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Por: Gerardo Garibay Camarena*

El Mises Institute es una referencia fundamental a nivel internacional, cuando hablamos de la libertad en el plano filosófico, del libertarismo en el plano político y de la escuela Austriaca en el económico. Su presidente, Jeff Deist, visitó México hace unas semanas, invitado por México Libertario, y tuve la oportunidad de platicar con él en exclusiva, acerca de la situación actual y del panorama para la libertad.

Aquí les presento la primera de tres partes de un resumen traducido al español de esta entrevista, y para quien quiera verla o leerla completa, la transcripción (en inglés) está en Wellington.mx

Gerardo Garibay: Hola Jeff. Gracias por aceptar esta entrevista con Wellington.mx y bienvenido a México. Quisiera comenzar esta entrevista preguntándote respecto al artículo que publicaste hace un mes acerca de la Reserva Federal (el banco central de los Estados Unidos). Ahí escribiste sobre “las correcciones fundamentales que deben realizarse” incluyendo “bancarrota, liquidación y reestructura de cartera vencida…y el final de los rescates directos por parte del congreso…además de un serio programa de reducción del gasto y deuda, que no perdone subsidios ni gasto militar”. ¿Podrías ampliar un poco este punto? ¿Cómo puede un país darle marcha atrás al aparentemente perpetuo motor de la deuda y el gasto gubernamental, que ha atrapado a los Estados Unidos y países como México?

Jeff Deist: …Si la deuda se convierte en el principal impulsor de la economía estamos en grandes problemas y lo que hemos visto en occidente, incluyendo México y Latinoamérica, pero también Estados Unidos, Europa y Canadá, desde la crisis del 2008, es que la deuda ha explotado. La recesión del 2008 no ocasionó lo que la mayoría de las recesiones provocan: bancarrotas, insolvencia, liquidaciones y reestructura de deuda y nuevos propietarios que compran barato. Nada de eso sucedió.

En lugar de ello, lo que ocurrió fue que tanto la Reserva Federal de los Estados Unidos, como el Banco Central Europeo entraron básicamente en una orgía de creación de dinero y de crédito, y como resultado el mundo entero tiene más deudas hoy que en 2008, lo mismo a nivel de deuda gubernamental que corporativa, de los hogares, prestamos académicos, tarjetas de crédito e hipotecas…

No podemos decir que estemos mejor y nos estamos dando cuenta de que vivimos en una era donde las personas creen que puede crearse prosperidad a través de la manipulación fiscal o monetaria y de modelos estadísticos, sin realmente hacer el trabajo duro que dicha creación requiere.

Por trabajo duro me refiero a que se necesita hacer una economía más productiva y para ello las personas deben involucrarse en cosas que hagan dinero, de modo que obtengan una ganancia, la cual se acumula con el tiempo y con suerte se convierte en capital, que a su vez es invertido en la economía, en el mejor de los casos en formas que la vuelvan más productiva. No hay truco para darle la vuelta. No hay forma de evitarlo [este proceso] si queremos crear una economía con bases reales para crecer a futuro.

Lo que hicimos en 2008 fue que, en lugar de permitir una corrección dolorosa, volvimos a inflar las burbujas en diversos sectores de la economía: vivienda, automóviles, préstamos a estudiantes, etc. Así que no lo resolvimos. Simplemente pateamos la lata hacia abajo de la calle y de hecho empeoró, porque ahora tenemos más deuda que nunca.

Esto es muy atemorizante. Tenemos un problema intelectual e ideológico. Hemos llegado a pensar en obtener algo a cambio de nada. Imaginamos que esas personas brillantes y bien intencionadas, que se graduaron de Harvard, de algún modo pueden manipular el sistema y aplicar técnicas para volvernos más prósperos.

Sin embargo, también sabemos que el simplemente crear más dinero no trae nuevos productos o servicios a la economía. Si todos los habitantes de la Tierra tuvieran un par de ceros añadidos a su cuenta bancaria, no haría ninguna diferencia. Los precios se ajustarían y todos estaríamos donde empezamos.

Lo importante es que el nuevo dinero y crédito no aplican a todos universal y simultáneamente. Entra en la economía en ciertos espacios, y algunas personas sí se enriquecen con el nuevo dinero, especialmente aquellas involucradas con las inversiones y la banca comercial…y aquellas cercanas al gobierno, que de este modo opera con enormes déficits.

Tenemos que regresar a una política monetaria sobria y sensata…sin dinero real en la economía estamos en grandes problemas, y por eso ese es uno de nuestros principales trabajos: educar a las personas acerca del dinero y el crédito y su razón de ser.

Al término de la entrevista

Gerardo Garibay: Tuve la oportunidad de asistir a la Mises University en 2017. En aquella ocasión diste el discurso de clausura -que por cierto fue muy bueno- y hablaste ampliamente acerca de cómo los libertarios nos arriesgamos a la irrelevancia cuando ignoramos conceptos, como los de Dios y nación, que provocan una profunda respuesta en las personas. Mi pregunta aquí es ¿cómo podemos caminar esa compleja área gris de la identidad de grupo en nuestro entorno social, sin caer en las trampas colectivistas de la izquierda y la derecha? ¿cómo equilibramos este entendimiento de las identidades compartidas con el mensaje de la libertad y las decisiones individuales?

Jeff Deist: Bueno, es difícil, y quienes tenemos una mentalidad libre tendemos a ser individualistas. No nos agrada la identidad grupal porque, como sabemos a partir de la historia, esa identidad -el tribalismo- puede volverse muy negativo, puede llevar a guerras y toda clase de tragedias.
Dicho esto, el enfoque de mi charla fue que, si el libertarismo ha de ganar terreno, necesita presentarse y entenderse como una filosofía que se adapta a la naturaleza humana…las personas quieren tener un propósito en la vida, un propósito más allá de lo cotidiano, y me preocupa que [conforme la sociedad ha dejado de creer en la religión, la familia, etc.] el Estado se va a convertir en la nueva religión.

…[Por lo tanto] el argumento de mi discurso era el de ofrecer una libertad que sea estricatamente una perspectiva política, y que le permita a los individuos tener toda clase de otras convicciones que le den significado a la vida. El libertarismo no tiene por qué ser nuestra única identidad y razón de vivir.

Te seré honesto, tuve una respuesta mixta a ese discurso. Sin embargo, creo que, por ejemplo, aquí en México, donde todavía son un país más culturalmente católico que los Estados Unidos, hay personas que pueden entenderlo.


Continúa la próxima
semana.

*Gerardo Garibay Camarena es editor de Wellington.mx, columnista en diversos medios digitales y autor de los libros “Sin Medias Tintas” y “López, Carter, Reagan”.

Por: Gerardo Garibay Camarena*

[dropcap type=”default”]¿H[/dropcap]ace algunos días, la administración Trump anunció que destinará cerca de $12 mil millones de dólares en subsidios para respaldar a los granjeros que han sido afectados por los aranceles impuestos por otros países a consecuencia de las actuales guerras comerciales con China, la Unión Europea y Canadá, que por lo visto no son tan “buenas y fáciles de ganar”.

A primera vista, los nuevos apoyos podrían parecer una buena idea; suena más o menos lógico el dar un paso adelante para ayudar a quienes están sufriendo y echarles la mano para que se mantengan en pie. Sin embargo, detrás de su máscara sonriente, esos subsidios son la preocupante señal de un ogro cada vez más grande en los pantanos de Washington.

¿Un ogro? Déjeme explicar:

En 1978, el escritor Octavio Paz definió al gobierno como el ogro filantrópico es decir, una criatura que reparte subsidios y programas para supuestamente aliviar la pobreza, pero que al mismo tiempo devora una parte cada vez mayor de la prosperidad nacional a través de los impuestos requeridos para financiar esos programas sociales y de la consecuente corrupción en el uso de los recursos. El ogro pudiera incluso tener buenas intenciones, pero sus actos harán mucho más mal que bien.



Pudiéramos decir que este ogro, que se oculta dentro las estructuras gubernamentales de todo país en el planeta, tiene incluso una cierta clase de ritmo, casi como una danza. Se mueve en una sucesión de pasos, devorando más y más con cada uno de ellos, hasta que engorda tanto que ya no puede bailar, y cuando el vals se detiene finalmente muestra su verdadero rostro de tiranía y violencia, y de fracaso, como podemos observar actualmente en el colapso de Venezuela.

¿Cuáles son esos pasos? Bueno, el vals comienza cuando el ogro interviene en una parte de la economía para, digamos, imponer aranceles en unos cuantos productos, algo fácil de justificar, nada demasiado notorio o preocupante. Sin embargo, esto crea una disrupción; aquellos afectados por la intervención original del gobierno se vuelven hacia este demandándole que los ayude y, siendo después de todo un filántropo, el ogro está feliz de acceder a su deseo, desviando dinero en respaldo de ese grupo vulnerable. Con cada nuevo paso, se multiplican las disrupciones en el panorama económico y el número de actores que demandan un apoyo.

Ya que el dinero es indispensable para cumplirles, el ogro pronto enfrenta una de dos opciones: adquirir mayores deudas o imprimir más dinero. En ambos escenarios el costo del vals será eventualmente pagado por los ciudadanos, que terminan cargando con más impuestos y con el costo, tanto en efectivo como de oportunidad, que implica vivir en una economía cada vez más intervenida.

El ogro pudiera incluso tener buenas intenciones, pero sus actos harán mucho más mal que bien.

Eventualmente, las señales de oferta y demanda se obscurecen tanto por la intervención gubernamental que los agentes económicos quedan simbólicamente en penumbras, yya no saben si es que avanzan en la dirección correcta, con el resultante desperdicio de valor y recursos, lo que a su vez lleva a las personas a demandar incluso más acción del gobierno. Por lo tanto, el vals aumenta su velocidad, convirtiéndose en una vertiginosa demostración de gasto, un río turbulento donde los compadres pescan todos los pescados, mientras que las demás personas se quedan con hambre.

Esa es la verdadera perversidad del vals del ogro: Una vez que inicia la música, es casi imposible detenerla. No importa cuántas leyes se aprueben o estudios se financien, y ni siquiera el qué tan honestas sean las intenciones de la monstruosa figura; los problemas creados por el incremento en la intervención gubernamental no pueden resolverse con nuevas regulaciones. Por el contrario, cada problema aparentemente “resuelto” crea una multitud de nuevas externalidades, hasta que el sistema ya no puede gastar, porque todos están quebrados.

He ahí el genuino peligro de los nuevos subsidios anunciados por Trump. No solo distorsionarán los incentivos de la industria agropecuaria, sino que también añadirán incluso más peso a la de por sí asfixiante deuda nacional norteamericana, que supera ya los $21 billones de dólares.

Esa deuda nunca se reducirá mientras el ogro siga añadiendo nuevos programas “temporales” que pronto se convierten en derechos adquiridos en la mente de los beneficiarios, incluyendo entre ellos, por supuesto, a todos los políticos locales y estatales que buscarán ser electos con el respaldo de la “generosidad” de Washington D.C.



No sé, quizá Trump tiene buenas intenciones. Sin embargo, poner en marcha el vals del ogro, al embarcarse primero en una guerra comercial y luego recurrir a subsidios para “ayudar” a los más afectados por ella seguramente no funcionará.

Esos subsidios elevarán la deuda, debilitarán aún más a la economía y abrirán las puertas a una marabunta de oportunidades para la corrupción el capitalismo de cuates, y al final del día América será menos próspera, y el mundo será menos libre debido a ello. Como dice el dicho, el camino al infierno está pavimentado con buenas intenciones, y esa es una senda que no admite subsidio.

*Gerardo Garibay Camarena es editor de Wellington.mx, columnista en diversos medios digitales y autor de los libros “Sin Medias Tintas” y “López, Carter, Reagan”.

Por: Héctor Uriel Rodríguez Sánchez*

[dropcap type=”default”]P[/dropcap]ermítame contarle una historia: A una persona cuyo sueldo es de $10,000 pesos al mes y cuyo máximo placer son las compras, le ofrecen, y acepta, una tarjeta de crédito por primera vez en su vida. Le han explicado que la tarjeta le permitirá comprar hasta que alcance el límite de crédito, pero no le han informado cuál es ese límite, solo le dicen que se la dan por que confían en él. Esa persona primero mira con recelo la tarjeta, pero luego va a una tienda a probar suerte. Le ha gustado una TV de 55 pulgadas, pide al vendedor que se la muestre y dice orgulloso: – ¡Me la llevo! El vendedor cobra con la tarjeta, pide su firma y le agradece su compra. El afortunado comprador luego ve un refrigerador que le hace falta en casa y se repite la historia. Así, va recorriendo pasillos por la tienda y adquiere ahora una estufa, un microondas, sala, comedor, cocina integral, ropa, relojes, joyas, y todo lo que se le ha antojado lo sigue pudiendo conseguir, solo con el poder de su firma. Al llegar el final del mes recibe el estado de cuenta que dice que debe pagar o ya no podrá seguir comprando, así que va al cajero y, con la misma tarjeta, saca el dinero para cubrir el mínimo solicitado; luego sigue comprando.



Cualquier persona cuerda u honrada habría considerado que sus compras tendrían el límite de lo que pudiera pagar, pero esta persona no se lo pregunta, a ella solo le importa tener y tener, sin importar quién lo pague en realidad. Esta persona sabe comprar, pero no sabe, o no quiere, pagar. Así, al cabo de un tiempo el banco se da cuenta de que hay un problema con esa cuenta que solo crece y crece. Finalmente encuentra al sujeto comprador compulsivo y y le pide que le pague todo lo que le ha prestado, pues nadie jamás le ha dejado de pagar a él, por que es un banco muy importante; para entonces el sujeto, que vive en una gran mansión, tiene tanto y ha contratado a tantas personas para su servicio que cobrarle es imposible. En su corazón, el moroso sabe que debe, pero se tranquiliza la conciencia pensando: – “Pues yo no pedí que me dieran esa tarjeta”. – Aquí termina la historia.

¿A quién culpa usted, al moroso o al banco? ¿Quién tiene la culpa; el que lo ha recibido todo sin la intención de pagar o el incauto al que han engañado, creyendo que un día podría cobrar, solo por que es él?

Coincido con usted si culpa al banco incauto y soberbio. Coincido con usted si considera que Andrés Manuel es inocente, pues él no tiene la culpa de que le crean cuando recibe sin intención de pagar. Coincido con usted si cree que entre las filas de ilusos soberbios que han sido timados se encuentran René Fujiwara, Gabriela Cuevas, Miguel Barbosa, Hugo Eric Flores, Sergio Mayer, Manuel Espino, el SNTE, el Sindicato Petrolero y ya casi Germán Martínez. Así es, se han entregado a un timador creyendo que les tendrán en la lista de los “salvados”, solo por que son ellos, cuando más bien hacen fila en la cola de los ilusos que no se han dado cuenta que Andrés Manuel debe y deberá tanto, que será imposible que pague, aunque quiera. Ojalá el resto de mexicanos nos demos cuenta a tiempo, o seremos culpables de nuestra tragedia.


No, no tiene la culpa el loco, sino el que se cree el cuento de que si le apoya a llegar a La Silla, le volverán la cordura, la decencia y la honestidad valiente, para pagar su ayuda, solo por que es él, o ella. – ¡Ay ajá!.

*Héctor Uriel Rodríguez Sánchez. Apasionado de la Política, Speaker y Consultor de Negocios – Hago que las cosas pasen. CEO en DirigeHoy.net y Presidente de HazBienElBien AC. Twitter: @hectoruriel y Facebook: /hectoruriel.rs

Por: Luis Pazos*

[dropcap type=”default”]A[/dropcap]l revisar el presupuesto planeado por el gobierno para 2018, vemos que los ingresos estimados no son realistas y el gasto programado está en la misma línea que los presupuestos inflacionarios y desequilibrados de los años anteriores.



El actual gobierno aumentó impuestos con el teórico objetivo de tapar el hoyo en los ingresos por la baja del petróleo. El aumento de impuestos le dio recursos cuatro veces superiores a los que dejaron de percibir por el menor precio del petróleo. Con los ingresos récord que tuvo el actual gobierno, como lo demuestro con cifras en el libro EPN: El Retroceso, podría haber equilibrado el presupuesto, si solo hubiera mantenido el gasto constante, es decir, sin aumentarlo, pero no, siguieron incrementando el gasto, la deuda y no pararon la sangría, derroche y corrupción en Pemex, hasta que cambiaron director.

Todos los años han gastado por arriba de los ya altos presupuestos aprobados por el Congreso. Un motivo es que gobernantes y partido en el poder siempre ven elecciones en puerta y consideran un mayor gasto para ganar votos.

El año entrante, ante elecciones presidenciales, y encontrándose el PRI en un tercer lugar de preferencias, es casi seguro que gasten más de lo aprobado por el Congreso, como en años anteriores, es decir, por arriba del ya de por sí inflado presupuesto para 2018. Los ingresos están inflados, calculados con un precio del petróleo superior al esperado y con un incremento en los ingresos fiscales bajo un supuesto crecimiento del 2.5%, que el FMI lo sitúa en 1.9% para 2018. Muy probable que al final del año entrante resulte un déficit presupuestal y deuda mayores al 2017; pero poco les importa a los actuales gobernantes, que quieren echarle “toda la carne al asador”, entiéndase dinero, para retener la Presidencia.



Si EPN no corrigió estructuralmente, solo maquilló, las finanzas públicas, en cinco años de su mandato, teniendo los recursos fiscales para hacerlo, por qué lo haría en su último año, cuando las graves consecuencias económicas de un gasto excesivo le tocarán capotearlas a un nuevo Presidente, que muy probablemente sea de otro partido.

*Luis Pazos es economista, autor de decenas de libros y director del Centro de Investigaciones Sobre la Libre Empresa, A.C