otro ejemplo, es el incremento en el consumo de ciertos bienes, tales como las bebidas alcohólicas con un 63% (motivado en gran parte por la cerveza), la leche con un 30% y los refrescos con un 15%. Más aún, la aseguradora Qualitas reportó una utilidad del 20.3%, ante el descenso del registro de siniestralidad durante el primer trimestre, ocasionado por la reducción de salidas en vehículos particulares. En otro ámbito, tenemos que quizá sea el activo más seguro, y me refiero al oro, reportó un avance en su precio del 11.2%, ello como consecuencia de la búsqueda de activos que sirvan de refugio. Con ello nos damos cuenta, que ante una u otra circunstancia, y durante algún lapso, habrá quienes hagan su agosto.

Pataleando boca arriba. Bastante irrisible parece la promesa del Presidente López Obrador de generar 2 millones de empleos, más aún, si no deja ver cómo lo conseguirá. Entes como la Organización Mundial del Trabajo, Coparmex y Concamin ya auguran una pérdida de empleos entre 1.5 y 2.1 millones. La Asociación de Emprendedores de México por su parte, pone sobre la mesa que el 87% de las Mipymes perderán, clientes, ventas y nuevos trabajos; además de que una de cada cuatro despedirá personal. Hubiera sido más sensato que López Obrador prometiera retener en lugar de generar, pero eso es mucho pedir. Otro golpe en el proyecto de la 4T será el que concierne a la deuda pública. Primero que nada, dejemos claro que éste, como los otros gobiernos, se ha endeudado. La obsesión del Presidente, en voz de sus colaboradores, consiste en el cociente de la deuda pública con respecto al PIB. El año anterior fue del 44.9%, este año, de acuerdo a documentos oficiales, será del 51.2%, esto es, un incremento de más del 6.3%, muy cercano al 7.7% de la administración de Peña Nieto. En lo que refiere a crecimiento económico, el Presidente se fijó un objetivo del 4% promedio y cerrar con un 6%. Sin Covid-19 se creció 0%, para el presente, por ahora, el consenso ronda entre el -7%. Dicho esto, el objetivo del crecimiento también se ha desvanecido. Naturalmente, estos datos no serían muy distintos si en la silla presidencial estuviera Meade o Anaya, la tragedia deriva de la pandemia; sin embargo, lo que sí es absolutamente cuestionable son las absurdas propuestas con las que se ha salido a mitigar la tragedia. No, las economías no se componen por decreto.

EL PILÓN. Es casi unánime el conceso de los economistas, en que para salir más rápido de esta tragedia se debe caer en déficit. Si bien esto casi del todo cierto, también debemos seguir de cerca otro aspecto ¿a dónde va el dinero? ¡Ahí está el detalle!  

*Efrén Zúñiga es Licenciado en Economía por la Universidad de Guanajuato. En twitter: @EfrenZuS

Por: Víctor H. Becerra*

Muchos creen que la crisis provocada por la pandemia de Covid-19 podría resolverse en unas pocas semanas; algunos países incluso ya hacen planes para reabrir la economía en mayo próximo, una vez que el peligro haya pasado, dicen.

No obstante, en muchos lugares se comienzan a cancelar grandes eventos incluso hasta octubre próximo. En Alemania, por ejemplo, ya se dió por cancelada la edición 187 del popular Oktoberfest, celebrado desde fines de septiembre en la ciudad de Munich, y que es sin duda el festival de cerveza más tradicional y famoso del mundo. En tal sentido, es mejor ir aceptando que la actual pandemia no será cosa de unos cuantos días más.

A ellos sumemos que, según los cálculos más optimistas, una vacuna contra el Covid-19 tardará aún alrededor de un año, a lo que habría que agregar el tiempo adicional de producción, aprobación burocrática, transporte y llegada para los países más pobres, a Latinoamérica en una palabra. Ninguna economía resistirá un año y medio o dos años de incertidumbre y con riesgo de confinamientos recurrentes.

¿Hasta dónde llegará el declive económico en Latinoamérica? Es temprano para decirlo. Pero será profundo, muy profundo. Sólo para tener una comparación: Hubei, la provincia donde se originó el virus chino, tuvo una contracción del 39,2% en su PBI durante el primer trimestre del año. Por eso no hay que decir que “no se puede estar peor”: No hay limites para el deterioro y las catástrofes.

En ese contexto, la crisis que se avecina para países como México (con pronósticos de una recesión que ya linda el 12%), tras dos años de estancamiento, será como nada que hayamos sufrido antes. Lo dice alguien que presenció y sufrió las crisis recurrentes de 1976, 1982-1988, 1994 y 2009, algunas de ellas cataclísmicas. Estamos a punto de descubrir cuán fuerte es México y el carácter de los mexicanos.

Así, persistir en que lo mejor es mantener cerrada la economía mientras pasa la pandemia es un sinsentido y no saber nada del mundo real: Mientras no haya vacuna (y durante un tiempo aún con ella), la pandemia seguirá allí, sin poder hacer mucho contra ella, más allá de la prevención y los cuidados básicos. En tal sentido, abrir la economía y evitar un mayor deterioro, poniendo el acento en la higiene y el distanciamiento, debiera ser la decisión a tomar ahora. Ahora, no mañana.

La crisis por la que ya estamos transitando, significará la pérdida de millones y millones de empleos, pérdidas que podrían llevar a situaciones sociales explosivas. Si queremos evitarlo, debemos recuperar esos empleos. Y la clave para recuperar los puestos de trabajo de forma rápida y eficiente pasa, necesariamente, por políticas sólidas y razonables para preservar el tejido empresarial de cada país.

Esto significa no sólo apoyar fiscalmente a las empresas, sino permitirles funcionar con la mayor normalidad posible. Ningún país sale adelante sólo con subsidios del gobierno y despensas “gratis” de los políticos; al contrario: Esos son los medios para hundirse aún más, al ser insostenibles en el tiempo y hacerse a costa de la sobrevivencia de las empresas.

Muchos creen desequilibrados e irresponsables a quienes piden que centros comerciales, restaurantes, bares, fábricas se vuelvan a abrir; pero las personas cuyos medios de vida dependen de lugares como centros comerciales, restaurantes, bares o fábricas, seguramente ven las cosas de manera diferente.

Y precisamente quienes dependen de esos empleos y negocios para vivir, quienes no tienen ahorros para sobrepasar la cuarentena, quienes ahora no están consumiendo por falta de ingresos (y eso los hace más vulnerables), y quienes saben que el desempleo de largo plazo es su destino inmediato tras la cuarentena, necesitan que la economía se abra, ya, para evitar males mayores.

Países como Suecia y algunos más, muestran que es posible lidiar con la pandemia con una economía abierta. El gobierno sueco no ha clausurado la economía, no ha suspendido clases escolares ni actividades productivas, ni ha cerrado gimnasios o restaurantes, y sólo ha prohibido las reuniones mayores de 50 personas. El gobierno de Stefan Löfven no ha reprimido las libertades fundamentales de la manera en que lo han hecho otros gobiernos, ni desbaratado a la sociedad y arruinado a la economía en esa misma medida. En contraste, presenta mayores índices mortales que sus vecinos escandinavos (básicamente por una falta de cuidado en asilos de ancianos, que se está corrigiendo) pero mucho menores a países como EEUU, Italia o España.

No es cuestión de afirmar que primero la economía, por encima de salud. Es más bien el saber que la pandemia no tendrá un rápido desenlace; que en el año y medio o dos años que aún le restan, tarde o temprano afectará a la mayoría de la población, o a toda, recurrentemente. Y sobre todo, es saber que si no queremos que la crisis económica y social post pandemia sea la más dura, profunda y prolongada en el tiempo que hayamos vivido en nuestras vidas, es necesario actuar hoy.

Los escenarios calamitosos de mañana deben atacarse ahora, no cuando ya estén encima y quede poco o nada por hacer, afectando a los más pobres entre los pobres.

*Víctor Hugo Becerra: Especialista en comunicación política (ITAM) y planeación metropolitana (UAM). Secretario general de México Libertario. Ha creado una gran cantidad de organizaciones libertarias en México y América Latina. Tiene interés en el estudio y la creación de redes libertarias y la organización de actividades académicas de divulgación de las ideas de la libertad.

Por Efrén Zúñiga*

#QuédateEnCasa.  No cabe duda que quizá la mayor incertidumbre con la presente cuarentena sea la de ¿hasta cuándo seguiremos resguardados? Aventurarse a dar una respuesta varía mucho, dependiendo de en qué lugar de mundo se plantee; aunque lo más probable es que por lo general se nos resuelva con un contundente, “hasta que la curva se aplane”. Aunque vale la pena comentar que, para poder vislumbrar el allanamiento de la curva de infección, deberíamos saber si ya estamos en el pico. Tanto España (donde la fuerza laboral de la industria y la construcción retornarían, vale la pena comentar que ambas fueron consideradas no esenciales) como Italia, los nuevos casos van a la baja, lo que aún no se observa en los Estados Unidos. China comenzó por levantar el aislamiento, pero dadas sus corrup… perdón, inseguras cifras, dicha medida podría resultar contraproducente. Francia postergó su cuarentena hasta el 11 de mayo. En nuestro caso, por ahora, quedaría hasta junio. Siguiendo la regla general, en el presente mes nos encontraríamos en el pico de la curva, para a partir de ahí volver de manera gradual a la normalidad. Más nos vale, pues lo contrario significaría que todavía no iríamos ni a la mitad de la tragedia.

¿Al rescate de la soberanía? Mucha producción de petróleo a un precio poco rentable es ineficiente. Aunado a ello, una baja en la demanda del hidrocarburo, que parece no ascender en el corto plazo. Una inconmensurable subida en los precios de las coberturas para el año venidero. ¡Vaya que la soberanía cuesta! ¡Y mucho! 

“¿Por qué no aceptan que fue un fracaso la política neoliberal?” AMLO a empresarios en 2018. El Banco Mundial estima que nuestro país crecerá un -6% en el presente año, y que en el 2021 nos recuperaremos en un 2.1%. Eso sí, advierten que la recuperación podría desanimarse si persiste la incertidumbre que preocupa a la inversión privada. Señala además, que la mejora no será pareja, ya que algunos sectores se encuentran más afligidos que otros (por ejemplo el turismo). Por si fuera poco, la Organización Mundial del Comercio advierten una caída del comercio internacional entre el -32% y el -16%, y enfatiza en que la clave para reactivar las inversiones será la de la certidumbre en los mercados. UBS Bank augura una baja del -7.6%, motivada en parte por las limitadas medidas de contención del gobierno federal. El Fondo Monetario Internacional, nos destaca como la peor economía dentro de las economías emergentes, con un -6.6% de crecimiento. Bank of America, realizó una encuesta entre gestores de fondos de inversión, 60% afirma que México perderá el grado de inversión, ello motivado por decisiones del gobierno. Salirse por la tangente de la pandemia, sería lo más obvio, pero desde febrero no andábamos muy bien: la actividad industrial tuvo una contracción del 3.5%, la construcción un -9.5%, las manufacturas -2.2%, la inversión fija -9.2% y ya en marzo, la industria automotriz un -24.6%. En 1995 y 2009, nuestra economía padeció dos crisis económicas, una de origen interno y la otra de origen externo; lo que tuvieron en común, es que ambas tuvieron un crecimiento en forma de “V”, es decir, la recuperación fue inmediata. ¿Por qué los empresarios no aceptan que fue un fracaso la política neoliberal? porque a pesar de sus fallos, tuvo sus virtudes; porque a pesar de sus sacudidas económicas se tuvo la solidez de recuperarse; porque a diferencia de la actual modelo, se generaba mayor certidumbre, confianza, ah y más crecimiento económico …

Empleo. 131 mil empleos se perdieron durante el mes anterior, algunos especialistas auguran una perdida de empleo ente 1.1 y 2 millones. Para poner las cosas en perspectiva durante la crisis del 95 solamente se perdieron 611,200 empleos; mientras que en la del 2009 se perdieron 200,000. En el peor escenario de la propia SHCP, que es una caída del -4% del PIB, desaparecerían cerca de 1,120,000 empleos. El COVID-19 acentuará sus efectos negativos en el empleo. La COPARMEX ha propuesto el esquema del “Salario Solidario”, un esquema que consiste en la contribución compartida entre empresas, trabajadores y gobierno; esto con el fin de contener la falta de liquidez en las empresas, propuesta que, dicho sea de paso, ha pasado inadvertida al actual gobierno. En base al reporte CFO Pulse Survey, 39% de las empresas ajustaran sus plantillas. La CONCAMIN ha advertido que un millón de empleos estarían en riesgo de desvanecerse. Por su parte el Consejo Coordinador Empresarial insta al gobierno en alcanzar en Gran Acuerdo Nacional, para ejecutar medidas de reactivación económica. Especialistas sostienen que generar 2 millones de empleos es totalmente irreal y que las medidas carecen de protección precisamente al empleo. Por si fuera poco, el FMI, ante un desolador panorama de insolvencia en el corto plazo, menciona que México puede recurrir a la línea de crédito y ejecutarlo en apoyo a familias y empresas afectadas, subsidios al empleo, apoyos directos a empresas o postergación de impuestos. En fin, ante la gran vorágine de recomendaciones, la administración actual hace suya la celebre frase del ex presidente, Carlos Salinas “ni los veo, ni los oigo”.    

El pilón*. Vaya que se regocijaron los simpatizantes ajenos a MORENA con la encuesta de El Financiero, en la muestra que del 46% de preferencia que tuvieron en abril del año pasado, ahora solo les queda el 18%. Sí que es para resaltarlo, lo que no quisieron hacer notar es que, en ese ismo lapso de tiempo, el PAN mantuvo el 10% de preferencia y el PRI pasó del 6% al 8%; en cambio la incertidumbre de nos saber a quien votar pasó del 35% al 59%. ¡Ojo aquí!

*Efrén Zúñiga es Licenciado en Economía por la Universidad de Guanajuato. En twitter: @EfrenZuS

Por: Víctor H. Becerra*

El presidente López Obrador presentó este domingo su plan económico contra la emergencia por el COVID-19. El resultado es que no hay plan y que el presidente no inspira confianza ya a nadie, fuera de su círculo de adictos: La caída inmediata, tras de su presentación, de la paridad para un nuevo máximo histórico de 25.68 pesos por dólar, así lo deja ver.

López Obrador y sus voceros anunciaron toda la semana que el domingo presentaría su plan económico, pero esto sólo sirvió para generar interés en uno más de sus cada vez más intrascendentes y anti-climáticos informes trimestrales de gobierno. Seguramente por eso tal vez será su informe más visto. Pero éste quinto informe fue como los otros: una nueva colección de los”éxitos” de su gestión, con datos falsos y logros imaginarios. Por ejemplo, la supuesta reducción de los homicidios en el primer trimestre de este año, según él en un 0.3%, cuando en realidad tuvieron un incremento del 3.6%. O la ilusoria terminación de la Línea 3 del Tren Ligero de Guadalajara. O el “logro” de haber reducido el costo de la gasolina, atribuyéndose el efecto colateral de la actual guerra petrolera y de la baja mundial en su consumo.

López Obrador se presentó en un patio vacío, sin omitir los honores presidenciales, solo frente a las cámaras de televisión, y solitario en el escenario, como a él le gusta: Para que nadie le dispute la atención. Tan pequeño e indigente en capacidades se sabe, que no tolera ninguna distracción de su persona. Es como diría Javier Milei: Lo que hizo López Obrador en su informe de papel crepé y cartón, es equivalente a lo que hacen los hombres que pertenecen al club de los penes cortos, pero con dinero, que compensan solo para sentirse más, sin ser nada.

El solitario de Palacio Nacional. Es como ese personaje de “El Chavo del Ocho”, que armaba sus propios juegos sólo para jugar él, divertirse él y ganar él. Si a López Obrador le quitas su insignificancia, se quedaría sin nada. Lo cual sería ridículo si no fuera trágico, tratándose de la máxima autoridad de un país en su hora más desesperada y oscura en muchísimo tiempo.

Por eso es que mucha gente esperaba con expectación su plan, jaloneado entre rumores de que anunciaría la nacionalización de bancos y supermercados, o bien, el anuncio anticipado por dirigentes empresariales, de que informaría de apoyos fiscales para las empresas, para sortear en lo inmediato la crisis por el COVID-19. Pero nada de eso pasó. Ni de nada. El presidente nunca reconoció la gravedad de la emergencia. La economía y las empresas y sus trabajadores están solos frente a esa emergencia: Sólo dependen de sí mismos. Qué triste, caray: Justo en su peor momento, el país está en las peores manos.

Su plan es solo que continuará y ampliará sus actuales programas sociales, con los últimos recursos que los diferentes gobiernos “neoliberales” (según él) ahorraron durante los últimos 15 años para emergencias y compromisos, en el Fondo de Estabilización de los Ingresos Presupuestarios, en el Fondo Mexicano del Petróleo, y en diversos fideicomisos, y que con ello creará 2 millones de empleos, como ya sabemos que lo hará: Llamando “empleos” a sus becas y subsidios, que no son más que premios por obediencia y obligación de voto para sus bases partidistas.

López Obrador gastará los últimos recursos de que puede disponer: Que vaya sobre ellos evidencia la real situación de las finanzas del país y su desorden. Después de eso, ya no habrá ahorros ni recursos ni forma de sostener sus programas sociales, con una economía en declive. A menos que suceda lo impensable: Que su rapiña pronto se dirija a los fondos privados de pensiones y sobre las reservas del Banco de México. Algo impensable… y que podría suceder. En tal sentido, el de López Obrador no es un gobierno en crisis terminal, como sostienen muchos: Aún conserva intacta su enorme capacidad de hacer daño. 

En el fondo, el plan de contingencia de López Obrador es mero ejercicio descarnado de poder: En lugar de salvar empleos productivos, seguirá engordando a sus bases sociales, que reciben subsidios y transferencias. Y hasta donde el presupuesto público alcance. Esto, para ganar las elecciones intermedias del Congreso en el 2021.

Seguramente la mala gestión de la crisis sanitaria y de otros problemas del país (el desempleo que viene, la quiebra de muchísimas empresas, la violencia y la inseguridad pública, los saqueos que habrá, etc.) podrán costarle varios puntos de popularidad, pero él apuesta a sacar a votar a sus bases, dentro de un año, y con eso revalidar y fortalecer su proyecto político, conservando su mayoría en el Congreso. No hay secreto en ello: Es el mensaje detrás de su “plan”. Y la suya podría ser una apuesta ganadora, frente a la inacción de la oposición y la atomización y desorganización de la sociedad civil que lo critica y se le resiste.

A cambio, la economía mexicana entrará en una caída gravísima, sin fondo ni plazo de terminación: será su peor depresión económica en 100 años, mayor que las de 2009, 1994, 1982, 1976… Ya se habla incluso de una recesión anual del 10%. Así, la economía quedará intubada a un respirador artificial, en peligro cierto de muerte. La mortandad en turismo, servicios, microempresas y pymes será muy pronunciada. Se estarían salvando vidas del COVID-19 (si se salvan) sólo para entregarlas a la muerte de la economía y a la pobreza y la falta de horizontes. Donde no habrá creación de riqueza ni empleos o bienestar real sin empresas vivas y actuantes.

Lo que sucedió el domingo es algo que todos sabíamos de López Obrador, sin asumir sus consecuencias últimas: Sólo le importan él mismo y su proyecto político. A esto sacrificará todo, cueste lo que cueste, caiga quien caiga. Y lo está haciendo.

*Víctor Hugo Becerra: Especialista en comunicación política (ITAM) y planeación metropolitana (UAM). Secretario general de México Libertario. Ha creado una gran cantidad de organizaciones libertarias en México y América Latina. Tiene interés en el estudio y la creación de redes libertarias y la organización de actividades académicas de divulgación de las ideas de la libertad.

Por: Por Guillermo Rodríguez González

Hay tres hechos que los liberales necesitamos comprender y difundir ante los estados de excepción que lógicamente asumen –principalmente porque en demasiados casos han sido tanto tardíos como  mal orientados– los Estados en la  pandemia que sufre hoy el mundo.

La primera y principal es que todo poder gobernante –desde mucho antes del Estado moderno que emerge recientemente en la historia con la paz Westfaliana en 1648, y no ha dejado de extenderse fuera de sus límites naturales– únicamente puede enfrentar amenazas extraordinarias y temporales a la paz y seguridad públicas, mediante estados de excepción que restringen parcial y temporalmente ciertas libertades civiles. La guerra, la conmoción civil y las epidemias son los ejemplos más obvios de tan desagradable necesidad.

Pero es un hecho que un Estado limitado, ideal del liberalismo clásico, está tan o más capacitado que cualquier fórmula de gobierno excedida y sobre-exigida desde antes de la emergencia,  de una parte el concentrarse en sus funciones propias, seguridad, defensa y orden público, su capacidad de respuesta es más rápida por sus concentrados recursos y capacidades. De otra parte, porque las sociedades con Estados limitados, son democracias republicanas y economías de mercado, lo que significa un estado de Derecho que garantiza la libertad de prensa, de opinión y en general de información, indispensable en una emergencia sanitaria. Y por que en tales sociedades se crea y ahorra más riqueza –más ampliamente distribuida que en cualquiera otra– y se fomenta la responsabilidad individual, factores indispensable para la rápida respuesta individual responsable y la solidaridad racional.

Los estados de excepción para ser efectivos deben limitarse, única y exclusivamente, a restringir parcialmente las pocas libertades que el tipo de emergencia exija. Si se restringe la información se amplían los rumores y se genera más desconfianza de la información oficial. Si se controlan los precios se generan más escasez y mercados negros.  Entendemos los liberales, que aunque en una guerra puede ser necesario limitar la libertad de información, una epidemia no es una guerra y no sólo no lo requiere, sino que su efectividad exige mantenerla, con todo lo que ello implica.

Seamos claros, el mundo está sufriendo una pandemia porque un Estado totalitario censuró temprana y automáticamente la información sobre el surgimiento de la amenaza. Los médicos que informaron del peligro y pidieron detener la epidemia en su origen, no fueron escuchados, todo lo  contrario, fueron censurados, vilipendiados e incluso encarcelados. La muerte del héroe y símbolo de esta tragedia, el Dr. Li Wenliang, fue una trágica y aleccionadora historia de responsabilidad y heroísmo individual ante la irresponsable arrogancia de un Estado totalitario. Hoy el mundo entero la conoce tal y como fue, excepto por los que se niegan a conocerla. Y los que intentan tergiversarla. Tontos útiles del poder totalitario.

El tercer hecho es que, de una parte, las sociedades con Estados sobredimensionados y sobre exigidos desde antes de la emergencia, además de estar materialmente peor preparadas para enfrentar una emergencia, tienen poblaciones moralmente peor preparadas. Quienes fueron adoctrinados por generaciones en la dependencia del Estado y la renuncia a la responsabilidad individual, los que por generaciones aprendieron que el Estado sería la única fuente de su ilusoria seguridad antes las adversidades, olvidaron que hay adversidades inevitables. Son los hasta ayer exigían su “derecho” a una infancia eterna mediante un Estado que los protegiera de todas las adversidades de la vida, e incluso de la posibilidad misma de sentir angustia. Adoctrinados además en falsamente apocalípticos peligros inexistentes o sobredimensionados, que hoy están chocando con un peligro real sin  preparación material y moral para enfrentarlo. Y en lugar de exigir que sus gobernantes hagan lo que deben hacer, exigen que hagan lo que no deben hacer, tal y como hacen ellos por su lado.

La censura oficial, a la que están tentados siempre los gobernantes, implica desinformación, más y peor desinformación que cualquier información errónea e incluso malintencionada. El grueso de la crítica, especialmente la de los expertos, ha sido la adecuada y necesaria en todo el mundo. La irresponsabilidad de los gobernantes ha sido notoria en demasiados lugares, justo ahí donde hoy piden, en nombre de la emergencia que no se les recuerde. Y que no se les exijan responsabilidades. La responsabilidad individual ha sido más rápida y efectiva en donde las personas están acostumbradas a ser libres y responsables. Y las sociedades con más ahorros, más capital –las más acostumbradas a exigir claras responsabilidades de sus gobernantes en aquello que es función del gobierno, y a asumir las de la sociedad civil en lo que le corresponde– es decir, las sociedades más libres, son las que mejor han respondido a la crisis. Y las que mejor podrán responder a los terribles efectos de la pandemia en la economía.

Tres hechos que nos dicen mucho hoy y nos dirán más en los difíciles tiempos que vienen. Debemos entender que –fuera de malas interpretaciones más o menos desinformadas– toda forma de gobierno posible o imaginable en un sistema de libertad, responsabilidad y Derecho común, incluso el sueño radical del anarco capitalismo –que no sería la ausencia de gobierno sino la extinción del gobierno del Estado moderno y su sustitución por arreglos voluntarios, descentralizados y competitivos de las funciones de gobierno– sería capaz de aplicar estados de excepción razonablemente adecuados, y limitados a lo realmente necesario, para cada tipo de excepcional emergencia, en sociedades que por ser libres y responsables estarían mucho mejor preparadas para enfrentarlas.

Nada nos garantiza que la vida no esté llena de peligros, incluso extraordinarios y terribles, el progreso material y moral no está dado ni es indetenible, depende de las condiciones institucionales y morales de las que surgió y sin las que desaparecería. Y son esas condiciones, esos usos y costumbres, esas instituciones, ese conocimiento, esa responsabilidad y libertad, la que mejor nos prepara para enfrentar los mayores y peores desafíos a todos y cada uno. Y para enfrentar la propaganda y desinformación ideológica que peligrosamente se empeña hoy en aprovechar la ignorancia y el temor para convencer a los ingenuos de lo contrario. Es de vida o muerte.

Por: Víctor H. Becerra*

Apenas pueden exagerarse las graves consecuencias que tendrá la pandemia de COVID-19 para la economía mexicana: Algunos reportes ya hablan de una caída en el PIB anual del -7 por cierto (tras el nulo crecimiento del 2019) y del -35% en el correspondiente al segundo trimestre del año (y sin el socorro del petróleo en las finanzas públicas, que ya anda en casi los 10 dólares por barril, costando más producirlo que venderlo); se preve la pérdida de miles de empleos en áreas como turismo y servicios: sólo en turismo se habla de medio millón de empleos que se perderán en el país; las consecuencias sobre las microempresas (4.1 millones de establecimientos) y pymes (112 mil) serán devastadoras: En unos días más de inactividad productiva, no podrán pagar la nómina de más de 30 millones de mexicanos a los que dan empleo, ni impuestos, ni créditos pendientes; en el país ya empiezan a darse saqueos en establecimientos comerciales, que podrían generalizarse en poco tiempo; y pronto veremos nuevos conflictos con EEUU, por la indetenible y urgida migración desde México y Centroamérica. Y el problema apenas inicia: Hasta el sábado pasado, el gobierno mexicano hizo un llamado a permanecer en casa por al menos 30 días.

Y mientras el país se derrumba, el gobierno está ausente y el presidente López Obrador paseando y haciendo lo que mejor sabe hacer: Asustando a la inversión productiva, destruyendo riqueza y sembrando más desconfianza y polarización. 

En el recuento final de la gestión mundial para detener al COVID, seguramente los esfuerzos del gobierno mexicano serán un ejemplo, un ejemplo de lo que no debe hacerse: Sin la realización oportuna de pruebas, ni una estrategia temprana de detección desde los aeropuertos; sin la compra oportuna de equipos y materiales; subvalorando el problema, con un presidente diciendo y haciendo una cosa y la Secretaría de Salud diciendo otras; con un presidente, perdido, anunciando que el 19 de abril terminaría la emergencia, frente al coordinador de los esfuerzos oficiales que lo lisonjea y le da por su lado; enfrentando la emergencia con un sistema de salud devastado, desabastecido y en ruinas, por malas decisiones recientes; sin protocolos de qué hacer con los enfermos en las instituciones de salud y ni siquiera contar con áreas confinadas; obstaculizando a los gobiernos locales que decidieron actuar a tiempo; con la sospecha creíble de que se ocultó la real incidencia y el número de muertes… todo lo que no debía salir mal frente a la emergencia del COVID-19, el gobierno mexicano se empeñó en hacerlo mal y a destiempo.

Y peor: La emergencia sanitaria se veía venir desde enero y el gobierno mexicano decidió no hacer nada, por irresponsabilidad o por simple falta de recursos, tras el despilfarro de los mismos en los proyectos faraónicos del presidente. Lo que ha ocurrido debería ser un escándalo internacional.

Vendrá la segunda emergencia, la económica, la más dura y que tendrá una incidencia mayor que la sanitaria, y para la que el gobierno tampoco está preparado: Sus únicas decisiones reales han sido pedirle a las empresas y las personas que sigan pagando impuestos, “por solidaridad”, sin importar la caída en la actividad, y amenazar a las empresas que decidan bajar sueldos y/o dejar de emplear a sus trabajadores. Por parte del gobierno de López Obrador, ni un solo sacrificio: La única solidaridad que entiende es para consigo mismo, nunca con los demás. Así, se ratifica una vez más que no importa cuánto hablen los políticos de solidaridad: jamás la tienen para con los contribuyentes ni los productores (Thomas Sowell dixit). 

México va camino a la peor crisis de su historia, con destrucción de la planta productiva, desempleo masivo y una catástrofe sanitaria nunca antes vista. Mientras el gobierno mexicano está desorientado y sin liderazgo, y en Palacio Nacional, López Obrador sigue comiendo pasteles.

*Víctor Hugo Becerra: Especialista en comunicación política (ITAM) y planeación metropolitana (UAM). Secretario general de México Libertario. Ha creado una gran cantidad de organizaciones libertarias en México y América Latina. Tiene interés en el estudio y la creación de redes libertarias y la organización de actividades académicas de divulgación de las ideas de la libertad.

Por: Héctor Uriel Rodríguez Sánchez*

AMLO ignora la crisis del Covid-19 y sus efectos económicos por que sabe que implican el fin de su proyecto político. Incapaz de aceptar sus errores para manejar la crisis que sabía que venía, él, cobarde y soberbio, prefiere morir y ver morir a su pueblo que aceptar que se equivocó. Ahora por eso se hace el loco y ha empezado a luchar contra molinos de viento, solo. Sueña con inmolarse en la enfermedad y morir en la pose correcta para ocupar el cuadro central de la monografía de la pape. Su “fuerza moral” se ha convertido en fuerza de contagio.

Antier, tímidamente y en un soporífero video de YouTube, finalmente cedió algo, pero cedió sin ceder, cumplió lo que seguramente le exigieron los que pueden exigirle y dio un mensaje cuerdo. Pero solo lo dijo para quienes quisieron escucharlo, no lo hizo para quienes debían escucharlo. Dispone de casi dos horas diarias de “cadena nacional” que desperdicia en verdades a medias, cortinas de humo y payasadas, pero no tuvo ni un minuto para dar el mensaje más importante que él tenía que darle a México: También me quedo en casa.

Llegó el momento en que el sobajado subsecretario de Salud, al lado del siempre ausente que tiene el nombramiento de Secretario, quién sabe bajo qué presión, tuvo que pedir enérgicamente, con vehemencia, lo que ya todos sabíamos que debíamos hacer: ¡Quédate en casa! Repitió tres veces a México, en un mensaje sin Presidente, sin líder, sin el otrora redentor, sin ocurrencias, sin estampitas, sin burlas y sin locuras. Andrés Manuel se fue a esconder a una gira.

Es tarde para que el gobierno se comporte a la altura. El dique de mentiras montado por el Presidente no resistió. La realidad es demasiado grande, demasiado contundente y viene lo que viene. El daño está hecho y el Gobierno de López Obrador está desahuciado, lo sabe todo el mundo, literalmente. La crisis le sepulta, pero se ha matado solo, con cada decisión que ha tomado creyéndose invencible e inmune a las consecuencias de sus errores, de la ineptitud, la chabacanería y el cinismo. Él y nadie más es el asesino de “La Esperanza de México”.

Habrá que hacer lo posible por salvar a México. Es lo que nos queda. Esperemos no caer en peores manos. Las consecuencias de las malas decisiones suelen ser largas y muy caras. Quién mandará ahora ¿Ebrard? ¿El ejército? ¿Nadie?

Entre tanto resistamos. El México nuevo será de supervivientes a la enfermedad, a la crisis económica, social y política, a la pobreza, a la locura y a la ignorancia. A las consecuencias de votar con el hígado, vamos.

Aprendamos.

Por ahora #QuédateEnCasa

*Héctor Uriel Rodríguez Sánchez. Apasionado de la Política, Speaker y Consultor de Negocios. En Twitter: @hectoruriel y en Facebook: /hectoruriel.r