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Elecciones 2018

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Por: Gerardo Enrique Garibay Camarena*

[dropcap type=”default”]E[/dropcap]n Estados Unidos al dinero le llaman “presidentes muertos”, porque los billetes incluyen el retrato de los jefes de estado más importantes y emblemáticos que ha tenido la Unión Americana. En México ocurre lo mismo, los políticos forman parte de los billetes… desde antes de ganar las elecciones.

Hace 18 años, entre quienes apoyábamos la candidatura presidencial de Vicente Fox, circularon los “foxes”, billetes de $50 pesos con la fotografía del panista, en 2006 este fenómeno se repitió con los seguidores de López Obrador, que crearon los “pejos”, billetes de $20 pesos con la efigie del candidato de la Alianza por el Bien de Todos. El hecho no pasaría de ser una anécdota chusca de no ser por el motivo profundo de esta clase de expresiones de apoyo.



Quienes simpatizabamos con Vicente y lo veíamos ya dándole su nombre a la moneda nacional y su imagen a un billete no apoyábamos realmente a un candidato a la Presidencia, sino a un patriarca. No es de sorprender que muchos de ellos fuimos los más amargamente decepcionados de la Administración Fox, no sólo porque el señor de Martha Sahagún haya sido un mal Presidente, sino porque esperábamos de él cosas que humana y legalmente le eran imposibles de lograr.

El verdadero gobierno de salvación no será el que lo resuelva todo, sino el que menos estorbe para que cada persona resuelva en libertad su pequeña pieza del rompecabezas.

Desde entonces el fenómeno se repite, casi tal cual, con López Obrador, es decir, sus simpatizantes esperan que él resuelva los problemas del narcotráfico, la inseguridad, el desempleo y que a base de su fuerza y carisma haga de este un país ideal. Ni él ni nadie es capaz de lograrlo.

Sin importar lo que diga en los próximos meses la propaganda de los candidatos a la Presidencia es un hecho que, gane quien gane, al llegar a Los Pinos estará sumamente limitado por la ley, por inercias y por cotos de poder; obstáculos que es imposible que una sola persona, aun el presidente, pueda superar para bien. En todo caso es mucho más fácil que destrocen lo poco o mucho que hemos avanzado.

Una vez más, como en 2012 o 2006 es tiempo de aceptarlo: ni Obrador, ni Anaya o Meade tienen las grandes soluciones en la palma de la mano; ninguno posee la varita mágica para acabar con la pobreza o el narcotráfico. El Presidente puede guiar al país en un cierto rumbo y enfocar sus esfuerzos en determinadas estrategias, pero hasta ahí.



Si seguimos esperando al presidente mágico, al Mesías que se ganará salir en los billetes, el país se nos va a desmoronar entre las manos, porque en realidad las soluciones no están en las burocracias de palacio, sino en la libertad y en la colaboración voluntaria ejercida con responsabilidad por el futuro de cada uno de nosotros, del que al final del día se deriva el del país.

En pocas palabras, el verdadero gobierno de salvación no será el que lo resuelva todo, sino el que menos estorbe para que cada persona resuelva en libertad su pequeña pieza del rompecabezas.

La otra opción es aguardar a que arribe el presidente heroico y maravilloso que resolverá por sí mismo todos los problemas. En ese caso vamos esperar sumando corajes en campaña y decepciones en el gobierno… para siempre.

*Gerardo Garibay Camarena es editor de Wellington.mx, columnista en diversos medios digitales y autor de los libros “Sin Medias Tintas” y “López, Carter, Reagan”.

*La versión original de este artículo fue públicada por el autor en febrero del 2006, es lamentable lo poco que han cambiado las cosas desde entonces.

Por: Octavio Catalán*

[dropcap type=”default”]D[/dropcap]esde que tengo memoria, en cada proceso electoral nos encontramos ante la misma encrucijada, “votar por el menos peor”. En un análisis profundo de esa calamidad, podemos observar que no se trata de un fenómeno propio de un municipio, estado o incluso del país en donde habitemos.

Defensor como lo soy del libre mercado, no puedo declararme de la misma forma como un demócrata convencido. Y es que la democracia es un forma de gobierno que nos conduce naturalmente a ser gobernados por las peores personas.

Para explicar la contundente afirmación que hago en el párrafo anterior, vale la pena confrontar este texto con la obra “Libertad o Socialismo” de Hans-Hermann Hoppe, en su capítulo –Por qué los peores gobiernan-.



En un mercado libre, asumimos que existe libertad de entrada de oferentes, situación que siempre beneficia al consumidor, pues el resultado de la competencia, generalmente es un mejor bien o servicio, y mejores precios. Ganar al consumidor, es resultado de una mejora constante en lo ofertado.

Es lo que tenemos, así que prepárese nuevamente querido lector, y ¡a votar por el menos peor!

Sin embargo, el virtuosismo de la competencia en un mercado libre, no le es aplicable al “mercado político-electoral”. Dejar abiertas las puertas a cualquier oferente político resulta altamente peligroso. Alguien podría contra argumentar ingenuamente, que de igual forma la competencia en la arena política nos arrojará mejores propuestas y mejores políticos, pero eso es una falacia, pues el objetivo que se persigue es perverso en el fondo.

Cuando el objetivo de la competencia es pernicioso, los oferentes están dispuestos a corromperse hasta sus últimas consecuencias. V. Gr., en la industria armamentista, las empresas compiten por crear instrumentos cada vez mas mortales, con mayor capacidad de aniquilación y con consecuencias cada vez mas funestas.

Todos los oferentes que compiten en mercados negros, ilegales y deleznables, tarde o temprano logran perfeccionar los fines a los que se han entregado. Un fabricante de drogas sintéticas busca la forma de generar mas adicción de su consumidor y ser mas competitivo que los productos contra los que compite en su mercado. Un sicario busca la forma de ser mas preciso en su reprobable actividad y al mismo tiempo tiene que acoplarse a los precios de un mercado, que aunque nos duela reconocer, existe.

Partiendo de la premisa: “LOS IMPUESTOS SON UN ROBO”, afirmación a la que no le dedicaré en este texto mayor explicación, pues ya la abordaré en otro momento, tenemos que considerar que el objetivo de todos los políticos que aspiran a ocupar un cargo público, es justamente “administrar” ese tributo que le fue arrancado del bolsillo al ciudadano. El gobierno no genera nada. Todo su actuar es financiado a costa de lo que le expolió a sus gobernados.

Aunque a algunos les cueste mas trabajo que a otros admitirlo, lo que en el fondo todos los políticos quieren, es llegar a una posición para disponer de los recursos que fueron expoliados a los ciudadanos, es decir, gastarse lo de los demás.

Quien quiere llegar a esa posición se esforzará cada vez mas en disfrazar esas intenciones y justificarán como Robin Hood que te quitan dinero para “redistribuirlo justamente”. Sin importar si existe un cohecho, concusión o peculado probado, al que hoy llamamos elegantemente “servidor público”, es un ladrón legitimado por la ley para ejercer actividades que ya de origen son cuestionables en su moralidad.

Adicional a lo anterior, ya entronizados en sus cargos, los políticos perfeccionan los mecanismos financieros para saciar su hambre y sed de lo ajeno. De la misma forma en que el fabricante de armas o drogas y el sicario se perfeccionan en sus respectivos marcos de competencia, este ladrón del erario, se perfeccionará en su oficio, pues es el mecanismo de supervivencia que genera la democracia.

La creatividad que estos políticos desarrollan para justificar el robo a los contribuyentes la llamamos demagogia y pronto todos prometen imposibles y se convierten en populistas. Por ello es peligrosísimo que la democracia permita la libertad de entrada a cualquier oferente.



Ese es el circo que vemos cada elección, ninguno se escapa. Cuando de apoderarse de lo ajeno se trata, no hay ideologías: la izquierda hace alianzas con la derecha, los conservadores con los liberales, los dinosaurios adiestran a los millennials… esta Orbe ya es Conversa y sin duda tiene esa pizca Socarrona que nos invita a reflexionar.

De estos fenómenos hablaremos en esta columna, analizar las propuestas y las plataformas de los candidatos, de los partidos y de los gobiernos es un deporte que entretiene a la nación todos los días.

En síntesis, la democracia si es la peor forma de gobierno, como apuntaba Churchill, excepto por todas las demás. Es lo que tenemos, así que prepárese nuevamente querido lector, y ¡a votar por el menos peor!

“La conciencia predominará,

sólo por medio de la razón.”

*Octavio Catalán estudió derecho en la IBERO CDMX y es consultor político desde 2007. Twitter: @oc_catalan

José Antonio Meade ya lanzó su primer anuncio de precampaña, con un concepto que cada vez que lo veo me gusta más en términos de color y mensaje.

La campaña gráfica de Ricardo Anaya Cortés me parece muy buena, aunque los spots del PAN (que por cierto, también están bien hechos) no lo mencionan.

Respecto a Morena, su idea de hacer un spot mencionando tácitamente a Andres Manuel Lopez Obrador me parece un uso muy original de la ventaja que tienen en cuanto al posicionamiento del peje. 

Movimiento ciudadano le apuesta a su hit musical en una versión muy bien lograda con un niño indígena.

Los del PRD están cumplidores y los del PES están como para que no le paguen al “creativo” que se los hizo.

Los del PT haciendo mención a la “libre empresa” son de un cinismo que da miedo.

En conclusión, pinta interesante este inicio del tsunami de comerciales polacos.

Por: Gerardo Garibay Camarena*

[dropcap type=”default”]E[/dropcap]sta semana López Obrador lanzó una nueva ideota, de esas que le brotan por generación espontánea: amnistía para los líderes del narcotráfico. De inmediato toda la clase política le dio hasta con la cubeta, y con toda razón, pues AMLO confirma una y otra vez que no tiene idea de lo que está hablando, sus planteamientos son cosas que se oyen bonito, pero no tienen ni pies ni cabeza, son una mezcla de pensamiento mágico y demagogia pura y dura, lo mismo en temas de seguridad, que de economía y respecto a Pemex o el nuevo aeropuerto.



Sin embargo, una vez dejando bien en claro que la propuesta de Obrador es una ocurrencia sin sentido, es necesario que vayamos más allá de la crítica para cuestionar qué es lo que pretendemos y qué es lo que estamos logrando con la llamada guerra contra el narcotráfico.

Los defensores de esta guerra recurren normalmente a uno o más de estos tres argumentos:

  • Que la guerra sirve para debilitar al crimen organizado, disminuir la violencia y proteger a la población civil;
  • Que la guerra sirve para combatir el crecimiento en las adicciones y
  • Que la guerra sirve para evitar que el narcotráfico se infiltre en el gobierno y en las estructuras de poder político

El problema es que en ninguno de esos frentes hay buenos resultados.

  • Si de lo que se trata es de debilitar al crimen organizado, disminuir la violencia y proteger a la población civil, la guerra no está funcionando, porque la violencia se ha multiplicado y también lo han hecho las víctimas, miles de las cuales fueron simplemente personas inocentes que estuvieron en el momento y lugar equivocado. Para medir el tamaño del problema, veamos algunas estadísticas: en los primeros 10 meses del año 2000 se registró un total de 11,499 homicidios dolosos a nivel nacional, una cifra que prácticamente se ha duplicado. A más de una década de “lucha contra el narcotráfico” el número de asesinatos suma 20,878 en los primeros 10 meses del 2017.

Más o menos la misma historia se puede contar con muchos otros delitos, particularmente aquellos que tradicionalmente se han relacionado con la acción de los cárteles. Por ejemplo, los secuestros pasaron de 507 casos registrados entre enero y octubre del 2000, a 951 en el mismo periodo del 2017; la extorsión se multiplicó casi por 5 y pasó de 1,007 casos en el 2000 a 4,797 en este año.

  • Si de lo que se trata es de combatir el crecimiento en las adicciones el fracaso es incluso más abrumador. De acuerdo a las propias cifras de las encuestas encargadas por el gobierno federal, el porcentaje de personas que han consumido drogas ilegales aumentó a más del doble en los últimos 15 años, pasando de 4.1% a 9.9% entre la población de 12 a 65 años, y la situación es incluso más dramática al enfocarnos en las mujeres, donde el consumo se cuadruplicó en ese mismo periodo (pasando de 1% en 2002 a 4.3% en 2016).

No sólo hay más mexicanos que han consumido drogas, sino que las usan más a menudo. El número de mujeres que usaron drogas en el último año se multiplicó por 11 entre 2002 y 2016, mientras que el de hombres casi se triplicó, y la tendencia se refleja también en el consumo mensual, que se disparó un 260% en el caso de los hombres y un 400% en el caso de las mujeres. Y eso con los que abiertamente le respondieron a un encuestador del gobierno; Las cifras reales seguramente son mucho mayores.

  • Si de lo que se trata es de evitar que el narcotráfico se infiltre en el gobierno y en las estructuras de poder político, entonces lo que hay ya no es sólo fracaso, sino cinismo, porque el propio narcotráfico fue cobijado y alentado durante décadas a la sombra de los grupos de poder político. En otras palabras: es, por decir lo menos, ingenuo pensar que una guerra contra el narcotráfico va a impedir que este adquiera vínculos con el gobierno, cuando fue desde el propio gobierno que nació la criatura.

De hecho hay referencias respecto a Gobernadores y funcionarios de alto nivel vinculados con el narcotráfico que datan por lo menos desde 1917 y las acusaciones se extienden durante los siguientes 100 años, hasta llegar a los presuntos sobornos recibidos por gobernadores como Humberto Moreira (Coahuila), Fidel Herrera (Veracruz), Mario Villanueva Madrid (Quintana Roo) y por quizá miles de funcionarios de todos los niveles, como el exprocurador nayarita Edgar Veytia, de los cuales apenas un puñado llega a comprobarse y menos aún a castigarse en los tribunales.

Es decir: desde hace más de una década estamos metidos en un berenjenal, una estrategia que simplemente no tiene grandes victorias que presumir. A pesar de absorber más de mil 300 millones de millones de pesos (sí, no es error de redacción, son más de $1,130,000,000,000 pesos) los resultados son tenues en el mejor de los casos.



Por lo tanto, más allá de criticar la indudable simpleza de Obrador, es necesario que los demás candidatos a la presidencia nos expliquen no sólo cómo van a pelear la guerra contra el narcotráfico en sus administraciones, sino cómo piensan ganarla.

Señores pre y candidatos ¿Cómo se ve el escenario de una victoria en esta guerra?

  • Si de lo que se trata es de debilitar al crimen organizado, disminuir la violencia y proteger a la población civil, entonces lo que se necesita no son soldados en las calles, sino contadores y expertos en auditoría financiera, y de paso una reforma a fondo del poder judicial y de las procuradurías y corregir el entuerto del sistema de justicia penal, para que los índices de impunidad dejen de rondar el 99%. Perdón, pero mientras haya delincuentes que han sido arrestados más de 200 veces y están libres, seguirá en claro que el sistema no funciona, por más bonito que lo pinten y por más adornos que le cuelguen.
  • Si de lo que se trata es de combatir el crecimiento en las adicciones, entonces esas inversiones multimillonarias se deben reorientar hacia el tratamiento y la prevención, dos temas en los que tantos los gobiernos de los estados como el federal siguen dejando mucho que desear. Al mismo tiempo, todos los individuos que integramos la sociedad deben asumir su propia responsabilidad, porque la epidemia de las adicciones va mucho más allá del ámbito de la seguridad pública, es fundamentalmente un tema cultural.
  • Si de lo que se trata es de evitar que el narcotráfico se infiltre en el gobierno y en las estructuras de poder político, entonces lo que se necesita es más y más transparencia sobre los ingresos y los gastos de los funcionarios públicos y de los partidos políticos, particularmente en las campañas. Iniciativas como 3 de 3 pintan por buen camino, pero es necesario darles seguimiento y perfeccionarlas.

Llevamos casi 3 sexenios con una estrategia de lucha contra el narcotráfico que simplemente no ha funcionado como debería, en especial considerando las monumentales cantidades de recursos que se le han destinado. Siendo realistas, ningún candidato propondrá la legalización en las elecciones del 2018, pero al menos es necesario que nos expliquen claramente cómo piensan luchar y ganar la guerra más costosa de la época moderna en nuestro país.

La amnistía no es lo adecuado, pero necesitamos escuchar y discutir más ideas, porque lo peor que puede hacer el próximo presidente es lo mismo que hicieron sus antecesores, y así lo demuestran los datos.

Por cierto…

El destape de Meade ha sido lo suficientemente exitoso como para revivir las esperanzas del PRI, ahora falta ver con qué tanto ímpetu arranca el candidato del Frente. Sólo entonces podremos empezar a profetizar.

*Gerardo Garibay Camarena es editor de Wellington.mx, columnista en diversos medios digitales y autor de los libros “Sin Medias Tintas” y “López, Carter, Reagan”.

Por: Gerardo Garibay Camarena*

[dropcap type=”default”]O[/dropcap]k, estuvo padre la idea como para fantasear un rato y parecía tener potencial; a muchos nos atraía la perspectiva de un esquema de participación electoral que rompiera el monopolio de los partidos y alentara una mayor diversidad y calidad en las propuestas de los candidatos. Seamos sinceros, a todos nos agradaba la idea de los candidatos independientes. Seamos sinceros, simplemente no cuajó.




La figura de los candidatos independientes fue impulsada desde hace años a través de la la presencia mediática de figuras como Jorge Castañeda, pero sólo irrumpieron en el escenario político en 2015, respaldados por el éxito de campañas de gran peso simbólico: la de Kumamoto para diputado local en Jalisco, la de Clouthier para diputado federal por Sinaloa y la del Bronco para gobernador de Nuevo León. Estos personajes nos convencieron de que era posible competir y ganarle a los partidos sin tener el respaldo de una estructura permanente.

Como el 3-D en las salas de cine, los independientes prometían una experiencia interactiva y novedosa, pero también como el 3-D resultaron más forma que fondo y acabaron mareando al auditorio. Para muestra basta un botón: en las elecciones de este año se registraron 270 candidatos independientes en todo el país, sólo 6 ganaron, todos a nivel municipal.

¿Por qué? Porque el escenario de los independientes se llenó muy rápido de una mezcla malsana de partidócratas caídos en desgracia y activistas con más vanidad que respaldo, y lo mismo está pasando de cara al 2018, donde los aspirantes al gobierno de la Ciudad de México nos ofrecen un ejemplo de ambas variantes: Luege, el expanista que hace mucho pasó sus mejores tiempos, y Ana Lucía, la representante del movimiento “Ahora” cuyo perfil se basa (en serio) en que ha caminado en la ciudad. Tanto ellos como nosotros sabemos que sus candidaturas son un simple ardid publicitario, choteo pues.

El mismo cuento se repite entre los aspirantes a la presidencia de la República.

El INE recibió cerca de 100 solicitudes para convertirse en candidatos independientes, de las cuales 48 cumplieron los requisitos y comenzaron hace unos días a reunir las más de 860,000 firmas que necesita cada uno para aparecer en las boletas del 2018. Hace un par de días la autoridad electoral dio a conocer los resultados de la primera semana de recolección de firmas, y los números no podrían ser más patéticos.



Juntos sumaron el respaldo de apenas 27,000 personas, y eso que la lógica indica que en esa primera semana fue donde recibieron el apoyo de su “voto duro”. Margarita Zavala, con todo el respaldo que presume en las encuestas reunió tan sólo 13,000 firmas. A este paso le tomaría poco menos de un año y medio llegar a la cifra que pide a la ley, el problema es que sólo tiene cuatro meses y necesitaría cuadruplicar el promedio de firmas por día para cumplir antes de la fecha límite del 12 de febrero de 2018.

Si lo de Margarita está en chino, las aspiraciones de los demás han colapsado de forma tan dramática que resulta casi increíble: María de Jesús Patricio Martínez, del EZLN, obtuvo tan sólo 4,200, a pesar de las décadas de trabajo de los zapatistas para consolidar una estructura de apoyo social tanto en Chiapas como en el resto el país. Ríos Peter, el independiente de la izquierda que tiene a su favor el hecho de ocupar un escaño en el Senado, no llegó ni a las 3,000. El Bronco, actual gobernador de Nuevo León, no convenció de apoyarlo ni a los trabajadores de su administración y sumó apenas 2,600. Más abajo aparece Ferríz de Con, sumando poco más de 2,000 firmas y los demás no llegan ni a las 250.

Una vez más, seamos sinceros, los números son tan indiscutibles que debemos aceptar que el modelo y las esperanzas de los independientes son un fracaso. Los ciudadanos efectivamente desconfían de los partidos y desprecian a la clase política, pero también desconfían de aquellos que siendo parte de esa clase política se quien disfrazar de algo distinto.

Por supuesto, no faltarán los pretextos: que si la aplicación falla, que si la ley les exige demasiadas firmas, que si la mafia del poder y la manga del muerto. Sin embargo, aún aceptando que 860,000 firmas suena un poco exagerado, el hecho es que simplemente no tienen cara para alegar, pues al paso que van no llegarán 800,000, ni a 500,000, ni a 300,000, ni a 100,000, muchos ni a mil, en especial considerando que en esta primera semana seguramente recibieron la mayor parte de su respaldo real.

Seamos sinceros, a todos nos agradaba la idea de los candidatos independientes. Seamos sinceros, simplemente no cuajó.

Quizá alguno de esos 48 aspirantes dé la sorpresa y mágicamente sume los apoyos suficientes, pero lo hará con el respaldo subrepticio de la estructura de algún partido político, de tal forma que, de llegar a la boleta, el independiente no será una amenaza, sino un peón de la partidocracia. Y la gente se va a dar cuenta.

El colapso de los independientes que hemos presenciado en los últimos días nos deja una clara, dolorosa y necesaria elección: el mecanismo de las candidaturas independientes, en las circunstancias actuales, es legal pero no es viable.

En México las elecciones seguirán siendo un juego de partidos. Lo serán porque así lo quiere la gente con sus actos, aunque lo condene con sus tuits.

Por cierto…

Mea culpa: yo pensaba que Zavala y el Bronco tendrían la fuerza para ser competidores reales. Sus números concretos, los de las firmas, nos han demostrado lo contrario y nos recuerdan que las encuestas son pura fantasía.

*Gerardo Garibay Camarena es editor de Wellington.mx, columnista en diversos medios digitales y autor de los libros “Sin Medias Tintas” y “López, Carter, Reagan”.

Por: Gerardo Garibay Camarena*

[dropcap type=”default”]E[/dropcap]l lanzamiento de Margarita Zavala y el Bronco como candidatos independientes abre un escenario inédito para la política mexicana, en el que tendremos al menos 5 candidatos (PRI, Frente, Morena, Zavala y Bronco) con peso real en los medios y en las encuestas. Sobre la salida de Zavala, el hecho es que la historia del PAN está salpicada de casos similares, y ha sobrevivido, así que no lo condenen de antemano al oprobio, porque no está en la lona. Aun así, Acción Nacional necesita un proceso de profunda reflexión en cuanto termine el proceso electoral, pues evidentemente hay ajustes por realizar.




Durante estos meses cuándo me preguntan cómo va a pintar el panorama electoral federal y local mi respuesta siempre fue: “Hay que esperar a que se definan las candidaturas presidenciales” porque de estas se van a desprender tantos rebotes que el escenario final será muy distinto a los cálculos partidistas tradicionales. Así ha ocurrido.

Que nadie de por ganada ninguna candidatura y menos aún alguna elección, que estamos en aguas desconocidas y sólo el tiempo demostrará qué capitanes saben guiar a sus barcos y cuáles se hunden en la marea.



Para la presidencial mantengo mi idea de que Obrador lleva ventaja, más ahora que la centro-derecha parece fraccionarse, pero el propio AMLO también muestra señales de desgaste y no será imposible que le volvamos a impedir hacerse con el poder. Todavía no estamos condenados a ser la nueva Venezuela.

En cuanto a perfiles, mantengo que el más preparado y que tiene experiencia como gobernante es Juan Carlos Romero Hicks, pero también he reconocido el talento de Anaya y no me desagrada Meade. De los demás, con que no gane Obrador, ya vamos de gane.

Pero todo puede pasar.

*Gerardo Garibay Camarena es editor de Wellington.mx, columnista en diversos medios digitales y autor de los libros “Sin Medias Tintas” y “López, Carter, Reagan”.

Por: Gerardo Garibay Camarena

[dropcap type=”default”]E[/dropcap]n unos cuantos días se llevarán a cabo las elecciones para gobernador en el Estado de México, Nayarit y Coahuila, y para alcaldes en el Estado de Veracruz. Especialmente en el Edomex el tema recurrente en las campañas de los diversos partidos y en las conversaciones por medio de las redes sociales ha sido el objetivo de “sacar al PRI” del gobierno estatal, como si esa fuera la solución automática a los problemas de la entidad y como si en automático cualquier candidato de los otros partidos fuera obligadamente preferible al del tricolor, sin analizar siquiera las propuestas, historial o planteamiento de cada uno.

Por: Gerardo Garibay Camarena

[dropcap type=”default”]H[/dropcap]ace unos meses, al analizar las posibilidades de Andrés Manuel López Obrador rumbo a las elecciones presidenciales del 2018, comentábamos que es el aspirante mejor posicionado, pero que su victoria o su fracaso dependerían de que pudiese controlar su carácter, para no repetir su gran error durante el proceso electoral del 2006: que se volvió loco antes de tiempo. Hace 11 años a AMLO le ganó la hormona, se sintió dictador antes de ser siquiera presidente, endureció el discurso y al final del día se quedó con la más dolorosa de las derrotas, aquella donde la gloria se queda milímetros de distancia.

Por: Gerardo Garibay Camarena

[dropcap type=”default”]G[/dropcap]racias a Dios se acabaron las elecciones de este año, y tendremos unos meses de relativa paz antes de que el siguiente destripado electoral arranque en septiembre próximo. Por lo pronto, de confirmarse los triunfos del PRI en el Edomex y Coahuila y del PAN/PRD en Nayarit y alcaldías de Veracruz, podemos decir que tras un intenso combate cada quien se mantiene en su trinchera. El único partido que podía verdaderamente desequilibrar el escenario, con un triunfo en el Estado de México, era Morena, y no lo logró.

Por: Gerardo Garibay Camarena

[dropcap type=”default”]¿Q[/dropcap]uién es el precandidato con mayores posibilidades de ganar la presidencia en el 2018? En estos momentos, sin ninguna duda, es Andrés Manuel López Obrador. No lo escribo con gusto, es una respuesta que me desagrada, pero no estoy dispuesto a que en México repitamos el mismo error que cometieron los demócratas en Estados Unidos, cuando se pasaron toda la ruta electoral despreciando Donald Trump y dándolo por perdido hasta que el día de las elecciones despertaron de su embriaguez de optimismo con una cruda que les va durar por lo menos 4 años.