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Cuba

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Por: Víctor H. Becerra y Miguel A. Cervantes*

Al menos en los últimos seis meses, México ha venido experimentando la llegada de caravanas de inmigrantes. Primero fueron centroamericanos, especialmente hondureños, a los que se han sumado haitianos, cubanos y hasta africanos.

Todos ellos buscan solicitar asilo en EEUU, huyendo de la situación de violencia indiscriminada y pobreza que se vive en Centroamérica y en sus países. Su llegada masiva ha generado problemas en los cruces fronterizos con EEUU, ya que se tarda más para cruzar a EEUU y también ha causado problemas en el paso de mercancías.

Con los problemas de cruce en los puentes internacionales, han surgido también entre los mexicanos sentimientos anti inmigrantes contra los centroamericanos, tipo Gert Wilters, Marine Le Pen, Viktor Orban, Tom Tancredo. Muchos acusan a los centroamericanos que “que no quieren trabajar” “no les gusta la comida mexicana” (aunque la diferencia entra las gorditas y las papusas salvadoreñas no difiere mucho).

Incluso, ha habido expresiones de supuesto complot por parte de una derecha enfermiza, que afirma que los centroamericanos serían pagados por George Soros. Significativo que eso suceda en un país como México, que se ha beneficiado enormemente de la migración.

Se argumenta que México vive una crisis migratoria sin precedentes. Al respecto, es entendible que haya cierta incertidumbre, pero digámoslo claro: no es una crisis sin precedentes. Al respecto, Latinoamérica no es la misma de los 80s. En los 80s había guerrillas en El Salvador, Guatemala, además de los Sandinistas en Nicaragua. Había campos de refugiados guatemaltecos en México. El narcotráfico había rebasado las instituciones en Colombia. Panamá estaba gobernada por un narco gobierno bajo Noriega.  Perú vivía el terrorismo de Sendero Luminoso. Es evidente que lo peor en Latinoamérica ya pasó, excepto por lo que sucede en Venezuela. Comparativamente, esta crisis es más manejable que lo que se vivió en los 80s.

Para poder encontrar soluciones reales es necesario hacer un diagnóstico real, considerando preocupaciones legítimas y dejando a un lado los sensacionalismos. Al respecto, es menester tomar en cuenta cómo el libre mercado ayudaría a solucionar el problema.

Primeramente, la violencia que se vive en Centroamérica es real y tiene causas. Los países de Centroamérica se encuentran clasificados como países con baja calidad institucional por varios índices como el Índice de Estados Frágiles (Fragile States Index), así como en el  de gobernanza del Banco Mundial, el Foro Económico Mundial y de Estado de Derecho del Instituto Fraser. Instituciones frágiles son el prerrequisito de bajos desempeños económicos y violencia generalizada.

Hay un problema real y pocas veces señalado: la violencia que se vivía en Mexico en 2008-2010 se trasladó a Centroamérica. Al respecto, hace algunos años la revista “The Economist” del Reino Unido, publicó un artículo sobre la estrategia del entonces presidente Calderón para combatir el narcotráfico. “The Economist” decía que la estrategia había funcionado y que había golpeado a los carteles, pero predecía a que toda la violencia que México había vivido por el 2008-2010 se iba a ir a Centroamérica, donde las instituciones están aún más podridas.

Lo que vemos actualmente es exactamente la predicción de la revista: Centroamérica vive lo que vivió México hace 10 años, lo cual está generando la crisis migratoria que hoy vemos.

Tan solo en lo que se refiere a la violencia, y según la Fundación Insight Crime, en 2017 se registraron en El Salvador 60 homicidios por cada 100.000 habitantes y 365 niños fueron asesinados ese año. Esta tasa fue del 26,1 en Guatemala, con 942 pequeños muertos, y del 42,8 en Honduras, donde durante la última década se asesina una media de un niño por día. En México, la tasa es de 25 por cada 100.000 habitantes. Para efectos de comparación, la media mundial asciende a 5,3 y la de España, por ejemplo, es de 0,7 por cada 100.000 habitantes.

Por otro lado, Cuba sigue siendo un país comunista y autoritario, y sigue cometiendo violaciones sistemáticas a los derechos humanos.  Anteriormente, los cubanos que iban en balsas a Florida a reclamar asilo, era casi seguro que lo obtuvieran, por la política favorable al asilo de cubanos, la ya derogada política de “pies secos, pies mojados”.

Al final de la jornada, es la combinación de pobreza, violencia extrema, crisis económica, violación a Derechos Humanos y falta de oportunidades que caracteriza desde hace décadas la vida en esos países, la que es decisiva para entender por qué tantas personas parecen dispuestas a todo con tal de huir de sus países de origen.

Todo esto no se puede ignorar con discursos, o aduciendo que es un gran complot. Al respecto, hay mexicanos que piden mano dura, que se cierra completamente la frontera a los centroamericanos. Sin embargo, exigir mano dura independientemente de las condiciones de violencia y deterioro económico, solo erosionaría la calidad de las instituciones, y abriría la puerta a la corrupción en la policía y la burocracia migratoria, y a actos de prepotencia y violación de Derechos Humanos. Además de que sería un regalo a las mafias de coyotes. Al respecto, desde hace años que la USAID trabaja con diferentes instituciones mexicanas: una política de mano dura implacable contra centroamericanos honestos vendría a tirar por la ventana años de trabajo. Sería un golpe para la diplomacia mexicana en su relación con Latinoamérica.

A las personas que tienen causas legitimas para huir de la violencia de Centroamérica se les debe permitir encontrar refugio. Las personas honestas que huyen de la violencia deben tener la certidumbre de que su caso será escuchado. Es importante sacar a las personas buenas que sufren de un ambiente tóxico, para que no sean agredidas y no caigan en manos de mafias, engrosándolas o financiándolas a la fuerza. Esa sería una forma inteligente de debilitar al crimen organizado en Centroamérica, sacando a las personas honestas de un ambiente tóxico.

A los cubanos que huyen del gobierno autoritario no se les debe regresar: sería un golpe duro para personas que buscan mayor libertad. El gobierno del presidente López Obrador lo está realizando, fijándolo como una política sistemática de su gobierno. Ello demuestra que no son prioridades de su gobierno ni los Derechos Humanos ni las garantías individuales, subordinados más bien a su cooperación con las dictaduras de izquierda. Para la sociedad mexicana debe ser hipócrita pasar horas criticando al comunismo, a Fidel Castro, al Che Guevara si cuando hay inmigrantes cubanos que piden asilo se les rechaza.

El libre mercado es la mejor arma en la resolución de este asunto.  Es necesario acercarse y cooperar con las empresas a las que les falta mano de obra, como son las maquiladoras en la frontera, en la construcción, o la agricultura, y ofrecer visas de trabajo para los centroamericanos que quieran quedarse en México y puedan ocupar puestos que no son ocupados por mexicanos. Un mercado de trabajo flexible es la mejor manera de absorber este shock de refugiados. Si se les habla claramente y se les abren oportunidades para que centroamericanos y cubanos se puedan quedar en México y puedan trabajar, muchos de ellos tomarían la oportunidad, ya que México sería un paraíso comparado a la violencia y pobreza de sus países. No habría necesidad de caravanas, ni de pagar coyotes, simplemente con su permiso de trabajo podrían abordar los autobuses o tomar el avión en paz.

Creemos que es importante tomar en cuenta el ejemplo de Líbano y Jordania. Estos dos países han recibido refugiados sirios. Líbano recibió cerca de 900 mil y Jordania cerca de 660 mil. Alex Nowrasteh del Cato Institute ha mencionado que Jordania ha tenido más flexibilidad laboral, les ha permitido trabajar, crear empresas, lo cual ha facilitado una mayor integración. En Líbano tienen más restricciones para trabajar y crear empresas, lo cual ha mantenido marginados a los migrantes en los campos de refugiados, con menos posibilidad de integrarse.

Si a pesar de dar oportunidades para quedarse en México todavía hay algunos que quisieran hacer una demanda de asilo en EEUU u otro país, se podría canalizar por la vía institucional a países que tienen experiencia en recibir refugiados, así como países que utilizan mano de obra inmigrante como los países del Golfo Pérsico: Emiratos, Kuwait, Qatar. Si se trabaja en equipo con las diferentes embajadas se puede llegar a acuerdos razonables que hagan innecesarias las caravanas.

Si se maneja bien este asunto puede contribuir positivamente a las maquiladoras en México, la industria de la construcción, restaurantes, turismo, la agricultura.  Si México lo maneja con sabiduría ayudaría además a mejorar la calidad institucional.

Finalmente, es importante que Norteamérica trabaje junto con Centroamérica en una perspectiva de largo plazo para mejorar las instituciones y el comercio. Los tres países (Canadá, EEUU y México) tienen acuerdos de libre comercio por separado con Centroamérica. Esto es un verdadero plato de espagueti, con diferentes tratados que se traslapan.  Sería mucho mejor fusionar el TMEC con los acuerdos de Centroamérica para trabajar en una región próspera a largo plazo, trabajando mano a mano con Centroamérica. Una política de trabajar por separado no es sostenible a largo plazo, ni tiene fundamentos éticos, económicos e históricos. México no puede olvidar las raíces históricas, étnicas y en muchos otros órdenes que le unen a Centroamérica.

Al final, no debemos de dejar de mirar fenómeno de las caravanas migrantes como una expresión, una más, legítima, justa, de lo que lo que Adam Smith llamó en 1776 “el plan liberal de igualdad [social], libertad [económica] y justicia [legal]”, y que aún inspira, poderosamente, a la gente común a buscar la gran oportunidad de una vida mejor.

*Miguel Cervantes: Graduado de la Universidad de Texas en el Paso. Catedrático de economía internacional en la Burgundy School of Business de Francia. Ha sido también economista para el Fraser Institute en Canada. Tiene interés en la investigación sobre la libertad económica, y su incidencia sobre el bienestar de las personas.

*Víctor Hugo Becerra: Especialista en comunicación política (ITAM) y planeación metropolitana (UAM). Secretario general de México Libertario. Ha creado una gran cantidad de organizaciones libertarias en México y América Latina. Tiene interés en el estudio y la creación de redes libertarias y la organización de actividades académicas de divulgación de las ideas de la libertad.

Por: Víctor H. Becerra*

Quienes somos usuarios habituales de Twitter comenzamos a notar un cambio apenas perceptible en esa red social, “un estremecimiento en el lado oscuro de la fuerza”: Hace apenas unos días comenzaron a proliferar las cuentas twitteras de las autoridades oficiales de la dictadura cubana.

Y es que entre el 19 y el 21 de diciembre, muchas de las autoridades máximas y de los organismos oficiales y las empresas públicas de la dictadura abrieron su cuenta y comenzaron a twittear, o las reactivaron, los pocos que ya contaban con ellas. Así lo hicieron, entre muchos otros, la Presidencia del Consejo de Estado, el ministro de Exteriores, Bruno Rodríguez, el presidente del Tribunal Supremo Popular, ministerios, embajadores. Vaya, hasta figuras icónicas como Elian González. También abrieron sus cuentas Cubacel, múltiples escuelas, equipos de béisbol, la propia Federación Cubana de Béisbol, etc. De este modo, por ejemplo, todos los ministros de la dictadura tienen hoy su cuenta en Twitter. (Algunos con un número de seguidores que no llega ni a los dos dígitos)

Ministerios y “amigos de la Revolución” fueron llamados y convocados a dar la “bienvenida” a las nuevas cuentas, pidiéndoles seguirlas y retuitearlas, por lo que algunas, como la de la Presidencia del Consejo del Estado, obtuvieron algunos miles de seguidores en unas pocas horas, aunque sin crecer mucho más en los días posteriores. También se implementaron los primeros hashtag oficialistas, tales como #SomosCuba #MiVoluntadMiConstitucion y #SomosContinuidad, principalmente.

Adicionalmente, algunos usuarios cercanos al régimen hasta dieron a las nuevas cuentas la bienvenida a una “plataforma más democrática”. (Extraña paradoja: la dictadura no puede garantizar una real democracia en Cuba, pero aspira a disfrutar la democracia virtual de Twitter)

Todo esto obedeció a una indicación directa del presidente cubano Miguel Díaz-Canel, sucesor de los Castro, que pidió a sus funcionarios incursionar en Twitter a fin de avanzar, dijo, en el “proceso de informatización” de la isla. Díaz-Canel también hizo algunos anuncios: la próxima apertura de un nuevo programa de televisión “para intercambiar con la población”, un nuevo sitio web y un canal en YouTube.

Sobre la “colonización” de Twitter, Díaz-Canel habría señalado: “No podemos ignorar las redes, donde está dándose una batalla ideológica”. Llamó a sus funcionarios a asumirse en Twitter como “combatientes del pueblo en defensa de la Revolución”. Les pidió hacer propaganda pues, en el terreno de la llamada Twiplomacy, a fin de “multiplicar los logros de la revolución”.

A unos días de iniciada la twitterización de la Revolución cubana, ya hay reportes de bloqueos por parte de los funcionarios. También informes de que trabajadores en ministerios y empresas estatales reciben diariamente un resumen de prensa y hashtags para twittear. En suma, la dictadura está avanzando en el proceso de entender Twitter y usarlo estratégicamente para sus fines.

Cuba es uno de los países con menos conectividad de la región, pues Internet solo es accesible en puntos públicos de conexión WiFi al precio de un dólar la hora (cantidad exhorbitante para la capacidad adquisitiva del cubano común), así como en hogares y establecimientos seleccionados. La conexión móvil no es generalizada, excepto para algunos funcionarios y periodistas, por ahora, aunque las autoridades han prometido extenderla a toda la isla. En ese sentido, la estrategia twittera de la dictadura tiene más que ver, por ahora, con difundir, contraatacar, disfrazarse y tratar de legitimarse en el exterior, que con buscar comunicarse y dialogar con su propia población.

Es útil detenerse en este episodio para constatar una cosa: El socialismo, para sobrevivir, tiene hoy que utilizar las herramientas y la lógica de cooperación y ampliación, proporcionadas por su adversario, el capitalismo. La tecnología y sus usos son productos del capitalismo, mientras que el socialismo impide el cambio, tal como explicaron Mises y Hayek en su momento. E incluso, ahora, el socialismo se ve obligado, paradójicamente, a usar esa tecnología que apresura el cambio, para tratar de detenerlo, congelarlo.

Al inicio de la Revolución, Fidel Castro aseguró que Cuba pronto superaría el nivel de vida de las sociedades occidentales. No solo nunca sucedió eso, sino que ahora el socialismo cubano tiene que recurrir al capitalismo y sus productos para tratar de sobrevivir, como antes lo hizo la dictadura china.

La “colonización” de Twitter por parte del post castrismo no pretende iniciar una glásnost caribeña: no busca liberalizar la crítica, ni modernizar su caduco sistema político. Es simplemente una estrategia del castrismo para hacerse oír, contraatacar a sus críticos y dar la apariencia de modernidad, mientras mantiene la censura interna de Internet y hace inaccesible su uso para la mayoría de su población. Pero como los usuarios de las redes sociales sabemos, éstas terminan siempre por desnudar todo engaño y evadir cualquier censura, por lo que no sería raro que la tentativa del castrismo termine por volverse contra él mismo, exactamente como le sucedió a los soviéticos con su glásnost original.

*Víctor H. Becerra es Secretario general de México Libertario. En Twitter: @victorhbecerra

Por: Víctor H. Becerra*

Hace unos días, se dio a conocer que el nuevo gobierno mexicano de Andrés Manuel López Obrador negociaba con la dictadura castrista, traer a México a los médicos cubanos que la dictadura está sacando apresuradamente de Brasil, ante la cercanía de la toma de posesión de Jair Bolsonaro. Frente al escándalo suscitado, la noticia fue desmentida por el propio presidente López Obrador, quien señaló que son “voladas(mentiras) de mis adversarios, que son muy mentirosos”.

Sin embargo, no sería esta la primera vez que López Obrador dice que algo es falso y, después, resulta que es verdad. Abundan los ejemplos al respecto. López Obrador no es un político consecuente ni de una sola palabra; más bien sus posturas y promesas van modificándose según convenga al oportunismo político. Es más creíble pensar que la rapidez y viveza del escándalo le obligaron a un desmentido, pero que el proyecto allí está, esperando la oportunidad para anunciarlo. Por eso conviene detenerse en lo que esto implica.

Según nota publicada el pasado 2 de diciembre en el diario brasileño Estadão, por la reconocida periodista mexicana Verónica Calderón, y que fue recogida rápidamente por medios de todo el mundo, desde septiembre pasado se negocia entre la dictadura cubana y el gobierno mexicano, a través de Lázaro Cárdenas Batel, coordinador de asesores del propio López Obrador, con la intermediación de Celso Amorim, ex funcionario brasileño de los gobiernos de Lula Da Silva y Dilma Rousseff, el traer a México a tres mil médicos cubanos. El gobierno mexicano pagaría 6.5 millones de dólares al mes por ellos a la dictadura castrista, es decir, un total de 80 millones de dólares anuales, cantidad equivalente por ejemplo, a lo gastado anualmente para llevar agua a la Ciudad de México.

Los tres mil médicos cubanos (cuya característica distintiva es estar casados y contar con una familia a cargo) serían parte de los ocho mil médicos comprometidos por la dictadura castrista con el gobierno brasileño, mediante un programa llamado Más Médicos, implementado en 2013 por el gobierno entonces de Dilma Rousseff, supuestamente para atender sanitariamente a regiones alejadas, aunque son múltiples los indicios de que muchos de dichos médicos cumplen la función doble de ser agentes para el espionaje y el adoctrinamiento. Al respecto, los médicos cubanos han sido siempre instrumentos de una estrategia guerrera y expansionista del castrismo. El gobierno brasileño paga 3,500 dólares mensuales a la dictadura cubana por cada médico, de los que cada unde ellos solo recibe 900 dólares. Mientras tanto, los médicos son obligados a dejar a su familia en Cuba y son castigados con no volver a verla y no entrar de nuevo a la isla si desertan del programa.

Por esta evidente violación de Derechos Humanos, el presidente electo Bolsonaro se pronunció por establecer nuevas condiciones en el funcionamiento del programa, comenzando por dar su sueldo completo directamente a los médicos, así como permitirles llevar a su familia y solicitar asilo político, a lo que la dictadura castrista se opuso y anunció la terminación del programa y la salida de todos los médicos. Al día de hoy, a poco más de quince días de la toma de posesión de Bolsonaro, ya han salido 4 mil médicos de los 8 mil actuales, aunque el programa llegó a contar con 20 mil médicos en funciones.

El programa Más Médicos lo mantiene la dictadura cubana en otros 66 países, con un total de 55 mil médicos en activo. La dictadura se embolsa así 11,500 millones de dólares anuales por este tipo de servicios (que incluyen también instructores deportivos y agentes de seguridad), cantidad que cuadruplica a sus ingresos por el turismo.

Una característica llamativa del programa cubano es que es una copia del sistema impuesto en 1967 por Corea del Norte, durante el gobierno de Kim II-Sung, abuelo del actual sátrapa, Kim Jong Um, sistema que sigue hasta el día de hoy, explotando en condiciones inhumanas mano de obra de baja calificación, y que incluye adoctrinamiento, supervisión directa por el régimen en los lugares de trabajo, prohibición de hablar con medios de comunicación, represión, espionaje y el secuestro de las familias de los trabajadores, para evitar deserciones y rebeldías. Con dicho programa, la dictadura ha financiado su programa nuclear y de misiles, así como la “Economía del Palacio”: el lujoso tren de vida de la familia Kim.

Corea del Norte mantiene hoy 150 mil trabajadores de baja calificación en el extranjero, en países y regiones como Rusia, China, Medio Oriente y la Unión Europea, por los que obtiene 1,500 millones de dólares anuales. Expertos en materia laboral y de Derechos Humanos llaman a esto un “sistema de esclavitud contemporánea”, una esclavitud que ha permitido sobrevivir a los regímenes de Cuba y Corea del Norte, que son, junto con China y Vietnam, los regímenes dictatoriales más viejos del mundo.

Cabe señalar otra cuestión importante en relación al supuesto trato entre la dictadura cubana y el nuevo régimen populista mexicano: se da en el contexto de la creencia de que las relaciones mexicanas con Cuba se “fortalecerán”, según anunció el propio gobierno mexicano en el periódico oficial cubano Granma. En parte, dicho optimismo tiene que ver con la inserción en el gobierno mexicano de personajes claramente proclives al castrismo o comprometidos con él por alguna razón. Uno de ellos es precisamente el negociador mexicano del supuesto programa y jefe de asesores presidencial, Lázaro Cárdenas Batel, nieto del ex presidente Lázaro Cárdenas e hijo de Cuauhtémoc Cárdenas, iniciador del resquebrajamiento interno del PRI en 1988 y, como López Obrador, tres veces candidato presidencial de la izquierda.

La relación de Cárdenas Batel con la dictadura cubana es vieja: Estudió en La Habana, donde hizo buenas relaciones con la cúpula castrista. En voz baja se le ha señalado como agente de la inteligencia cubana (como antes también a Jorge G. Castañeda, ambos hijos de importantísimas figuras del oficialismo priista), lo que no sería raro, dada la importancia que la dictadura cubana concedía (¿concede?) a México en materia de espionaje, y que convirtió a la Ciudad de México en su mayor centro de espionaje en el extranjero. Que el régimen priista permitiera que sus “cachorros” prestaran servicios de información y propaganda para Cuba era, en ese contexto, una especie de subsidio a la dictadura, para que ésta no se interesara en la desestabilización del régimen del PRI.

Por otra parte, Cárdenas Batel cuando fue gobernador de Michoacán (2002-2008), contrató a 400 asesores enviados por la dictadura cubana, a quienes se acusaba de recibir trato de privilegio, aunque como ahora sabemos por el caso de los médicos, los beneficios iban a dar directamente al castrismo. Anteriormente, Cárdenas Batel fue también delegado del PRD (partido antecesor de Morena, el partido creado por López Obrador) ante el Foro de São Paulo (de 1990 a 1998) y ya como gobernador de Michoacán, fue quien abrió las puertas a Odebrecht en México, vinculándose en un caso de corrupción que aún sigue investigándose y que lo involucra, frente a la indolencia investigadora del gobierno mexicano. Al respecto, hace unas semanas hablaba aquí mismo del papel de Odebrecht como brazo financiero del Foro de São Paulo. En tal sentido, no sorprende la maniobra protagonizada por Lázaro Cárdenas para subsidiar a la dictadura cubana con recursos del contribuyente mexicano: En el Foro de São Paulo pudo ver y aprender cómo actuaban los grandes ladrones de la izquierda latinoamericana.

A Cárdenas Batel también se le vincula con la corrupción que destapó el escándalo Bejarano-Ahumada, uno de los principales traspiés políticos de López Obrador, e identificándosele como quien ayudó en la fuga de Carlos Ahumada y lo puso a merced y secuestro de la inteligencia cubana, para chantajear al entonces gobierno de Vicente Fox y ayudar a López Obrador en su primera candidatura presidencial.

Trabajo esclavo, afinidades ideológicas financiadas por los más pobres, complicidades en la corrupción, la rara inversión que supone defender los Derechos Humanos y el Estado de Derecho y a cambio ser acusados de “neoliberales” y enemigos de López Obrador… todo esto va desvelando el real carácter del nuevo gobierno mexicano y el posible escenario a que conduce al país. Ello obliga a ir planificando la acción social y la política para prevenir y enfrentar el desastre que será la gestión de López Obrador. La cuestión es solo saber en qué momento se materializará tal desastre: éste parece ya darse por seguro.

Por: Hugo Marcelo Balderrama*

En 1990, el fallecido Fidel Castro y Lula Da Silva fundaron el Foro de Sao Paulo. Según ambos personajes “el Foro fue constituido para reunir esfuerzos de los partidos y movimientos de izquierda después de la caída del muro de Berlín y las consecuencias del neoliberalismo en los países de Latinoamérica y el Caribe”. En la época de su fundación Castro era el único miembro en un cargo de poder. Pero la pandilla izquierdista la tenía muy clara: había que tomar el poder. En agosto de ese año en Bolivia se realizó la marcha por el “Territorio y la Dignidad”, primeros embates del indigenismo. El 4 de febrero 1992, Hugo Chávez ejecutó un intento de golpe en Venezuela. Y la defensa de la hoja de coca aparecía en escena de la mano de Evo Morales.



Para finales del siglo XX y principios del XXI, Hugo Chávez, Rafael Correa y Evo Morales habían ganado las elecciones presidenciales en Venezuela, Ecuador y Bolivia. La revolución cubana recibía un aire de renovación. Y las viejas fuerzas de izquierda tenían en los homosexuales nuevos militantes, tanto así, que el “Che” Guevara, un asesino de homosexuales, pasaba a ser símbolo de las nuevas “minorías” discriminadas por la sociedad. El foro de Sao Paulo se convertía en la fuerza hegemónica de la política regional.

Una vez en el poder, los presidentes foristas actuaron bajo el mismo libreto.

Primero, convocaron asambleas constituyentes con el objetivo de fabricar constituciones a medida de las ambiciones del foro. Segundo, debilitaron las fuerzas políticas de oposición. Tercero, establecieron grupos paramilitares con el fin de apuntalarse en el poder. Cuarto, empezaron un plan de nacionalización y expropiaciones de empresas nacionales y extranjeras. Quinto, avasallaron el derecho propietario con regulaciones sobre las tasas de interés, incrementos de impuestos y endurecimiento a las leyes laborales. Sexto, realizaron modificaciones a las leyes electorales con el objetivo de instalar tiranías por la vía democrática. Y séptimo, incrementaron el gasto estatal a niveles astronómicos.

Una población muerta de hambre y con todo tipo de padecimientos es fácilmente controlable.

Como la realidad no puede ser burlada, tarde o temprano, los desordenes provocados en la economía pasan factura. La mora bancaria se incrementa haciendo tambalear el sistema financiero, la inflación empieza con un espiral ascendente que parece no tener fin, los productos desaparecen de los mercados y los trabajadores ven diluirse el poder adquisitivo de sus salarios. Cuba está en ese círculo de pobreza más de 50 años y Venezuela cerca a los 20. Sabiamente, el teólogo americano R. J. Rushdoony llama “Planificación de la hambruna” a las políticas económicas socialistas.

Lastimosamente, la derecha Latinoamérica fue tomada por sorpresa. Las fuerzas políticas seguían repitiendo la receta del “neoliberalismo”, un intento de tener un estatismo ordenado y con salud financiera. Los “think thank” defensores del libre mercado adoptaron, sin crítica alguna, los dogmas del marxismo cultural. Y los pocos académicos no socialistas, como mi querido maestro Alberto Benegas Lynch, siguen sin entender la naturaleza del socialismo.

El socialismo no es un error como ingenuamente piensan muchos intelectuales. El socialismo es la representación política de la maldad. Los socialistas no son buenos muchachos a los que les falta aprender economía. Los socialistas son sujetos con un profundo odio a la humanidad. La izquierda es la reunión de los peores elementos de una sociedad. Los vagos, los ladrones, los resentidos y los fracasados encuentran en la izquierda los pretextos para culpar a los demás de sus propias angustias.



Entonces, hundir a sus países en la miseria es un éxito. Una población muerta de hambre y con todo tipo de padecimientos es fácilmente controlable. Por ejemplo: un sándwich de jamón era la forma de obligar a los cubanos a soportar los interminables discursos de Fidel Castro. Y qué venezolano piensa en política cuando tiene una inflación del 14000 por ciento.

¿Hay salida? Si, aunque en el largo plazo. El primer paso es empezar a ganar espacio en el espectro político. Los conservadores debemos hablar de las bondades del libre comercio con los comerciantes informales, los pequeños ahorristas y los trabajadores por cuenta propia, todos victimas del actual sistema. Los cristianamos debemos predicar en nuestras iglesias que cristianismo y socialismo no son compatibles. La derecha debe dejar los guetos académicos, está muy bien hacer libros y ensayos, pero es insuficiente. Finalmente, hay que terminar con ese discurso de “mi país es distinto”. No señores, la verdad es única y universal. No existe una verdad para Bolivia y otra para Cuba o Venezuela ¡por favor! Ese chauvinismo infantil es muy funcional a las tiranías.

*Hugo Marcelo Balderrama es Licenciado en economía y licenciado en Ciencias políticas. Se desempeña como profesor de economía, comercio exterior y planificación financiera. En Facebook: facebook.com/Marcelo.derecha

Por: Gerardo Garibay Camarena*

[dropcap type=”default”]L[/dropcap]a semana pasada Fidel Castro partió al otro mundo, arropado por el llanto de sus cómplices y el dolor de una auténtica legión de plañideras socialdemócratas que en el fondo del corazón llevan ese deseo de imitar los pasos del tirano que gobernó Cuba durante casi 6 décadas, armado de balazos y demagogia, sin matar por placer, como el psicópata del Ché, pero matando de todos modos y de todas formas.