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Por: Víctor H. Becerra*

México y el gobierno de Andrés Manuel López Obrador se encuentran en un serio predicamento, tras el anuncio del jueves pasado, hecho por el presidente estadounidense, Donald Trump, de que Washington impondrá aranceles graduales a todos los bienes procedentes de México, si el gobierno mexicano no logra detener el creciente número de inmigrantes ilegales que entran a Estados Unidos desde su territorio.

El anuncio de Trump hizo saltar todas las alarmas de la economía mexicana, con un brusco aumento en la depreciación del peso mexicano y la caída de la Bolsa de Valores, esto en sincronía con los esperados malos resultados de los primeros seis meses de la gestión de López Obrador: retraimiento de las inversiones y de los índices de consumo; caída en la actividad productiva, en los niveles de empleo y en el ritmo de gasto público; el virtual inicio de una recesión, cuya duración no es posible prever por ahora; incertidumbre sobre el futuro del T-MEC, etc.

A la amenaza de Trump, vino una reacción más bien atropellada e improvisada de López Obrador y su gobierno, indigna de una administración con poderes plenos, sin controles ni contrapesos reales, elefantiásica, que se supone profesional, y que tuvo mucho tiempo para prever una situación como la actual. Pero que en cambio, no hizo nada. De concretarse la amenaza de Trump, sería el tiro de gracia a una economía tambaleante, gestionada mediocremente por el nuevo gobierno mexicano, y también sería un golpe decisivo contra el gobierno López Obrador, del que difícilmente se recuperaría en los próximos años. Mediocridad, inoperancia, imprevisión, irresponsabilidad, son los verdaderos apellidos del gobierno mexicano.

En los hechos, Trump amenaza con levantar un Muro comercial en contra de México, usando un pretexto simplemente oportunista: En realidad, ni el gobierno estadounidense ni el mexicano pueden reprimir y detener los flujos migratorios desde Centroamérica, producto de fenómenos múltiples y fuera de su alcance. Al pretender hacerlo, el gobierno Trump solo instrumentaliza un oportunismo electoral, para favorecer la posible reelección del propio Trump, y tratando de quedar bien con su base simpatizante. Pero no se puede resistir a la realidad.

Trump no sabe cómo funciona la economía. Por eso parece ignorar que el comercio es el mejor instrumento contra la pobreza. Por lo tanto, es el único remedio, en el largo plazo, contra la migración por motivos económicos, como en buena medida es la de Centroamérica. Al obstaculizar dicho comercio, Trump solo hecha más combustible al problema migratorio, avivándolo y haciéndolo inmanejable.

Pero si Trump no sabe de economía, el gobierno mexicano no puede darse el lujo de una ignorancia equivalente y en el mismo sentido. Así, la mayoría de las posiciones mexicanas recomiendan represalias comerciales y aranceles similares si fallan las negociaciones entre ambos gobiernos, previstas para este miércoles, y se concretara el aviso de Trump. Pero nuestra respuesta a las amenazas y los agravios comerciales no puede ser otra forma de proteccionismo.

En tal sentido, sorprende que ningún político o funcionario mexicano abandere una actitud pro activa, de progreso económico, de apertura económica: en lugar de cerrarse, la postura mexicana debiera ser de mayor apertura, incluso hacia nuestros competidores naturales. México ha sido beneficiario neto del libre comercio durante los últimos veinticinco años y por ende, hace sentido abrir más la economía, en lugar de encerrarse. Pero los nuestros son políticos y burócratas atrasados, populistas, que se quedaron anclados en el siglo XX. 

Políticos imponiendo aranceles significa políticos imponiéndolos con base a sus conveniencias político-electorales, es decir, sobre la base de su oportunismo personal al final del día. Por medio de dichos aranceles se protege a sectores ineficientes, a grupos de interés, a aliados poderosos de los políticos y burócratas, a grupos caros para el consumidor, rémoras del contribuyentes, que lesionan y bajan el nivel de vida de las familias.

Los aranceles quitan libertad a consumidor, porque éste solo puede consumir al precio que el gobierno y sus políticos le imponen. Los aranceles también quitan dinero a la gente y lo trasladan a las manos de los políticos. Así, en lugar de imponer aranceles, se debe reconocer la capacidad de las personas de intercambiar libremente bienes y servicios. Son las personas las que comercian, mientras que los gobiernos son quienes frenan los intercambios y coartan las libertades.

Colocar a los consumidores en el centro de cualquier preocupación comercial, debiera ser la respuesta frente a Trump. Hoy los consumidores no están en el radar de los gobiernos. Por ende, la respuesta mexicana no debiera ser proteger al productor o a sectores ineficientes, ni dar mayor poder a los políticos, sino mirar por el consumidor, dandole oportunidad de un efectivo y real libre comercio, abriendo más la economía.

*Víctor Hugo Becerra: Especialista en comunicación política (ITAM) y planeación metropolitana (UAM). Secretario general de México Libertario. Ha creado una gran cantidad de organizaciones libertarias en México y América Latina. Tiene interés en el estudio y la creación de redes libertarias y la organización de actividades académicas de divulgación de las ideas de la libertad.

Por: Víctor H. Becerra*

El “Estate quieto” de la administración Trump contra Huawei ha sido un duro mentís contra la idea del “imparable” ascenso chino, llamado supuesta e irremediablemente a desbancar la actual supremacía de EEUU. No será así, al parecer aún durante bastante tiempo.

Al respecto, recordemos que la semana pasada, con el argumento de defender la seguridad nacional y por el supuesto uso de software de espionaje por parte de Huawei para enviar datos críticos de sus usuarios al gobierno chino, la administración Trump vetó a las empresas estadounidenses la compra y venta de componentes de Huawei, una decisión cuyo enorme impacto comenzó a verse tras la decisión de Google de cortar sus relaciones comerciales con la empresa china.

La decisión de Google pone en entredicho la viabilidad de la empresa, el segundo mayor fabricante de celulares en el mundo y la más grande de telecomunicaciones. Huawei tiene 180 mil empleados y alcanza con sus productos a “más de un tercio de la población mundial”, según informa en su web. Según la investigadora Counterpoint, 17% de los smartphones en el mundo son Huawei, sólo superado por Samsung (21%) y arriba de Apple (12%).

Así Google ya no servirá actualizaciones de Android ni dará acceso a su tienda de aplicaciones Play Store a los futuros terminales de la marca china, y tampoco permitirá instalar apps tan populares como Gmail, Google Maps o YouTube. Además, inmediatamente, al bloqueo se sumaron numerosas compañías norteamericanas y de otros países: desde fabricantes de procesadores, como ARM, Qualcomm e Intel, a operadoras como Vodafone o las japonesas NTT Docomo, Softbank y KDDI. Esto pone aún más en entredicho a Huawei, porque muchos de los componentes de sus smartphones fueron diseñados sobre las plataformas de estos proveedores.

Ahora bien, ¿hay bases para pensar que Huawei es un real peligro para la seguridad de la información de sus usuarios? Trump no presentó una sola prueba para fundamentar su postura. En tal sentido, ¿usted le creería a Trump solo porque él lo dice? Pero en principio, hay temor fundado de que el gobierno dictatorial chino obligue a las empresas a tener acceso a secretos industriales, datos de usuarios y otra información confidencial. Recordemos solo que China se involucró por muchos años en gran cantidad de tipos de espionaje, incluido el cibernético, el robo de propiedad intelectual y el sabotaje industrial. Adicionalmente y para mayor gravedad, las más recientes leyes chinas, fundamentalmente la Ley de Seguridad del Estado, obligan a las organizaciones chinas a colaborar en los esfuerzos de inteligencia nacional.

Por otra parte, la prevención contra Huawei no se limita a EEUU. Es larga la lista de países que han prohibido su tecnología bajo supuestos iguales o similares: Nueva Zelanda, Australia, tiene restricciones en Inglaterra, Canadá, Bélgica, República Checa, y ha sido puesta bajo evaluación en Alemania, Japón, Corea del Sur… En tal sentido, hay una innegable preocupación por la participación de empresas chinas de tecnología en materia de seguridad, específicamente contra Huawei.

Adicionalmente, los señalamientos contra Huawei por espionaje no son nuevos. Apenas en enero pasado un empleado suyo fue detenido y acusado en Polonia en un caso de espionaje industrial, o bien, recordemos el reciente arresto en Canadá de Meng Wanzhou, la directora ejecutiva y heredera de la empresa, bajo distintos cargos por parte de EEUU, como fraude bancario, electrónico, espionaje y relaciones comerciales con Irán, con un proceso de extradición en marcha. O las acusaciones contra Huawei por los mismos cargos de ahora, pero desde la administración Obama. O en otro rango, la venta frustrada de Moneygram a Alibaba, por el rechazo a que una empresa china accediera a datos de millones de usuarios estadounidenses.

Las acusaciones de Trump contra Huawei podrían ser falsas y ser un mero pretexto proteccionista, a efecto de evitar que ésta tenga la supremacía total en la tecnología 5G, algo que China ha bautizado como la «nueva ruta de la seda» y que decidirá fundamentalmente buena parte de nuestro futuro y su conectividad. No sería la primera vez que un gobierno norteamericano miente descaradamente. Recordemos tan solo las supuestas armas químicas en Irak.

Pero nadie en su sano juicio podría meter las manos al fuego por Huawei o afirmar terminantemente que sus terminales están libres de toda “puerta trasera” habilitada para espiar. El miedo a que el 5G chino deje un puerta de atrás abierta y meta un : del mundo está más que justificado y tiene antecedentes creíbles. Mas a fin de cuentas, la dictadura china no harían nada que no haya hecho antes el gobierno de Washington en complicidad con Silicon Valley, como Edward Snowden nos reveló con toda crudeza.

En todo caso, quienes hoy protestan por el veto de Trump, convenientemente olvidan que China impone más duras restricciones a las empresas norteamericanas y nunca ha habido una protesta para rechazarlas. Así, empresas como Google, Facebook, Twitter, Instagram y otras tanto de EE.UU. como de Europa e, incluso, de otros países asiáticos como Japón y Corea del Sur, tienen vedado el mercado chino. Los que hoy protestan solo por Huawei tienen la memoria corta o una agenda descaradamente política.

China es hoy igual a nulo respeto por la propiedad intelectual y las leyes ambientales, bajos costos por mano de obra casi esclava y trabajo infantil. China es también la existencia de campos de concentración para el lavado de cerebro, la re educación, la represión y el internamiento ilegal de parte de su población. Es una dura persecución religiosa. Es también el paraíso del trabajo esclavo: Hay en ese país, por ejemplo, 100.000 trabajadores esclavos norcoreanos, más que en ningún otro país: Una esclavitud contemporánea de personas desarraigadas y desprotegidas que no tienen a dónde ir, no pueden dejar su trabajo, no pueden decir que no a nada, y no se les paga por ello. Así, si alguien no respeta las reglas del libre mercado son China y sus empresas, hoy supuestas adalides de la “libre competencia” para algunos sectores.

China y EEUU tienen hoy de rehenes al libre mercado, a la globalización y a la innovación tecnológica. En todo caso, todo podría apuntar, como sugiere Steve Bannon, a una estrategia para obligar al gobierno chino a realizar algunas reformas liberalizadoras en su sistema económico. En ese escenario, Huawei quizá sea solo una víctima incidental, víctima de su propio éxito, pero no la única. Está por verse, en ese sentido, la réplica china, que podría ser muy dura también. Pero lo cierto hasta ahora y al final, es que en manos de Trump y del presidente chino, Xi Jinping, el libre comercio, la globalización y la innovación tecnológica comienzan a ser menos ellos mismos y más meras gestiones burocráticas a manos de políticos deshonestos, inescrupulosos y ambiciosos.

*Víctor Hugo Becerra: Especialista en comunicación política (ITAM) y planeación metropolitana (UAM). Secretario general de México Libertario. Ha creado una gran cantidad de organizaciones libertarias en México y América Latina. Tiene interés en el estudio y la creación de redes libertarias y la organización de actividades académicas de divulgación de las ideas de la libertad.

Por: Fausto Hernando Canto García*

Desde la caída de la Unión Soviética a inicios de la última década del siglo XX, se sostuvo que el mundo ya no habría de dividirse entre dos polos, augurando el surgimiento de un mutipolarismo de poderes regionales que, en mayor o menor medida, tendría a Estados Unidos a la cabeza como potencia quasi-hegemónica.

Sin embargo, con la implementación del pseudo-capitalismo de la República Popular China y el nuevo ascenso en el plano político internacional de una Rusia ahora nacionalista, parece que de nuevo el mundo parece estarse partiendo otra vez en dos: los que descansan tranquilos sobre el poder económico y político del dólar y los que lo hacen sobre los mismos poderes, en ascenso, del Yuan.

Y es que yo sostengo que la guerra fría nunca acabó, sino que se trasladó a un nuevo rubro que, si bien EE.UU. conoce a fondo, el lado contrario no había explorado hasta hace unas pocas décadas, hablamos de la nueva guerra comercial donde las empresas juegan un papel importante para crear aceptación no sólo de sus productos, sino del país mismo donde están asentadas y -obviamente- de sus respectivas agendas políticas internacionales.

Sin temor a parecer exagerado por lo dicho en el párrafo anterior, me remito a la última fiebre que ha azotado a mi país: la Huaweititis. Y es que bastó el solo anuncio de varias empresas americanas (como Google) de retirarle las licencias de uso de su software a los smartphones de la empresa china Huawei, para que salieran miles de usuarios en redes sociales en defensa no sólo de la marca sino, en general, de China. Esto sin importar las ENORMES restricciones que China lleva imponiendo a marcas tanto de EE.UU. como de Europa e, incluso, de otros países asiáticos como Japón y Corea del Sur.

La Huaweititis es una de muchas fiebres que han afectado a diversos países donde la inversión China llega de la mano de marcas que ofrecen buenos productos -no se niega- a un costo muy bajo, otras veces razonable. Conozco, incluso gente en Venezuela que trabajó para Huawei y estima la marca y a China, toda vez que los yuanes han sido el principal motor de la dictadura que detestan y soportan a diario, de ese tamaño es la ingenuidad.

Todo lo escrito que antecede a este párrafo tampoco quiere decir que sea un idealista con respecto a Estados Unidos, de quien ya dijimos que lleva más tiempo creando simpatías a través de sus marcas y sus productos que China. Por eso sostengo que es grave que las dos potencias económicas del planeta tengan de rehén a la libre competencia, que no es libre y tampoco es competencia, pues tanto las empresas chinas como americanas se desenvuelven en actos desleales como la imposición de aranceles proteccionistas, el robo de información y, en últimos tiempos, de espionaje y de sabotaje.

Lo verdaderamente funesto son los molestos fanáticos que no comprenden que esto va más allá de defender una marca: se trata de defender a regímenes que pisotean los derechos de millones de seres humanos al rededor del mundo, causando hambre y muerte, cuando menos censura.

Concluyo señalando que, independientemente que uses iPhone o Huawei, evita comprometer tu consciencia por un producto; el comercio debe ser libre como libres debemos ser las personas. Mercados libres para personas libres, sin agendas y lealtades políticas y antes de rasgarte las vestiduras porque ya no tendrá Android tu próximo teléfono Huawei, recuerda que en China hay alguien que no puede lanzar un tweet contra sus políticos ni postear en Facebook o Instagram.

*Fausto H. Canto García es egresado de la carrera de Relaciones Internacionales en la Universidad de Quintana Roo

Por: Ricardo Valenzuela*

Durante los últimos 50 años se ha estado pronosticando la caída de EU del pedestal que ha ocupado como el país más rico y poderoso del mundo. Primero se le sentenciaba a sucumbir ante los mares de petróleo de los árabes. Luego se le condenaba ante la emergencia de Japón que invadía el mundo con sus productos. Y en años más recientes bajo el poderío de China. En todos estos enfrentamientos EU ha emergido victorioso y más potente que nunca. ¿Cómo es que ha sucedido esto? Pensamos que los diferentes retadores han arribado a la batalla sin conocer la dimensión de su adversario. Un combatiente que siempre ha portado armas que ellos no tienen y desconocen

Para conocer los EU hay que conocer el sistema de vida americano único que se basa en libertad e individualismo. Un sistema que, comparado con los de otras regiones del mundo, e inclusive, comparado con sus primos en otros países de habla inglesa, resalta cómo los estadounidenses tienden a valuar mucho más su libertad sobre la igualdad de resultados, son feroces en su lucha para llegar a ser emprendedores, aman y abrazan la competencia, igualmente tienden a moverse lejos y seguido de su casa y su trabajo, desconfían y son hostiles ante el poder del gobierno, tienen una preferencia para comprometerse en acciones voluntarias en lugar de acciones colectivas basadas en coerción.

Estos perfiles del material del estadounidense, a pesar de muchas excepciones, variaciones y, sobre todo, su reciente erosión entre las nuevas generaciones, no son mitos. La cultura individualista, amantes de la libertad, emprendedores, competitivos, de gran movilidad, voluntaristas—comparada con el resto del mundo—se muestra única con incontables hechos históricos y contemporáneos. Eso es lo que los americanos son y cualquiera que preste atención a su entorno lo sabe. Ellos han sido así desde el inicio. De hecho, han sido así desde mucho antes del inicio de los EU como nación.

Porque tienen un carácter único y orientación diferente hacia su vida. Arreglos políticos y económicos que funcionan bien en otros lugares, en EU no resultan. Y, al contrario, lo que funciona en EU no necesariamente sirve en otros lugares. Algunas cosas a las que los estadounidenses dan gran valor, en otros países son rechazadas y hasta prohibidas. La comunidad mundial se impresiona al ver el grado de inseguridad y desigualdad que los estadounidenses aceptan como precio de su libertad, por su prodigalidad y el duro trabajo que aceptan como precio de sus confortables modos de vida, por su aversión para recibir o solicitar beneficios gubernamentales que no consideran como un derecho, por su forma de aceptar la importancia de la religión en sus vidas privadas, por su posesión de fuerza letal para protegerse, proteger a sus familias y sus propiedades, por su confianza en las fuerzas armadas para defenderlos contra amenazas externas a su libertad, sus vidas, y su bienestar económico.

Mucha gente alrededor del mundo tiene creencias diferentes. Los países de la Europa continental consistentemente han votado por una forma diferente de arreglos económicos y políticos. Pero cuando los políticos en EU sugieren a la gente que su país debería estructurarse como Suecia, o Francia, ya no digamos China, cometen un grave error. En EU, después de un siglo de sufragio universal, la mayoría de los ciudadanos han rechazado la democracia social europea o la han tolerado en fragmentos y pedacitos. De igual forma, el sinigual carácter americano significa que arreglos económicos y políticos que han operado muy bien en EU, no siempre se pueden exportar exitosamente a otros países. Y es cuando los políticos en EU confunden afirmando que su democracia si se puede trasplantar, o hacer que otros países luzcan como EU.

Pero cuando afirman que EU es diferente del resto del mundo, están describiendo el excepcionalísmo único de su país. Observando la realidad de ese particular excepcionalísmo americano, solamente requiere reconocer los hechos. Los EU tienen una cultura única y diferente que ha sido clave para haber construido un país inigualablemente rico, poderoso, y muy influyente. El impacto de los EU en el resto del mundo ha sido excepcionalmente grande, y aun si se piensa ha sido bueno o malo, no se puede negar su importancia. Entonces, ese fenómeno tan especial no es una opinión, tampoco un vago sentimiento, sino un hecho comprobable. Reconocer ese excepcionalísimo no es necesariamente reclamar una superioridad moral, es un hecho sin discusión, amemos u odiemos los EU.    

Pero como también sucede, algunas gentes que observan y entienden su cultura, o tienen puntos de vista penetrantes acerca de ella, son gentes que no aman a EU, e inclusive, gente que los odia. Sayyid Qutb, el padre del moderno jihad, odiaba a los EU. Sin embargo, correctamente entendió que un elemento especial de la vida y el desarrollo estadounidense es ese inusual grado de libertad del que gozan las mujeres. Alexis de Tocqueville tenía emociones mixtas acerca de EU. El observó en el nuevo país el acenso de la democracia estilo americano como algo que había que temer. Sin embargo, se reconcilió consigo mismo por la pérdida del viejo mundo aristocrático, observando la providencial mano de dios en la emergencia de la democracia liberal. Y a pesar de sus recelos, entendió a los EU mejor que cualquier otro observador foráneo.

Es importante el conocer esa cultura única y excepcional de EU porque el país en estos momentos requiere de reformas fundamentales. Pero, para detectar que es lo que realmente necesita en términos económicos, políticos y sociales, primero necesitan conocerse y entenderse ellos mismos. Que es lo que son y como es que llegaron a ese punto. Al encontrar esas respuestas, los estadounidenses estarán en posición de pensar con lógica para encontrar opciones y prospectos realísticos.

¿Por qué los EU son así? Muchos grandes pensadores han tratado de responder esta pregunta, pero todas las respuestas han sido superficiales porque ellos no cavaron lo suficiente, o no voltearon hacia el pasado con más profundidad, en parte porque no tenían la información que hoy día está disponible. No se afirma que los analistas actuales son mejores que Alexis de Tocqueville. Pero señalamos que hoy día existen 180 años de información acumulada que no tuvo Tocqueville. Lo primero que se ha detectado en investigaciones modernas, es que esta cultura tan especial y excepcional tiene raíces muy profundas que datan de mucho más de mil años, y son anteriores de la fundación del país, su constitución y también anteriores a los primeros asentamientos ingleses en el nuevo mundo.

Esa cultura se ha desarrollado, adaptado, evolucionado y modificado en el correr de un largo tiempo. Aun a pesar de cambios en la política, la ley, la economía y la tecnología, esta cultura con el paso de los años ha permanecido continuamente reconocible para el mundo. La cultura americana hoy día es parte de un potente organismo viviente y evolutivo que se ha estructurado durante siglos, y también ha permeado hacia otros continentes. Esa cultura que se entiende como un patrón de comportamiento dentro de un grupo específico de gente que se ha trasmitido de una generacion a la siguiente, y no es de origen genético.    

Es sumamente importante entender que la cultura americana no es genética. Es una cultura que se puede y ha sido adoptada por gente de todos los antecedentes étnicos posibles. La idea que existía hace más de un siglo, en el sentido que había algo especial acerca de la sangre anglosajona que fuera la chispa para el inicio de la cultura en todos los países de habla inglesa, ha sido ya muy rebatida con una incuestionable masa de evidencia. Entonces ¿Cuál es el corazón de esa cultura americana, su rasgo único, eso que ha hecho de los estadounidenses lo que son? La respuesta ha estado siempre a la vista y no se le da la debida importancia, porque ante los ojos de todos nosotros es algo normal.

El corazón que palpita sin cesar para darle vida a la cultura americana, es la libertad y su núcleo familiar tan importante. 

Por: Gerardo Garibay Camarena*

No es lo mismo ser borracho que cantinero.

Durante años los gobiernos mexicanos se dieron gusto dándole lecciones de moral a los Estados Unidos en el tema de la migración ilegal, criticando las iniciativas de ley aprobadas en aquel país para contener la multitudinaría marea de migrantes ilegales que suman ya decenas de millones en la Unión Americana. México -decían nuestros gobernantes- sí es un país de brazos abiertos al mundo, y aquí no discriminaremos ni cerraremos las puertas a los que vienen de otros países.

Claro que es muy fácil decir eso cuando la única migración que teníamos era la de norteamericanos retirados en San Miguel de Allende, meseros argentinos en Polanco y profesionistas europeos en las grandes ciudades. Mientras tanto, los centroamericanos eran prácticamente invisibles, percibidos como una molestia pasajera en las vías del tren, pero no como una amenaza, porque nadie esperaba que esos migrantes se quedaran acá.

Entonces era muy sencillo vestirnos de una generosidad que no se ponía a prueba.

Bueno, pues las cosas están cambiando rápidamente. El amor por la migración ilegal se nos está erosionando, conforme los migrantes de centroamérica, Haiti y África comienzan a ser una realidad y empiezan a quedarse en mayores números (aunque todavía microscópicos en comparación con la migración ilegal que han tolerado los Estados Unidos).

La nota de 8 columnas en el Washington Post y las encuestas de El Universal hablan por sí solas. Hoy, los números de rechazo de los mexicanos a los migrantes ilegales (aproximadamente 60%, en comparación de un 35% apenas hace 6 meses) se acercan mucho a los registrados en Estados Unidos, y eso que la “mega caravana” hondureña todavía ni siquiera se acerca a nuestras fronteras.

En resumen, aunque muchos todavía no lo reconozcan en todas sus letras, los mexicanos empiezan a entender y a respaldar el argumento de Trump respecto a los peligros de la migración ilegal, en espacial cuando no hay forma de saber si el migrante es una persona de bien o un pandillero en busca de víctimas frescas.

Para acabar pronto: No es lo mismo hablar de que se metan a tu casa cuando sabes que nadie quiere entrar, que hacerlo cuando tienes lista de espera, y ahora sí, en los siguientes meses veremos qué tanto ejemplo podemos dar de esa “tolerancia” a los indocumentados que tanto le exigimos durante años a los Estados Unidos.

Mi apuesta es que en los hechos nos vamos a quedar muy cortos de nuestras palabras.

¿o no?

*Gerardo Garibay Camarena es editor de Wellington.mx, columnista en diversos medios digitales y autor de los libros “Sin Medias Tintas” y “López, Carter, Reagan”.

Por: Jon Miltimore*

Hace un par de años, después de enviar a la escuela a mi hija de cinco años, ella regresó a casa recitando el mismo alegre mantra medioambiental que me enseñaron en la primaria. “Reduce, Reutiliza, Recicla,” sonreía, orgullosa de demostrar que memorizó lo aprendido.

La virtud moral del reciclaje es raramente cuestionada en los Estados Unidos. Ha sido integrada en la mentalidad americana durante muchas décadas. En un reciente viaje al Caribe, la esposa de un amigo exhibió una nerviosa culpa mientras reunía botellas vacías de refresco, agua y cerveza, destinadas a la basura, ya que nuestro hotel no ofrecía contenedores para reciclaje.

“Siento terrible el tirar estas en la basura,” dijo, con una expresión de dolor en su rostro.

No tuve el corazón de decirle que había altas probabilidades de que las botellas que ella estaba reciclando en los Estados Unidos estén terminando justo como las de la isla caribeña que visitábamos.

Difícil implementación

Como la revista Discover señaló hace una década, reciclar es un negocio complicado. Un estudio realizado en 2010 por la universidad de Columbia descubrió que sólo el 16.5% del plástico recolectado por el New York Department of Sanitation era “reciclable”.

Esto resulta en que casi la mitad de los plásticos recolectados terminan en el relleno sanitario,” concluyeron los investigadores.

Desde entonces, las cosas han empeorado. Hace un par de fines de semana, el New York Times publicó una historia detallando cómo cientos de ciudades en todo el país están abandonando los esfuerzos de reciclaje.

Filadelfia ahora está quemando cerca de la mitad del material de reciclaje de su millón y medio de residentes en un incinerador que convierte los desperdicios en energía. En Memphis, el aeropuerto internacional todavía tiene contendores de reciclaje en las terminales, pero cada lata, botella y periódico recolectado se envía a un relleno sanitario. Además, el mes pasado, funcionarios de la ciudad de Deltona, en Florida, enfrentaron la realidad de que, a pesar de sus mejores esfuerzos por reciclar, su programa de recolección en las aceras no estaba funcionando, y lo suspendieron. Estos son solo tres de los cientos de pueblos y ciudades alrededor del país que han cancelado programas de reciclaje, limitado el tipo de material que aceptan o acordado enormes incrementos en los precios.

Una razón para ello es que China, quizá el mayor comprador de reciclables estadounidenses, dejo de aceptarlos en 2018. Otros países, como Tailandia e India, han incrementado sus importaciones, pero no con el suficiente tonelaje para aliviar los crecientes costos que enfrentan las ciudades.

“Estamos en un momento de crisis en el movimiento de reciclaje”, declaró al Times Fiona Ma, tesorera de California.

El costo es la palabra clave. Como cualquier actividad o servicio, el reciclaje es una actividad económica. El secretito es que los beneficios del reciclaje han sido dudosos desde hace algún tiempo.

“El reciclaje ha sido disfuncional durante mucho tiempo,” le dijo al Times Mitch Hedlund, director ejecutivo de Recycle Across America.

¿El reciclaje siempre ha sido una ilusión?

¿Desde cuándo? Quizá desde el inicio. Hace casi un cuarto de siglo, Lawrence Reed escribió acerca de la creciente moda del reciclaje, que estaban impulsando gobiernos estatales y locales –en su mayoría a través de mandatos, naturalmente- con un fervor cuasi religioso. Había numerosos problemas con ese enfoque, señaló:

El hecho es que reciclar algunas veces tiene sentido y otras no. Los gobiernos locales y estatales deberían hacer una pausa en la prisa legislativa para aprobar normas de reciclaje, y tomar en cuenta la ciencia y la economía de cada propuesta. Muchas veces, las malas ideas son peores que no hacer nada y pueden producir un daño duradero si se consagran en ley. El simplemente demandar que algo se recicle puede generar disrupción en los mercados y no garantiza que suceda un reciclaje que tenga sentido económico o ambiental.  

Si solo los legisladores hubieran escuchado el consejo del Sr. Reed, o el de John Tierney, que brindó un consejo similar en el Times al año siguiente:

Creyendo que no había más espacio en los rellenos sanitarios, los norteamericanos llegaron a la conclusión de que reciclar era el único camino. Sus intenciones eran buenas y sus conclusiones parecían razonables. El reciclar algunas veces tiene sentido –para algunos materiales, en algunos lugares y algunas ocasiones.

Sin embargo, usualmente la opción más simple y barata es enterrar la basura en un relleno medioambientalmente seguro, y ya que no hay escasez de espacio para rellenos (la crisis de 1987 era una falsa alarma), no hay razón para convertir al reciclaje en imperativo legal o moral.

Eso es economía, me responderán. ¿Qué pasa con el ambiente? Bueno, pues los beneficios ambientales del reciclaje no están nada claros. De entrada, como Popular Mechanics señaló hace algunos años, la idea de que no tenemos espacio suficiente para almacenar los desperdicios en forma segura es falsa.

De acuerdo con un cálculo, toda la basura que se producirá en los Estados Unidos durante los siguientes mil años podría colocarse en un relleno sanitario de 100 yardas de profundidad y 35 millas de largo –no es tan grande (a menos que le toque vivir en ese barrio).

Dicho de otro modo, tomaría otros 20 años ocupar los rellenos que ya se han construido en Estados Unidos, de forma que la noción de que se nos está acabando el espacio de los rellenos –el ímpetu original para el boom del reciclaje- resultó ser una distracción.

Los esfuerzos de reciclaje son contraproducentes y generan desperdicios

Además, debemos tomar en cuenta la energía y recursos que se dedican al reciclaje. ¿Cuánta agua gastan cada año los estadounidenses enjuagando objetos que terminan en el relleno sanitario? ¿Qué tanto combustible se gasta desplegando flotas de barcas y camiones a través de autopistas y océanos, llevando toneladas de basura para ser procesadas en instalaciones que generan su propia contaminación?

Los datos en este ámbito son escasos, y los resultados respecto a la efectividad ambiental del reciclaje varían de acuerdo al material que se recicla. Sin embargo, todo ello parte de la suposición de que los reciclables no están siendo limpiados y transportados solo para acabar en un relleno, como sucede con muchos en la actualidad. Esto, como diría Mises, es caos planeado, el resultado inevitable de que los planificadores centrales tomen decisiones en lugar de que lo hagan los consumidores a través de mercados libres.

La mayoría de los economistas de mercado, señala Reed, “por naturaleza, filosofía y experiencia” son escépticos de esquemas centralmente planeados que suplanten la libre elección, alertaron desde el inicio sobre las dinámicas [erróneas] del reciclaje.

Como el ingeniero y autor Richard Fulmer escribió en 2016:

Reciclar recursos cuesta recursos. Por ejemplo, los diarios viejos deben ser reunidos, transportados y procesados. Esto requiere camiones, que deben ser construidos y utilizar combustible, y plantas de reciclaje, que deben ser construidas y recibir energía.

Todo esto también produce contaminación –de las fábricas que construyen los camiones y el combustible utilizado para impulsarlas, y de las fábricas que producen los componentes para construir y armar la planta de reciclaje y el combustible quemado para mover la planta. Si las compañías pueden obtener una ganancia reciclando papel, entonces podemos tener confianza de que al reciclar se ahorran más recursos de los utilizados. Sin embargo, si el reciclaje se ordena por ley, no tenemos dicha certeza.

Una vez más, la economía es la clave.

Es tiempo de admitir que la manía del reciclaje es un placebo gigante. Hace que las personas se sientan bien, pero la idea de que mejora las condiciones de los seres humanos y el planeta es muy dudosa.

Ha tomado tres décadas, pero las acciones de cientos de ciudades en los Estados Unidos sugieren que los norteamericanos finalmente están dispuestos a considerar la idea de que el reciclaje no es un imperativo moral o legal.

*Jon Miltimore es editor general de FEE.org. Sus artículos y reportajes han aparecido en TIME magazine, The Wall Street Journal, CNN, Forbes, Fox News, y el Washington Times. Su correo electrónico es: jmiltimore@FEE.org.

Este artículo se publicó originalmente (en inglés) en FEE.org

Traducción por Gerardo Garibay Camarena.

Por: Víctor H. Becerra*

Este martes 6 de noviembre hubo elecciones intermedias en EEUU. Los resultados permiten muchas lecturas. De hecho, Republicanos y Demócratas han hecho un intenso esfuerzo para presentarse, unos u otros, como los reales ganadores. Hay elementos para apoyar ambos discursos. De lo que sí no hay duda, es que estas elecciones traerán importantes consecuencias para México y quizá, también para América Latina. Vayamos por partes.

1) El martes se renovaron toda la Cámara de Representantes (435 escaños), un tercio (35 asientos) del Senado, y 36 gobernadores de los 50 estados norteamericanos. Además, en muchos lugares, se votaron una multitud de temas locales, desde cuestiones como el consumo de marihuana o nuevos impuestos hasta el estadio de David Beckham.

Ajustado por la gran fortaleza de la economía estadounidense, el desempeño de los Republicanos el martes pasado, fue el peor de un partido presidencial desde 1918. Después de gobernar dos años sin una oposición importante y dados los buenos resultados económicos, Trump debió haber retenido ambas cámaras. No fue así. En retrospectiva, quizá fue un error de Trump haber centrado su campaña en la amenaza migrante y no en el buen estado de la economía. Quizá. Aunque a estas alturas, quizá Trump sabe que el dinero no necesariamente puede comprarte amor…

2) Los Demócratas ganaron la Cámara de Representantes por primera vez en 8 años. Desde allí pueden bloquear toda la agenda política de Trump, controlar todo el gasto del gobierno (negando, por ejemplo, fondos para construir el muro con México) y los impuestos, y ser un contrapeso real y efectivo, no solo discursivo. Tienen ahora el control de los comités con poder de citación, sometiendo a la administración Trump a un real esquema de checks and balances. Pueden también iniciar un tsunami de investigaciones contra Trump, e incluso (por ahora improbablemente), hasta iniciar un impeachment contra él.

Prestemos atención, tan solo un momento, a que la elección a la Cámara de Representantes fue la única elección verdaderamente nacional del martes. Se votó en todos y cada uno de los distritos del país. Así, perder la Cámara de Representantes mostraría, en principio, que Trump no es invencible y que es, por ahora, un presidente vulnerable, cuyo discurso no es compartido por la mayoría del país.

3) Pero, pero… los Demócratas no ganaron todo lo que esperaban. No se materializó la “ola azul” que muchos preveían y varias de sus prometedoras caras nuevas perdieron. En cambio, los Republicanos mantienen el Senado y refuerzan su mayoría. Esto permitirá a Trump nombrar a nuevos funcionarios de su gobierno y jueces (al respecto, la renuncia del procurador Jeff Sessions inmediatamente después de la elección, es entendible en este contexto). Y también (muy importante) hacer fracasar todo juicio político contra Trump.

Los Republicanos también ganaron las gubernaturas más importantes, sobre todo con miras a la elección presidencial del 2020, incluidas Florida y Ohio. Recordemos que en la elección presidencial se vota por estados y no por el voto popular.

4) Los Demócratas ganaron en las ciudades más grandes y los suburbios urbanos más ricos y mejor educados. Trump en sus estados estratégicos para la elección presidencial del 2020, las ciudades chicas y las zonas rurales. Los resultados muestran un país escindido. Al respecto, todas las encuestas a boca de urna mostraron a electores diametralmente opuestos en sus percepciones, según votaran por Demócratas o por Republicanos. Pero también es una división geográfica, racial, de género, de edad, incluso de clase. La imagen de un legislativo dividido retrata bien la división política y anímica del país.

En tal sentido, inician dos años muy difíciles en Washington, con un alto nivel de conflictividad y cierta parálisis legislativa, con la mira puesta en las elecciones presidenciales del 2020, donde explotar las diferencias y el desacuerdo será un negocio muy rentable, para todos los contendientes. Incluso si se llega, como hasta antes de estas elecciones, a eventuales crímenes de odio y de terrorismo interno.

5) Como le sucedió a George W. Bush en su segundo mandato, y a Obama en 2010 y 2014 (con la diferencia de que Bush y Obama aceptaron entonces su derrota, a diferencia del discurso retador de Trump contra la nueva mayoría Demócrata), enfrentar a una Cámara de Representantes opuesta a sus proyectos políticos, les empujó a dejar en términos secundarios la política interna y concentrarse en el ámbito internacional. Esa no es una buena noticia para México. El riesgo de roces y conflictos entre los gobiernos de ambos países no es algo que deba descartarse. Gobiernos que, por otro lado, estarán en permanente campaña electoral, y con un muy alto contenido de populismo en sus discursos y políticas, lo que acrecentará cualquier propensión a la susceptibilidad y al “machismo” político.

En todo caso, la elección intermedia muestra que la retórica anti inmigrante y anti México le dan resultado a Trump para conservar y galvanizar a su base política. Si sus resultados son mayores a sus débitos, ¿por qué abandonarla con miras al 2020? Al contrario, debe suponer en estos momentos. En tal sentido, una mayoría Demócrata en la Cámara de Representantes debe significar un contrapeso a los planes de Trump de mayor militarización de la frontera y reforma migratoria.

6) Esto mete en un brete inesperado al nuevo T-MEC (sucesor del TLCAN), que espera aprobación en el Capitolio. Al respecto, los Demócratas no tienen incentivos para aprobar el nuevo tratado comercial con México y Canadá. De no aprobarse o en el caso último de rechazarse, el anterior TLCAN continuaría, pero bajo la amenaza constante de Trump de abandonarlo, según convenga a sus intereses electorales.

Serán meses y años difíciles para México, con un Trump apretando una y otra vez el pescuezo del país con su pie. Y en una de esas, después de tantos esfuerzos, México se quedaría, pues, como el perro de las dos tortas: Sin T-MEC y sin TLCAN.

7) En lo que respecta a América Latina y de ser cierto este vuelco de Trump a su flanco externo, éste podría buscar mucho mayor cercanía con los gobiernos de Macri, Bolsonaro, Duque, Piñera. Y en contrapartida, acrecentar la presión contra los regímenes náufragos del llamado Socialismo del Siglo XXI.

En tal sentido, las dictaduras y cuasi dictaduras de Bolivia, Cuba, Nicaragua y Venezuela podrían estar por vivir sus momentos más difíciles. En hora buena.

*Víctor H. Becerra es Secretario general de México Libertario. En Twitter: @victorhbecerra

Por: Víctor H. Becerra*

Tres caravanas formadas por miles de migrantes centroamericanos cruzan en estos momentos México, con la esperanza de llegar a EEUU, y solicitar allí asilo humanitario. La mayoría de los migrantes son hondureños, y a ellas se han sumado cientos de salvadoreños y guatemaltecos. 

Nadie sabe con seguridad cuántos migrantes forman estas caravanas. Algunos hablan de 7 mil; otros de 14 mil personas, de las cuales alrededor de una tercera parte son menores de edad. Pero sea cual sea el número real, se estima que solo el 20 por ciento de los migrantes podrán completar el viaje a la frontera méxico-americana, una muy dura expedición de más de 2.000 kilómetros.

Algunas opiniones señalan que dichas caravanas no son espontáneas, sino que se trata de centroamericanos manipulados por intereses políticos. Algunos sostienen que el origen de ellas es una estrategia de Donald Trump, para dar fuerza a su discurso anti inmigrante a unos días de las elecciones legislativas de este martes 6 de noviembre, o bien, presionar al gobierno mexicano para aceptar el acuerdo de tercer país seguro, que establecería que si un centroamericano cruza México sin pedir asilo ya no podrá hacerlo en Estados Unidos.

Otros las atribuyen a Nicolás Maduro o a Daniel Ortega, como una estrategia para desviar la atención de las brutales represiones que realizan sus gobiernos. Algunos más apuntan que la oposición al presidente hondureño, Juan Orlando Hernández, quiere desprestigiarlo. Y finalmente, unos más hablan de un movimiento financiado por el multimillonario George Soros, tradicional financista de causas “progresistas”. Pero en realidad, todas son meras teorías sin pruebas.

Al final de la jornada, es la combinación de pobreza, violencia extrema, crisis económica y falta de oportunidades que caracteriza desde hace décadas la vida en esos países, la que es decisiva para entender por qué tantas personas parecen dispuestas a todo con tal de huir de sus países de origen.

Tan solo en lo que se refiere a la violencia, y según la Fundación Insight Crime, en 2017 se registraron en El Salvador 60 homicidios por cada 100.000 habitantes y 365 niños fueron asesinados ese año. Esta tasa fue del 26,1 en Guatemala, con 942 pequeños muertos, y del 42,8 en Honduras, donde durante la última década se asesina una media de un niño por día. En México, la tasa es de 25 por cada 100.000 habitantes. Para efectos de comparación, la media mundial asciende a 5,3 y la de España, por ejemplo, es de 0,7 por cada 100.000 habitantes.

Pero el trayecto de los centroamericanos hacia EEUU ha sido un calvario, particularmente en los últimos años. Los migrantes están bajo acecho de narcotraficantes, secuestradores, funcionarios migratorios corruptos, policías locales venales, asaltantes, soldados violadores de DDHH… Así, 4 de cada 10 migrantes que pasan por México en su paso a EEUU, simplemente desaparece. Nunca más se vuelve a saber de ellos. Las autoridades mexicanas (y la sociedad mexicana también) han tolerado por largos años esto, sin mayor preocupación.

En ese sentido, la idea de viajar en caravanas tiene su lógica. Más aún si, adicionalmente, los integrantes de ellas son personas que no tienen absolutamente nada para pagar el viaje o para defenderse de los muchos peligros que deben enfrentar. En tal sentido, la posibilidad de hacer multitudes, y protegerse mutuamente, es su único recurso. Así, en la medida en que sean muchos viajando juntos, será más difícil atacarlos, además de que pueden convertir un proyecto individual en uno colectivo, muy visible, casi político, capaz de sumar apoyo de diferentes sectores y atención prioritaria de la prensa, como es lo que ha sucedido con las caravanas que hoy cruzan México.

Mediante las caravanas, los inmigrantes se han librado de las redadas gubernamentales, los secuestros, los asaltos, las extorsiones policiales, las violaciones, la explotación sexual, el tráfico de personas, las golpizas, el abandono de los traficantes. Para ellos, huir en masa, por los caminos que antes les eran sumamente riesgosos, ha sido la forma más segura de atravesar uno de los países más peligrosos de América Latina. Nadie puede reprocharles haber usado tal recurso. Menos aún quienes callaron o miraron a otro lado, durante tanto tiempo, frente a los infinitos peligros y penalidades de los viajeros centroamericanos por México.

Su presencia en este país ha provocado un abanico de emociones, desde la solidaridad y la piedad (minoritarias), hasta las típicas reacciones de prevención, odio, rechazo, reclamo, repulsión, que me parece han sido las mayoritarias en medios de comunicación y Redes Sociales. Todas ellas muy similares a las de las clientelas políticas de Trump en EEUU. Todas se sintetizan en el ansia de orden ante el miedo a lo desconocido.

Significativo que eso suceda en un país como México, que se ha beneficiado enormemente de la migración. También muy significativo que las posturas anti migrantes sean llamativas y ruidosas entre quienes se dicen liberales o libertarios, justificándolas en un supuesto respeto positivista a la legalidad, al orden y a las fronteras nacionales.

Un sinsentido que también se ejemplifica, por parte del gobierno de Trump, en el despliegue de 15 mil efectivos en la frontera entre México y Estados Unidos, para detener a las caravanas, un despliegue parecido en tamaño a la presencia de EEUU en Afganistán, y que podría costar un mínimo de 200 millones de dólares, según analistas consultados por el Washington Post. Es decir, un enorme costo de al menos 14 mil dólares por migrante, si acaso llegaran a la frontera los 14 mil que se supone iniciaron. Un gasto sustraído al contribuyente solo para alimentar prejuicios y que podría tener mejores usos para evitar, de verdad y de manera productiva, la migración, en conjunto con proyectos novedosos como la propuesta de ley del republicano Glenn Grothman. Al respecto, la alternativa al proyecto Grothman es seguir alimentando el odio contra inmigrantes que llegan supuestamente a “aprovecharse” del Estado de bienestar norteamericano (o de cualquier otro país).

Pero tales contradicciones no son inusuales, tratándose de un tema tan emocional. El propio Thomas Jefferson, redactor del borrador de la Declaración de Independencia estadounidense, ejemplificó dicha contradicción. Jefferson defendió la idea de EEUU como nación de inmigración y fue pionero en formular “el derecho natural de todas las personas a abandonar su país en que por casualidad nacieron o a donde fueron a parar por cualquier razón para ir a buscar condiciones favorables de vida allá donde se encuentren o piensen encontrarlas”.

Sin embargo, en Notes on the State of Virginia, de 1782, Jefferson expresó una profunda desconfianza hacia la inmigración, particularmente de países con regímenes monárquicos, y habló en términos amenazantes contra ellos.

La discusión emocional y muchas veces prejuiciosa sobre la inmigración, a propósito de la #CaravanaMigrante, es otro indicio de que la antigua institucionalidad anclada en los partidos, los sindicatos y las ideologías políticas sucumbe ante la Internet, las Redes Sociales, la comunicación directa y las fake news. Son cambios demasiado rápidos, que hace que veamos a los inmigrantes como extraños irreconciliables. O hasta enemigos.

Así, para los nuevos políticos y ciudadanos latinoamericanos es mejor reprimir que ofrecer oportunidades, despreciar antes que respetar, discriminar antes que integrar, azuzar el odio antes que convencer y educar. Habrá que ver el impacto de esto en nuestros regímenes políticos. El arribo al poder de populistas como Andrés Manuel López Obrador o Jair Bolsonaro es apenas un augurio de lo que puede venir.

El fenómeno de la Caravana Migrante probablemente se repetirá y continuará durante un largo tiempo, dependiendo de sus resultados. Pero no debemos de dejar de mirar dicho fenómeno como una expresión, una más, legítima, de lo que lo que Adam Smith llamó en 1776 “el plan liberal de igualdad [social], libertad [económica] y justicia [legal]”, y que aún inspira a la gente común a buscar la oportunidad de una vida mejor. 

*Víctor H. Becerra es Secretario general de México Libertario. En Twitter: @victorhbecerra

Por: Fausto Hernando Canto García* 

Después de la contundente victoria en las urnas de Andrés Manuel López Obrador y su partido, el Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), el pasado primero de julio, el panorama político se encuentra enrarecido por las especulaciones sobre las primeras acciones que el tabasqueño ha anunciado que realizará: rechazo tajante o paso a paso a las reforma, que si sí o si no se venderá el avión presidencial, que si la descentralización de las dependencias federales es viable o no, que si bajará el precio de la gasolina, el impuesto o si seguirán los aumentos con los llamados “ajustes inflacionarios” y una larga lista que sería ocioso verter aquí.



Lo cierto es que López Obrador recibe un país dividido y endeudado, donde las grandes obras de infraestructura del sexenio de Enrique Peña Nieto o bien han presentado defectos (el socavón) o están inconclusas (el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México), donde las reformas estructurales de gran necesidad para apuntalar la modernización del país están gravemente cuestionadas por su mañosa formulación en nuestra Constitución y su pésima implementación, donde el número de muertos y desaparecidos supera al sexenio de Felipe Calderón, la que en su momento fuera la principal bandera tanto del PRI como de la Izquierda para criticar el mandato del panista.

Dado lo anterior, las recientes palabras postales que se han intercambiado el presidente electo de nuestro país y Donald Trump parecen aclarar algunas cosas bastante sorpresivas –por ahora.

Con fecha del 12 de julio, la misiva que AMLO envió a Trump, propone que sean cuatro temas los que sobresalgan en la relación bilateral entre México y Estados Unidos: El comercio, la migración, el desarrollo y la seguridad.

Sería digno de un ensayo escudriñar punto por punto los postulados de AMLO en la carta pero lo que más llama atención en todos ellos, es que el tabasqueño se compromete a crear zonas especiales para el comercio en la frontera norte, ampliando tierra adentro de territorio mexicano la frontera y reduciendo los impuestos sobre la renta, al consumo y a servicios y productos especiales, así como un corredor comercial en el Istmo de Tehuantepec, además que se ofrece a renegociar “en caliente” el Tratado Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) diciendo que, incluso, no requiere entrar en funciones para esto toda vez que los plenipotenciarios actuales de México escucharán a sus asesores.

A todo esto, el mandatario estadounidense mostró su beneplácito en una carta con fecha del pasado 20 de julio, donde enfatizó la urgencia para renegociar el TLCAN de lo contrario “tendría que tomar una ruta diferente” en pro de los Estados Unidos y sus contribuyentes, algo que –personalmente- me parece más una demanda al equipo de Enrique Peña Nieto más que al mismo Andrés Manuel.



Bueno, señoras y señores, si esto no es amor, ¿qué lo será? Pues todo parece indicar que hay un entendimiento entre López Obrador y Trump y este es, incluso, todavía anterior a los resultados, pues en sus cartas ambos se congratulan de haber combatido al régimen o “establishment” en turno.

Mientras tanto, en La Habana, Cuba, un “equis” como Gerardo Fernández Noroña acudió al Foro de Sao Paulo (donde se reúnen partidos y gobiernos de izquierda latinoamericanos) para alardear del triunfo de MORENA y AMLO. Digo que dicho personaje es un “equis” porque no es un alto rango del partido creado por el tabasqueño, ni es un portavoz de gran envergadura de lo que será el gobierno de transición de AMLO, por lo que –a ojos pelados- parece que al presidente electo poco le importa vincularse con dicho grupo pues era más de esperarse la presencia de alguien más relevante o, de plano, al mismo Andrés Manuel lo que hubiese hecho del Foro una auténtica fiesta pero no, fue más parecido a un funeral ¿Será que hubo llanto en La Habana? Señoras y señores, nos darán socialismo en la vieja receta de nacionalismo ya que, en el foro de Sao Paulo, enterraron el cadáver del Socialismo del Siglo XXI.

PD: Finalmente en Cuba se reconoció la propiedad privada para apuntalar el desarrollo de la Isla.

*Fausto Hernando Canto García es egresado de la Universidad de Quintana Roo en Relaciones Internacionales.

Consulte ambas cartas aquí:

https://lopezobrador.org.mx/wp-content/uploads/2018/07/Carta-de-Trump-a-AMLO.pdf

https://es.scribd.com/document/384428879/Carta-de-AMLO-a-Trump-Documento#from_embed

 

 

Por: Jon Miltimore*

Los progresistas han estado lamentando la ausencia de Barack Obama. El expresidente ha estado mayormente fuera de la arena política desde la llegada del Presidente Trump al cargo.

Esto, por supuesto, es la norma para los expresidentes. Sin embargo, como señalé en 2017, por varias razones esta tradición ha probado ser difícil de aceptar para los progresistas, incluyendo su fervor cuasi religioso hacia Obama, su antipatía hacia Trump y el hecho de que no ha emergido un líder para unificar al partido Demócrata.



En Sudáfrica el martes pasado, durante un discurso en honor de Nelson Mandela, Obama hablo acerca de nuestros “tiempos extraños e inciertos.” Buena parte del discurso se enfocó en el fallecido Sr. Mandela y en el ascenso de la “política de caudillos”— sin duda en referencia al sucesor de Obama. Esto último naturalmente capturó la mayoría de los titulares. Se le ha puesto mucha menos atención a este párrafo.

“La democracia demanda que también seamos capaces de entrar en la realidad de personas distintas a nosotros, de forma que podamos entender su punto de vista. Quizá podamos hacerlos cambiar de opinión, quizá ellas cambiarán las nuestra.

No puedes hacerlo si descalificas de entrada lo que dice tu contraparte. Tampoco puedes hacerlo si insistes en que quienes no son como tú, de algún modo no pueden entender lo que sientes, porque son blancos o son hombres, o que por el hecho de serlo ellos carecen de derecho para hablar de ciertos temas.”

Como señaló Robby Soave en Reason, este parece ser un rechazo directo a la noción de que sólo las personas que de algún modo están oprimidas –por su raza, género, sexualidad, discapacidad, estatus, tamaño, etc.— deberían tener permitido hablar sobre temas relacionados a dichas dificultades.” (Si usted piensa que esto no sucede, revise las recientes críticas dirigidas hacia William Shatner en Twitter después de que él criticó la decisión de cambiarle el nombre al Laura Ingalls Wilder Award.)



Hemos visto una y otra vez la precoupante tendencia, particularmente en los campus universitarios, de grupos e individuos que usan el estatus de víctimas o la virtud de sus causas como razón para suprimir, acosar o intimidar a conferencistas cuyas ideas no coinciden con las ellos. Obama previamente ha rechazado esta tendencia en la educación superior, incluyendo los comentarios que hizo en un discurso del 2015 en Iowa. Sin embargo, su línea de que las personas no deberían decirle a otros que su opinión no importa si son de un cierto género o color de piel –“porque son blancos o son hombres”— marca un salvo en contra de la política identitaria.

Muchos Americanos —tanto en la izquierda como en la derecha— alguna vez vieron a Obama como el hombre que podía sanar la división racial en América. Eso no sucedió. Quizá todavía no es demasiado tarde.

*Jonathan Miltimore es editor senior en Intellectual Takeout.

Originalmente publicado en inglés por Intellectual Takeout y FEE.org  Traducido por Wellington.mx