Tag

economía

Browsing

Por Efrén Zúñiga*

Problemas y retos de los mercados financieros globales. Para tratar de entender la complejidad de un sistema, es necesario conocer algún o algunos de los actores que han desempeñado un papel relevante en su funcionamiento. Y vale precisar que, por relevante, me refiero a lo que pudiera ser un protagonista e inclusiva, un antagonista.

Dicho esto, anticipo que me centraré en uno figurantes: los gobiernos y su influencia en los sistemas financieros. Abundan los ejemplos de creación de riqueza a partir de simples insumos que, por medio del trabajo y el capital, se convierten en bienes que satisfacen las necesidades de los consumidores. Durante gran parte de la historia, en ello se resumían los procesos de generación de fortuna por medio de los mercados de bienes y servicios; sin embargo, este transcurso resultó ser más complejo en los mercados financieros, en el que el valor de los activos financieros resulta más confuso.

Con lo anterior, no pretendo hacer énfasis entre la maniquea comparación “Main Street vs Wall Street”[1], más bien en diferenciar la enorme complejidad entre los sistemas. Partimos desde luego en identificar, cuál es la función esencial de los mercados financieros. En concreto, ofrecen a los ahorradores demarquen cuanto tiempo están dispuestos a esperar y qué riesgos están dispuestos a asumir para disponer de mayor dinero en el futuro; por otro lado, a los inversores les ofrece la oportunidad de ver aumentada su rentabilidad, asumiendo ciertos riesgos.

El precio de los mecanismos es evidente, la remuneración del ahorrador está asociada con la abstención al consumo; mientras que el inversor piensa en la rentabilidad que espera obtener. En teoría, el precio viene dado por los tipos de interés.  Con lo anterior podemos observar como la estructura productiva no es para nada ajena al sistema financiero. Ambos se encuentran sumamente interrelacionados.

Análogamente, de la misma forma en que existe un mercado internacional de bienes y servicios, existe un sistema financiero internacional. El cual, busca llevar a cabo el proceso de coordinación entre ahorradores/inversores a nivel global. Es por ello que, como cualquier otro mercado, el sistema financiero presenta sus “fallos de mercado” los que, generalmente, se originan por la asimetría en la información. No hay mercados perfectos pues las personas no somos prefectas; las fluctuaciones en el precio de los activos no pueden interpretarse netamente como un fenómeno de especulación, sino también como un cambio en las preferencias de las personas[2]. Y nuevamente, llevado esto a la talla internacional, la problemática es más compleja.

A nivel micro, el precio libre es la referencia más eficiente que puede encausar los intereses de la oferta y la demanda, hacia un equilibrio. El problema viene cuando el precio no es del todo libre y, por tanto, se presentan escenarios de descoordinación, en los que los intereses de las partes no se ven reflejados en los mercados.

Esa es a mi juicio, la principal problemática del entorno financiero, los tipos de interés no expresan del todo, la armonía entre el ahorro y el crédito expedido. Esto es, el precio del dinero viene dado por un ente externo que, aunque en su mayoría es un cuerpo autonómico del gobierno (bancos centrales), este último no deja de contar con su fuerza de intervención.

El consenso convencional nos dice que “los mercados no funcionan y que la gente libre se equivoca”. De hecho, recuerdo como los diarios acusaban al capitalismo como responsable de la gran recesión. Esto siempre me generó cierto escepticismo, pues que tan libre puede ser un mercado en el que el precio viene dado de forma arbitraria. 

Durante la semana pasada, por ejemplo, pudimos observar como de manera homogénea, la gran mayoría de los bancos centrales, reaccionaron al pánico del COVID-19 reduciendo los tipos interés. Pues al menos en el corto plazo, dicha medida no se reflejó en el animó de las principales bolsas de mundo.

No quisiera aventurarme en señalar a los bancos centrales, como origen y fin de los problemas del SFI, pues sería ingenuo pensar que fenómenos como las “burbujas” no volvieran a presentarse (las cuales sabemos ocurrieron desde hace siglos). Por tanto, me gustaría por ello dejar claro que, el desafío no va encamonado a encontrar una solución que aniquile la problemática. Los mercados presentan sus altas y sus bajas, y en el SFI no tendría que ser la excepción.

El problema no son las “burbujas”, el problema es que estas sean incentivadas; el problema no son en sí los “rescates”, el problema es que son incentivos perversos para la irresponsabilidad. Aquí me permito citar al economista español, Juan Ramón Rallo quien suscribió “No carguemos nuestras iras contra el legitimo y útil oficio de especuladores, banqueros e inversores, sino contra el omnipresente intervencionismo que contamina todas sus decisiones”.  Me gustaría concluir señalando que, el principal desafío del SFI es el de la certidumbre, para ello se requiere de un gran consenso entre organismos públicos que dejen de lado los intereses políticos. No vislumbro dicho consenso ni en el mediano plazo, pero al menos vale la pena plantearlo.    


[1] “Main Street” refiere a la economía productiva, mientras que “Wall Street” a la economía financiera.

[2] En siglo XVII los holandeses padecieron la “tulipomanía”, una gran burbuja especulativa en la que se podía adquirir una hermosa casa por el precio de un bulbo. En un programa de radio de la BBC, se concluyó que luego de varias investigaciones había indicios de que “no fue una fiebre especulativa sino factores culturales los que hicieron que la gente valorara estas flores”.

*Efrén Zúñiga es Licenciado en Economía por la Universidad de Guanajuato. En twitter: @EfrenZuS

Por: Víctor H. Becerra*

Muchos creen que la crisis provocada por la pandemia de Covid-19 podría resolverse en unas pocas semanas; algunos países incluso ya hacen planes para reabrir la economía en mayo próximo, una vez que el peligro haya pasado, dicen.

No obstante, en muchos lugares se comienzan a cancelar grandes eventos incluso hasta octubre próximo. En Alemania, por ejemplo, ya se dió por cancelada la edición 187 del popular Oktoberfest, celebrado desde fines de septiembre en la ciudad de Munich, y que es sin duda el festival de cerveza más tradicional y famoso del mundo. En tal sentido, es mejor ir aceptando que la actual pandemia no será cosa de unos cuantos días más.

A ellos sumemos que, según los cálculos más optimistas, una vacuna contra el Covid-19 tardará aún alrededor de un año, a lo que habría que agregar el tiempo adicional de producción, aprobación burocrática, transporte y llegada para los países más pobres, a Latinoamérica en una palabra. Ninguna economía resistirá un año y medio o dos años de incertidumbre y con riesgo de confinamientos recurrentes.

¿Hasta dónde llegará el declive económico en Latinoamérica? Es temprano para decirlo. Pero será profundo, muy profundo. Sólo para tener una comparación: Hubei, la provincia donde se originó el virus chino, tuvo una contracción del 39,2% en su PBI durante el primer trimestre del año. Por eso no hay que decir que “no se puede estar peor”: No hay limites para el deterioro y las catástrofes.

En ese contexto, la crisis que se avecina para países como México (con pronósticos de una recesión que ya linda el 12%), tras dos años de estancamiento, será como nada que hayamos sufrido antes. Lo dice alguien que presenció y sufrió las crisis recurrentes de 1976, 1982-1988, 1994 y 2009, algunas de ellas cataclísmicas. Estamos a punto de descubrir cuán fuerte es México y el carácter de los mexicanos.

Así, persistir en que lo mejor es mantener cerrada la economía mientras pasa la pandemia es un sinsentido y no saber nada del mundo real: Mientras no haya vacuna (y durante un tiempo aún con ella), la pandemia seguirá allí, sin poder hacer mucho contra ella, más allá de la prevención y los cuidados básicos. En tal sentido, abrir la economía y evitar un mayor deterioro, poniendo el acento en la higiene y el distanciamiento, debiera ser la decisión a tomar ahora. Ahora, no mañana.

La crisis por la que ya estamos transitando, significará la pérdida de millones y millones de empleos, pérdidas que podrían llevar a situaciones sociales explosivas. Si queremos evitarlo, debemos recuperar esos empleos. Y la clave para recuperar los puestos de trabajo de forma rápida y eficiente pasa, necesariamente, por políticas sólidas y razonables para preservar el tejido empresarial de cada país.

Esto significa no sólo apoyar fiscalmente a las empresas, sino permitirles funcionar con la mayor normalidad posible. Ningún país sale adelante sólo con subsidios del gobierno y despensas “gratis” de los políticos; al contrario: Esos son los medios para hundirse aún más, al ser insostenibles en el tiempo y hacerse a costa de la sobrevivencia de las empresas.

Muchos creen desequilibrados e irresponsables a quienes piden que centros comerciales, restaurantes, bares, fábricas se vuelvan a abrir; pero las personas cuyos medios de vida dependen de lugares como centros comerciales, restaurantes, bares o fábricas, seguramente ven las cosas de manera diferente.

Y precisamente quienes dependen de esos empleos y negocios para vivir, quienes no tienen ahorros para sobrepasar la cuarentena, quienes ahora no están consumiendo por falta de ingresos (y eso los hace más vulnerables), y quienes saben que el desempleo de largo plazo es su destino inmediato tras la cuarentena, necesitan que la economía se abra, ya, para evitar males mayores.

Países como Suecia y algunos más, muestran que es posible lidiar con la pandemia con una economía abierta. El gobierno sueco no ha clausurado la economía, no ha suspendido clases escolares ni actividades productivas, ni ha cerrado gimnasios o restaurantes, y sólo ha prohibido las reuniones mayores de 50 personas. El gobierno de Stefan Löfven no ha reprimido las libertades fundamentales de la manera en que lo han hecho otros gobiernos, ni desbaratado a la sociedad y arruinado a la economía en esa misma medida. En contraste, presenta mayores índices mortales que sus vecinos escandinavos (básicamente por una falta de cuidado en asilos de ancianos, que se está corrigiendo) pero mucho menores a países como EEUU, Italia o España.

No es cuestión de afirmar que primero la economía, por encima de salud. Es más bien el saber que la pandemia no tendrá un rápido desenlace; que en el año y medio o dos años que aún le restan, tarde o temprano afectará a la mayoría de la población, o a toda, recurrentemente. Y sobre todo, es saber que si no queremos que la crisis económica y social post pandemia sea la más dura, profunda y prolongada en el tiempo que hayamos vivido en nuestras vidas, es necesario actuar hoy.

Los escenarios calamitosos de mañana deben atacarse ahora, no cuando ya estén encima y quede poco o nada por hacer, afectando a los más pobres entre los pobres.

*Víctor Hugo Becerra: Especialista en comunicación política (ITAM) y planeación metropolitana (UAM). Secretario general de México Libertario. Ha creado una gran cantidad de organizaciones libertarias en México y América Latina. Tiene interés en el estudio y la creación de redes libertarias y la organización de actividades académicas de divulgación de las ideas de la libertad.

Por Efrén Zúñiga*

#QuédateEnCasa.  No cabe duda que quizá la mayor incertidumbre con la presente cuarentena sea la de ¿hasta cuándo seguiremos resguardados? Aventurarse a dar una respuesta varía mucho, dependiendo de en qué lugar de mundo se plantee; aunque lo más probable es que por lo general se nos resuelva con un contundente, “hasta que la curva se aplane”. Aunque vale la pena comentar que, para poder vislumbrar el allanamiento de la curva de infección, deberíamos saber si ya estamos en el pico. Tanto España (donde la fuerza laboral de la industria y la construcción retornarían, vale la pena comentar que ambas fueron consideradas no esenciales) como Italia, los nuevos casos van a la baja, lo que aún no se observa en los Estados Unidos. China comenzó por levantar el aislamiento, pero dadas sus corrup… perdón, inseguras cifras, dicha medida podría resultar contraproducente. Francia postergó su cuarentena hasta el 11 de mayo. En nuestro caso, por ahora, quedaría hasta junio. Siguiendo la regla general, en el presente mes nos encontraríamos en el pico de la curva, para a partir de ahí volver de manera gradual a la normalidad. Más nos vale, pues lo contrario significaría que todavía no iríamos ni a la mitad de la tragedia.

¿Al rescate de la soberanía? Mucha producción de petróleo a un precio poco rentable es ineficiente. Aunado a ello, una baja en la demanda del hidrocarburo, que parece no ascender en el corto plazo. Una inconmensurable subida en los precios de las coberturas para el año venidero. ¡Vaya que la soberanía cuesta! ¡Y mucho! 

“¿Por qué no aceptan que fue un fracaso la política neoliberal?” AMLO a empresarios en 2018. El Banco Mundial estima que nuestro país crecerá un -6% en el presente año, y que en el 2021 nos recuperaremos en un 2.1%. Eso sí, advierten que la recuperación podría desanimarse si persiste la incertidumbre que preocupa a la inversión privada. Señala además, que la mejora no será pareja, ya que algunos sectores se encuentran más afligidos que otros (por ejemplo el turismo). Por si fuera poco, la Organización Mundial del Comercio advierten una caída del comercio internacional entre el -32% y el -16%, y enfatiza en que la clave para reactivar las inversiones será la de la certidumbre en los mercados. UBS Bank augura una baja del -7.6%, motivada en parte por las limitadas medidas de contención del gobierno federal. El Fondo Monetario Internacional, nos destaca como la peor economía dentro de las economías emergentes, con un -6.6% de crecimiento. Bank of America, realizó una encuesta entre gestores de fondos de inversión, 60% afirma que México perderá el grado de inversión, ello motivado por decisiones del gobierno. Salirse por la tangente de la pandemia, sería lo más obvio, pero desde febrero no andábamos muy bien: la actividad industrial tuvo una contracción del 3.5%, la construcción un -9.5%, las manufacturas -2.2%, la inversión fija -9.2% y ya en marzo, la industria automotriz un -24.6%. En 1995 y 2009, nuestra economía padeció dos crisis económicas, una de origen interno y la otra de origen externo; lo que tuvieron en común, es que ambas tuvieron un crecimiento en forma de “V”, es decir, la recuperación fue inmediata. ¿Por qué los empresarios no aceptan que fue un fracaso la política neoliberal? porque a pesar de sus fallos, tuvo sus virtudes; porque a pesar de sus sacudidas económicas se tuvo la solidez de recuperarse; porque a diferencia de la actual modelo, se generaba mayor certidumbre, confianza, ah y más crecimiento económico …

Empleo. 131 mil empleos se perdieron durante el mes anterior, algunos especialistas auguran una perdida de empleo ente 1.1 y 2 millones. Para poner las cosas en perspectiva durante la crisis del 95 solamente se perdieron 611,200 empleos; mientras que en la del 2009 se perdieron 200,000. En el peor escenario de la propia SHCP, que es una caída del -4% del PIB, desaparecerían cerca de 1,120,000 empleos. El COVID-19 acentuará sus efectos negativos en el empleo. La COPARMEX ha propuesto el esquema del “Salario Solidario”, un esquema que consiste en la contribución compartida entre empresas, trabajadores y gobierno; esto con el fin de contener la falta de liquidez en las empresas, propuesta que, dicho sea de paso, ha pasado inadvertida al actual gobierno. En base al reporte CFO Pulse Survey, 39% de las empresas ajustaran sus plantillas. La CONCAMIN ha advertido que un millón de empleos estarían en riesgo de desvanecerse. Por su parte el Consejo Coordinador Empresarial insta al gobierno en alcanzar en Gran Acuerdo Nacional, para ejecutar medidas de reactivación económica. Especialistas sostienen que generar 2 millones de empleos es totalmente irreal y que las medidas carecen de protección precisamente al empleo. Por si fuera poco, el FMI, ante un desolador panorama de insolvencia en el corto plazo, menciona que México puede recurrir a la línea de crédito y ejecutarlo en apoyo a familias y empresas afectadas, subsidios al empleo, apoyos directos a empresas o postergación de impuestos. En fin, ante la gran vorágine de recomendaciones, la administración actual hace suya la celebre frase del ex presidente, Carlos Salinas “ni los veo, ni los oigo”.    

El pilón*. Vaya que se regocijaron los simpatizantes ajenos a MORENA con la encuesta de El Financiero, en la muestra que del 46% de preferencia que tuvieron en abril del año pasado, ahora solo les queda el 18%. Sí que es para resaltarlo, lo que no quisieron hacer notar es que, en ese ismo lapso de tiempo, el PAN mantuvo el 10% de preferencia y el PRI pasó del 6% al 8%; en cambio la incertidumbre de nos saber a quien votar pasó del 35% al 59%. ¡Ojo aquí!

*Efrén Zúñiga es Licenciado en Economía por la Universidad de Guanajuato. En twitter: @EfrenZuS

Por: Víctor H. Becerra*

Celebramos estos días el 30 Aniversario de la Caída del Muro de Berlín, acontecida el 9 de noviembre de 1989, uno de los hechos fundamentales del siglo XX y de la modernidad.

Celebrémoslo, destaquémoslo hoy que la libertad parece estar tan subestimada, e incluso agredida, en el mundo entero. No se diga en América Latina: Las protestas en varios países latinoamericanos (especialmente en Chile) parecen haber puesto en cuestión al libre mercado y la libertad económica.

Pero esa puesta en cuestión de hoy, pasará y muy probablemente quedará en el olvido. Lo real y palmario, para el presente y para la posteridad, serán los resultados cosechados tras la Caída del Muro de Berlín, el símbolo por antonomasia del socialismo.

Tras dicha caída, que fue el pistoletazo para el derrumbe del imperio soviético, hoy podemos celebrar el récord de estos 30 años de sociedades cada vez más libres y con menores impuestos. En estas tres décadas, hemos podido constatar cómo mercados libres e individuos libres han enriquecido al mundo entero y lo han hecho más igualitario, sin necesidad de un gobierno compulsivo. Y han extendido libertades como las de pensar, opinar, elegir, amar, casarse con quien deseen, vestirse como deseen, escuchar lo que quieran, a millones de personas.

Ha sido un vasto movimiento por la libertad, que con epicentro en Berlín, se extendió de EEUU a Hong Kong, de Suecia a Singapur, de Santiago a Varsovia, donde el capitalismo ha creado bienestar, esperanzas, oportunidades ciertas, mejorado calidad y expectativas de vida, educación, consumo, salud, medio ambiente.

En estos 30 años comprobamos que la libertad funciona. Y hay que remarcarlo y contrastarlo con su alternativa, el socialismo y sus variantes, derrotado. Al respecto, recordemos las palabras de Ronald Reagan en la Puerta de Brandenburgo (el 12 de junio de 1987): “En el mundo comunista, vemos el fracaso”, dijo entonces. “Retraso tecnológico. Disminución de los estándares de salud. Incluso faltas del tipo más básico: muy poca comida. Incluso hoy, la Unión Soviética todavía no puede alimentarse. … Aquí está ante el mundo entero una gran e ineludible conclusión. La libertad conduce a la prosperidad. La libertad reemplaza el antiguo odio entre las naciones con cortesía y paz. La libertad es el vencedor “.

Desde entonces se ha comprobado, que fronteras abiertas, bajos impuestos y aranceles, desregulación, gobiernos más chicos y menos intrusivos, menor burocracia crean espacios y oportunidades para la innovación y el rápido crecimiento. Sociedades más ricas implican personas menos necesitadas, menor dependencia del gobierno, mayor igualdad. La brecha entre lo que los ricos y los pobres pueden disfrutar se ha atenuado espectacularmente, incluso si en los márgenes más extremos aún hay profundas diferencias. En todos los niveles, hoy disfrutamos de los beneficios y frutos de la libertad económica.

En los 30 años desde la caída del Muro, la pobreza extrema en el mundo pasó de 36% en 1989, a sólo 9% en la actualidad. En tal sentido, el gran hecho esperanzador de nuestro tiempo es que la pobreza extrema se está terminando en el mundo, lenta pero firmemente, lo que debe atribuirse, sobre todo, fundamentalmente, al comercio mundial, de cuyo dinamismo y efectos la Caída del Muro (y de la mayoría de todos los muros) es una bella metáfora.

En contraste, los sectores reacios al comercio y a los mercados, al progreso, en donde la innovación es más lenta y el acceso a un servicio de calidad es más desigual son las áreas de educación y la atención médica, precisamente donde los gobiernos han intervenido más constantemente.

Esto nos recuerda que el posible fin de la pobreza extrema y una mayor prosperidad para todos no fueron creados por el Estado ni por sus políticos. Son posibles por el libre mercado. Mercados más libres, mayor libertad para comerciar y personas más libres ayudaron a crear más empleos, llenaron tantos vientres, construyeron tantas casas, produjeron mejores tratamientos y salvaron tantas vidas. La libertad ha significado salud y prosperidad para muchos, no para unos cuantos.

Ha llevado educación generalizada, para niñas y niños, menor mortalidad infantil, mejor alimentación para todas las personas, gente con acceso a más y mejor alimentación, mayor esperanza de vida, mayor altura y talla corporal, menor emisión de contaminantes, mejor tratamiento del agua y de la tierra, más cubierta arbórea y más hielo en los casquetes polares, más oportunidades de construir su propia felicidad con quien mejor le parezca a cada persona, no a los demás. En terrible contraste, encontramos los 100 millones de muertos documentados en El libro negro del comunismo.

La Caída del Muro también significó la caída del mito de los altos niveles de vida en países socialistas, de que el socialismo podía constituir una alternativa viable y exitosa frene al capitalismo. Sus millones de muertos, junto con la opresión iliberal de la Rusia neosoviética de hoy, la amenaza de la cleptocracia china sobre Hong Kong o Taiwán, la miseria humanitaria de la Venezuela moderna o la emergencia crónica de la Cuba actual, nos muestran sin ninguna duda que las políticas estatistas siempre fracasan,  a veces brutalmente.

Estas alternativas oscuras nos deben recordar el defender, en todo momento, la libertad con el suficiente empuje moral. Porque la libertad, a pesar de todos sus logros, siempre está (estará) amenazada. La Caída del Muro de Berlín debe ser, ahora, cuando más se necesita, un nuevo y vivificante recordatorio del bien que trae la libertad.

*Víctor Hugo Becerra: Especialista en comunicación política (ITAM) y planeación metropolitana (UAM). Secretario general de México Libertario. Ha creado una gran cantidad de organizaciones libertarias en México y América Latina. Tiene interés en el estudio y la creación de redes libertarias y la organización de actividades académicas de divulgación de las ideas de la libertad.

Por: Víctor H. Becerra y Miguel A. Cervantes*

Al menos en los últimos seis meses, México ha venido experimentando la llegada de caravanas de inmigrantes. Primero fueron centroamericanos, especialmente hondureños, a los que se han sumado haitianos, cubanos y hasta africanos.

Todos ellos buscan solicitar asilo en EEUU, huyendo de la situación de violencia indiscriminada y pobreza que se vive en Centroamérica y en sus países. Su llegada masiva ha generado problemas en los cruces fronterizos con EEUU, ya que se tarda más para cruzar a EEUU y también ha causado problemas en el paso de mercancías.

Con los problemas de cruce en los puentes internacionales, han surgido también entre los mexicanos sentimientos anti inmigrantes contra los centroamericanos, tipo Gert Wilters, Marine Le Pen, Viktor Orban, Tom Tancredo. Muchos acusan a los centroamericanos que “que no quieren trabajar” “no les gusta la comida mexicana” (aunque la diferencia entra las gorditas y las papusas salvadoreñas no difiere mucho).

Incluso, ha habido expresiones de supuesto complot por parte de una derecha enfermiza, que afirma que los centroamericanos serían pagados por George Soros. Significativo que eso suceda en un país como México, que se ha beneficiado enormemente de la migración.

Se argumenta que México vive una crisis migratoria sin precedentes. Al respecto, es entendible que haya cierta incertidumbre, pero digámoslo claro: no es una crisis sin precedentes. Al respecto, Latinoamérica no es la misma de los 80s. En los 80s había guerrillas en El Salvador, Guatemala, además de los Sandinistas en Nicaragua. Había campos de refugiados guatemaltecos en México. El narcotráfico había rebasado las instituciones en Colombia. Panamá estaba gobernada por un narco gobierno bajo Noriega.  Perú vivía el terrorismo de Sendero Luminoso. Es evidente que lo peor en Latinoamérica ya pasó, excepto por lo que sucede en Venezuela. Comparativamente, esta crisis es más manejable que lo que se vivió en los 80s.

Para poder encontrar soluciones reales es necesario hacer un diagnóstico real, considerando preocupaciones legítimas y dejando a un lado los sensacionalismos. Al respecto, es menester tomar en cuenta cómo el libre mercado ayudaría a solucionar el problema.

Primeramente, la violencia que se vive en Centroamérica es real y tiene causas. Los países de Centroamérica se encuentran clasificados como países con baja calidad institucional por varios índices como el Índice de Estados Frágiles (Fragile States Index), así como en el  de gobernanza del Banco Mundial, el Foro Económico Mundial y de Estado de Derecho del Instituto Fraser. Instituciones frágiles son el prerrequisito de bajos desempeños económicos y violencia generalizada.

Hay un problema real y pocas veces señalado: la violencia que se vivía en Mexico en 2008-2010 se trasladó a Centroamérica. Al respecto, hace algunos años la revista “The Economist” del Reino Unido, publicó un artículo sobre la estrategia del entonces presidente Calderón para combatir el narcotráfico. “The Economist” decía que la estrategia había funcionado y que había golpeado a los carteles, pero predecía a que toda la violencia que México había vivido por el 2008-2010 se iba a ir a Centroamérica, donde las instituciones están aún más podridas.

Lo que vemos actualmente es exactamente la predicción de la revista: Centroamérica vive lo que vivió México hace 10 años, lo cual está generando la crisis migratoria que hoy vemos.

Tan solo en lo que se refiere a la violencia, y según la Fundación Insight Crime, en 2017 se registraron en El Salvador 60 homicidios por cada 100.000 habitantes y 365 niños fueron asesinados ese año. Esta tasa fue del 26,1 en Guatemala, con 942 pequeños muertos, y del 42,8 en Honduras, donde durante la última década se asesina una media de un niño por día. En México, la tasa es de 25 por cada 100.000 habitantes. Para efectos de comparación, la media mundial asciende a 5,3 y la de España, por ejemplo, es de 0,7 por cada 100.000 habitantes.

Por otro lado, Cuba sigue siendo un país comunista y autoritario, y sigue cometiendo violaciones sistemáticas a los derechos humanos.  Anteriormente, los cubanos que iban en balsas a Florida a reclamar asilo, era casi seguro que lo obtuvieran, por la política favorable al asilo de cubanos, la ya derogada política de “pies secos, pies mojados”.

Al final de la jornada, es la combinación de pobreza, violencia extrema, crisis económica, violación a Derechos Humanos y falta de oportunidades que caracteriza desde hace décadas la vida en esos países, la que es decisiva para entender por qué tantas personas parecen dispuestas a todo con tal de huir de sus países de origen.

Todo esto no se puede ignorar con discursos, o aduciendo que es un gran complot. Al respecto, hay mexicanos que piden mano dura, que se cierra completamente la frontera a los centroamericanos. Sin embargo, exigir mano dura independientemente de las condiciones de violencia y deterioro económico, solo erosionaría la calidad de las instituciones, y abriría la puerta a la corrupción en la policía y la burocracia migratoria, y a actos de prepotencia y violación de Derechos Humanos. Además de que sería un regalo a las mafias de coyotes. Al respecto, desde hace años que la USAID trabaja con diferentes instituciones mexicanas: una política de mano dura implacable contra centroamericanos honestos vendría a tirar por la ventana años de trabajo. Sería un golpe para la diplomacia mexicana en su relación con Latinoamérica.

A las personas que tienen causas legitimas para huir de la violencia de Centroamérica se les debe permitir encontrar refugio. Las personas honestas que huyen de la violencia deben tener la certidumbre de que su caso será escuchado. Es importante sacar a las personas buenas que sufren de un ambiente tóxico, para que no sean agredidas y no caigan en manos de mafias, engrosándolas o financiándolas a la fuerza. Esa sería una forma inteligente de debilitar al crimen organizado en Centroamérica, sacando a las personas honestas de un ambiente tóxico.

A los cubanos que huyen del gobierno autoritario no se les debe regresar: sería un golpe duro para personas que buscan mayor libertad. El gobierno del presidente López Obrador lo está realizando, fijándolo como una política sistemática de su gobierno. Ello demuestra que no son prioridades de su gobierno ni los Derechos Humanos ni las garantías individuales, subordinados más bien a su cooperación con las dictaduras de izquierda. Para la sociedad mexicana debe ser hipócrita pasar horas criticando al comunismo, a Fidel Castro, al Che Guevara si cuando hay inmigrantes cubanos que piden asilo se les rechaza.

El libre mercado es la mejor arma en la resolución de este asunto.  Es necesario acercarse y cooperar con las empresas a las que les falta mano de obra, como son las maquiladoras en la frontera, en la construcción, o la agricultura, y ofrecer visas de trabajo para los centroamericanos que quieran quedarse en México y puedan ocupar puestos que no son ocupados por mexicanos. Un mercado de trabajo flexible es la mejor manera de absorber este shock de refugiados. Si se les habla claramente y se les abren oportunidades para que centroamericanos y cubanos se puedan quedar en México y puedan trabajar, muchos de ellos tomarían la oportunidad, ya que México sería un paraíso comparado a la violencia y pobreza de sus países. No habría necesidad de caravanas, ni de pagar coyotes, simplemente con su permiso de trabajo podrían abordar los autobuses o tomar el avión en paz.

Creemos que es importante tomar en cuenta el ejemplo de Líbano y Jordania. Estos dos países han recibido refugiados sirios. Líbano recibió cerca de 900 mil y Jordania cerca de 660 mil. Alex Nowrasteh del Cato Institute ha mencionado que Jordania ha tenido más flexibilidad laboral, les ha permitido trabajar, crear empresas, lo cual ha facilitado una mayor integración. En Líbano tienen más restricciones para trabajar y crear empresas, lo cual ha mantenido marginados a los migrantes en los campos de refugiados, con menos posibilidad de integrarse.

Si a pesar de dar oportunidades para quedarse en México todavía hay algunos que quisieran hacer una demanda de asilo en EEUU u otro país, se podría canalizar por la vía institucional a países que tienen experiencia en recibir refugiados, así como países que utilizan mano de obra inmigrante como los países del Golfo Pérsico: Emiratos, Kuwait, Qatar. Si se trabaja en equipo con las diferentes embajadas se puede llegar a acuerdos razonables que hagan innecesarias las caravanas.

Si se maneja bien este asunto puede contribuir positivamente a las maquiladoras en México, la industria de la construcción, restaurantes, turismo, la agricultura.  Si México lo maneja con sabiduría ayudaría además a mejorar la calidad institucional.

Finalmente, es importante que Norteamérica trabaje junto con Centroamérica en una perspectiva de largo plazo para mejorar las instituciones y el comercio. Los tres países (Canadá, EEUU y México) tienen acuerdos de libre comercio por separado con Centroamérica. Esto es un verdadero plato de espagueti, con diferentes tratados que se traslapan.  Sería mucho mejor fusionar el TMEC con los acuerdos de Centroamérica para trabajar en una región próspera a largo plazo, trabajando mano a mano con Centroamérica. Una política de trabajar por separado no es sostenible a largo plazo, ni tiene fundamentos éticos, económicos e históricos. México no puede olvidar las raíces históricas, étnicas y en muchos otros órdenes que le unen a Centroamérica.

Al final, no debemos de dejar de mirar fenómeno de las caravanas migrantes como una expresión, una más, legítima, justa, de lo que lo que Adam Smith llamó en 1776 “el plan liberal de igualdad [social], libertad [económica] y justicia [legal]”, y que aún inspira, poderosamente, a la gente común a buscar la gran oportunidad de una vida mejor.

*Miguel Cervantes: Graduado de la Universidad de Texas en el Paso. Catedrático de economía internacional en la Burgundy School of Business de Francia. Ha sido también economista para el Fraser Institute en Canada. Tiene interés en la investigación sobre la libertad económica, y su incidencia sobre el bienestar de las personas.

*Víctor Hugo Becerra: Especialista en comunicación política (ITAM) y planeación metropolitana (UAM). Secretario general de México Libertario. Ha creado una gran cantidad de organizaciones libertarias en México y América Latina. Tiene interés en el estudio y la creación de redes libertarias y la organización de actividades académicas de divulgación de las ideas de la libertad.

Por: Ricardo Valenzuela*

Al inicio de los años 80 tomaba yo un entrenamiento con el Bank of America en sus diferentes oficinas de California, Chicago, Nueva York. En una de mis estancias en Los Angeles, fui invitado a una charla que ofrecería el laureado premio Nobel, Milton Friedman, uno de los hombres que más he admirado y, sobre todo, la guía para moldear mis ideas de libertad económica. El evento se desarrollaba en uno de los elegantes salones del banco que, desde temprano se encontraba abarrotado de gente. Una concurrencia que incluía al famoso actor Arnold Schwarzenegger, quien años después se convertiría en gobernador de California. Pero mi gran sorpresa fue el arribo de Ronald Reagan quien un año después sería presidente de EU.

El tema de la conferencia era la crítica situación por la que atravesaba la banca mundial, enlistando motivos desde el mal comportamiento de la economía mundial, el novedoso sistema de flotación de monedas, la ausencia de líderes políticos con verdaderas ideas de lo que es desarrollo económico etc. A cierto punto de su charla, este sabio personaje hacía vibrar el recinto cuando afirmaba: “Esta situación es tan grave, que los principales bancos del mundo tienen prestado más de su capital y reservas a países que se pueden considerar en bancarrota”. Ante un tétrico murmullo de los asistentes, Milton Friedman hace una larga pausa que es aprovechada por alguien que, rompiendo el protocolo, casi gritando pregunta. “Países en quiebra ¿Cómo cuáles?” El maestro con voz firme y pausada responde: “Son muchos, pero aquí cerca tenemos dos ejemplos; Brasil y México”.

El tétrico murmullo emerge de nuevo. El presidente del banco, Tom Claussen, tratando de bajar la temperatura, lanza una pregunta pensando el economista elaboraría una respuesta para regresar la calma. “Pero Dr ¿Qué quiere decir al calificar a estos dos países en bancarrota?” El economista con esa misma firmeza responde. “Los dos países tienen una deuda superior a su PIB, sin sumar los pasivos con fondos como el IMSS, pensiones de los empleados del gobierno que ya se han dispuesto etc. Los dos son víctima de inflación galopante. Sus monedas se han sostenido artificialmente y pronto experimentarán agresivas devaluaciones. Los dos sufren de corrupciones indescriptibles. En el caso de México su presumido crecimiento ha sido apoyado solo en los precios del petróleo, y eso no va a durar. Ambos tienen déficits fiscales que ya no pueden soportar”.

En esos momentos otro apanicado miembro del auditorio lo interrumpe para exigir: “Ya describió las aterradoras similitudes de estos dos países. Ahora yo pregunto ¿Cuál es la diferencia?” Fue cuando el líder de los monetaristas deja a su auditorio histérico al responder. “La diferencia, en mi opinión, es que Brasil la va a hacer, pero Mexico no”.

En el recinto yo ya había identificado a un importante funcionario del gobierno mexicano quien, el día anterior, en el mismo hotel en el que yo me hospedaba, mantenía una larga fila de representantes de bancos mundiales compitiendo, en un mercado de compradores, por la oportunidad de prestar a PEMEX cientos de millones de dólares, en el país en que Lopez Portillo invitaba a los ciudadanos a prepararse para administrar la abundancia.

Sin ocultar su molestia este hombre reclama. “Señor, sus declaraciones son ofensivas. ¡Elabore su respuesta!” Si pretendía intimidar al conferencista fallaba miserablemente. El maestro responde. “México se encuentra en una grave encrucijada y el primer problema que salta a la vista, no el único, es precisamente su actitud al ofenderse ante la exposición de la verdad, sea por estrategia nacionalista o por ignorancia, pero por ese tipo de actitudes es que mantiene a su país orgulloso, pero inmóvil, y los cambios requeridos no se llevan a cabo. Ahora, al afirmar que México no la va a hacer, no le estoy dando los santos oleos condenándolo a desaparecer, no, pero el resultado será más doloroso al permanecer en ese limbo de la mediocridad que para muchos es ya comodidad. Pero tarde o temprano esa situación continuará su deterioro hasta descender a niveles aún más bajos de mediocridad”.

“No afirmo habrá revolución armada, ni golpe de estado, no, el castigo por la inacción será mantener ese estado de mediocridad permanente el cual, como los siervos en la edad media, se acostumbren a el y lo consideren normal. Pienso que la necesidad o tal vez presión foránea, sin el debido convencimiento de la clase política, forzará al estado mexicano a llevar a cabo pequeños cambios cosméticos, incompletos e insuficientes. Pero las soluciones de fondo, dolorosas, como la creativa destrucción de los mercados, antipopulares, nunca llegarán y el país continuará en ese limbo porque no hay interés de recorrer ese camino. Perdóneme si mis palabras lo ofenden, pero pienso es algo que debía decir”.

Meses después, el precio del petróleo se derrumbaría, el peso sufría una horrorosa devaluación del 400%. La inflación se disparaba. Las reservas internacionales se esfumaban. La economía decrecía. El déficit del presupuesto se elevaba de forma incontrolable. La banca se expropiaba. Los depósitos en dólares se congelaban. Se establecía control de cambios. En septiembre de 1982, el secretario de hacienda, Jesus Silva Herzog, cansado y demacrado hacía su aparición en Washington para declarar la bancarrota del país, y mendigar ayuda. En los años siguientes el peso viajaría de 75 por dólar a más de 3,500 pesos por dólar, la inflación llegaría a más del 200% y la economía decrecería.

Han pasado casi 40 años de las impactantes profecías de Milton Friedman y es bueno preguntar ¿Qué ha sucedido en todo este tiempo? Bueno, se derrumbó el muro de Berlín, se desmoronó la Unión Soviética, Rusia abandonó el comunismo. China hace lo mismo. Los países satélites de Rusia en Europa Oriental han marcado el camino hacia la libertad económica logrando gran prosperidad. Han emergido otros países con la etiqueta de milagros económicos como Australia, Nueva Zelanda, Irlanda. Los estados que fueran mexicanos y ahora forman el suroeste de EU (CAL, AZ, TX, NM, COL) han llegado a un PIB siete veces superior al de México.

Para rabia de los enemigos de Milton Friedman, incluyendo el ofendido que le reclamara hablar con la verdad en aquella ocasión, Chile se ha convertido en el único país latinoamericano rico, desarrollado, y con un brillante futuro gracias a las acciones de los Chicago Boys que fueran liderados por Milton Friedman y Arnold “Alito” Harberger, quienes tuvieron en el odiado Pinochet, apoyo total para implementar y operar sus planes que fueran la salvación de Chile de las garras del comunismo y abrirle la puerta del primer mundo.

Pero México continúa sumergido en la mediocridad y todo indica que ahí permanecerá. Ah, pero los mexicanos estamos tan orgullosos por el gran ejemplo democrático que dimos eligiendo a un orate que, con los relámpagos que ya está produciendo, presagia la destructiva tempestad que viene. No, no convertirá a México en otra Venezuela, simplemente lo va a reubicar en el nivel de mediocridad de los añorados 70s y 80s, porque, al parecer, como las mujeres golpeadas por los maridos, extrañamos los golpes y los pedimos más seguido y con más intensidad.

*Ricardo Valenzuela es economista, empresario y analista. Su cuenta en twitter: @elchero


Por: Alejandra Ramos Jaime*

La semana pasada publiqué una encuesta en Facebook sobre la aprobación popular a las prohibiciones por decreto gubernamental de bolsas plásticas, popotes, recipientes, empaques plásticos y de unicel. Tal como lo esperaba, el resultado fue un arrasador “Sí: Deben prohibirse”, con más del 60% de aprobación. Yo opino que las prohibiciones están mal encaminadas, por una simple y sencilla razón: ni el gobierno ni todos los que opinamos conocemos bien los costos – económicos y ambientales– de tal decisión.

Antes de que me tachen de promover la contaminación, el cambio climático, el consumismo y capitalismo salvaje, déjenme decirles que en algún tiempo de mi vida pagué, viajé y trabajé por la conservación de tortugas marinas en la costa mexicana. Viví en una casa de campaña sin electricidad ni drenaje, patrullando de madrugada las playas para cuidar de los huevos de tortuga y advertir a la población sobre su conservación. No espero, sin embargo, sus palmas, sino el beneficio de la duda a esta libertaria amante de las tortugas, ambientalista y pro plástico.

En aquel entonces, debo aceptar que probablemente yo me hubiera pronunciado a favor de la prohibición de estos productos plásticos. ¿Qué cambió en mí? ¿Los años me hicieron perder mi interés ambientalista? No: al contrario. Lo único diferente es que cambié las preguntas.

Imaginen un escenario hipotético donde el plástico no existiera. Y no sólo que no existiera, sino que nunca hubiera existido antes. Suponiendo un consumo similar al actual, millones de toneladas de desechos orgánicos serían generados diariamente: bolsas de papel de un solo uso, popotes de aluminio, empaques desechables de cartón, etcétera. La prensa nos alarmaría sobre la cantidad de árboles talados, la inmensa cantidad de agua utilizada en la industria del papel y cartón, la alta tasa de extracción de minerales escasos, entre otros problemas. Imaginen, luego, que alguien descubriera un material que prometiera reducir en cinco veces el uso de agua; en dos veces, fuentes de energía no renovable; en tres veces, la emisión de gases de efecto invernadero. Un material maleable, higiénico, resistente y que, además, ¡no requeriría la tala de un solo árbol! Olas de consumidores preocupados por el ambiente y la conservación de recursos naturales irían a consumirlo y sería mal visto utilizar bolsas de papel, por ejemplo, que costaran recursos valiosos y bosques.

El invento, afortunadamente, ya existe: el plástico. La campaña en contra del plástico nos ha hecho olvidar sus múltiples beneficios, incluso ambientales. Después de mi encuesta me di a la tarea de investigar al respecto. De acuerdo a los recursos utilizados, una bolsa de papel debe ser utilizada al menos siete veces para ahorrar el impacto ambiental de su fabricación con respecto a una bolsa plástica. Por su parte, una bolsa de tela debe ser utilizada más de 350 veces para compensar el impacto ambiental. Y en cada uso de bolsas de papel y de tela hay desgaste y consumo de recursos valiosos.

El plástico no solo responde a la comodidad de los consumidores. Los empaques plásticos de algunos alimentos permiten extender su vida útil y facilitar su distribución. En la carne, un empaque plástico al vacío extiende su vida de cuatro a 30 días. Un pimiento en una bolsa plástica perforada extiende su caducidad de cuatro a 20 días. Una botella plástica pesa 10 veces menos que una botella de vidrio. Las ventajas permiten que los alimentos sean más fáciles de transportar y requieran menos combustible; que sean más duraderos y más fáciles de almacenar, con lo cual hay menos costos de refrigeración, almacenamiento y desperdicio de recursos. Y esos ahorros se traducen, además, en bienes más accesibles económicamente para personas de menos ingresos.  

Los plásticos son mucho más baratos que sus sustitutos por una razón: en su proceso de fabricación han logrado ser eficientes y utilizar muchos menos recursos –los cuales, sabemos, tienen un costo–. Cada empresa que analiza el empaque o servicio de sus productos está considerando ser lo más eficiente posible para extender sus ganancias. Las empresas toman en cuenta el combustible que hará falta para hacer llevar su mercancía a su consumidor final de acuerdo al peso; toman en cuenta los costos de energía en que incurrirán para mantener sus productos refrigerados o frescos. Son estas decisiones, en conjunto junto con el sistema de precios, las que nos transmiten información y nos vuelven mucho más eficientes y… ecológicos.

Con esto no quiero incitarlos a correr a su supermercado, tomar las bolsas y popotes, usarlos y arrojarlos al mar solo porque son baratos. Encontrar desechos plásticos en los océanos, ríos, alcantarillas o calles es un problema de administración de basura y sucede no solo con botellas o bolsas, sino con pañales, baterías, desechos electrónicos y metálicos. Para el gobierno es mucho más sencillo prohibir sin analizar previamente los costos o aceptar su responsabilidad sobre el monopolio que mantiene en la recolección, administración de basura y sobre todo la defensa y delimitación correcta de la propiedad privada en donde se puede o no disponer la basura. ¡Nuestra falla está en la disposición y manejo al ser un producto no degradable fácilmente!

En nombre del medio ambiente, los invito a cambiar el debate desde la coerción y la limitación de libertad a uno sobre la eficiencia y productividad en el uso de nuestros recursos. Después de todo, no hay nada más ecológico que aquello que es eficientemente producido, consumido y desechado. 

*Alejandra Ramos Jaime es economista de la Universidad Autónoma de Coahuila con experiencia en el sector privado. Está comprometida con la difusión de los principios liberales y de la ciencia económica en la aplicación de problemas sociales cotidianos.

-FUENTES:

-Free to Choose Network

-2011 U.K. Government Environment Agency Study

-Scottish Government Report, 2005 -ULS March, 2008

-Ecobilan–Carrefours Study ecol bilan (Évaluation des impacts environnementaux des sacs de caisse, February 2004, #300940BE8) English version.

-Anthony Ryan, profesor de química y director del Centro Grantham para Futuros Sostenibles de la Universidad de Sheffield, Reino Unido para BBC

Por: Gerardo Garibay Camarena*

El Mises Institute es una referencia fundamental a nivel internacional, cuando hablamos de la libertad en el plano filosófico, del libertarismo en el plano político y de la escuela Austriaca en el económico. Su presidente, Jeff Deist, visitó México hace unas semanas, invitado por México Libertario, y tuve la oportunidad de platicar con él en exclusiva, acerca de la situación actual y del panorama para la libertad.

Aquí les presento la primera de tres partes de un resumen traducido al español de esta entrevista, y para quien quiera verla o leerla completa, la transcripción (en inglés) está en Wellington.mx

Gerardo Garibay: Hola Jeff. Gracias por aceptar esta entrevista con Wellington.mx y bienvenido a México. Quisiera comenzar esta entrevista preguntándote respecto al artículo que publicaste hace un mes acerca de la Reserva Federal (el banco central de los Estados Unidos). Ahí escribiste sobre “las correcciones fundamentales que deben realizarse” incluyendo “bancarrota, liquidación y reestructura de cartera vencida…y el final de los rescates directos por parte del congreso…además de un serio programa de reducción del gasto y deuda, que no perdone subsidios ni gasto militar”. ¿Podrías ampliar un poco este punto? ¿Cómo puede un país darle marcha atrás al aparentemente perpetuo motor de la deuda y el gasto gubernamental, que ha atrapado a los Estados Unidos y países como México?

Jeff Deist: …Si la deuda se convierte en el principal impulsor de la economía estamos en grandes problemas y lo que hemos visto en occidente, incluyendo México y Latinoamérica, pero también Estados Unidos, Europa y Canadá, desde la crisis del 2008, es que la deuda ha explotado. La recesión del 2008 no ocasionó lo que la mayoría de las recesiones provocan: bancarrotas, insolvencia, liquidaciones y reestructura de deuda y nuevos propietarios que compran barato. Nada de eso sucedió.

En lugar de ello, lo que ocurrió fue que tanto la Reserva Federal de los Estados Unidos, como el Banco Central Europeo entraron básicamente en una orgía de creación de dinero y de crédito, y como resultado el mundo entero tiene más deudas hoy que en 2008, lo mismo a nivel de deuda gubernamental que corporativa, de los hogares, prestamos académicos, tarjetas de crédito e hipotecas…

No podemos decir que estemos mejor y nos estamos dando cuenta de que vivimos en una era donde las personas creen que puede crearse prosperidad a través de la manipulación fiscal o monetaria y de modelos estadísticos, sin realmente hacer el trabajo duro que dicha creación requiere.

Por trabajo duro me refiero a que se necesita hacer una economía más productiva y para ello las personas deben involucrarse en cosas que hagan dinero, de modo que obtengan una ganancia, la cual se acumula con el tiempo y con suerte se convierte en capital, que a su vez es invertido en la economía, en el mejor de los casos en formas que la vuelvan más productiva. No hay truco para darle la vuelta. No hay forma de evitarlo [este proceso] si queremos crear una economía con bases reales para crecer a futuro.

Lo que hicimos en 2008 fue que, en lugar de permitir una corrección dolorosa, volvimos a inflar las burbujas en diversos sectores de la economía: vivienda, automóviles, préstamos a estudiantes, etc. Así que no lo resolvimos. Simplemente pateamos la lata hacia abajo de la calle y de hecho empeoró, porque ahora tenemos más deuda que nunca.

Esto es muy atemorizante. Tenemos un problema intelectual e ideológico. Hemos llegado a pensar en obtener algo a cambio de nada. Imaginamos que esas personas brillantes y bien intencionadas, que se graduaron de Harvard, de algún modo pueden manipular el sistema y aplicar técnicas para volvernos más prósperos.

Sin embargo, también sabemos que el simplemente crear más dinero no trae nuevos productos o servicios a la economía. Si todos los habitantes de la Tierra tuvieran un par de ceros añadidos a su cuenta bancaria, no haría ninguna diferencia. Los precios se ajustarían y todos estaríamos donde empezamos.

Lo importante es que el nuevo dinero y crédito no aplican a todos universal y simultáneamente. Entra en la economía en ciertos espacios, y algunas personas sí se enriquecen con el nuevo dinero, especialmente aquellas involucradas con las inversiones y la banca comercial…y aquellas cercanas al gobierno, que de este modo opera con enormes déficits.

Tenemos que regresar a una política monetaria sobria y sensata…sin dinero real en la economía estamos en grandes problemas, y por eso ese es uno de nuestros principales trabajos: educar a las personas acerca del dinero y el crédito y su razón de ser.

Al término de la entrevista

Gerardo Garibay: Tuve la oportunidad de asistir a la Mises University en 2017. En aquella ocasión diste el discurso de clausura -que por cierto fue muy bueno- y hablaste ampliamente acerca de cómo los libertarios nos arriesgamos a la irrelevancia cuando ignoramos conceptos, como los de Dios y nación, que provocan una profunda respuesta en las personas. Mi pregunta aquí es ¿cómo podemos caminar esa compleja área gris de la identidad de grupo en nuestro entorno social, sin caer en las trampas colectivistas de la izquierda y la derecha? ¿cómo equilibramos este entendimiento de las identidades compartidas con el mensaje de la libertad y las decisiones individuales?

Jeff Deist: Bueno, es difícil, y quienes tenemos una mentalidad libre tendemos a ser individualistas. No nos agrada la identidad grupal porque, como sabemos a partir de la historia, esa identidad -el tribalismo- puede volverse muy negativo, puede llevar a guerras y toda clase de tragedias.
Dicho esto, el enfoque de mi charla fue que, si el libertarismo ha de ganar terreno, necesita presentarse y entenderse como una filosofía que se adapta a la naturaleza humana…las personas quieren tener un propósito en la vida, un propósito más allá de lo cotidiano, y me preocupa que [conforme la sociedad ha dejado de creer en la religión, la familia, etc.] el Estado se va a convertir en la nueva religión.

…[Por lo tanto] el argumento de mi discurso era el de ofrecer una libertad que sea estricatamente una perspectiva política, y que le permita a los individuos tener toda clase de otras convicciones que le den significado a la vida. El libertarismo no tiene por qué ser nuestra única identidad y razón de vivir.

Te seré honesto, tuve una respuesta mixta a ese discurso. Sin embargo, creo que, por ejemplo, aquí en México, donde todavía son un país más culturalmente católico que los Estados Unidos, hay personas que pueden entenderlo.


Continúa la próxima
semana.

*Gerardo Garibay Camarena es editor de Wellington.mx, columnista en diversos medios digitales y autor de los libros “Sin Medias Tintas” y “López, Carter, Reagan”.

Por: Víctor H. Becerra*

La credibilidad de un gobierno, y con él, de un país (al menos mientras los gobiernos ocupen espacios tan amplios en la actividad económica) es fundamental para asegurar estabilidad, promover políticas públicas serias, fomentar un mejor clima de negocios, atraer inversiones y con ello, crear más y mejores empleos, los que promueven a su vez mayor consumo y más consumidores, y bajo su empuje, de nuevo más empleos: oportunidades de mayor bienestar.

Por el contrario, los inversionistas huyen como la peste de países donde el capricho es el sustento de las políticas públicas o de las leyes; nada es seguro en un país de políticos caprichosos y arbitrarios. La irresponsabilidad y el capricho políticos son repelentes del dinero y de los inversionistas. Hoy ese es el caso de México con Andrés Manuel López Obrador, que aunque aún no toma posesión de la Presidencia, amenaza con regresar a México al “país de un solo hombre” y de “la Presidencia imperial”, propios de la etapa del PRI hasta inicio de los años 90s.

En apenas unos meses (y reitero: sin haber tomado aún el poder), López Obrador y su coalición gobernante ya en el Congreso, causaron un gran estropicio económico: un fuerte aumento del dólar, caídas en el mercado de valores, un aumento en la deuda del país, por la volatilidad cambiaria, una caída del 75 por ciento en la inversión extranjera directa durante el tercer trimestre, una reducción de empleos registrados en la seguridad social, y una inicial estampida de inversiones hacia mercados con mayor confianza y previsibilidad.

Esto lo lograron cancelando un mega aeropuerto ya muy avanzado en su construcción, mediante una ilegal y sesgada “consulta ciudadana” (organizada, vigilada y dictaminada por su propio partido y cuya figura será, al parecer, en lo sucesivo, su instrumento preferido para pasar por encima de toda legalidad), y las millonarias pérdidas causadas a las empresas privadas y fondos de pensiones que habían invertido en el aeropuerto; enseguida, un proyecto de ley para usar las reservas internacionales del Banco central para “promover” el “desarrollo”, otro más para eliminar las comisiones por los servicios bancarios, y uno más para expropiar los fondos privados de ahorro para el retiro, junto con el anuncio de endurecer la regulación contra las compañías mineras, desplomando su valor, y el propósito de crear el Tren Maya y la Refinería de Dos Bocas, que en el papel se ven como megaproyectos fantasiosos e improductivos, entre los principales desatinos.

Como consecuencia, en octubre salió una importante cantidad de dinero del mercado de deuda mexicano: Más de 11 mil millones de dólares, en parte (aunque no exclusivamente) por la tensión causada por la cancelación del proyecto del Nuevo Aeropuerto Internacional de Texcoco. Y apenas hace unos días entraron a Brasil 367 millones de dólares, mientras que en México salieron 214 millones de dólares de los mercados de valores, siendo México el único mercado emergente con pérdidas. López Obrador y su coalición van demostrando que el populismo y la irresponsabilidad son costosos.

Al respecto, resulta muy interesante comparar esta situación con la de Brasil y el gobierno venidero de Jair Bolsonaro, electo poco menos de cuatro meses después que López Obrador. Ambos asumirán el poder con apenas un mes de diferencia. Su sincronía permitirá una privilegiada observación de dos estrategias económicas diametralmente opuestas, y de sus resultados finales, en las dos principales economías de América Latina: Una estrategia, la de López Obrador, de redistribución de la riqueza; la otra, de creación de riqueza.

En contraste con López Obrador, los primeros anuncios económicos de Jair Bolsonaro, en Brasil, han sido serios, cautelosos y dirigidos a crear condiciones de certeza y credibilidad. Así, el área económica del gobierno brasileño y la empresa petrolera están siendo ocupadas por los llamadosChicago Boys, lo que sin duda es una buena noticia, en vista de los resultados excepcionales (vigentes hasta la fecha) de esta Escuela económica en un país como Chile.

Pero no todo será sencillo para el gobierno Bolsonaro: el Congreso brasileño ya ha puesto freno a algunos proyectos de su próximo gobierno. Si no logra destrabarlos, negociando con el podrido sistema de partidos brasileños, otros proyectos como la privatización de empresas estatales o, más aún, la indispensable reforma del sistema de pensiones y la reducción del persistente déficit fiscal, serán simples castillos en el aire.

Apenas el año pasado, Brasil dejó dos años consecutivos de crisis, la peor recesión de su historia, creciendo apenas 1 por ciento. La expectativa es que este año crezca alrededor del 1.3 por ciento y que el crecimiento vaya incrementándose lentamente a futuro. Estas previsiones, modestas, han recibido un fuerte impulso con la elección de Bolsonaro, al grado de que al impacto positivo en la economía brasileña por su elección ya se le llama el Bolsorally.

De esa manera, ya se anuncian millonarias inversiones en Brasil, por parte de empresas globales como EneliFood, Toyota, Shell, Carghill y otras, en sincronía con la confianza que Bolsonaro genera en los mercados. Del mismo modo, ya se habla de lograr un mayor acercamiento con la economía estadounidense, quizá en detrimento de Mercosur, y un freno a la creciente presencia de China en la economía brasileña.

Así, parece ser un hecho que las inversiones que salgan de México, como efecto de la incertidumbre política y económica, irán principalmente a Brasil, tal como ya lo pronostican las principales empresas calificadoras y los fondos de inversión, apuntalando el crecimiento en ciernes de ese país.

De tal modo, hay un inicial trasvase de fondos e inversiones de México a Brasil, que podría acrecentarse en el futuro, si el nuevo gobierno mexicano no logra transmitir calma a los mercados o su coalición partidaria sigue actuando irresponsablemente. El tiempo que tarde en lograrlo será crucial: Un año espantando inversionistas y empresas podrían significar desperdiciar medio periodo de gobierno de López Obrador. O más. Esto lo lamentaremos muchísimo si es que llega a concretarse el escenario de recesión en EEUU, que los especialistas prevén para 2019 o 2020: en lugar de aprovechar el sólido crecimiento actual de EEUU, estuvimos desperdiciando el tiempo “ablandando” inversionistas (¿a fin de prepararlos para un esquema irregular de financiamiento político similar al Lava Jato de Lula Da Silva? Pareciera).

El dinero no tiene ideología. Solo busca condiciones de confianza para crecer y multiplicarse. Y por ahora, los mercados han dictado un KO claro a favor de Bolsonaro y en contra de López Obrador en el terreno económico. Por desgracia, no se ven señales de que López Obrador mejore en el futuro cercano su desempeño. Al contrario: su daño a la economía podría extenderse también a la democracia y al Estado de Derecho.

Sobre Bolsonaro hay dudas reales sobre su real compromiso con la democracia y los Derechos Humanos. Sobre López Obrador hay cada vez menos dudas, cómo dejan ver sus teatrales “consultas ciudadanas”, su culto a la personalidad, su propuesta de centralización del poder, atacando el federalismo y la división de poderes… Pero en unos días, una vez tomando el poder, tendremos hechos reales de uno y otro, no solo declaraciones y proyectos.

*Víctor H. Becerra es Secretario general de México Libertario. En Twitter: @victorhbecerra

Por: Jeffrey Tucker*

[dropcap type=”default”]L[/dropcap]a gran caída en monedas de todo tipo –convencionales y cripto- tienen a las personas preguntándose qué salió mal. ¿Qué podría haber detonado esta pasmosa venta? ¿Qué ha espantado a los mercados? Cuando no hay respuestas obvias, y esta vez realmente no la hay, ello tienta a las personas a creer que los mercados como tales están quebrados. Seguramente los precios deberían comportarse en forma más racional y predecible. No hay justificación para que los precios cambien tanto.

Estoy aquí para argumentar una verdad difícil. Mientras los mercados estén a cargo no hay tal cosa como un precio correcto, justo, moral, racional o estable. Sólo hay una base para un precio: El punto de acuerdo entre comprador y vendedor, decidido con base en los juicios de la mente humana como extensión de deseos humanos subjetivos. Esto es cierto incluso respecto a las compraventas por software, pues son humanos quienes escriben la programación.

El precio refleja juicios humanos, y por ende puede considerarse como un transporte de información

Es un hecho que todo comprador quisiera pagar cero y que todo vendedor quiere volverse rico en cada intercambio. Ninguno puede salirse con la suya. Encontrar un punto donde ambas partes se beneficien del acuerdo, cediendo menos de lo que él o ella está obteniendo, es el objetivo mismo de los mercados. Los precios que proponemos y aceptamos hoy reflejan información acerca de acuerdos completados del pasado, corregida a la luz de lo que esperamos en el futuro.



El precio refleja juicios humanos, y por ende puede considerarse como un transporte de información acerca de lo que las personas creen acerca de sus necesidades actuales y futuras. Cuando hablamos de un precio de mercado, conocido por cualquier interesado, podemos considerarlo como una institución que plantea conocimiento acerca de los deseos sopesados en relación a la disponibilidad de aquello que pretenden.

Esta es una piza de información muy importante a la que la sociedad tiene acceso. Permite un uso eficiente de los recursos y construye un sistema económico al servicio de todos. “Si queremos entender su función real, debemos ver al sistema de precios como un mecanismo para comunicar información.” Escribió F.A. Hayek.

Quizá usted leyó esto y pensó: “¿En serio?. Eso todos lo saben”. Pues no es así. Podemos observar los escritos de los antiguos filósofos y encontrar que realmente no lo entendían. Aristóteles planteaba la opinión prevaleciente de que el precio correcto es uno en el que el valor resulta igual a ambos lados del intercambio. Sin embargo, ese estándar de equivalencia no tiene sentido. Si está obteniendo exactamente lo que entrega, no hay razón de ser para un intercambio. En realidad, esta teoría de la equivalencia resulta perniciosa, porque trata a los mercados como ejercicios sin sentido, cosas que se mueven de aquí para allá, cambiando de manos sin razón en particular.

Conforme las finanzas modernas se volvieron más sofisticadas al final de la edad media, nuevos teóricos se involucraron tratando de teorizar sobre los precios. En tiempos cuando la teología moral era la reina de las ciencias, intelectuales como Santo Tomás de Aquino postulaban que el precio necesita reflejar las necesidades de la justicia. En sus escritos hay algo de ambigüedad, de forma que el precio justo no era siempre el precio de mercado (un error corregido con el paso de los siglos). Esta es una visión profundamente peligrosa, que da pie a reguladores, moralistas y nobleza eclesiástica que se interponen en constante juicio respecto a lo que las personas deciden por sí mismas.

Siglos más tarde, emergieron nuevas teorías de los precios. Quizá el precio de mercado encarna la labor que se requiere para producir el bien o servicio en cuestión. Esta se convirtió en la opinión prevaleciente en el periodo clásico, y eventualmente dio pie a la posición marxista de que en el sistema capitalista los trabajadores –que eran los verdaderos creadores de valor- no estaban obteniendo la parte justa del valor y, por el contrario, estaban supuestamente siendo explotados.

Sin embargo, esta teoría no se sostiene. Puedo pasar el resto de la semana haciendo castillos de arena y trabajar más duro que nunca en mi vida. Ese sólo trabajo no provoca que los frutos de mi esfuerzo se vuelvan valiosos. A un comprador no le importa en lo más mínimo cuánto tiempo de trabajo o sudor se dedicó a fabricar el producto. O lo valora o no. Una idea de un billón de dólares puede ocurrírsele en un minuto o tomar años para emerger. Lo que importa no es el tiempo que gastó, sino la idea resultante.

Ningún modelo puede predecir en forma perfecta, de otro modo ya lo hubiéramos descubierto y nadie perdería dinero

Una teoría relacionada dice que los precios reflejaban no sólo los costos de trabajo, sino todos los costos de producción. A mayores costos, mayor precio. Esta chapucera opinión encuentra algo de bases en la realidad empírica. Es más difícil fabricar un Maserati que un Honda Civic, así que seguramente por eso es que el auto de lujo es mucho más caro. De hecho, esa teoría revierte causa y efecto. La razón por la que el productor de los Maserati está dispuesto a gastar los recursos necesarios para construirlos es precisamente porque los mercados han mostrado que valoran el resultado. Es el precio lo que determina los costos que los fabricantes están dispuestos a cargar, y no a la inversa.

En tiempos más modernos, hay toda clase de teorías de buen cubero respecto a los mercados financieros. Se dice que las acciones están sobrevaluadas o subvaluadas con base en los valores subyacentes de las compañías que las emiten. Se dice que debería analizar las acciones, el desarrollo de productos, las ventas al consumidor, la carga de deuda y los prospectos para el futuro. Combinando todos estos factores teóricamente le da una idea aproximada de si es que el precio de las acciones es muy bajo o muy alto.



Esta teoría es grandiosa, excepto cuando deja de serlo. Como lo hemos visto este año en las finanzas convencionales, el precio de todo ha caído, sugiriendo que todo estaba sobrevaluado. Aquellos que predijeron la venta le dirán que tenían una perfecta comprensión de dónde estábamos y hacia a dónde nos dirigíamos. Le restregarán sus modelos y proclamarán tener conocimientos especiales. Sin embargo, algo que hemos aprendido durante los últimos cincuenta años es que ningún modelo puede predecir en forma perfecta, de otro modo ya lo hubiéramos descubierto, todos lo estarían usando, y nadie perdería dinero.

Todo modelo técnico falla por la misma razón: El futuro es incierto. Ninguna computadora es capaz de superar la terrible realidad de que ver hacia el futuro es siempre una labor de observar a través de un cristal opaco, como dijo San Pablo.

Carl Menger. El precio es un punto de acuerdo. Ni más, ni menos

Hay una tentación constante de deconstruir un precio en las partes que lo conforman, y posicionar estas como la base real del precio. Esto es especialmente cierto en el caso de las criptomonedas. El Bitcoin ha demostrado mal desempeño como medio de intercambio; es demasiado lento y costoso cuanto intenta escalarse. Tampoco ha sido un almacén confiable de valor. ¿Cómo puede justificarse un precio elevado? Bien, en este caso la fuente de valor podría ser como una capa de registro de acuerdos de la cadena de bloques. ¿Cuál es el valor de eso? Descubrirlo le corresponde al mercado; podría ser bajo o podría ser mucho más alto. Simplemente no lo sabemos.

El valor de las cripto se determina por su valor de uso para la comunidad humana, y el precio representa un estimado de cómo ese valor se traduce en intercambios reales. Encontrar el precio correcto es un proceso de descubrimiento.

Regresemos a la idea inicial obtenida del trabajo de Carl Menger. El precio es un punto de acuerdo. Ni más, ni menos. No puede deconstruirse. No puede entenderse separado de la elección humana. No tiene un componente moral en lo absoluto. No se trata de igualdad, justicia, trabajo o costo. Es sólo un precio. Todo precio en el mercado es el precio correcto, en este momento. Cualquiera que sea el precio en una hora, día, semana o año también lo será.

¿Eso suena atemorizante? Quizá. Lo único más atemorizante es un mundo sin precios. Piense acerca de cada experimento para controlarlos o abolirlos. Los resultados nunca son buenos. El propósito de los precios es revelar la verdad hasta en tanto pueda ser conocida, sin importar qué tan imperfectamente. Los precios nos brindan una enorme perspectiva de información que necesitamos conocer sobre el entorno, ayudándonos a navegar un mundo que de otro modo sería caótico.

*Jeffrey A. Tucker es Director editorial del American Institute for Economic Research. Es autor de miles de artículos en prensa académica y de divulgación, además de 8 libros traducidos a 5 Idiomas. Contacto: email.  Tw | FB | LinkedIn 

Artículo originalmente públicado en AIER

Traducción por Gerardo Garibay Camarena, para Wellington.mx