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Por: Fausto Hernando Canto García* 

El pasado sábado 20 de Octubre, los sectores conservadores de la sociedad y la política lograron activar a más de 120 ciudades en todo el país a favor de la vida, movilizando a cientos de miles de personas a lo largo y ancho de México, en una clara gala de “músculo”de estos sectores, aglutinados por el Frente Nacional por la Familia (FNF).

Dicha muestra de convocatoria es un mensaje fuerte y claro para el presidente electo, Andrés Manuel Lopez Obrador, cuyo partido, el Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), ha anunciado que velará por la despenalización del aborto aprovechando la senda mayoria que goza este partido en ambas camaras federales.

En todas las plazas donde se realizaron activaciones de la “Ola Celeste: Salvemos las Dos Vidas”, el FNF ordenó a sus representantes en los Estados de la República dar un mismo mensaje, en donde se extraían condenas a lo que se llamó “La agenda personal de Olga Sanchez Cordero” que incluye, además del aborto, la ideología de género. Esto, con un claro mensaje político para que el próximo presidente se deslinde de estos temas en aras de evitar movilizaciones futuras que ya lo pondrían a él en la mira.

Apostados en la casa de transición del presidente electo, el Frente Nacional por la Familia, entregó también un documento a la encargada de vinculación social de la transición donde, seguramente, piden y esperan una reunión con Lopez Obrador, marcando así el inicio de los conservadores que mueven sus fichas en el terreno de la política con un nuevo escenario dominado por Morena que, a pesar de su idiología de izquierda, advierte fisuras sobre el tema del aborto, como lo demostró el poscionamiento de la Senadora de ese partido Lilly Téllez, quien adelantó que, en caso de que llegara la iniciativa a favor, ella la rechazaría.

Mientras tanto los libertarios han dejado pasar toda una serie de temas que no han logrado capitalizar, como el rechazo de MORENA a reducir al Impuesto Especial de Servicios y Productos (IESP) que, dicho sea de paso en terminos austriacos, está íntimamente relacionado con el continuo aumento en el precio de los hidrocarburos en el país. Al día de hoy, el libertarismo no ha logrado aglutinarse debido a las continuas divisiones y debates interminables entre las agrupaciones que incluso, apuestan y se unen a marchas de causas progresistas donde no lograrán quitarle ningún voto a la izquierda.

La mayoría de los libertarios mexicanos siguen en la etapa “Peter Pan” pues se niegan a madurar y a asumir mayores riesgos y compromisos de representatividad en la sociedad –como sí lo están haciendo los conservadores. En un panorama que pinta MORENA no se puede hablar de triunfos para la agenda de la libertad pero vaya que es necesario asumir esos riesgos para cuando el desencanto y la “Luna de Miel” vaya llegando a su fin. El libertarismo debe madurar y reconciliar posturas, para dejar de verse como una ideología infantil, en un contexto donde los grandes se reparten el botín político, mientras él se esconde feliz en su mundo de fantasía.

PD: Hasta un derrotado Partido Acción Nacional, fue capaz de reaccionar a ultimo momento y cosechó buenos comentarios por reafirmarse como un partido Pro Vida.

*Fausto Hernando Canto García  es internacionalista y libertario. Vive en Chetumal Quintana Roo.

Por: Artemio Estrella*

[dropcap type=”default”]E[/dropcap]n este segundo asalto de la contienda presidencial, el rival a vencer, Andrés Manuel López Obrador, simple y sencillamente se subió a defender el título de puntero en las encuestas, pero sólo tomando el rol de víctima, sin capacidad de entrar a la ofensiva, salvo para vociferar algún chascarrillo. Las propuestas de Andrés López: “Voy a cuidar mi cartera”, “Ricky Riquín Canallín”, “La mafia del poder”, este es el nivel de debate al que puede llegar el candidato por MORENA.



José Antonio Meade se vió más confiado. Es claro para un sector de mexicanos, nada despreciable, que Meade es una persona preparada y en este segundo debate lo demostró, pero por desgracia sigue arrastrando seis años de un gobierno priista con tropiezos más grandes que sus aciertos, para muestra la relación de México con EEUU, tema que se tocó en el debate y que dejan muy mal parado al candidato por el PRI.

Ricardo Anaya, candidato por el PAN, a quien se le olvidó que era el segundo debate y no el primero, no cambió la estrategia, siguió con la misma tónica de ataque hacia Andrés López, dejando patente lo que todo el mundo ya sabe, excepto los solovinos[1], claro: que Andrés Manuel López Obrador es un farsante. Personalmente creo que Anaya debió arriesgar y enfocarse en vendernos su propuesta de gobierno y convencernos de por qué es mejor que la de sus contrincantes. El ataque hacia Andrés Manuel debió quedar en segundo término.

Jaime Rodríguez, mal llamado “El Bronco”, un invitado más del público, pues desperdició su tiempo tomando el rol de espectador en el debate, se la pasó escuchando a los que sí están en la contienda. Aunque dijo algo de importancia, enseñó el cobre al declarar que estaría dispuesto a expropiar Banamex. No por nada algunos se han atrevido a decir que Jaime Rodríguez es el peje-norteño, un político populista que, al igual que Andrés López, nos quiere llevar de regreso a la época más rancia del PRI, aquella en la que el gobierno tenía control total de la economía y que provocó la corrupción política que aún el día de hoy estamos sufriendo.



En cuando al formato del debate, muy bien. Este tipo de formatos ofrecen al público una visión más amplia de los candidatos. Los candidatos cuentan con la posibilidad de desenvolverse para exponer y confrontar, y esto ayuda a proyectar el carácter de cada uno. Los moderadores muy mal, ellos no deben de debatir, ni mucho menos de confrontar, salvo para guiar la discusión y hasta allí.

Este era un debate para arriesgar y ningún candidato arriesgó. En el tercer debate veo muy difícil que los candidatos presenten algo distinto a lo presentado en estos primeros dos. Si me preguntan sobre el rival a vencer, yo diría que no lo despeinaron ni tantito.

[1] Al decir “solovino”, me estoy refiriendo a la forma en que Andrés Manuel López Obrador llama a las personas que votan por MORENA. Fuente: López Obrador: a los que votaron por Morena los llamo solovinos.

*Artemio Estrella es tecnólogo especialista en TICs, columnista invitado en Asuntos Capitales y en Wellington.mx, y en asuntos políticos un impulsor de los principios republicanos.

Por: Víctor H. Becerra*

[dropcap type=”default”]E[/dropcap]ste domingo se efectuó el segundo debate presidencial en México, entre los cuatro candidatos presidenciales ‘sobrevivientes’, tras la reciente declinación de la quinta y marginal candidata, la ‘independiente’ Margarita Zavala. El tema de este debate fue la política exterior y comercial del país, así como la relación de México con el mundo.

En general, en cuanto a formas, fue un debate con pocas propuestas y compromisos, con un excesivo protagonismo de los dos moderadores, especialmente la moderadora, y con un enorme desperdicio y subestimación de los espectadores presentes: La autoridad electoral presumió que este sería el primer ejercicio, en la historia de los debates presidenciales en México, con la participación activa del público. Pero esto se limitó a contadas preguntas de los asistentes, sin otra participación, sin mucha sustancia y sin respeto al público presente, usado realmente como mera escenografía.



Sobre la temática que se trató, cabe destacar que el esperpento del patrioterismo hizo su aparición en este ejercicio, a propósito de las constantes e imprudentes amenazas y declaraciones del presidente Donald Trump. Así, por ejemplo, la insólita propuesta del candidato Jaime Rodríguez (independiente) de expropiar el principal banco del país, propiedad de la firma estadounidense Citibank, de continuar las agresiones de Trump. Afortunadamente Jaime Rodríguez nunca llegará a gobernar el país, pero su postura es un reflejo de un cada vez más vivo y extendido sentimiento anti norteamericano entre el electorado mexicano. El oportunismo nacionalista parece que da votos y más nos conviene estar pendientes de las riesgosas derivaciones de este fenómeno.

Llama la atención el casi absoluto silencio sobre el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), sobre todo porque era el tema de este segundo debate. Ante el cada vez más incierto resultado de las negociaciones y ya agotado el tiempo para que las actuales legislaturas lo aprueben, tanto en México como en EEUU, si se llega al menos a un principio de acuerdo, los candidatos actuaron con gran prudencia, a fin de no agregar mayor incertidumbre y hasta alarma entre familias e inversionistas, excepción hecha de Andrés Manuel López Obrador (MORENA), que anunció que le corresponderá renegociarlo en sus propios términos. Ojalá los mercados no terminen cobrándole (y con él, a todos nosotros) su apresurada temeridad de usar el TLCAN como argumento electoral.

Continuando con la temática, finalmente, fue magnífica y oportuna la aparición del tema del maltrato que damos en México a los migrantes centroamericanos y del Caribe en su tránsito a EEUU. En general, la sociedad mexicana es omisa y hasta falaz en este tema: exigimos a EEUU un buen trato a nuestros migrantes y la flexibilidad de su legislación en la materia, mientras maltratamos a los migrantes ajenos, sin ningún tipo de consecuencia jurídica, y tenemos una legislación mucho más restrictiva y laberíntica que la estadounidense. Y no es una cuestión de pretextar que México se ve obligado a hacer el trabajo sucio migratorio a EEUU. Es pura y simple hipocresía social. Por eso es difícil que se logre una mejoría al respecto, a pesar de que todos los candidatos se comprometieron a ello, pero es esperanzador que empecemos a romper nuestro pacto de silencio en este tema.

Ya refiriéndonos, por último, a la sustancia política del evento, cabe observar que López Obrador hizo una apuesta arriesgada en este segundo debate: a fin de no repetir la apariencia de fragilidad del primer debate, se puso los guantes en varias ocasiones en contra de Ricardo Anaya, respondiéndole con dureza, insultándole y hasta burlándose de él, mientras ignoró casi por completo a José Antonio Meade (PRI) y a Rodríguez durante todo el debate. A pesar de las burlas (que harían a López Obrador ‘digno’ protagonista de un programa cómico de pastelazos en Televisa), le dió a Anaya un status de igual a igual, o al menos, de rival principal, no obstante los muchos puntos de diferencia entre ellos en todas las encuestas. Veremos cómo se refleja esto precisamente en las nuevas encuestas que comiencen a levantarse a partir del próximo fin de semana.

En cualquier caso, sorprende el mal, triste desempeño de López Obrador en este debate (y el pasado): Tras décadas de ejercicio político, lustros de ser candidato, años de preparar esta su tercera candidatura y dedicándose a ser sólo candidato, sin que nada lo distrajera, resulta que López Obrador no sabe debatir, no sabe hablar, está siempre a la defensiva, no sabe presentar sus argumentos o repite sin comprender las ideas que le escribieron sus asesores, y cuando los argumentos le faltan, acude a la descalificación y a la burla personales. Quizá por eso sus seguidores se sienten legitimados en sus estrategias de insultos, amenazas, acosos, anuncios de venganzas y destierros.



Tras este segundo debate, me parece que cada vez es más claro que la competencia se va reduciendo, ineludiblemente, a dos candidatos: López Obrador y Anaya, a pesar de algunas duras acusaciones mutuas entre Meade y Anaya en el debate, que no tienen ya mayor relevancia a estas alturas y son contraproducentes para ambos, a la vista de las encuestas. Pero está por verse que el llamado “voto útil” beneficie significativamente a Anaya. Al contrario: Creo que una mayor erosión de las expectativas electorales de Meade y del PRI terminará beneficiando a López Obrador. Por historia común, por visión del mundo, por ideología, por vasos comunicantes, los militantes del PRI son más cercanos a MORENA que al PAN, el partido de Anaya.

En este segundo debate no hubo nocaut en contra de López Obrador, como muchos esperábamos. Ciertamente éste se mostró colérico, ignorante, evasivo, poco claro, desarticulado, deficiente en su entendimiento y hasta decrépito por momentos. Sí. Pero no hubo KO. En los restantes 40 días se ve cuesta arriba que esto pueda pasar. Podría suceder, claro, por ejemplo en el tercer y último debate presidencial, el próximo 12 de junio, y respaldado en el hecho de que, hoy, 6 de cada 10 electores no votarían por López Obrador. Pero no se ve aún por dónde y cómo dar el KO al puntero en las encuestas. Por ello, esta elección podría empezar a leerse ya como una lodosa competencia donde los candidatos pelearon larga y forzudamente por el segundo lugar, pero nunca real y efectivamente por ganarle a López Obrador. Aunque aún pueden pasar algunas cosas en el (relativamente poco) tiempo restante.

*Víctor H. Becerra es Secretario general de México Libertario. En Twitter: @victorhbecerra

Por: Héctor Uriel Rodríguez Sánchez*

[dropcap type=”default”]Q[/dropcap]uién ganó:

Ricardo Anaya, que hizo lo que debía y lo hizo extraordinariamente. Dejó claro que el rey está desnudo, que AMLO es un farsante, un falsario, un mentiroso y un gran fantoche.  Ricardo también perdió poco tiempo en defenderse y dejó claro que sí puede y que sin duda alguna es el segundo lugar, lejos del tercero. Ha vuelto a ser competitivo.



Quién perdió:

Andrés Manuel, Meade y Margarita.

Andrés Manuel que demuestra que está viejito, que no tiene con qué discutir y solo puede prometer y engañar bobos. Es cierto que no se enojó tanto, pero también es cierto que no hila, que no sabe improvisar, que no sabe reaccionar inteligentemente, que no sabe debatir, en resumen: que no sabe.

Meade, por que no puede levantar, es una gran segunda voz, ojalá se integre al gobierno nuevamente, pero no tiene lo necesario para ser candidato. Lo mejor de él fue el guionista de sus chistes. Dos joyas:  “A AMLO no le gusta usar la escoba, sino el recogedor” y “Si AMLO se hubiera desmayado en lugar de volver en sí, volvería en no”. Lástima que el lastre del PRI lo mantenga en el fondo del mar.

Margarita, por que tristemente no da color, no es candidata, no está a la altura y siendo francos, habría sido mejor que mandara su participación por whats app para que cada quien le pusiera la entonación que gustara. ¡Lástima Margarita!

Quién sorprendió:

El Bronco, sin duda alguna. La nota de color fue de él, nadie lo puede tomar en serio, pero lo sabe, lo acepta y actúa en consecuencia. El Bronco fue él, pegó, se divirtió y se dio el gusto de sacar de balance a AMLO. Un troll en el debate que nos sacó, hay que decirlo más de una sonrisa.



En conclusión:

La elección, ahora es más evidente, es entre dos: AMLO, el que siente que ya ganó y el que definitivamente estará ahora en segundo lugar, Ricardo Anaya. Ahora puedo decirlo con toda claridad, esta elección sería estupenda si eligiéramos entre Meade y Anaya. Qué lástima que otra vez compita AMLO, que tristeza que alguien que estorba tanto, importe también tanto, pero qué bueno, que tengamos esperanza y haya quedado claro que esa esperanza no puede estar en MORENA.

*Héctor Uriel Rodríguez Sánchez. Apasionado de la Política, Speaker y Consultor de Negocios – Hago que las cosas pasen. CEO en DirigeHoy.net y Presidente de HazBienElBien AC. Twitter: @hectoruriel y Facebook: /hectoruriel.rs

Por: Artemio Estrella*

[dropcap type=”default”]L[/dropcap]os debates son como las peleas de box, han caído en el desprestigio. La expectativa es la de ver uno que otro golpe civilizado y que al final el ganador lo haga por la vía del nocaut, sin embargo puede resultar que el rival a vencer ni meta las manos y nos entreguen un aburrido empate técnico.

Comencemos dándole un vistazo al debate por la presidencia de México, primeramente con la lectura de dos definiciones:

Promesa. Expresión de la voluntad que alguien se impone de cumplir algo.

Propuesta. Manifestar o exponer una idea o un plan para que se conozca y se acepte.

En ciertos contextos las dos palabras, promesa y propuesta, actúan como sinónimos. Sin embargo en su definición se expresan diferencias. Una propuesta es la presentación de una idea, con el compromiso o promesa de cumplirla.



La realidad que cursamos como mexicanos ya no nos permite vivir de promesas, estamos para recibir propuestas para poder evaluar. La promesa de un ahora sí lo vamos a hacer bien o nosotros sí lo vamos a hacer bien, ya no funciona. Es algo que José Antonio Meade no acaba de entender, comenzó su campaña sobre los hombros de un cansado y vapuleado PRI que vive solamente de hacer promesa tras promesa y en el primer debate no hizo más que prometer y además cayó en el juego de Ricardo Anaya: Anaya le exigió a Meade “prometer” no caer en el 7 de 7 ejemplos de mal gobierno del PRI y Meade cayó redondo. José Antonio Meade fue el gran, como ya muchos lo vaticinaban, perdedor del debate.

La promesa de un ahora sí lo vamos a hacer bien o nosotros sí lo vamos a hacer bien, ya no funciona

Margarita Zavala y Jaime Rodríguez, mal llamado “El Bronco”, son candidatos con propuestas. La plataforma de Margarita Zavala se soporta en propuestas que explican con detalle su viabilidad, sin embargo en el debate no las lució, quedándose a la sombra de sus rivales. Jaime Rodríguez, a sabiendas que él mismo es su más ferviente detractor, no ha cumplido sus propuestas como gobernador de Nuevo Léon y pareciera que ya todo México lo sabe, no hizo más que dedicar su tiempo en atacar a Andrés Manuel López Obrador. Ambos, Margarita Zavala y Jaime Rodríguez, solitos se quedaron en la lona.

Andrés Manuel López Obrador juega un doble papel, muy inteligente por cierto, en su propaganda política hace promesas y en su plataforma política hace propuestas. Por un lado la gente a la que no le gusta mucho el análisis recibe la promesa de un buen gobierno. Aquellos que esperan un cambio “verdadero” reciben de Andrés López un cúmulo de propuestas de gobierno. De los cinco candidatos es el que tiene el plan más ambicioso y detallado. Pero, hay un pero, Andrés López no se atrevió a debatir sus propuestas, pues éstas son fácilmente desacreditables y él no tiene dominio sobre el detalle y viabilidad de sus propias propuestas de gobierno, las cuales fueron redactadas por intelectuales, en su mayoría. Andrés López prefirió quedarse en terreno neutral, fuera del debate de las ideas y a la espera del desgaste de sus contrincantes, lo cual no le resta ni le suma.

Lo que Ricardo Anaya ganó en el primer debate fue dejar en claro que es el único rival de Andrés Manuel López Obrador

Ricardo Anaya, de quien se logra percibir que sí hace la tarea, que hizo debate de espejo y seguramente hasta ejecutó una simulación de debate con su equipo de asesores, es quien logra trasladar su propuesta hacia el debate y quién además supo atacar y defenderse. Anaya, junto con Andrés López, son quienes tienen propuestas y ambos con la promesa de cumplirlas. Anaya desde la perspectiva socialdemócrata (impulso económico y social desde el gobierno, con participación empresarial y ciudadana) y Andrés López con su visión puramente socialista (con el gobierno como principal promotor de la economía y de los aspectos sociales).



Muchos declaran como ganador del debate a Ricardo Anaya, yo no diría tal cosa. Lo que Ricardo Anaya ganó en el primer debate fue dejar en claro que es el único rival de Andrés Manuel López Obrador y cuenta con muy poco tiempo para capitalizar dicho logro. La tarea de Ricardo Anaya es trabajar las próximas semana en quitarle el voto, no a Andrés López, sino al resto.

Andrés Manuel López Obrador no perdió, me atrevo a decir que entonces es un empate técnico entre Anaya y Andrés López, empate que en los próximos debates tiene que resolverse, en miras de que uno de los dos se lleve los votos de los indecisos y de los otros candidatos-bulto que ya están en la lona.

*Artemio Estrella es tecnólogo especialista en TICs, columnista invitado en Asuntos Capitales y en Wellington.mx, y en asuntos políticos un impulsor de los principios republicanos.

Por: Víctor H. Becerra*

[dropcap type=”default”]E[/dropcap]ste domingo se efectúo en México el primero de los tres debates obligados por la ley electoral entre los candidatos presidenciales. Fue un debate con poco espacio para la discusión, la improvisación, la sorpresa, cuidando más el interés de los partidos que el derecho de los ciudadanos a una elección informada y de contrastes. Fue, para decirlo gráficamente, como un partido de futbol jugado en un estadio sin público, sin emoción ni exigencia. Aunque siendo justo y comparándolo con cualquier otro debate presidencial desde 1994 (cuando se efectuó el primero en México) éste fue ágil e inquisitivo, gracias en gran medida a los moderadores Denisse Maerker, Sergio Sarmiento y Azucena Uresti, que pidiendo a los candidatos profundizar en sus propuestas o responder a las acusaciones, por primera vez no se resignaron al tradicional papel del semáforo que solo da o quita la palabra.

Siendo realistas también, el interés de este debate estaba puesto en presenciar un traspié electoralmente grave del puntero en las encuestas, López Obrador, o bien, un claro despegue de cualquiera de los dos candidatos, José Antonio Meade o Ricardo Anaya, con posibilidades reales de disputarle el triunfo. Nada de eso sucedió. Al menos por ahora.



Y es que López Obrador fue al debate presidencial decidido a no caer en ninguna provocación y rehuir toda discusión, volviendo una y otra vez a las cinco o seis frases de sus spots y a su discurso de siempre. No es exagerado decir que si el candidato de MORENA mejor hubiera decidido enviar un holograma, programado con las frases que ya conocemos desde 2006 y grabado con buen maquillaje, quizá habría tenido un mejor desempeño que el candidato huidizo, frágil, soberbio, descuidado en su aspecto y cansado (¿nuevamente enfermo?) que vimos. Pero logró lo que buscaba: reiterar su discurso, no cometer ningún exabrupto y así, no arriesgar su gran ventaja electoral.

El primer debate presidencial no permitió apreciar, aún, a un ganador inevitable de las elecciones

En consecuencia, a Ricardo Anaya y José Antonio Meade se les acaba el tiempo para despuntar. Y las oportunidades. Por eso sorprende que cuando habían logrado acorralar a López Obrador durante el debate, denunciando la corrupción de sus colaboradores y las propiedades que supuestamente esconde, hayan decidido retomar los ataques entre ellos (ciertamente tras una provocación preparada ex professo por Meade), con una saña personal que no habían utilizado antes, ante la divertida mirada de los otros contendientes. Así, pareciera que Meade no aprendió nada en estas aciagas semanas, en las que sus ataques a Anaya solo lo hundieron más en la contienda. No deja de ser paradójico que el candidato del PRI que durante todo el debate presumió de su gran “preparación”, en realidad parece que aprende poco o nada.

En tal sentido, si hubo un derrotado en el debate éste fue precisamente Meade: sin emoción como buen técnico, carente de personalidad y carisma como buen tecnócrata, gris como buen burócrata, repitiendo hasta la extenuación sus muchas virtudes (según él), con pocas propuestas concretas, con tan mala preparación que se quedó sin tiempo para responder a la acusación de Anaya de que le tocó una tajada de dinero en la corrupción del PRI y sus gobernadores. Si algún resultado habrá de este debate, será que Meade quizá descienda todavía algunos puntos más en las encuestas, puntos que me temo no irán a Anaya (como imaginan los creyentes de esa ficción del “voto útil” o del “júntense, agárrense de las manos”), sino a López Obrador: El verdadero voto útil del PRI (y de otros partidos coaligados alrededor de Meade o de Anaya, como Nueva Alianza o el PRD) es para MORENA y López Obrador. De continuar por ese derrotero en los algo menos de 70 días que restan para la elección, Meade no tendrá mucho futuro político. Así, la idea (antes mera burla interesada) de que el gobierno de Peña Nieto y el PRI pudieran cambiar de candidato, podría ir considerándose con creciente preocupación, o bien, obligarlos a llegar a algún tipo de pacto con Anaya en las siguientes semanas.



El primer debate presidencial no permitió apreciar, aún, a un ganador inevitable de las elecciones. Cuando más, permitió ver a un gran derrotado, Meade, y a otro, López Obrador, que se decía tigre y resultó mucho menos atemorizante, hasta vulnerable y vulnerado. No marcará por tanto un cambio sustancial de tendencias. Pero desde hace 50 años sabemos que los debates no influyen decisivamente en el voto de los ciudadanos, sino que su función, en lo posible, es dar información y claridad al elector, desalentando la ignorancia, la confusión y los enconos. Y me parece que por ahora, este debate cumplió, no en demasía, pero sí con lo indispensable.

*Víctor H. Becerra es Secretario general de México Libertario. En Twitter: @victorhbecerra

Por: Horacio Puchet*

[dropcap type=”default”]A[/dropcap]NAYA es bueno para pelear. Se defiende y ataca como un boxeador experto. Estuvo oportuno y preciso en sus intervenciones, aunque pobre en sus propuestas. Sus ideas, teñidas de populismo, parecen copiadas del peje.

MEADE fue el que más propuso. Mostró su capacidad de planificación de manera eficiente y ordenada. Aunque, como buen técnico que es, acostumbra no mezclar emociones en su discurso, lo que le resta contundencia. A él hay que leerlo más que escucharlo.

ZAVALA por el contrario, muy emotiva y entusiasta, mostró feminismo y amor a México, pero poca claridad.

El BRONCO hizo lo suyo: en su papel de rudo, fue divertido y le puso sabor a la reunión.

LÓPEZ OBRADOR comenzó bien y se fue desdibujando. Defendió su gestión al frente del DF y presumió popularidad. Pero después, hurgando entre sus papeles, parecía buscar alguna idea que nunca encontró. Al final se limitó a recitar un popurrí de sus spots de campaña de los últimos 15 años.



Más allá de sus diferencias, todos coinciden en un Estado Santa Claus que reparta becas y regalos. Nadie rebasó el horizonte del asistencialismo. También hubo consenso en una fiscalía autónoma y la segunda vuelta electoral.

Y una última coincidencia, no expresada pero que se desprende de sus dichos, es que los cinco candidatos deberían estar en la cárcel.

*Horacio Puchet es músico de la Sinfónica Nacional y docente de la UNAM, escritor en sus ratos libres y padre de familia de tiempo completo. Su correo: hpuchet@gmail.com